Apaguen las luces, cesen los villancicos

Jugadores del Deportivo Guadalajara visitan a los pacientes del Hospital Universitario. // Foto: J. Javier Ramos Glez

Jugadores del Deportivo Guadalajara visitan a los pacientes del Hospital Universitario. // Foto: J. Javier Ramos Glez

Por Concha Balenzategui

Muchas veces he pensado lo que ganaríamos todos si se aboliera la Navidad. Ya lo sé: Perderían los grandes almacenes, los fabricantes de turrones o juguetes, y concretamente en Guadalajara, muchos comercios y restaurantes que en esta época del año añaden un pellizco a su cuenta de resultados. Pero en realidad, estoy segura de que hay multitud de personas que suspirarían aliviadas si al 20 de diciembre le siguiera el 10 de enero, así, tan ricamente.

Antes de condenarme a la hoguera de los irreverentes, pónganse un momento en alguna de las siguientes situaciones. Por ejemplo, un familiar hospitalizado en estos días supone un trastorno mucho mayor que si lo ingresan un 5 de marzo. Ya sé que el Hospital de Guadalajara se adorna, que hay visitas ilustres de reyes magos, de políticos y de jugadores de fútbol. Me consta que los trabajadores extreman sus atenciones. Pero pocas cosas más tristes que un postoperatorio navideño, o un apagarse sin remedio con el espumillón sobre la cabeza.

En estas fechas en que la familia está tan sobrevalorada, piensen también en parejas que se acaban de separar y que viven con tensión el “reparto” de los días y los niños. Lo mismo me sirve para el ejemplo las familias con peleas irreconciliables, los hermanos que no se hablan, ni siquiera en esta época del año. Póngase por un momento en la piel de las casas donde falta alguien este año, porque trabaja -en el mejor de los casos-, porque ha emigrado, porque está en la cárcel, porque ha fallecido… Qué sé yo. El hueco en la mesa pesa mucho más en Nochebuena que un 7 de abril, ¿estamos o no de acuerdo?

Y ahora vayamos imaginariamente a una casa donde esa Nochebuena será sólo regular, porque la solidaridad ha procurado algo especial en la nevera, pero donde cada noche se hace más cuesta arriba cenar algo. A lo mejor no tienen que imaginarse nada, porque tienen alguien cercano en uno de esos supuestos.

Díganme ahora de verdad que los momentos de encuentro y fiesta que estas fechas reservan a muchos compensan el dolor de tantos otros que sienten más dura su desgracia, la de todos los días, por el mero hecho de ser 24 de diciembre.
Mientras los deseos de dicha para el nuevo año se repiten como puras cortesías, algunos solo piden a 2014 que su vida retome la normalidad, como lo era cuando la hipoteca, la soledad, el paro o la enfermedad no machacaban sus esperanzas.

La Navidad lo magnífica todo, el consumo, el exceso y la cursilería. También la soledad y la carencia. Puestos a pedir, al menos que apaguen las luces y cesen los villancicos.

Pensaba dejar aquí esta reflexión, pero hay algo que impide que mister Scroodge sobrevuele a sus anchas sobre este artículo. Tengo que reconocer que entre tanta dicha impostada y tanta costumbre importada, hay momentos auténticos y entrañables. Les sugiero que, cuando esos se produzcan, los vivan intensamente. Estén en la cena anual de su asociación o brindando con un pariente al que ven de Pascuas a Reyes; admirando un diorama o siguiendo a la ronda de su pueblo.

Mi deseo de paz y justicia va para aquellos que las necesitan ahora más que nunca. Un próspero y feliz año 2014, de corazón, a los que llevan tiempo viviendo el lado amargo de la vida.

Disculpen mi desilusión

forges_quijote_reyes_magosPor Yago López 

Particularmente, no soy un entusiasta de la Navidad, aunque tampoco me considero un detractor convencido de estas fechas. Simplemente, las sobrellevo, con mejor o peor ánimo según el evento y la compañía. Eso sí, si hoy esperan de mí un artículo tierno y sensiblero acorde con estas celebraciones lo llevan claro. Lo siento mucho, no está el horno para bollos.

El escenario político que deja este 2013 resulta bochornoso, se mire por donde se mire. Me he hartado de decir durante este año –como se encargan de recordarme en cada café mis compañeros- que a nuestros dirigentes, salvo contadísimas excepciones, se les tendría que caer la cara de vergüenza. Y por más que lo haya dicho, visto el panorama, me parecen pocas.

