Removiendo en la basura

Contenedores soterrados. // Foto: lacronica.net

Contenedores soterrados. // Foto: lacronica.net

Por Concha Balenzategui

La limpieza, la de las calles como la de las casas, es una de las tareas más ingratas. Nadie comentará nada si la ciudad está limpia o el cuarto de baño desinfectado, pero llueven las críticas cuando el servicio es deficiente, y basta un rincón sucio para arrancar las quejas. Me hacía estas reflexiones hace unos días a cuenta de la huelga de limpieza en Madrid, que ha puesto de manifiesto que, como la salud, uno no valora la limpieza hasta que la pierde.

La limpieza de las calles -en Guadalajara unida en el mismo servicio a la recogida de basuras- es el contrato más cuantioso que saca a concurso el Ayuntamiento. Es un tema de gran importancia, tanto por lo que cuesta en dinero, como por lo que supone vivir en una ciudad salubre y agradable.

Decía esta semana el concejal del ramo, Paco Úbeda, que Guadalajara recibe “premios” por su limpieza ahora que gobierna el PP, mientras era criticada por su suciedad cuando lo hacía el PSOE. Para mí, esas “escobas de plata o de oro” que dan a las empresas e instituciones -todo hay que decirlo, previo pago de su importe- no resulta de mucha fiabilidad, entre otras cuestiones porque lo que se juzgaba no era la ausencia de papeles y colillas en nuestras aceras, sino las mejoras introducidas en los vehículos encargados de la tarea. Más confianza me merece el estudio que reveló en tiempos de Alique que nuestra capital era de las más sucias de España, por venir de una organización de consumidores, una entidad sin ánimo de lucro y que no se casa con nadie. Y es que, en definitiva, todos tenemos derecho a discrepar con quien juzga, como esta misma semana ha hecho el diputado Lorenzo Robisco con la prestigiosa organización que ha dicho que nuestra Diputación es la menos trasparente del país.

Independientemente de otros juicios de valor, estoy de acuerdo en que la ciudad está más limpia ahora que hace unos años. Es mi sensación y también la que notó a mi alrededor, por la ausencia de críticas vecinales. Y sí recuerdo que el comentario sobre la mugre en la ciudad era una constante años atrás -específico, como el concejal, bajo el mandato socialista- cuando era un problema recurrente en la prensa y en las conversaciones. Es como los grafitis o el botellón: es evidente que son problemas que han mejorado mucho o casi desaparecido.

Dicho esto, también añado que “sólo faltaría” que la ciudad no hubiera mejorado, con lo que cuesta el servicio y lo que se ha incrementado la partida municipal destinada a él. La contrata se encareció y para todos los vecinos, con lo que es normal que se note un mayor trabajo en las calles.

Hay quien piensa que mejor sería no apostar por tantas mejoras del servicio si nos ahorramos parte de la factura. Yo puedo estar entre ellos. En tiempos de recortes, por ejemplo, sería más lógico haber renunciado a la recogida de los basuras los domingos y festivos que a ciertos servicios sociales, educativos o sanitarios. Seguro que han visitado ciudades de países europeos y “primermundistas” donde la basura se recoge tres o cuatro días en semana y no se considera una merma en su bienestar. Cada cual se guarda los desperdicios en casa y los saca el día que toca, a su hora. Nada de amontonar en la calle lo que no queremos en casa. Y esas ciudades están limpias.

Pero resulta que aquí es imposible ser “austero” en cuestión de basuras o limpiezas, que por otra parte competen a una Administración distinta -el Ayuntamiento- que la encargada de la Sanidad o la Educación, de competencia autonómica. La basura se financia por una tasa que pagamos los ciudadanos, y el consistorio tiene que tender a equilibrar los gastos que genera el servicio con lo que se ingresa en los recibos. Con lo que poco cambia para las arcas municipales que haya más o menos horas de barrenderos. Pero además, y ahí viene la cuestión, es que la basura no es gestionada directamente por el Ayuntamiento, sino por una empresa privada, en virtud de un contrato que deja fuera de lugar cuestiones como la reducción del servicio. En definitiva: aunque la cuantía de la tasa se fija cada año en el pleno que establece la subida de impuestos, el Ayuntamiento está maniatado -por el coste del servicio y las condiciones que ofreció en el pliego de condiciones- a la empresa que consiga la contrata.

El concejal socialista Daniel Jiménez. // Foto: lacronica.net

El concejal socialista Daniel Jiménez. // Foto: lacronica.net

Por eso es tan importante definir bien las reglas de la próxima adjudicación antes de que esta se produzca, que será en breve. Por la cuantía del contrato, la basura es muy golosa para las empresas, y puede esconder mucha porquería, pero no de residuos, sino de la otra, mucho más maloliente en el plano de la ética. Regidores como los de Alicante y Torrevieja ya se han visto en los tribunales por cómo gestionaron sus asuntos de escobas y contenedores. Y la sombra cae también sobre la más cercana Toledo, donde la empresa que ganó el último concurso aparece como donante de dinero negro para el PP regional en la “contabilidad B” de los papeles de Bárcenas.

Pero además, hay que tener en cuenta que un servicio privado en algo que es tan nuestro, y más con una contrata de larga duración, deja sin margen de actuación al consistorio cuando cambian las circunstancias.

