Unas navidades sin fiebre

 

La Feria de Artesanía, este año en el casco histórico, propugna un consumo que valora la tradición de su oficio. //Foto: www.culturaenguada.es

La Feria de Artesanía, este año en el casco histórico, propugna un consumo que valora la tradición de su oficio. //Foto: http://www.culturaenguada.es

 

Por Abraham Sanz

Llegan las navidades y lo que antes era sinónimo de centros comerciales en plena ebullición, un constante ajetreo en las principales avenidas de la ciudad e incluso, una fiebre consumista que nos parecía recordar imágenes propias de filmes americanos; ahora es un quiero y no puedo tanto entre comerciantes como compradores. Los unos porque quieren que sea la campaña de Navidad la que les permita cerrar el año con un margen de suficiencia para poder sobrevivir el temido invierno; mientras que los compradores quieren seguir viviendo esta época sin renunciar a los habituales regalos y compras que, no obstante, se han visto reducidas de tal forma que los atascos de otros años, todavía ni se han producido en el entorno de estos lugares de culto al consumismo.

Que esta fiebre consumista que nos invade, tanto en esta provincia como en todas durante las fiestas navideñas o en época de rebajas, se haya reducido no tiene nada que ver con una conciencia mejor de un consumo más responsable y práctico que desde todas las organizaciones de consumidores siempre se propugna en estos días, sino con una merma en el poder adquisitivo de los ciudadanos que ven como el alza de tributos, impuestos –especialmente lo sangrante del IVA- así como de facturas como la de la luz o de la calefacción, hacen que su margen de maniobra para poder dedicar parte de sus dineros al ocio se vea cada vez más reducido y, con ello,  el gasto navideño. Lo cual no sería un drama si no fuera porque muchas de las pequeñas empresas de la ciudad –e incluso algunas de mayor entidad- ponen sus ojos en estas campañas especiales como tabla de salvación para lograr cuadrar sus números para poder seguir labrando su supervivencia. Y es que, actualmente, tanto consumidores como comerciantes tienen una cosa en común: una economía de guerra que les permita ir sobreviviendo.

Sin embargo, esta lección de vida que nos está dando la crisis a los consumidores, debemos saber aplicarla más adelante cuando la recesión sea sólo un mal recuerdo; y las penurias que se han pasado durante estos ya cinco años de crisis –¡qué se dice pronto!- sólo el final de una pesadilla. Hemos de contemplar un horizonte de gasto con perspectiva, no sólo centrado en las ganancias mensuales y los costes a corto plazo. La crisis no está enseñando que hemos de aplicar una máxima que muchos habían olvidado ya: Quién guarda cuando tiene, gasta cuando quiere. Y sobre todo, gasta en aquello no sólo que es necesario; y lo hace de un modo más racional para así lograr economizar mientras se disfruta con la adquisición de nuevos productos. Hablan ahora los estudiosos del mercado que ha nacido la figura del Smart shopper –comprador inteligente- que ya busca en el regalo una utilidad para la persona que lo va a recibir o son, incluso ya pactados previamente debido a la necesidad que se ha detectado previamente así como se trabajan para buscar la mejor alternativa en calidad y en precio.

Se reducen los regalos ‘sorpresa’ o con menos utilidad; mientras que la compra en portales de internet en los que se ofrecen productos de calidad a menor precio, siendo el factor de rebaja uno de los que más atrae a los potenciales compradores. Es decir, no es que nos hayamos vuelto más agarrados, sino que queremos que la inversión que hagamos en regalos, suponga no sólo el placer momentáneo de la sonrisa cuando abres un paquete; sino que tenga una durabilidad superior así como una mejor utilidad.

No obstante, aunque los portales web son siempre un espacio genial para ultimar compras navideñas;  no es menos relevante valorar el trabajo de quienes hacen de la artesanía su modo de vida. Son pequeñas economías que subsisten de la creatividad que siembra su cabeza y sus manos ejecutan para darnos productos únicos con fines igual de útiles que los que podemos encontrar en los grandes centros comerciales, pero con una peculiaridad, su singularidad dado que no habrá dos iguales nunca.  La Feria de Artesanía además se ha trasladado al casco histórico de la ciudad, donde se encuentran las raíces de una ciudad que también se alojan en la tradición de estos oficios que se en estos días se ponen en valor y se aproximan más a la ciudadanía gracias a esta cita.

Su regreso a la plaza del Jardinillo es sin duda una más que positiva noticia para el corazón de Guadalajara, puesto que es darle motivos para que vuelva a latir, es decir, para que la ciudadanía tenga una nueva excusa para volver a pasear por esta parte de la ciudad que necesita de aire para resurgir y sobre todo, cultura, mucha cultura como la que estos artesanos pueden aportar.

En definitiva, estamos ante unas navidades donde debemos abogar por un consumo racional, que apoye nuestra cultura y nuestras raíces, que reivindique de nuevo el valor del pequeño comercio; pero sobre todo hemos de seguir aprendiendo que vivir sin una fiebre consumista es posible e igualmente placentera.

¡Feliz Navidad a todos!

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