La desafección ciudadana con la política está ya fuera de control, y los dirigentes locales y nacionales dan el mismo miedo que vergüenza, y no es poca. Estas Navidades no habrá cena donde los comensales no despotriquen contra los gobernantes y sus actuaciones. Les llamarán mangantes, sinvergüenzas, ladrones y desgraciados. Dirán que no hay derecho a lo de las cajas de ahorros, a la fuga de cerebros, a la reforma laboral, a los expedientes de regulación de empleo, a la nueva ley de educación. Ni en las familias más pudientes y conservadoras faltarán las críticas. Dice el refranero que nunca llueve a gusto de todos, pero hoy directamente ni llueve.

Y después de los calentones dialécticos, bajaremos la cabeza y a seguir cada uno con su drama. Antes le daremos un premio de periodismo a un reconocido profesional de los medios por enseñarnos que Guadalajara es una provincia muerta, celebraremos unos cuantos mercadillos para recaudar fondos para ONGs y aplaudiremos la solidaridad de los vecinos con un par de recogidas de juguetes de los cachorros de los partidos políticos de turno y algún que otro evento deportivo benéfico, para después, ya con la cabeza embotada de tanta cerveza y cava barato, regresar a la cruda realidad.

Ya lo decía Serrat: “la zorra rica al rosal, la zorra pobre al portal y el avaro a sus divisas”. Pero la resaca de estas fiestas tiene una pinta particularmente atroz. En lo económico, la cuesta de enero será un puerto de categoría especial, ya que las mermadas reservas familiares pueden recibir en muchos casos su golpe de gracia en forma de recibo de la luz, que pegará otro subidón para recordarnos a todos que somos tontos, y que da gusto tener los servicios esenciales en manos privadas.  Los atracos son de lo más eficientes, no se puede discutir.

Al sablazo hidroeléctrico habrá que sumar los pagos de los recibos anuales y los gastos inherentes a estas fiestas, que la sociedad de consumo en la que estamos atrapados nos fuerza a realizar. Unos brindan con Don Pérignon y otros con Don Simón, pero todos brindan y todos gastan. Lo más seguro es que, proporcionalmente, los que más noten el sobregasto sean los presupuestos más apretados, los que no toman gambas a diario.

Además de apretarse el cinturón, las familias sufrirán también un desgaste emocional. Esta mañana tomando el aperitivo con un padre de familia me contaba entre orgulloso y afligido su situación. Estas navidades no verá a sus dos hijos porque se han visto obligados a emigrar y no pueden volver por motivos laborales. Ella, licenciada en química, él Ingeniero agrónomo. Ella en Irlanda en una empresa alimenticia, él en Chile en una multinacional textil. Su padre, me contaba que, no obstante, le aliviaba que ambos trabajaran y aunque no fuera de lo suyo, las condiciones no estuvieran mal. Pero por otro lado, me confesaba que está ciertamente triste porque empieza a pensar que según se presenta el futuro de este país, está condenado para siempre a estar alejado de sus hijos, por mucho que ellos quisieran regresar. Éste es solo un ejemplo pero casos similares se cuentan por miles en la provincia de Guadalajara y por millones en el país. Muy pocos privilegiados se libran de la quema.

Sin embargo, y a pesar de lo insostenible de la realidad, los ciudadanos parece que brindamos con anestesia y hemos desarrollado hasta límites insospechados nuestra capacidad de sumisión. Asfixiados económicamente, estrangulados social y laboralmente, en lugar de defendernos, compramos una pechuga de pollo baratita y cuatro langostinos para celebrar la nochebuena y la nochevieja y cruzamos los dedos porque nos caiga un pellizco de la Lotería que nos haga la vida un poco más llevadera.

Decía Sabina estos días, y no le falta razón, que si a él y a otros artistas coetáneos les hubieran propuesto pasar un casting, como el realizado por la señora Botella en Madrid a los músicos callejeros, no habrían pasado por el aro ni de broma. Esta generación, además de ser la más preparada de la historia también ha resultado ser la más dócil. No diré por ello que tenemos la mierda que nos merecemos, pero ya nos vale.

¡Que nos quiten lo bailado!