En la actual tendencia a la privatización de todo que padecemos puede parecer extemporáneo, incluso anacrónico, plantear una municipalización del servicio. Pero al menos déjenme reflexionar sobre las consecuenciass que nos trae esta situación. He oído con frecuencia el argumento de que un servicio es más operativo y rentable si lo llevan a cabo trabajadores de una firma privada que funcionarios, porque estos últimos tienen unas condiciones mucho más caras.

En el caso de Guadalajara, hay que saber que los empleados de la limpieza gozan en general de buenas condiciones laborales, mejores que las de muchos funcionarios, y calificables, sin duda, de privilegios, si se comparan con las de la inmensa mayoría de los trabajadores de similar cualificación. Viendo su convenio se comprueba que están bien pagados, en comparación con otras tareas igual de penosas; o que tienen prácticamente la estabilidad de un funcionario, puesto que la empresa que gana el concurso está obligada a subrogarlos. Y además, ocurre que los hijos de los actuales empleados tienen prioridad de contratación en las vacantes que se produzcan. ¿No es increíble? Sí, el puesto de barrendero en Guadalajara no sólo es estable y casi vitalicio, sino que también es hereditario. Es una cuestión que, sin querer arremeter contra derechos adquiridos por los trabajadores en su convenio, me parece inconcebible cuando se trata de puestos para los que no es necesaria una prueba, ni una oposición, y que son pagados con el dinero de todos los ciudadanos, quienes deberían tener el mismo derecho a optar a esos empleos.

El concejal de IU, José Luis Maximiliano, ha planteado varias veces mociones al Pleno para que los puestos de trabajo en las contratas municipales, pagadas con dinero público, se sometan a los principios de igualdad, mérito y capacidad que rigen en los que directamente se prestan para la Administración. Yo estoy de acuerdo. El PP no, y las ha rechazado siempre.

El último debate de la limpieza lo ha planteado el concejal socialista Daniel Jiménez, quien esta semana alertaba de la necesidad de plantear con antelación, en el pliego, las condiciones de la empresa que debe encargarse de esta tarea dentro de unos meses, cuando expire el contrato actual. El edil del PSOE pedía que, para que no ocurra como en Madrid, se fije claramente un número mínimo de empleados que frustre cualquier veleidad empresarial para acometer un despido masivo, como pretendieron hacer en la capital de España. Pueden pensar muchos que Jiménez alarma sin motivo, pero lo cierto es que el PP no ha dado respuesta a esta pregunta concreta, y Úbeda optó por echar balones fuera. Habrá que estar, por tanto, ojo avizor.

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Síndrome de Estocolmo

Diputación de Guadalajara. // Foto: leyendaviva.com

Diputación de Guadalajara. // Foto: leyendaviva.com

Por Yago López

Le oí decir no hace mucho al bufón Leo Bassi que cuando quebró Lehman Brothers compró una botella de champagne para brindar por el final del capitalismo salvaje y la falta de humanidad que lleva consigo pero años después aún no ha encontrado el momento de abrirla. No le falta razón. Hemos visto caer ante nuestros ojos un sistema opresor que se ha demostrado tan erróneo como injusto y después de dejarnos malheridos y desangrándonos -cada día continuamos sufriendo sus devastadores efectos-, nos empeñamos en seguir alimentándolo con inyecciones de dinero público y dejando que los mismos que provocaron la caída o no hicieron nada por impedirla sigan llevando las riendas.

Por un momento pareció que podía cambiar algo pero fue solo un espejismo. Miles de personas salieron a las calles en las distintas ciudades del país y ocuparon las plazas para exponer sus ideas y decir a los dirigentes de una vez por todas que ya estaba bien. Estaban más que hartos de la pantomima que los grandes partidos venían realizando en nombre de la representación parlamentaria y no estaban dispuestos a seguir tragando. Recuerdan los gritos: “Que no, que no, que no nos representan”. Tengo en la retina, además de las acampadas de Madrid y Barcelona, las enormes asambleas que se produjeron en Guadalajara frente al Ayuntamiento. No olvidaré la gran cantidad de personas anónimas que una a una tomaban la palabra para hacer pública su indignación y poner sobre la mesa una propuesta de cambio que supusiese una democracia real.

Ha llovido ya, concretamente algún millón de parados más a nivel nacional y miles en la provincia de Guadalajara. En mitad de todo esto hubo un cambio de Gobierno y la situación, lejos de mejorarse, continuó por los mismos derroteros. Las entidades financieras siguieron recibiendo fondos y los ciudadanos palos. No solo no se modificaron las anquilosadas estructuras del sistema democrático sino que además se continuó apostando por el mercado libre, el gran monstruo que todo lo devora, como regulador de una sociedad en la UVI. Otra vez el lobo a cuidar del ganado, de nuevo se repitió la historia.

Después llegaron las manifestaciones. Decenas de ellas. Todos los servicios públicos se vieron afectados por los recortes, y sus trabajadores y usuarios -fundamentalmente los ciudadanos que no pueden costearse seguros privados y algún despistado con conciencia social- salieron a la calle para intentar evitar que Rajoy en el país y Cospedal en Castilla-La Mancha acabaran de rematar al maltrecho sistema de bienestar que tanto costó construir. Ambos dirigentes aguantan estoicamente el chaparrón a sabiendas que las tragaderas de la ciudadanía española en general y de esta región en particular no conocen límites, y con la firme convicción de que no hay mal que cien años dure.

