Un viaje con Gentes de Guadalajara

Abigail Tomey 02Por Abigail Tomey *

Aficionados con carrera e inexpertos; estudiantes, funcionarios, comerciales, parados, maestros, trabajadores por turnos…; guapos y feos; jóvenes que cuidan hijos pequeños y mayores que cuidan ya a sus padres; dicharacheros y discretos; con talento en cantidad mucha o poca; conocidos, desconocidos y amigos de amigos… gente de buen vivir… se reúnen cada primer martes después de las fiestas de septiembre, a las ocho de la tarde, en el Palacio de Don Antonio de Mendoza, más conocido como Instituto Liceo Caracense de Guadalajara. ¡A las ocho mendocinas! Que traducido a horario local, serán las ocho pero sin prisas.

Y entre abrazos, besos y risas, ese encuentro anual, habitualmente ya vestido de otoño, da la campanada de entrada a un periodo de sus vidas en el que conviven todas las tardes de manera intensa para preparar el Tenorio Mendocino.

De ese grupo de gente tan variopinta saldrá un cuerpo de baile, intérpretes para encarnar personajes de la obra, figuración, voluntarios para equipos técnicos y responsables de grupo. Y tras seis semanas estará todo dispuesto para ser presentado en público el acontecimiento teatral, sin duda, más importante de nuestra ciudad: la representación del texto de José Zorrilla Don Juan Tenorio, utilizando como escenarios los monumentos que dejó en Guadalajara la familia Mendoza. La que presta su apellido al famoso galán para que deambule la noche de Todos los Santos por las calles del casco histórico de nuestra ciudad.

Durante esas semanas se conforma una pequeña sociedad. Y como en lo pequeño cabe el mundo entero, en esos días la convivencia en torno al ensayo de la obra de teatro, se convierte en concentrada vivencia de una vida. Y el trabajador, el generoso, el alegre, el intuitivo da rienda suelta a sus virtudes, y el torpe, el tímido, el discreto,… se diluye y pierde pudores. Y allí hay primeros amores, y rupturas, y se ganan amigos y se pierden enemigos.

Sí. Tiene cierto halo de romanticismo con toques cursis. Lo sé. Esto forma parte intrínseca del espíritu, que el propio grupo llama, mendocino. ¡Ay si el cardenal levantara la cabeza!

Si el teatro es más que espectáculo, el Tenorio Mendocino es más que teatro de calle; porque todos los que participan en él componen durante unas semanas un tejido social en el que además involucran a familiares y amigos, convirtiéndolo en un proyecto que tiene valor más allá del artístico.

Cumple también así una función social, fundamental en el papel de las expresiones culturales populares: la de aglutinar voluntades, la de hacerte sentir que, como individuo, formas parte de algo más grande que traspasa tus intereses personales, y que de forma íntima te une a personas en apariencia muy diferentes a ti. Y te demuestra y demuestra al mundo que los proyectos grandes pueden salir adelante con pocos medios si hay ilusión, trabajo y responsabilidad. Y que los protagonismos han de difuminarse para que el conjunto brille con más fuerza, y que a su vez las acciones individuales son fundamentales para que así sea.

Por eso este Tenorio Mendocino es importante. Porque nacido de la amistad de unos pocos, se ha conformado finalmente como una actividad de la comunidad que se mantiene gracias a su propio impulso, sin duda apuntalado también por las administraciones públicas que le aportan los recursos necesarios, pero fundamentalmente porque todas esas manos, corazones y cabezas empujan hacia un mismo objetivo.

Es lindo por eso. Pero si esto se mantiene vivo es porque además es muy divertido y enriquecedor. En el teatro se exploran sentimientos, se trabajada con tu propia materia, con tu cuerpo, voz y gesto, te descubre cualidades, te enfrenta a tus limitaciones y te demuestra que dentro tienes las herramientas para superarlas, te invita al diálogo, y ayuda a conocerse y conocer. Ayuda a comprender.

No es el momento de hablar de las bondades que el teatro tiene para la psicología y el aprendizaje. Pero los participantes del Tenorio Mendocino se sumergen durante semanas en este mundo y confío en que aprenden de sí mismos y de otros; y, por tanto, del mundo. Y juntos ponen en valor el Arte en Vivo acercando a los espectadores y aún a los propios participantes, la que a lo mejor es su única experiencia teatral del año. Y, de cualquier manera, permiten las vivencias en carne y hueso a todos ellos, distanciándoles y distanciándonos durante horas de las relaciones digitales a distancia.

Para los participantes esas semanas de preparación y ensayo son ya el Tenorio Mendocino. Les escribo desde la previa al estreno y despedida -que de tan juntos que están, contienen en apenas treinta horas la esencia del trabajo de semanas- y ya estoy representando este Tenorio Mendocino.

Foto del equipo tras un ensayo de esta semana del Tenorio Mendocino.

Foto del equipo tras un ensayo de esta semana del Tenorio Mendocino.

Los chicos nerviosos ya piensan en el disfrute de la representación, pero a mí me gusta pensar que el destino es el propio viaje, como nos dejó escrito Cavafis y les invito a recordar:

«Cuando emprendas tu viaje a Itaca/ pide que el camino sea largo, / lleno de aventuras, lleno de experiencias…. Ten siempre a Itaca en tu mente./ Llegar allí es tu destino./ Mas no apresures nunca el viaje./ Mejor que dure muchos años/ y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin aguardar a que Itaca te enriquezca. …Itaca te brindó tan hermoso viaje./ Sin ella no habrías emprendido el camino».

Olvidando la lírica, dado que la función es al aire libre, por supuesto que yo preferiría que ese día no lloviera ¡no lo duden ni un momento! ¡Que el camino ha estado muy bien pero el destino es la bomba! No hay nada más estimulante que poder actuar en directo o ver a tus compañeros triunfar; se lo aseguro.

Espero que amigos, habitantes de la ciudad y visitantes, que cada año se acercan en mayor número para disfrutar de la representación, pasen una noche especial, disfruten de este trabajo en grupo, de los versos de Zorrilla, de la ternura del amateur, de la calidad de los detalles y de los rincones de la ciudad. Por nuestra parte intentaremos trabajar como siempre: Estilo y Sigilo.

 * Abigail Tomey Senso es actriz y directora de teatro guadalajareña. Su relación con el Tenorio Mendocino, que organiza la Asociación Gentes de Guadalajara, se remonta a comienzos de los años noventa, casi en el nacimiento de la iniciativa, Fiesta de Interés Turístico Regional. Su carrera profesional sobre los escenarios comienza en 1999: llegó a ser primera actriz del Teatro Español de Madrid hasta 2006 y formó parte luego de otras compañías, con una labor en la capital que no pudo compatibilizar con su trabajo aficionado en el proyecto alcarreño. Hace un lustro regresó y en las últimas ediciones ha dirigido las dos funciones itinerantes de cada año, que esta vez arrancan en la Plaza de Luis de Lucena a las nueve de la noche de los días 1 y 2 de noviembre.

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