Por Marta Perruca

(Vídeo: Uno de los pequeños milagros de un molinés, Miguel Ángel Langa)

Esta mañana me he despertado con un whattsapp: “Perru, (así me llaman) te quité este año el anuncio de Campofrío. Lo siento”. Sí, era de mi compañero Rubén, que adivinaba mis intenciones y avisaba con antelación para no ser el culpable de otra crisis como la de la semana pasada. La verdad es que el año pasado era él quien me animaba a hacerlo, por lo que no le puedo reprochar nada. Por cierto, y al hilo de su artículo, tengo que decir que el anuncio de “El Almendro” siempre me ha emocionado, porque, en una familia numerosa como la mía, estas son de las pocas fechas en las que podemos disfrutarnos de verdad, todos juntos, cuando los que están fuera vuelven a casa por Navidad.

Y es que, hoy sí que puedo decir eso de que la oportunidad la pintan calva, aunque al calvo de la lotería le hayan salido unos sustitutos que más que invitarnos a soñar en estas fechas, casi inspiran nuestras pesadillas. Precisamente, esta mañana también me enviaban la versión original de la canción del anuncio (Always on my mind-Elvis Presley) y la verdad es que no entiendo cómo se puede destrozar tanto una canción tan bonita…

(Vídeo: La canción original de Elvis Pesley y el anuncio de la lotería de Navidad de este año: Sobran las palabras)

En estos últimos años, tengo que reconocer que mis felicitaciones de Navidad han sido un poco sarcásticas “… Y piensa que el año que viene sólo podemos ir a mejor, porque este año se lo ha puesto tan fácil…” Alguno aprovechaba para sacar a pasear a Murphy, un tipo simpático, por cierto, y me respondía: “No te confíes”. Y claro que el 2013 ha sido malo. Vamos, que los Reyes Magos no le van a dejar ni carbón (no tienen tantas reservas para corresponderlo). Pero cuando echo la vista atrás a todo lo que hemos vivido (o sobrevivido), no sé, creo que no ha sido tan malo.

Vale que llevamos con la misma cantinela desde 2008 y que cada año la cosa parece ir a peor: Que a estas alturas nadie cree ni en los Reyes Magos, ni en los otros; que nos han obligado a ser desconfiados con los prebostes –rescatando el artículo de Yago de hace unas semanas- y también con los que se llamaban proletarios, a los que, parafraseando a Yago, “se les tendría que caer la cara de vergüenza”; que hoy por hoy no hay bien más preciado que un contrato laborar con alta en la Seguridad Social, aunque las condiciones sean precarias e indignas… También se han colmado las esquinas de nuestras calles con cientos de rostros debajo de carteles de miserias y las organizaciones solidarias no dan abasto para atender todas las necesidades que se han generado. Recordaba Rubén Madrid a los muchos amigos y familiares  que hemos tenido que despedir, porque la situación no les ha dejado otra que hacer las maletas y buscarse la vida en otro lugar. Hemos sufrido un sinfín de desengaños y nos hemos sentido tantas veces estafados… y encima en enero vuelve a subir la luz, que ya les vale…

Podríamos pensar que, claro, a perro flaco todo son pulgas, pero también es cierto que lo que no nos mata, nos hace más fuertes. Lo saben bien los chicos del CEBA Guadalajara, que lograban colar 80 puntos a un poderoso Ávila cuando parecía que el equipo de baloncesto arriacense estaba perdido sin Salsón, otro que ha tenido que buscarse la vida al otro lado del charco y al que le deseo mucha suerte. La verdad es que no creo que exista un equipo que se lo merezca tanto, porque el CEBA es un club que sabe muy bien lo que es construir sueños sin apenas medios, pero con las herramientas más importantes: La voluntad y las ganas de trabajar.

Siempre los habrá que al mirar el vaso lo encuentren medio lleno y los que no sepan verlo de otra manera, que medio vacío. Mi hermana Ana se va a poner muy contenta esta semana, porque siempre me reprocha que hablo de toda la familia, menos de ella, y esta vez le ha llegado su turno. Mi hermana ha vuelto al mercado laboral justo cuando éste se empeña en tratar a la mano de obra como despojos. La verdad es que siempre ha puesto al mal tiempo buena cara, a pesar de los muchos reveses que le ha propinado la vida y de haber tenido que renunciar a tantas cosas… Y bueno, tampoco será el trabajo de su vida, pero no he visto a nadie tan contento por levantarse todas las mañanas para ir a trabajar, cuando a la vuelta le esperan la casa, los deberes de mis sobrinos, las comidas y las cenas del días siguiente, las lavadoras, las planchas… Y aun así siempre tiene tiempo para echarte una mano cuando lo necesitas.