Pues bien, con este panorama, un 20 de noviembre -fecha de infausto recuerdo-, el miércoles de esta misma semana, la organización independiente Transparencia Internacional de España presentó un informe sobre la opacidad de las administraciones provinciales, y la Diputación de Guadalajara ocupa no el primero ni el antepenúltimo puesto sino el último. Ser los menos transparentes en Finlandia es cuestionable pero ser el gobierno más opaco de las provincias de España tiene delito. Son de estos datos que estomagan pero de los que uno confía que cuando se analicen con detenimiento sean al menos algo subjetivos y respondan en parte a una cierta intencionalidad política. Nada más lejos de la verdad.

Si uno se fija en cada uno de los parámetros que se han tenido en cuenta para obtener la calificación desaparecen todas las suspicacias. En todos los baremos objetivos que determinan para esta organización la transparencia de una institución -los hay más y menos acertados todo sea dicho- la Diputación de Guadalajara suspende rotundamente. Resulta agotador y poco práctico citar cada uno de los puntos cuando pueden ser consultados con un solo clic así que les dejo el enlace y sírvanse ustedes.

Sinceramente, me parece pobre, en lo que a transparencia se refiere, el test propuesto por esta organización y, sin embargo, ni la mitad de las provincias lo supera. Y todo esto cuando está en entredicho la valía y profesionalidad de la clase política y no hay dirigente que no incluya en su discurso una nueva manera de gobernar transparente y cercana con el ciudadano.

Claro que lo más triste de este caso es que la presidenta de la Diputación, Ana Guarinos, no creo que llegue siquiera a leer ese informe, y si lo hace le dará idéntica importancia a la preocupación que le produce: ninguna. Y resulta lógico que así sea porque la máxima respuesta ciudadana que obtendrá al respecto será una pataleta o un ya les vale, eso sí, cada uno en su casa o como mucho en el bar. ¿Se nos habrá olvidado que el dinero que administran y despilfarran es nuestro y que los servicios e infraestructuras con los que juegan pertenecen también a los ciudadanos? ¿O tal vez padezcamos una suerte de Síndrome de Estocolmo con nuestros políticos y le hemos cogido el gusto a que nos mangoneen y decidan por nosotros?

Sea como fuere, lo cierto es que lejos de aprovechar la coyuntura de la crisis para dar un vuelco a la caduca organización política y económica de nuestra sociedad vamos a salir de ella, si es que salimos, con menos derechos, menos sueldo, peores servicios públicos y un sistema político cada vez menos transparente y más corrupto.

Hablando de frío…

Imagen de Molina de Aragón compartida en el Twitter de AEMET Castilla-La Mancha.

Imagen de Molina de Aragón compartida en el Twitter de AEMET Castilla-La Mancha.

Por Marta Perruca

Pero qué frío hace. Siempre que exclamo en este sentido hay un listillo cerca que me contesta: Pero cómo puedes decir eso siendo de Molina de Aragón. Y yo replico, “por eso mismo, porque conozco el frío y sé que no me gusta”. De todas formas –añado- en Molina es cierto que hace mucho frío, pero es un frío muy seco, de esos que te abrigas y solucionado. El frío en Molina tiene otro regustillo. De hecho, ayer mismo fui a darme un baño de frío a mi pueblo, donde el pasado sábado sorprendía la nieve. Me gusta ese silencio extraño que se produce cuando nieva. Parece que la naturaleza se queda en calma. Ni siquiera el viento se atreve a susurrar. Si andáis cerca en un día de nieves os recomiendo acercaros al Barranco de la Hoz. Creo que existen pocas estampas tan impresionantes como ver al cielo deshacerse de su caspa helada desde el balcón más alto de su mirador.

A estas alturas, supongo, ya me conoceréis molinesa y enamorada de mi tierra, pero también de esta provincia de misterios inconfesados o confesados y paradójicamente, desconocidos. Lo siento, soy consciente de que me repito hasta la saciedad, que una tiene sus empeños metidos entre ceja y ceja, ya sabéis, esos fantasmas impenitentes que buscan sin descanso un traje de carne y hueso.

Y hoy voy a hablaros de otro fantasma, que se afana en estos momentos en coser a la medida de esta provincia su propio traje de latidos. Quizá porque ayer me di un baño de frío en mi pueblo y alguien me recordó que esta comarca, junto con el resto de las zonas rurales de la provincia, se enmarca dentro del territorio de la Celtiberia, que un estudio identifica con unas condiciones inferiores a la Laponia Escandinava. No hablo solo del frío, aunque muchos identifiquen Molina como el pueblo más frío de España, sino de una zona con unos índices de población alarmantes, donde sus condiciones geográficas la convierten en un lugar donde resulta muy complicada la prestación de los servicios básicos.

El territorio de la Celtiberia abarca diez provincias y cinco comunidades autónomas (Castilla-La Mancha, Aragón, Castilla y León, La Rioja y Valencia) y tiene una superficie de 63.098,69 kilómetros cuadrados. Pues bien, en toda esta basta extensión de territorio sólo hay 503.566 personas censadas, lo que nos da una densidad de población de 7,98 habitantes por kilómetro cuadrado. En la Unión Europea solo existe un lugar que reúne estas condiciones en la zona ártica de los países escandinavos, pero sus circunstancias son menos extremas, ya que allí la población se concentra en torno a los Fiordos, lo que simplifica la prestación de los servicios básicos. A la despoblación del territorio de la Celtiberia se suma además su dispersión geográfica y la particular orografía de su terreno.

