La escritora, el terruño y el Planeta

Clara Sánchez, con González-Sinde, ganadora y finalista del Planeta. // Foto: Editorial Planeta.

Clara Sánchez, con González-Sinde, ganadora y finalista del Planeta. // Foto: Editorial Planeta.

Por Rubén Madrid

Tres cosas han quedado al descubierto con el Premio Planeta que la semana pasada fue concedido a nuestra paisana Clara Sánchez: en primer lugar, lo necesitados de reconocimientos que andamos en esta tierra, donde hemos celebrado con vítores y multitudinarias adhesiones este galardón para una novela que todavía no hemos leído; en segundo lugar, la elevación a los altares de la historia de la literatura a una escritora que de momento no tiene ninguno de los grandes premios literarios, aunque sí tres de los más destacados de la industria editorial; y, por último, la incultura que siguen mostrando voces y portavoces de muchas zonas del país con lo de que una guadalajareña sea manchega.

De lo último hay poco que añadir, salvo reivindicar una vez más el derecho a la pataleta que nos asiste por un asunto que, sin resultar de hecho trascendental, molesta por la reiteración en este (suponemos) ejercicio de la ignorancia. Para quienes piensen que es igual, simplemente recordar que Clara Sánchez no es manchega porque tampoco Cervantes escribió Don Quijote de Castilla ni Delibes, castellano viejo, fue un escritor leonés, como sí lo es, en cambio, Julio Llamazares.

Más interesante parece el debate exclusivamente literario sobre Clara Sánchez. Lo decíamos al empezar: sorprende el modo en que el Premio Planeta ha sido identificado con un logro alcarreño por haber sido obtenido por una paisana. Que en Guadalajara andamos faltos de cariño es obvio. Que no estamos acostumbrados a ganar ni en el Grand Prix, también. Sin jugadores de fútbol de Primera, sin apenas deportistas de elite, sin premios Príncipe de Asturias, sin actores de relumbrón, con un Nobel adoptivo, sin ministros en La Moncloa ni cardenales en Roma… supone una pequeña dosis de autoestima, digna de celebración, que una escritora nacida en esta misma tierra, aunque crecida en Valencia y afincada en Madrid, ligue el nombre del terruño al de todo un Planeta. Será una magnífica noticia para la editorial, para la narradora y para el ministro Montoro (sin necesidad de subir el IVA) que cuantos se han alegrado públicamente del galardón compren estas navidades la novela. Y ojalá logren arañar tiempo al Facebook para leerla.

Tal vez mi impresión hubiese sido otra si hubiese leído o escuchado más comentarios (los ha habido, pero eran minoría) del tipo «me alegro mucho por el premio Planeta a Clara Sánchez: me he leído todos sus libros [o los tres últimos, o los dos últimos, o el último] y me han encantado», o «Clara Sánchez se lo merecía porque es una escritora como la copa de un pino»… No ha sido así y queda la sospecha de que muchos paisanos de Clara Sánchez apenas conozcan de su trayectoria la primera línea, esa en la que, entre paréntesis, indica que nació en Guadalajara en 1955.

Hay también otro aspecto observado que tal vez esté llevando a engaño. Que la escritora descendiente de Galápagos tenga el Alfaguara por la interesantísima ‘Últimas noticias del paraíso’ y el Nadal por la trepidante ‘Lo que esconde tu nombre’, y ahora también el Planeta con ‘El cielo ha vuelto’, debe ser valorado en su justa medida. El Planeta es el Planeta por el enorme cheque que va pegado a la estatuilla, más de 600.000 euros. Los otros dos, sin llegar tan lejos, son también dos premios ligados a otras dos de las más importantes editoriales del país. Ahora bien, no conviene confundir valor y precio. Esto lo tienen claro los franceses, cuyo premio literario más prestigioso, el Goncourt, está dotado con sólo diez euros.

Los que ya tiene la alcarreña Sánchez son premios comerciales, y no sabemos tampoco quién ha decidido que tenga más peso el de la editorial Alfaguara que el de la editorial Tusquets, el Primavera o el Herralde. Merecidos, pues, pero comerciales. Dicho de otro modo: no son los prestigiosos Nacional de Narrativa ni, todavía menos, el Cervantes (por algo llamado el Nobel de la literatura en castellano) o el Príncipe de Asturias de las Letras. Y no se trae a colación por aguar fiestas ni por desmerecer, sino simplemente por calibrar.

Hechos todos los matices, un servidor se alegra de que también la editorial Planeta haya premiado a una escritora a la que merece la pena no perderle el rastro, no sólo porque su lectura deja la mayoría de las veces un buen sabor de boca, sino porque resulta atractivo su andar sencillo por la vida, sin postureos culturetas ni sobredosis de vanidad. O eso me lo ha parecido siempre que he tenido oportunidad de entrevistarla o asistir a alguno de los actos en que ha participado.

La escritora guadalajareña, con el Nadal, hace tres años.

La escritora guadalajareña, con el Nadal, hace tres años.