Y claro, no me puedo olvidar de mi hermana mayor, Asun, porque hay personas que cuando les vienen mal dadas se hunden y no consiguen ver la luz al final del túnel. Mi hermana, en cambio,  moviliza a todo un pueblo, lo sube sobre un escenario y organiza un gran evento de carácter anual para recaudar fondos contra el cáncer, o para cualquier otra causa benéfica que urja en ese momento. Escribe obras de teatro, canciones, configura una asociación para que aquellas personas que han pasado por lo mismo encuentren respaldo y consuelo y pone en marcha un sinfín de iniciativas.

Ayer me felicitaban la Navidad con un vídeo muy especial. Al menos yo, no conocía la afición de Miguel Ángel Langa por la fotografía, pero un día nos sorprendía con un increíble time-lapse sobre el castillo de Molina, que llegaba a ser proyectado en la gran pantalla de Cinépolis, junto con los trabajos de los  grandes de esta técnica cinematográfica a nivel internacional. Ahora se ha embarcado en un titánico proyecto: Un año entero en el barranco de la Hoz, lo que se traduce en millones de instantáneas e infinitos gigas de memoria, sin pasar por alto las interminables horas en un paraje que no siempre reúne las condiciones óptimas para llevarlo a cabo. A su afición ha sumado la experiencia de Ángel Herreros –el del Zenza- y juntos han desarrollado algunas iniciativas en el campo audiovisual. Hasta el momento han dado vida a un cortometraje y han grabado el videoclip de otros molineses: “Marina and the Monsters”. La verdad es que no sé si lograrán hacer carrera de esto, pero hay algo que nadie les podrá quitar: todo lo que han aprendido por el camino.

También os he hablado en alguna ocasión de un grupo de molineses, casi todos ellos en situación de desempleo, que en lugar de quedarse en casa viéndolas venir, han configurado el grupo “Comarca de Molina” y día a día ponen en marcha proyectos muy beneficiosos para toda la comunidad, con el convencimiento de que todos las grandes empresas comienzan a caminar en el momento en el que alguien se atreve a soñarlas.

¿Y en lo que se refiere a mí? Este año he trabajado más que en toda mi vida –bueno, no vamos a exagerar, dejémoslo en que he trabajado mucho- y lo cierto es que tampoco sé si todo ello servirá para labrarme un futuro laboral. Sin embargo, me siento muy afortunada, porque se me ha brindado la posibilidad de presenciar, desde primera fila, algunos milagros: He visto responder “todos a una” a una comarca de pueblos desperdigados, en situación de semiabandono,  para conseguir la integración del Geoparque de la Comarca de Molina de Aragón y el Alto Tajo en la Red Europea: Esperemos que obtengan pronto su recompensa; he visto vestirse a muchos fantasmas con un traje de carne y hueso, porque la situación lo requería; he conocido a personas realmente increíbles de las que he recibido las fuerzas necesarias para no rendirme: a ellos les debo no haber perdido mi capacidad de soñar; jamás pensé que se pudiera vivir la vida con tanta intensidad y al echar la vista atrás de este año, puedo decir con satisfacción: “¡Que me quiten lo bailado!”.

Así que este año he decidido que voy a desechar esa frase recurrente: ya sabéis, “seguro que en 2014 vamos a mejor, porque el 2013 se lo ha puesto muy fácil” y en lugar de ello, os invito a ser protagonistas de vuestro particular y pequeño milagro; a seguir soñando; a poner las baldosas para que nuestros sueños se hagan realidad y a uniros a mí para, en lugar de ver el vaso medio vacío, poder decir con convencimiento:”¡Feliz Navidad y que nos quiten lo bailado!”.

No nos hagamos los suecos

El anuncio del turrón El Almendro, uno de los 'clásicos' de la publicidad navideña.

El anuncio del turrón El Almendro, uno de los ‘clásicos’ de la publicidad navideña.

Por Rubén Madrid

Los estamos esperando con los brazos abiertos y estos días vuelven a casa por Navidad, como en el popular anuncio del turrón El Almendro. Nos apetece el abrazo, el tintineo del brindis, el calor de las risas y la confesión que se clava en los ojos de tú a tú, todo ese derroche de humanidad que no puede hacerse por facebook.

