El hexágono de Guadalajara

175 años del Museo de Guadalajara: el Museo provincial ante el espejo

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Fernando Aguado, director del Museo de Guadalajara

Por Fernando Aguado*

El Museo de Guadalajara acaba de cumplir 175 años, un aniversario que nos recuerda que el nuestro es el museo provincial más antiguo de España.Su larga historia está llena de altibajos, de montajes, desmontajes, de cambios de sede, de desahucios, de disgregación de sus colecciones, de falta endémica de espacio, personal y medios. En su devenir se pueden apreciar las deficiencias tradicionales en el cuidado del patrimonio y el mantenimiento de la cultura de nuestro país.

El Museo provincial ha compartido espacio con una cárcel, con un hospital de campaña, con el Instituto de Segunda Enseñanza, con la Sala de sesiones y dependencias administrativas de la Diputación, con la Biblioteca Pública y con el Archivo Histórico Provincial. Ha mostrado sus colecciones en el convento de la Piedad, en el Convento de la Concepción y en el Palacio del Infantado, siempre adaptando sus necesidades al espacio disponible.

Su primer montaje costó a la Diputación la cantidad de 5.000 reales, pero ya en 1882, el vicepresidente de la Comisión Provincial de Monumentos, institución que se ocupaba del Museo, declaraba que “el Museo no dispone de fondo alguno, ni para el personal ni para el material”. Y así hasta su almacenamiento en 1900 en los sótanos de la Diputación, desmantelado y olvidado hasta 1973, cuando vuelve a instalarse, ahora ya de forma definitiva, en el Palacio del Infando, donde se encuentra todavía hoy.

 ¿Cómo es ahora el Museo de Guadalajara? ¿Cómo ha evolucionado?

Lo primero que habría que decir es que el Museo de Guadalajara es en la actualidad una institución viva, estable, un centro de conservación, investigación y difusión del patrimonio y un motor de actividad cultural de referencia en la ciudad y en toda la provincia.

Las enormes dificultades económicas por las que atraviesa nuestro país y que han azotado con fuerza a la cultura y el turismo no han sido ajenas a nuestro Museo, que ha reducido el número de visitantes, aunque de forma moderada. Esto se debe a la atención prestada desde el Museo a la organización de actividades, siempre orientadas a dar a conocer su rico patrimonio, dirigidas a todo tipo de público: infantil, familiar, adulto, grupos, visitantes individuales, público especializado, etc.

Conferencias de divulgación sobre arte, arqueología, etnografía, museología o patrimonio; presentación de obras de carácter científico; visitas guiadas para escolares y adultos; talleres para familias; visitas teatralizadas para todos los públicos que acercan la Historia y el Arte de una forma lúdica y divertida; conciertos, o la apertura de salas en horario nocturno, son algunas de las actividades de la programación anual del Museo, que junto con la celebración de exposiciones temporales nos mantienen de forma continua en la agenda cultural de Guadalajara.

Además, desde el Museo nos encargamos de gestionar y coordinar la utilización del espacio de todas las actividades que se celebran en el Palacio del Infantado, algunas tan conocidas y reconocidas como el Maratón de Cuentos, el Tenorio Mendocino, el Encuentro Nacional de Fotografía Artística MirartePhoto, o el Festival Titiriguada, que mueven anualmente a miles de personas por nuestro edificio.

Cada año encontramos la participación de más colectivos, más asociaciones, instituciones culturales y educativas que tienen en nuestro Museo su punto de encuentro, un largo listado de amigos y amigas cuya labor cultural se ve reflejada en nuestras instalaciones, habitualmente de manera voluntaria y desinteresada. Podemos considerarnos, por ello, el epicentro cultural de la provincia, gracias a  la confluencia de esfuerzos e iniciativas varias.

Además de todo esto, el Museo se encarga del control administrativo y técnico de sus colecciones, de su conservación preventiva y custodia, de su investigación y difusión, de la coordinación y montaje de exposiciones temporales, de la seguridad y mantenimiento del edificio… Un trabajo ingente y apasionante que sólo es posible gracias a la dedicación de una plantilla reducida en número pero amplia en ilusión y en entrega.

Y todo esto, ¿cómo lo perciben los ciudadanos?

Aquí nos encontramos con uno de nuestros más importantes problemas, ya que para un gran número de personas el Museo es invisible, ahora analizaremos las causas.