Hay también cierta alegría por ver que las cosas le van bien a una mujer que no se ha escondido cuando el compromiso social la ha reclamado, no sólo en numerosos actos en Madrid sino aquí mismo, en Guadalajara. Resulta imposible no recordar su lectura con Teresa Viejo del manifiesto al final de la multitudinaria manifestación contra el cementerio nuclear en Yebra.

Pero lo que más quisiera destacar es la profundidad de la obra de Clara Sánchez aun cuando suele servirse con un envoltorio generalmente sencillo. Las suyas son propuestas a veces muy próximas a la novela más comercial y de acceso a todos los públicos. Y, de hecho, el éxito en las librerías de ‘Lo que esconde tu nombre’ aproxima su libro a un fenómeno de superventas. Tiene tal vez por eso aún más mérito que en sus mejores novelas, pero también en otras menos comentadas como ‘Un millón de luces’, haya siempre un poso de reflexión que invitamos a no dejar pasar a todos los lectores que, estamos seguros, ahora le surgirán a la escritora alcarreña. Hay en su forma de jugar con las situaciones y los personajes una interesante interpretación sobre el tiempo en que vivimos.

Su retrato de la vida en la ciudad horizontal de las urbanizaciones o las relaciones laborales en una torre de cristal, el modo en que los personajes suelen vivir atrapados por un entorno cada vez más asfixiante y la pérdida de la inocencia que casi siempre ocurre a sus protagonistas femeninas refleja un universo particular que sobrepasa la trama de turno y la indiscutible capacidad de la escritora para dibujar personajes. No sólo hay oficio, sino una mirada inteligente y crítica hacia el mundo cotidiano que no necesita, para explicarse, de latinajos ni de barroquismos y que huye de todo dogmatismo.

Por eso, y no sólo porque sea paisana y lo proclame a menudo (lo que nos gusta), uno se alegra de que Clara Sánchez haya recibido otro reconocimiento. Porque esperamos encontrar en su nueva novela no sólo una lectura agradable sino esa voz de alarma al describirnos como unos indefensos pajarillos encerrados en nuestras jaulas de barrotes transparentes. Sin posibilidad de levantar el vuelo, que es tal vez la expresión más elemental de la vida en libertad.

PD – Vaya desde aquí el cariño hacia la familia del profesor García de Paz, un sabio admirable en su afán por dedicar su tiempo libre a investigar y contar tan bien lo que es esta provincia y lo que jamás debió desaparecer de ella. Dicen que, en su humildad y su afán por no apropiarse indebidamente de otros títulos, no le gustaba ser nombrado como historiador, pero lo cierto es que se lo ganó con todas las letras. Descanse en paz en el panteón de los alcarreños ilustres, donde se merecía estar, pero no tan pronto.

5 comentarios en “La escritora, el terruño y el Planeta

  1. Clara Sánchez dijo en un encuentro digital del diario El Mundo (http://goo.gl/sL0224) que una de sus novelas está ambientada en Guadalajara. Yo todavía no he leído ningún libro suyo; por eso pregunto: ¿qué libro de Clara Sánchez está ambientado en Guadalajara? Me gustaría comprarlo y leerlo. Gracias. Y buen artículo, Rubén.

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  2. Gracias, Laura, eres muy amable.
    Te cuento lo que sé: ninguno de los libros que yo he leído está ambientado en Guadalajara: los dos últmos que ha publicado (con Destino) transcurren en Madrid y en una ciudad costera, ‘Últimas noticias…’ habla de una urbanización, lo que tendría más que ver con su experiencia en Rivas; y ‘Desde el mirador’, que leí hace tiempo, no recuerdo que hablase directamente de Guadalajara. Tengo otro recuerdo vago, espero que no sea traicionero, de alguna referencia de pasada en ‘Un millón de luces’, en cuya trama se produce un viaje, pero la mayor parte de la historia ocurre en un gran edificio, no sé si cita directamente o no Madrid. Ha escrito, pero no es a lo que te refieres, sobre su experiencia en el Tren Viajero de Sigüenza en un librito con más escritores y se ha referido a aspectos de Guadalajara en varios artículos de El País.
    Es decir, no te resuelvo la duda, pero al menos acotamos a las cuatro o cinco novelas que quedan. Si alguien lo sabe, que se anime a comentar. Si lo resuelvo antes, te digo.
    Un abrazo.

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  3. Estoy de acuerdo con tu diferenciación entre premios comerciales y los otros premios… que yo no me atrevería a llamar «serios» o «de verdad» porque, por comentarios que una oye a determinados autores consagradísimos aunque no tienen ni unos ni otros y por giros insospechados que una ve en la concesión de esos premios supuestamente serios, una acaba pensando que, vale, quizá no sean comerciales pero, desde luego, sus intenciones se salen de la mera valoración de una obra o una trayectoria literaria (o lo que sea). Así que tanto aprecio o desprecio me merecen unos como los otros.
    Y, por supuesto, mi enhorabuena a Clara que, como bien dices, es una autora que escribe sencillo para hablar de cosas profundas y en cuyas obras, si rascas un poco y no te quedas en la mera anécdota, encuentras un auténtico tesoro.
    Un abrazo, Rubén

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