La política del paripé

Mino Rodríguez

Maximino Rodríguez, periodista.

*Por Maximino Rodríguez

“Pero ante la indignación, estoy y estamos tranquilos. Porque sabemos que tenemos un buen alcalde. Un alcalde que vela por nosotros; un alcalde que no nos cuesta un solo céntimo porque no tiene sueldo. Un alcalde que, si es necesario, deja lo suyo para solucionar lo nuestro. Un alcalde, como otros muchos de nuestra provincia y nuestro país, que son pequeños héroes anónimos y que rompen los esquemas a muchos políticos que solo saben vivir del dinero de todos y que de héroes dejan mucho que desear”. Tan rotundo panegírico es del cura de Hiendelaencina. Muy hastiado debía estar el hombre para salir a la palestra y dar la cara por el alcalde de su pueblo. Es el corolario de una carta publicada el mes pasado, cuando arreciaban las críticas a Mariano Escribano por el asunto del vertido accidental de gasoil a la red de abastecimiento de agua potable.

A mí se me caería la cara de vergüenza si tuviese que leer una reprimenda de este calibre, que suscribe alguien que puede ser sospechoso de todo menos de connivencia con el regidor vapuleado. En la misiva no deja títere con cabeza. En un momento dado, suelta una pincelada que no tiene desperdicio: “Los que mandan quieren jugar a la política con un problema que no les afecta a ellos, sino a los que vivimos aquí. Y también a su blanco, a Mariano, que bien sabe lo que es Hiendelaencina y la situación que está atravesando”. ¡Zas, en toda la boca!

Hacía tiempo que no asistía a una gestión política tan torpe y calamitosa de un problema como el que el pasado mes de octubre aconteció en Hiendelaencina. Si me apuran, de república bananera. Más de un mes de declaraciones altisonantes, de marear la perdiz sin aportar ni una maldita salida. Es lo que pasa cuando la estulticia sobrevuela sobre la sensatez. En ese lapso se han escuchado declaraciones de todo tipo. Gruesas y estúpidas. Como si se hubiese entablado una pugna por ver quién decía la barbaridad más grande. Muchas de ellas dignas de figurar en la antología de los disparates.

Si alguien se llevó la palma en esa rivalidad fue Carolina Hernández, diputada regional del PP, que se despachó a gusto contra Mariano Escribano, del que insinuó que tenía cosas que ocultar sobre el dichoso vertido. No le anduvo a la zaga María José Agudo, compañera de escaño y bancada. En esa liza ocupa puestos de honor la salva de Lorenzo Robisco a propósito de la visita que realizó Emiliano García Page al pueblo. El segundo de a bordo de la Diputación sugirió al secretario regional de los socialistas que “debería aportar algo más que una ‘fotonoticia’ cada vez que viene a Guadalajara“. Unas cuantas semanas después, José Ignacio Echániz se presentaba de incógnito en Hiendelaencina para beber agua en varios puntos del pueblo. Una provocación en toda regla del consejero de Sanidad. Seguro que Robisco no sabía dónde meterse. Lo dicho, mucho cacareo y poca altura de miras.

“200 años al servicio de los municipios”, reza el eslogan elegido para conmemorar el bicentenario de la Diputación de Guadalajara en este año que se acaba. Un brindis al sol a tenor de los hechos. Si algo ha demostrado la institución provincial hacia Hiendelaencina ha sido indiferencia, cuando no menosprecio. Para con el pueblo y, sobre todo, su alcalde, al que ha situado en la picota sin miramientos. A Ana Guarinos le ha faltado generosidad y le ha sobrado soberbia. La Administración que preside tiene capacidad financiera y resortes suficientes para haber resuelto el conflicto a las primeras de cambio. Sin necesidad de buscar triquiñuelas ni excusas de mal pagador. Desde un crédito extraordinario a una partida de emergencia para acometer la renovación de los tramos de la red de suministro afectados por el derrame de gasoil. Que haberlos haylos para estos menesteres. Se hizo antes y se podía haber hecho ahora.

