Hace falta un giro de guión

Por Yago López

Manifestación de ayer de la Marea Verde frente a la Subdelegación de Gobierno de Guadalajara. // Foto: guadaque.com

Manifestación de ayer de la Marea Verde frente a la Subdelegación de Gobierno de Guadalajara. // Foto: guadaque.com

Resulta desagradable, incluso diría estomagante, afirmar sin pudor que manifestarse en la calle de manera pacífica apoyando masivamente una causa no resuelve absolutamente nada en la práctica, al menos en los últimos años. Sin embargo, y aunque duela reconocerlo lo cierto es que así es y a los hechos me remito. He perdido ya la cuenta de las multitudinarias concentraciones que se han producido frente a las distintas administraciones donde un clamor popular, en muchos casos hablamos de miles de personas, ha solicitado al Gobierno un cambio en su gestión en materias tan sensibles como la Sanidad o la Educación. Una demanda tangible que no solo no ha sido tenida en cuenta sino que directamente su relevancia ha sido negada utilizando distintos mecanismos.

Dentro de esta estrategia de negación encontramos diferentes tácticas. Una de ellas es el manejo de las cifras oficiales. En Guadalajara, por ejemplo, mientras que los sindicatos aseguran que 3.000 personas se manifestaron ayer en la capital alcarreña contra la puesta en marcha de la nueva Ley de Educación, la LOMCE, desde Subdelegación de Gobierno comunican oficialmente que fueron la mitad. No les mentiré, en esta ocasión no estuve en la ciudad y haciendo un repaso a los medios de comunicación de la provincia no he encontrado uno solo que se moje. Todos los que he leído mencionan las dos cifras y así no hay fallo posible. Bien es cierto, que es un error subsanable con un periodismo de calidad sobre el terreno -aquí estamos de acuerdo-, ¿pero que ocurre cuando la cifra no puede observarse de manera directa?

¿Qué credibilidad tienen realmente las administraciones a la hora de ofrecer un dato al que solo ellas tienen acceso? Pues depende de la buena fe del responsable político en cuestión. Si todos hemos comprobado de primera mano en muchas concentraciones que las cifras de manifestantes no se corresponden ni por asomo a las oficiales y quedan a años luz del margen de error que pudiera considerar el más flexible de los informadores, qué nos hace pensar que en datos que no podemos contrastar de manera empírica los encargados de ofrecérnoslos, que son parte más que interesada en el asunto, van a ser rigurosamente escrupulosos.

Es lógico pensar que cunda cuanto menos el escepticismo cuando la mentira por parte de responsables políticos es habitual, evidente y no tiene consecuencia alguna, ni jurídica -que sería al menos cuestionable- ni siquiera política. A pesar del clima de desconfianza generalizado el poder de los números está ahí y si la Consejería de Educación dice que la convocatoria de huelga de ayer por parte de los docentes de Guadalajara fue un fracaso porque apenas superó el 20% resta valor a la calificación de éxito rotundo de los sindicatos que la sitúan por encima del 60% ( del 70% incluso en el caso de secundaria). Una brecha que provoca que el ciudadano de a pie no crea ni a uno ni a otro, o simplemente se aferre al dato que quiere oír.

Otra táctica, por no decir ocurrencia, para negar la evidencia, ésta de nueva creación, es el argumento de la mayoría silenciosa. Poco importa que 3.000 personas salgan a la calle en Guadalajara a manifestar su rechazo a una Ley, porque otras decenas de miles se quedan en sus casas satisfechas con las decisiones del Gobierno. Este argumento parece broma pero ha sido esgrimido en varias ocasiones por distintos dirigentes de peso. Con razonamientos así dan ganas de tirar la toalla o de levantar barricadas, dependiendo del ánimo de cada cual.

Yo les confieso por todo esto una ulcerante frustración que me lleva a pensar que el camino seguido hasta ahora para mostrar el rechazo mayoritario de la ciudadanía a determinadas decisiones del Gobierno, que carecen además de legitimidad alguna porque contradicen de facto lo recogido en su programa electoral, no es ni de lejos el adecuado, al menos en el sentido pragmático del problema. No quiero hacer con esto una apología a la movilización drástica y activa de la población para defender sus derechos más esenciales que están siendo directamente ultrajados sin derecho a réplica alguna. Aunque, bien es cierto, que si esperan que haga lo contrario pueden esperar sentados.

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