Hablando de frío…

Imagen de Molina de Aragón compartida en el Twitter de AEMET Castilla-La Mancha.

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Por Marta Perruca

Pero qué frío hace. Siempre que exclamo en este sentido hay un listillo cerca que me contesta: Pero cómo puedes decir eso siendo de Molina de Aragón. Y yo replico, “por eso mismo, porque conozco el frío y sé que no me gusta”. De todas formas –añado- en Molina es cierto que hace mucho frío, pero es un frío muy seco, de esos que te abrigas y solucionado. El frío en Molina tiene otro regustillo. De hecho, ayer mismo fui a darme un baño de frío a mi pueblo, donde el pasado sábado sorprendía la nieve. Me gusta ese silencio extraño que se produce cuando nieva. Parece que la naturaleza se queda en calma. Ni siquiera el viento se atreve a susurrar. Si andáis cerca en un día de nieves os recomiendo acercaros al Barranco de la Hoz. Creo que existen pocas estampas tan impresionantes como ver al cielo deshacerse de su caspa helada desde el balcón más alto de su mirador.

A estas alturas, supongo, ya me conoceréis molinesa y enamorada de mi tierra, pero también de esta provincia de misterios inconfesados o confesados y paradójicamente, desconocidos. Lo siento, soy consciente de que me repito hasta la saciedad, que una tiene sus empeños metidos entre ceja y ceja, ya sabéis, esos fantasmas impenitentes que buscan sin descanso un traje de carne y hueso.

Y hoy voy a hablaros de otro fantasma, que se afana en estos momentos en coser a la medida de esta provincia su propio traje de latidos. Quizá porque ayer me di un baño de frío en mi pueblo y alguien me recordó que esta comarca, junto con el resto de las zonas rurales de la provincia, se enmarca dentro del territorio de la Celtiberia, que un estudio identifica con unas condiciones inferiores a la Laponia Escandinava. No hablo solo del frío, aunque muchos identifiquen Molina como el pueblo más frío de España, sino de una zona con unos índices de población alarmantes, donde sus condiciones geográficas la convierten en un lugar donde resulta muy complicada la prestación de los servicios básicos.

El territorio de la Celtiberia abarca diez provincias y cinco comunidades autónomas (Castilla-La Mancha, Aragón, Castilla y León, La Rioja y Valencia) y tiene una superficie de 63.098,69 kilómetros cuadrados. Pues bien, en toda esta basta extensión de territorio sólo hay 503.566 personas censadas, lo que nos da una densidad de población de 7,98 habitantes por kilómetro cuadrado. En la Unión Europea solo existe un lugar que reúne estas condiciones en la zona ártica de los países escandinavos, pero sus circunstancias son menos extremas, ya que allí la población se concentra en torno a los Fiordos, lo que simplifica la prestación de los servicios básicos. A la despoblación del territorio de la Celtiberia se suma además su dispersión geográfica y la particular orografía de su terreno.

Situando la lupa analítica sobre la comarca de Molina de Aragón se comprenden mejor los problemas sectoriales que comparten muchas comarcas de este área concreta. El Señorío molinés tiene una extensión de 4.186,9 kilómetros cuadrados y está poblado por 10.370 habitantes con lo que, sobre el papel, la densidad de población es de tan sólo 2,0 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que no es un reflejo de la realidad, porque todos sabemos que son muchos los que permanecen censados en sus pueblos, pero durante el año viven en la ciudad.

Una vez visualizadas las dramáticas circunstancias que asolan a este territorio donde hace más de dos milenios habitaron nuestros ancestros prerromanos, surge el proyecto “Serranía Celtibérica”, fraguado en el seno de la Universidad de Zaragoza por  28 investigadores, capitaneados por el catedrático de Prehistoria, Francisco Burillo. Esta iniciativa se ha enfrentado a más de un lustro de carrera sorteando los más variados obstáculos. Hoy, por fin se ha cuadrado y ha decidido que ha llegado el momento de materializarse, de pertrecharse de piel, músculos y órganos que consigan poner la maquinaria en marcha.

De esta manera, en diciembre de 2012, el Gobierno de Aragón daba el visto bueno a la configuración de un “Consorcio de  la Celtiberia”, cuyo fin último es abanderar la materialización de un ambicioso proyecto de desarrollo rural sostenible. El siguiente paso es que se unan a él las distintas diputaciones y gobiernos regionales implicados. La Diputación Provincial de Guadalajara ya ha manifestado su interés, al igual que la de Cuenca y, en ,Soria, parece, se han mostrado receptivos.

Lo que pretende el proyecto “Serranía Celtibérica” es dar visibilidad a este territorio, con sus circunstancias dramáticas particulares, ante el Gobierno Central, para que lo reconozca dentro de las áreas beneficiarias de la Ley de Desarrollo Rural Sostenible y, a su vez, que éste elabore el informe oportuno para remitirlo a la Unión Europea, en tanto en cuanto, en la comarca de la Celtiberia convergen tres de las seis categorías para las que la legislación recoge ayudas específicas: zona de montaña, rural remota y despoblada.

En última instancia, lo que busca esta iniciativa es desarrollar una herramienta de promoción conjunta a nivel nacional e internacional que aúne todos los elementos potencialmente turísticos y ponga en valor los productos de calidad agroalimentarios que se dan cita en este territorio.

Desde mi punto de vista, y tras asomarme al proyecto por diversos cauces, lo que se me ha revelado es una propuesta, por fin, seria, bien armada y diseñada a conciencia, para dar a conocer, por fin, todos esos secretos inconfesables o, como decía, confesados pero, sin embargo, desconocidos y convertirlos en un motor de desarrollo rural. Y es que, muchas veces, me lamento porque parece que en esta provincia, en la región y en España en general, se hacen muchas cosas, pero -así lo diría una gran amiga-, “como pollo sin cabeza” y ya, si eso, que sea el tiempo el que mida el nivel de acierto o de equivocación. Pero en este caso se trata de una propuesta estudiada, articulada y minuciosamente trabajada por un gran elenco de expertos, que han demostrado saber caminar con pasos firmes. La Comarca de Molina de Aragón no tardó en darse cuenta de ello y desde el Museo molinés llevan tiempo apostando fuerte por llevarla a cabo.

El proyecto Serranía Celtibérica está saliendo ahora de sus límites académicos y del marco de la Comunidad de Aragón, donde se gestó. Está decidido a dejar de ser ese fantasma que pulula acuciante en busca de su vestido de carne y hueso, aunando apoyos que también crean en el proyecto porque, ya se sabe, creer es poder.

Pero qué frío hace…

5 comentarios en “Hablando de frío…

    • Muchas gracias, paisanos. La verdad es que ya ha llegado el momento de sacar partido a los restos que nos han dejado las numerosas campañas arqueológicas que se han llevado a cabo en las últimas tres décadas. He tenido la oportunidad de conocer a algunas de las personas que trabajan desinteresadamente por poner en valor la Celtiberia y la verdad es que me parece muy interesante tanto el proyecto de desarrollo rural que están impulsando, como los estudios de investigación que desarrollan en relación a nuestros ancestros prerromanos. Qué os voy a decir a vosotros, molineses, que conocéis tanto como yo la gran cantidad de yacimientos que existen en la comarca y lo poco explotados que están a pesar de los muchos arqueólogos que han surgido en la zona y de los numerosos estudios que se han publicado ¿Qué estamos haciendo mal? Supongo que muchas cosas. Yo sé que no todo es orgullo de molinesa, ni de vecina de esta provincia que no deja de sorprenderme.

      Un abrazo muy fuerte

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