Situando la lupa analítica sobre la comarca de Molina de Aragón se comprenden mejor los problemas sectoriales que comparten muchas comarcas de este área concreta. El Señorío molinés tiene una extensión de 4.186,9 kilómetros cuadrados y está poblado por 10.370 habitantes con lo que, sobre el papel, la densidad de población es de tan sólo 2,0 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que no es un reflejo de la realidad, porque todos sabemos que son muchos los que permanecen censados en sus pueblos, pero durante el año viven en la ciudad.

Una vez visualizadas las dramáticas circunstancias que asolan a este territorio donde hace más de dos milenios habitaron nuestros ancestros prerromanos, surge el proyecto “Serranía Celtibérica”, fraguado en el seno de la Universidad de Zaragoza por  28 investigadores, capitaneados por el catedrático de Prehistoria, Francisco Burillo. Esta iniciativa se ha enfrentado a más de un lustro de carrera sorteando los más variados obstáculos. Hoy, por fin se ha cuadrado y ha decidido que ha llegado el momento de materializarse, de pertrecharse de piel, músculos y órganos que consigan poner la maquinaria en marcha.

De esta manera, en diciembre de 2012, el Gobierno de Aragón daba el visto bueno a la configuración de un “Consorcio de  la Celtiberia”, cuyo fin último es abanderar la materialización de un ambicioso proyecto de desarrollo rural sostenible. El siguiente paso es que se unan a él las distintas diputaciones y gobiernos regionales implicados. La Diputación Provincial de Guadalajara ya ha manifestado su interés, al igual que la de Cuenca y, en ,Soria, parece, se han mostrado receptivos.

Lo que pretende el proyecto “Serranía Celtibérica” es dar visibilidad a este territorio, con sus circunstancias dramáticas particulares, ante el Gobierno Central, para que lo reconozca dentro de las áreas beneficiarias de la Ley de Desarrollo Rural Sostenible y, a su vez, que éste elabore el informe oportuno para remitirlo a la Unión Europea, en tanto en cuanto, en la comarca de la Celtiberia convergen tres de las seis categorías para las que la legislación recoge ayudas específicas: zona de montaña, rural remota y despoblada.

En última instancia, lo que busca esta iniciativa es desarrollar una herramienta de promoción conjunta a nivel nacional e internacional que aúne todos los elementos potencialmente turísticos y ponga en valor los productos de calidad agroalimentarios que se dan cita en este territorio.

Desde mi punto de vista, y tras asomarme al proyecto por diversos cauces, lo que se me ha revelado es una propuesta, por fin, seria, bien armada y diseñada a conciencia, para dar a conocer, por fin, todos esos secretos inconfesables o, como decía, confesados pero, sin embargo, desconocidos y convertirlos en un motor de desarrollo rural. Y es que, muchas veces, me lamento porque parece que en esta provincia, en la región y en España en general, se hacen muchas cosas, pero -así lo diría una gran amiga-, “como pollo sin cabeza” y ya, si eso, que sea el tiempo el que mida el nivel de acierto o de equivocación. Pero en este caso se trata de una propuesta estudiada, articulada y minuciosamente trabajada por un gran elenco de expertos, que han demostrado saber caminar con pasos firmes. La Comarca de Molina de Aragón no tardó en darse cuenta de ello y desde el Museo molinés llevan tiempo apostando fuerte por llevarla a cabo.

El proyecto Serranía Celtibérica está saliendo ahora de sus límites académicos y del marco de la Comunidad de Aragón, donde se gestó. Está decidido a dejar de ser ese fantasma que pulula acuciante en busca de su vestido de carne y hueso, aunando apoyos que también crean en el proyecto porque, ya se sabe, creer es poder.

Pero qué frío hace…

¡Viva el vino!

Marcial Marín, visitando una exposición taurina en mayo. / Foto: www.lacomarcadepuertollano.com.

Marcial Marín, visitando una exposición taurina en mayo. / Foto: http://www.lacomarcadepuertollano.com.

Por Rubén Madrid

Aunque hoy es 20-N, no les voy a hablar del diputado provincial de turismo, porque desconozco si ha liberado parte de su agenda para acudir a su cita con la historia en la sierra de Guadarrama. Aunque hoy es 20 de noviembre, o precisamente por eso mismo, voy a hablar de toros. Y de vino. Y de cetrería. O lo que viene a ser lo mismo: las sagradas raíces de nuestra cultura.

Uno de los momentos más zapeados y ‘youtubeados’ del presidente Rajoy es aquel en el que levantó la copa y brindó con ímpetu marcial: ¡Viva el vino! La orden fue recibida en esta tierra de viñedos que es nuestra región y en la que hemos celebrado como el dios Baco manda una noche en vino publicitada en los medios afines sin austeridades: para esto no hay crisis de papel sábana ni de moneda y timbre. La jornada resultó un apoyo decidido a un producto emblemático de la región (¿para cuándo el queso, la miel o el azafrán?) con un gran derroche de animación para amenizar las catas.

La del vino ha sido una de las tres principales rendiciones de la administración regional a algún componente de nuestra cultura popular. Las otras dos han sido las declaraciones como Bien de Interés Cultural inmaterial de la fiesta de los toros y de la cetrería, en vez de, pongamos por caso, la narración oral, tan inmaterial como arraigada en esta Guadalajara que para muchos de sus vecinos es, sin duda, la ciudad de los cuentos. El mismo argumento esgrimido para la cetrería valdría también para dar el reconocimiento a esto de contar con arte: “Conlleva tradiciones e historia, expresiones orales y costumbres, usos sociales, prácticas, conocimientos y técnicas artesanales derivados de sus siglos de existencia”, ha dicho el delegado Condado. Que se aplique el cuento.