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El consejero de Sanidad bebe agua en Hiendelaencina para demostrar que es potable, el pasado 8 de diciembre. // Foto: Junta de Comunidades

Pero ya se sabe que cuando no hay voluntad, es mejor marear la perdiz. Con evasivas y subterfugios que no conducen a ningún sitio. No creo que en su fuero interno la señora Guarinos esté muy satisfecha del papel que ha desempeñado en este berenjenal. Incluso se ha tenido que tragar sus palabras. “Sería inaceptable desde el punto de vista político, moral e incluso legal, que los ciudadanos pagasen con recursos públicos lo que deben pagar los seguros privados”, dijo en el ecuador de esta crisis. ¿Para qué están entonces los dineros de todos si no es para atender las necesidades básicas de la población? Al final, la mitad de las obras de pagarán con cargo a los Planes Provinciales, que es ese peculio de la caja común que la presidenta se negaba a soltar. El resto, con un anticipo. Tanto artificio sin conocimiento para terminar echando mano de la lógica más aplastante.

La solución al problema no dependía de la presentación ante la Justicia ordinaria de la denuncia contra la empresa que al parecer contaminó la red de agua potable del municipio. Eso eran paparruchas. El verdadero trasfondo de este atolladero tiene nombre y apellido. Se llama Mariano Escribano. Un alcalde pendenciero y beligerante donde los haya. Que ni se casa con nadie ni tiene reparo alguno en enfrentarse al poder establecido. Sin importar a quién tenga delante. Lo hizo en la defensa del modelo de transporte público que desde hace años impera en la Sierra Norte de Guadalajara. Y lo volvió a hacer al plantear una cruzada sin cuartel por el mantenimiento de las Urgencias en su pueblo que Echániz se quería cargar. De esas batallas ha salido victorioso.

No es casual la maquinaria que el Partido Popular activó para desacreditar al edil de Hiendelaencina. Por tierra, mar y aire. Desde los despachos oficiales, los medios afines y las tribunas de oradores. No le perdonan al bueno de Mariano el espíritu combativo que se gasta cada vez que alguien osa poner en un brete a sus vecinos. Ni que destile ese carisma tan sui generis que dan los fríos serranos. Hace años que le conozco y doy fe de que es un hombre cabal y honesto donde los haya. El mismo respeto y agradecimiento que le tributan sus parroquianos. El cura entre otros. Y lo lleva a gala. Los suyos le han ofrecido por activa y por pasiva un cómodo sillón con mando en plaza. Pero el sigue erre que erre. Lo suyo es estar al pie del cañón y en contacto con las gentes. Debe ser cosa del terruño. Normal que nadie haya asomado por su pueblo desde el vertido. Les hubieran corrido a gorrazos.

Pero si de una conquista está especialmente satisfecho Mariano es del litigio que planteó contra la televisión regional a propósito de una información tendenciosa emitida en uno de sus informativos. La Justicia le ha concedido la razón y el derecho de rectificación. Lo de menos es la reparación que le reconoce. Más demoledor si cabe es el argumento del juez. “No se puede aceptar que la libertad de expresión justifique la imputación al actor de unos hechos inveraces que afectan a su derecho al honor y a la propia imagen”. Casi nada.

Han transcurrido casi tres meses y las aguas parecen volver a su cauce en Hiendelaencina. La crisis está en vías de solución, aunque para este frugal viaje no habían hecho falta alforjas tan repletas. ¿Qué tendrá la política del paripé que reúne a tanto inepto adepto?

*Maximino Rodríguez Álvarez lleva casi 25 años a cuestas en el ejercicio de la profesión periodística, con escarceos más o menos prolongados en prensa, radio y televisión. De Madrid y Guadalajara pasando por Azuqueca de Henares. Era un incondicional de la información en papel hasta que descubrió la magia y las posibilidades de la caja tonta, que le permitieron recorrer de cabo a rabo la provincia de Guadalajara. Defensor de los sistemas alternativos de producción eléctrica, echa de menos sus reportajes en la revista ‘Energías Renovables’, publicación de referencia del sector a nivel nacional e internacional. Se declara un zoquete convencido de las nuevas tecnologías de la información, aunque a punto de cumplir el medio siglo dice estar dispuesto a aprender. A vueltas de casi todo, lleva unos cuantos años vinculado al mundillo de los gabinetes de prensa. En la actualidad es el responsable de Comunicación del Ayuntamiento de Yebes.

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