En primer lugar habría que buscar la explicación de lo dicho anteriormente en la Administración: la titular, el Estado, y la gestora, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Ninguna de las dos se ha sentido nunca cómoda con un modelo en el que el Museo queda en tierra de nadie. Sólo así se explica la falta de inversión en el edificio, en las instalaciones, en equipamientos y en recursos humanos.

Tampoco ha ayudado la falta de autonomía que sufren los museos para divulgar sus actividades, sin posibilidad de tratar directamente con los medios, e incluso en ocasiones con su público, sin pasar previamente por el mediador político.

La difusión del Museo se ha contemplado siempre en función de otros intereses y no con el de conectarnos con nuestros visitantes reales o potenciales.

El despido de las técnicos de didáctica de la Fundación Cultura y Deportes de Castilla-La Mancha que prestaban sus servicios en museos y bibliotecas ha sido el culmen del despropósito. De un día para otro nos hemos visto desprovistos de unas trabajadoras de gran formación y experiencia, eliminando los lazos que conectaban el Museo con la sociedad, siguiendo unos planteamientos propios de la museología de hace muchas décadas.

Por otro lado, la manera de incardinar el Museo de Guadalajara dentro del ámbito turístico es otro factor a tener en cuenta. Y es que ninguno de los organismos encargados de la gestión del turismo en Guadalajara acaba de percibir claramente al Museo como recurso turístico. Así, el Museo es excluido de las visitas guiadas o de otros productos turísticos organizados en la ciudad. En los folletos y guías turísticas sólo se hace una breve mención sobre nuestro Museo, siempre subordinándolo al Palacio del Infantado.

Y llegamos aquí al problema fundamental: es el Palacio del Infantado al que se le atribuye todo el protagonismo histórico, artístico, cultural y patrimonial, personificando en él, como si de una institución se tratara, toda la labor y las funciones que desempeña el Museo, cuando es fundamentalmente el Museo el que da vida y se ocupa del Palacio.

Esto lo leemos, oímos y vemos constantemente en los medios de comunicación: es el Palacio del Infantado el que organiza, acoge o realiza exposiciones temporales, conferencias, visitas teatralizadas o cualquier tipo de actividad que se realice en nuestras instalaciones o el que se encarga de conservar y custodiar nuestras colecciones. Se cambia su nombre y se le califica como el “Museo del Infantado” (esto no nos ocurre a nosotros solos, es común también denominar a la Biblioteca Pública del Estado de Guadalajara como la “Biblioteca de Dávalos” o “Dávalos”. Desde aquí reivindicamos también que se nombre correctamente a esta institución). La denominación de “Museo del Infantado” no sólo es incorrecta sino que además induce a los visitantes a una enorme confusión, que les lleva a esperar encontrarse con una musealización del Palacio o un museo dedicado al Palacio, lo cual, al menos de momento, no ocurre, por lo que sus expectativas de cara al Museo quedan frustradas por esta razón.

Es cierto que en esta cuestión no es todo achacable a los medios de comunicación, ya que la idea del Palacio del Infantado como entidad autónoma está arraigada en la ciudadanía y en los responsables políticos. Así las cosas, los medios resultan fundamentales para visibilizar de forma adecuada nuestro Museo.

No se trata de restar importancia al magnífico edificio que es el Palacio del Infantado, sino de tratarlo como lo que es: un monumento paradigmático de nuestra historia del arte y el escenario de multitud de actividades culturales.

El Museo ha recorrido un largo camino de 175 años, ha sorteado multitud de baches, superándolos todos, enriqueciéndose en el trayecto, evolucionando enormemente. Nos encontramos ahora en una etapa muy abrupta de la senda y sólo podremos remontarla con mucho esfuerzo, si somos conscientes de que la finalidad última de la cultura, del patrimonio y de los museos, es el desarrollo de los ciudadanos y de la sociedad y asumimos que hay que luchar y reivindicar constantemente aquello que consideramos importante en nuestras vidas.

No nos cabe ninguna duda del aprecio de Guadalajara por su Museo. La espectacular participación de la ciudadanía en la celebración del pasado 8 de noviembre, en la que conmemoramos con una “Noche en Blanco” su 175 aniversario, así lo demuestran.

Nosotros ya hemos empezado a caminar hacia otros 175 años, ¿nos acompañáis?

*Fernando Aguado Díaz es licenciado en Humanidades por la UCLM. Ha trabajado en los museos de Santa Cruz y Sefardí de Toledo. Desde 2003 dirige el Museo de Guadalajara. Ha publicado varios artículos sobre la historia del Museo de Guadalajara y ha colaborado en algunos trabajos sobre el Patrimonio histórico de la provincia.

 

 

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