En todo caso, han sido los toros los que han abierto la senda de las declaraciones como BIC para esas expresiones artísticas ‘inmateriales’. ¿Cuestión de prioridades? La defensa a ultranza de los toros por parte del gobierno regional en general y del consejero Marín en particular no es a estas alturas ningún secreto. Para muestra un botón: pongan en el buscador Google “Marcial Marín toros” y vean la secuencia infinita de imágenes en que aparece en plazas o con toreros. Y hagan luego lo mismo con “Marcial Marín teatro” o “Marcial Marín literatura” o “Marcial Marín cine” o “Marcial Marín museos”, comparen los resultados y saquen sus propias conclusiones.

A los amantes de la cultura, como a los amantes del vino y de los toros, nos gustaría que el consejero de toros y vinos lo fuese también del teatro, del cine, del circo, de la fotografía, de la literatura, de las conferencias… Resulta incomprensible que desde que es consejero no haya parado ni una sola vez por dos acontecimientos de primer grado de la cultura alcarreña como el Tenorio Mendocino y el Maratón de Cuentos. No sabemos si está esperando a la precampaña electoral para cumplir con una visita que en el ejercicio de su cargo parece algo más que una deferencia. Tal vez si lo hiciese lograría captar la importancia artística y el tirón popular de estos dos eventos, que bien merecen un reconocimiento igual o mayor que la tauromaquia o la milenarísima cetrería que invade nuestros mercados medievales. Nadie le pide a Marín la sensibilidad con la cultura de su predecesora, la seguntina Soledad Herrero, pero sí coherencia en un cargo por el que recibe una remuneración próxima a los 5.000 euros brutos al mes.

Rajoy, con una botella de vino con etiqueta electoral.

Rajoy, con una botella de vino con etiqueta electoral.

Pero Marín no respalda con su presencia la cultura porque es un ‘outsider’ de las artes. Si leyese más, pronunciaría mejor y no repetiría sin rubor aquello de “fustrante” (vean el primer vídeo de este enlace), y si se prodigase con sus colegas de partido por las butacas, como hace en los tendidos, vería que el mundo es afortunadamente diverso y defendería ante los suyos, que falta hace, que hay que convivir con quien ofrece un punto de vista diferente en vez de obsesionarse con dar castigo al infiel. Esto también es cultura, pero cultura democrática.

Ese mismo talante es el que ha conseguido que Marín y Condado acaben por enzarzarse incluso con el ala más revolucionaria de la cultura guadalajareña, la Fundación Siglo Futuro. Cualquiera que conozca de refilón a tipos como Juan Garrido, Paco García Marquina, Rafael Bachiller o Adoración Perea entenderá que su irritación no es fruto de una aversión irracional a unas siglas o de un mal manejo de las formas con sus interlocutores, pero lo cierto es que esta Junta ha logrado sacarles, también a ellos, de sus casillas.

Mientras las autoridades de Toledo y sus represtantes en Guadalajara se alejan de gran parte del tejido cultural y hacen tan rematadamente mal su trabajo, la gente no se queda quieta. Cuarenta asociaciones se reunieron el viernes en el espacio Karaba para tejer una red de organizaciones culturales, sociales y ecologistas que tienen en común su demanda de cambiar el mundo (a mejor, se entiende, que esto no es Davos), compartir agenda, cooperar (bendita palabra) y preparar una respuesta conjunta ante eventuales ofensivas de la Consejería de Tauromaquia, Vino y Cetrería.

También el viernes pasado la Asociación de Amigos del Moderno celebraba asamblea general y daba un reimpulso a su actividad, un año después de constituirse: tienen sus miembros la seguridad de que sin su empeño y su trabajo colectivo el teatro no tendría a día de hoy la promesa de reapertura que ha dado el Ayuntamiento. Pero no se conforman con una reapertura cualquiera: reclaman una gestión pública, un proyecto artístico que cuente con esos titiriteros, cuentacuentos, cinéfilos y teatreros de nuestra tierra (en esto también tenemos denominación de origen).

Resulta admirable el modo en que muchos de ellos se entregan a esta causa. No porque pidan la luna, sino porque dan la cara en momentos en que no resulta fácil. A veces la ética y el compromiso social pueden más que el desgaste en horas, en fuerzas y en riesgos.

Porque hay riesgos. Aquí comprobamos el dilema que planteaba el sociólogo Olson en los sesenta sobre el modo en que la mayoría de la ciudadanía se comporta como gorrones, mientras una minoría ejerce de avanzacilla comprometida. Decía que en un país donde los individuos tienen la libre opción de defender sus derechos, muchos preferirán no asumir riesgos (pasar del tema, pensar que es más lo que se puede perder que lo que cabe ganar). Pese a todo, se beneficiarán también del trabajo de esos pocos que se hayan comprometido. Si algún día el Moderno abre sus puertas, recuerden que en ese empeño ha habido represalias, sutiles y enmascaradas, legales pero ilícitas: ese trabajador que no es rescatado por su antigua empresa cuando vuelve a ampliar plantilla; ese medio de comunicación que queda marginado de las campañas de publicidad; esa asociación a la que le retiran las ayudas para una muestra de cine. Sobra decir que el rencor carcome a quien lo produce y que nunca debe ser el camino, ni aquí ni en Hiendelaencina.

Afortunadamente, la del viernes no fue una tarde en blanco. La cultura a pie de calle se mueve y busca a duras penas sus espacios, contracorriente, porque de la entendible austeridad hemos avanzado hacia una España descolorida y acrítica en la que ni siquiera hay ya pan y circo. La santísima trinidad de la cultura regional con sus capotes, sus barricas y sus rapaces adiestradas nos está señalando el camino: embestir mansos, embriagarnos con copas de cristal hasta perder el sentido, atar corto el vuelo, no sea que nos sintamos demasiado valientes, demasiado despiertos, demasiado libres.

Recuerden: hoy es 20-N.

Ni rastro del botellón

La guerra al botellón, se da por vencida en Guadalajara. // Foto: lacronica.net

La guerra al botellón, se da por vencida en Guadalajara. // Foto: lacronica.net

Por Abraham Sanz

Cinco años atrás, el Consistorio vivía sendas agitadas polémicas entorno a la nueva Ordenanza de Convivencia Ciudadana que buscaba la entonces edil de Seguridad, María José Agudo, poner en marcha; y la privatización del servicio de agua del que la que los vecinos se vienen quejando hasta la saciedad por el incremento más que notable de esta tasa –especialmente de cara al próximo año-. No obstante no será el agua el tema que centre este artículo –que si bien dar para uno y varios-; sino el tema de la citada ordenanza que, en aquel momento, se vino a llamar Ley Anti-Botellón.

Uno de los fines fundamentales de la misma no era otro que lograr erradicar esta práctica que se había extendido y generalizado todos los fines de semana en puntos emblemáticos de la ciudad como su casco histórico o la fuente de la Niña, amén de otros parques. La estampa era más que común cada fin de semana en estos puntos. Grandes aglomeraciones de gente dividida en diferentes grupos en los que, alrededor de una bolsa de plástico repleta de hielos y botellas de bebidas alcohólicas, bebían y brindaban; mientras los altavoces de algún coche con el maletero abierto trataban de amenizar la noche con música techno. Esta imagen era una constante cada día del fin de semana, así como la que ofrecía a la mañana siguiente la capital alcarreña, plagada de suciedad, bolsas y demás producto de estos macro-botellones que protagonizaban los jóvenes –muchos de ellos adolescentes- de la ciudad.

Tal fue la magnitud de los hechos que el Ayuntamiento terminó tomando cartas en el asunto para lograr erradicar esta práctica y, podemos decir que a ciencia cierta lo ha conseguido. E incluso fue más que inmediata la reacción de los jóvenes que pronto decidieron evitar esas grandes aglomeraciones y buscar lugares más recónditos para continuar con el botellón. Algún empresario del ocio nocturno, durante un tiempo promovió que sus grandes espacios se convirtieran en un lugar de reunión para poder continuar con esta práctica –a cambio de una pequeña entrada-; para que así los jóvenes pudieran ahorrarse unos euros en las copas de la noche. Iniciativas empresariales que fueron decayendo, más que nada, por el cierre de los locales que podrían albergarlas así como por el decrecimiento de la ‘movida’ en la capital.

Este tipo de normas unidas a una gran diversificación del ocio nocturno, ha hecho que la “fiesta” casi haya desparecido de la zona centro y que la vida que tuvo tiempo atrás Bardales, –cuya imagen cambio lamentablemente por el botellón-; ahora sea un espejismo que sólo ve síntomas de recuperación cuando las terrazas inundan unas plazas que años atrás eran pasto de las bolsas de plástico. No obstante, no seremos nosotros quienes culpemos a esta ordenanza del bajón festivo de Bardales, ni mucho menos; puesto éste tiene que ver más con la escasa variedad que ofrece donde se imita un modelo tan repetitivo que para muchos ha dejado ya de tener gracia la noche alcarreña.

Lo que sí me entristece es que la sociedad de nuestra ciudad, sólo responda a base de este tipo medidas que no hacen más que plasmar en un papel y con una sanción, cuestiones que deberían de ser de sentido común en aras a una mejor convivencia ciudadana. Muchas veces entran en controversia los intereses de quienes quieren disfrutar más en la calle, por el contrario de quienes buscan el descanso en horario nocturno. Sin embargo, en el punto medio debe estar la solución y no en el desmán en que se convirtió el botellón en Guadalajara; ni la prohibición total como finalmente determinó el Ayuntamiento que, aunque carácter disuasorio, no deja de ser una norma donde la prohibición fue su bandera y que este año cumple un lustro.

Antes de llegar a esta tipo de medidas –ahora imitadas por numerosas poblaciones tanto de la región como de otros puntos de España-, esta situación debe llevar a la reflexión tanto a familias, gobernantes y educadores. La educación debe ser la herramienta que nos permita ver la luz ante un problema social como es que el inicio en el consumo de bebidas alcohólicas se produce cada vez a una edad más temprana, a pesar de que no se produzcan en la calle grandes aglomeraciones de gente bebiendo. La acción de este tipo de ordenanzas no debe terminar viendo parques y plazas sin rastro de botellón; sino que debe complementarse con una acción integral en todos los sectores de la enseñanza donde se pueda prevenir sobre las consecuencias que trae un consumo excesivo tanto de alcohol como de sustancias estupefacientes.

Buena parte de culpa de esto, bien es cierto, lo tiene una sociedad donde las relaciones sociales se realizan entorno a unas cañas o unas copas; donde el alcohol es un factor socializador y socializante. De ahí que, no sólo han de valer con cuatro charlas que ese día conmueven la conciencia, pero que al llegar al viernes terminan en el olvido tras la tercera copa; sino que ha de ser una constante que permita que si bien, por juventud todos pueden cometer algún desvarío; nuestros jóvenes sean más que conscientes de los riesgos que se corren consumiendo alcohol y de sus consecuencias.

Insistir, insistir e insistir para lograr que la conciencia impere entre los jóvenes y así evitar tristes momentos, como el que vivió una persona próxima a mí, cuándo preguntó a un grupo de adolescentes de que ‘vicio’ les costaría más desprenderse, y fue el alcohol la respuesta mayoritaria entre estos chicos de 15 años. Yo quedé ojiplático y aún sigo, de ahí que una propuesta educadora sea más que necesaria así como la vigencia de esta norma que si bien, restringe un poco más nuestra libertad, procura una convivencia más sensata entre los vecinos –excepto en Ferias que se suprime-.

Explicaciones y responsabilidades

Germán Retuerta posa con la bufanda morada en la fachada del Infantado. / Foto: Rafa Martín.

Germán Retuerta posa con la bufanda morada en la fachada del Infantado. / Foto: Rafael Martín.

Por Ana G. Hernández

El pasado viernes 2 de agosto Germán Retuerta, presidente del CD Guadalajara, compareció ante los medios de comunicación para confirmar que la entidad que preside iba a comenzar la temporada en Segunda División B. En esa misma rueda de prensa se abordaron otros temas como la nueva plantilla, el nuevo cuerpo técnico o Grupo IV de la categoría. En este contexto, Retuerta fue preguntado por si la afición tenía que pedir responsabilidades de lo sucedido al club y el presidente respondió de la siguiente manera:

“Yo no sé quién me culpa o quién no me culpa. Esto es una Sociedad Anónima Deportiva y yo represento, como presidente, a esta sociedad. Si hay alguien que me puede pedir responsabilidades, serán los socios de las empresas, que son los dueños de las acciones. No entiendo que ningún aficionado, con todo el respeto del mundo hacia ellos, me pueda pedir nadie ninguna responsabilidad ni a mí ni a la gestión de esta empresa porque el aficionado compra su abono o compra su entrada, viene a ver un espectáculo que se llama fútbol, viene a animar. Si alguien pierde con esto es la empresa, sus accionistas y luego, con todo lo que representa el fútbol de sentimiento y emociones, todo el mundo. Yo no voy a responder a ninguna responsabilidad de nadie, solamente ante los accionistas del Deportivo Guadalajara porque así se nos ha dicho. Esto es una Sociedad Anónima. El Deportivo Guadalajara no tiene deudas, pero el fútbol está montado así”.

De esta respuesta, los aficionados y los medios de comunicación extrajeron un titular, el de que “no va a responder a ninguna responsabilidad de nadie” y que solo lo haría ante los accionistas de la empresa. Polémicas y explicaciones a parte, incluida la diferenciación que hizo Retuerta sobre ‘responsabilidades a los accionistas’ y ‘explicaciones a los socios’, además del acto en sí que montó en el Pedro Escartín para ‘explicarse’, la libre volvió a saltar este viernes en la asamblea de accionistas.

En ella se decidió que todos los accionistas con menos de 60 acciones no tendrían derecho a asistir a las asambleas. Para que ustedes se hagan cargo de la situación, solo hay tres entidades con capacidad de acudir a dichas reuniones y de pedir ‘responsabilidades’ por la gestión. Son: el Ayuntamiento de Guadalajara, la Diputación Provincial y Gestión Deportiva Integral. El resto de compromisarios quedarán privados de estos derechos. La nueva norma salió adelante con el apoyo de ésta última entidad legal que cuenta con el 90% de acciones totales del club (más de 58.000). Dada su mayoría, esta empresa es la encargada de nombrar el Consejo de Administración del club y a su presidente. Así las cosas, los accionistas minoritarios también se tendrán que conformar con pedir solo ‘explicaciones’ al Consejo de Administración, puesto que les han cercenado el derecho a pedir ‘responsabilidades’. Un problema menos.

El fútbol moderno está “montado así”, como bien explicaba Retuerta aquel 2 de agosto. Los equipos de fútbol son empresas privadas, con sus cuentas de resultado, sus balances económicos y con sus beneficios o sus pérdidas. El otro problema para Retuerta quizá sea que los equipos de fútbol traspasan esa barrera fría y metálica de nuestra alma, generan sentimientos viscerales de gran profundidad y pueden llegar a formar parte del patrimonio de una ciudad o un país.

En este caso y desde mi punto de vista, el Deportivo Guadalajara forma parte del patrimonio de todos los guadalajareños. De todos y cada uno de ellos que se sientan orgullosos de sus colores, como también forma parte del patrimonio de todos los alcarreños y de la ciudad el emblemático Palacio del Infantado. El Depor pertenece a Gestión Deportiva Integral y el Infantado a Íñigo de Arteaga y Martín o, mejor dicho, a la Casa del Infantado; pero ambos  patrimonios podemos disfrutarlos todos los arriácenses de a pie.

Cuando se van coartando, poco a poco, los derechos de aficionados, si es que tienen alguno solo por pagar un dinero por ver el partido, y de los accionistas lo que se consigue es que, poco a poco, ese lazo de unión entre la ciudad y su club se vaya desatando. Poco a poco, sin prisa, pero sin pausa hacia un futuro más que incierto. A veces se echa en falta algunos aspectos de ese fútbol humilde y bohemio de antaño.

Canciones para una ciudad

Juan Ignacio Cortés trabaja como periodista en Amnistía Internacional en Londres.

Juan Ignacio Cortés trabaja como periodista en Amnistía Internacional en Londres.

*Por Juan Ignacio Cortés Carrasbal

He considerado diversas maneras de comenzar este artículo, pero una se impone por encima de todas. Dejadme citar al añorado Labordeta y cantar con él una de sus menos conocidas canciones que comienza: “A veces me pregunto qué hago yo aquí”.

Por supuesto, me estoy saltando todas las reglas del periodismo. Ya sabéis: aquello de las 5 W (who-quién hace; what-qué hace; where-dónde lo hace; when-cuándo lo hace y why-por qué lo hace). En fin, sigamos las reglas:

¿Quién? Yo.

¿Qué hace? Trabajar en la oficina de prensa de Amnistía Internacional.

¿Dónde? En Londres.

¿Cuándo? Ahora.

¿Por qué?… Ejem… Bueno… La respuesta a esta pregunta es más compleja. Puedo decir que porque me apasiona el reto de poder aportar algo a la defensa de los derechos humanos. He quedado como un rey, ¿no? Sin embargo, siendo eso cierto, no es del todo verdad. Mejor dicho, no es toda la verdad. Hay, al menos, otra cara de la moneda.
A mí me hubiera gustado trabajar por los derechos humanos o cualquier otra causa noble en España, pero parece ser que no es posible. Así que, siguiendo sus consejos y juntando los restos de mi espíritu aventurero me vine al extranjero a descubrir y a fundar. Y aunque no se me quita de encima cierta sensación de exilio, sé que soy un exiliado privilegiado. Otros han venido sin nada. Sobre todo, sin nada que perder.

Pero en fin, me voy extendiendo y extendiendo y no cumplo con vosotros la promesa de mi título. ¿Dónde están las canciones?, os preguntaréis. Pues bien, ahí van:

  • La ya mencionada A veces me pregunto qué hago yo aquí.
  • London, London, de Caetano Veloso. El genial bahiano la compuso cuando la dictadura brasileña le obligó a marchar al exilio. No es que me sienta identificado con la historia (ejem), pero ¡es que es una melodía tan dulce!
  • London Calling, de “The Clash“. Un himno del punk, está canción es una auténtica llamada a filas. Y es que la historia de Londres es la historia del capitalismo, por supuesto –aquí dio si no sus primeros, si sus más fundamentales pasos–, pero también es una historia de resistencia, de no conformismo, de contestación.
  • Con diez años de menos, de Silvio Rodríguez. Incluso cuando me pongo melancólico me sale mi lado de rojo trasnochado, por lo que se ve. Escuchad bien la letra y entenderéis que a veces me siento un poco en la onda “muy joven para morir y muy viejo para el rock’n’roll”.
  • Copenhague, de “Vetusta Morla“. ¡Vaya, a lo mejor no estoy tan viejo! Éste es un grupo de jovencitos indies y me encanta. Prestad atención a la frase: “nunca saber dónde puedes terminar… o empezar”. Yo me pregunto si estoy terminando o empezando en esta ciudad. A los que están en casa les suele pasar menos. De todas maneras, no es malo hacerse preguntas. Ayuda a crecer, incluso cuando te sientes demasiado viejo para el rock’n’roll.
  • Heart of Gold, de Neil Young. Como el canadiense, yo sigo buscando un corazón de oro.
  • Tantas de Bob Dylan… Por citar las dos que me vienen más rápido a la cabeza: It Takes a Lot to Laugh/It Takes a Train to Cry –“Cuesta mucho reír/Basta un tren para llorar”– y Just Like a Woman, con esa increíble frase que dice “nadie siente pena alguna mientras permanezco de pie bajo esta lluvia”.

Seguramente, éste es un artículo intrascendente. Pero, por el amor de Dios, ya escribo de cosas trascendentes todos los días. Y hoy es domingo. Día de fútbol, cine o melancolía. Otro día podemos hablar de derechos humanos, de España, de Londres sin canciones por medio… Incluso podemos hablar de Guadalajara, esa ciudad de tantas puertas cerradas para tantos. Preguntadles a los compañeros del Hexágono, a Álvaro Nuño, a Emma Jaraba y a tantos otros que soñamos con ejercer la que nos decían noble profesión del periodismo.

En fin, disculpadme, pero os voy a ir dejando. Salud.

*Juan Ignacio Cortés Carrasbal (Guadalajara 1970), es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Da sus primeros pasos en la prensa provincial en El Decano, y posteriormente también formó parte de Guadalajara Dosmil, Noticias de Guadalajara y la Agencia Efe. Pronto se destaca por su interés por los temas sociales, del que dejó buena muestra en las publicaciones Vida Nueva, Reinado Social, Mundo Negro, Humanizar y Alandar, bien como miembro de sus redacciones o como colaborador asiduo. Ha ejercido de fotógrafo y reportero independiente y es autor del libro Noticia del Brasil. También ha trabajado en el campo de la cultura -en la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha y en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Actualmente lo hace en la oficina de prensa de Amnistía Internacional en Londres.