En mi caso hablo de colegas como Jesús, un teleco que ha tenido que marcharse con su chica, profesora de Filosofía (con eso ya les digo todo) a buscarse la vida a Escocia. O de Ángel, periodista y padre de familia que estuvo tentado de volverse después de años en el extranjero, pero en plena crisis la oportunidad le salió al final a más de 6.000 kilómetros de distancia, trabajando en Washington para un periódico de México. Y les podría hablar de innumerables casos de periodistas que por unas y otras razones, pero casi siempre las mismas, se han tenido que marchar a Inglaterra, Irlanda, México y Venezuela. Y pienso que si esto ocurre en mi profesión y en mi ciudad, igual puede suceder con otros oficios en otros lugares,  pongamos por caso ingenieros madrileños por el norte de europa o sociólogos andaluces en América.

Quien más o quien menos tiene un colega alcarreño en Berlín, como en el éxodo de los cincuenta se popularizó aquello de “como quien tiene un tío en Alcalá”, porque por entonces unos 50.000 alcarreños dieron el salto al otro lado de la frontera de Meco.

Sé también de casos de licenciados españoles trabajando en Guinea o en Londres, pero seguramente les pueda resultar redundante porque muchos de ustedes tengan hijos, hermanos o amigos en diversos rincones del mundo. Pero quisiera recordar al menos uno de los más sonados, que dio la vuelta varias veces al mundo de las redes sociales: nuestra paisana Amaya Moro-Martín escribió un artículo en El País este verano en el que denunciaba que tenía que marcharse a Estados Unidos sin desearlo porque en España no tenía oportunidad de renovar su puesto de trabajo. Sí la querían, en cambio, en la NASA. Con su vida hecha en Guadalajara, su talento era prescindible como astrofísica en el CSIC, pero no al otro lado del charco. Impresionante.

Centro de trabajo de Jazztel en Guadalajara, que ha cumplido un año con más de 500 trabajadores. // Foto: Ser Guadalajara.

Centro de trabajo de Jazztel en Guadalajara, que ha cumplido un año con más de 500 trabajadores. // Foto: Ser Guadalajara.

Le he escuchado decir al mediático economista Gay de Liébana que el sur de Europa se ha convertido en el Sureste Asiático y que España es ya la nueva Indonesia. Que sí, que somos más competitivos. No por tecnología punta ni liderazgo en I+D+i, sino porque los sueldos son míseros y el despido barato. Y tiene razón: en Guadalajara ya vemos que Jazztel no necesita instalar su centro de llamadas en Sudamérica porque también nos hemos convertido en la Bolivia del siglo XXI, intervenidos por la troika sin necesidad de proclamarlo, como hace apenas unos años Brasil o Argentina lo estaban por el mismo FMI.

De modo que la luz al final del túnel ilumina de momento un país empobrecido en el que esta Navidad discutiremos en torno a un plato de embutido sobre los sentimientos que nos ha provocado el anuncio de este año de Campofrío. Y en torno a la misma mesa estará el parado de larga duración, el afortunado teleoperador que ha encontrado ese trabajo que no hace tanto habría rechazado y el alcarreñito emigrante que está de más en esta España del Sureste Asiático. Menos mal que nos sobrará carácter: la retranca gallega, la guasa andaluza o la carcajada castellana que tanto se prodiga de puertas para adentro.

Pero, resultando así de gris el panorama, un anuncio de publicidad nos tiene que devolver en el espejo una realidad distorsionada pero feliz. Chus Lampreave lo dice claro: se va a hacer de un país “molón”. Nos hagamos o no los extranjeros, no podemos pensar que los que se marchan son como aquellos ‘machupinos’ que hasta ayer mismo venían a quitarnos el trabajo y que los que nos quedamos somos como esos tailandeses que trabajan como chinos, que es como según el presidente de Mercadona hay que trabajar ahora aquí (y si no les parece moral, pueden dejar de hacer sus compras de Navidad en Mercadona: también existe el consumo con valores).

La publicidad es sensible a la realidad social, porque necesita apelar a lo sensorial para, no obstante, lograr un objetivo tan prosaico y materialista como aumentar las ventas. Un anuncio puede emocionar a quienes esperan a los suyos de vuelta a casa o hacernos reír con la reivindicación de nuestra fiesta de la pandereta y el embutido, pero lo cierto es que en el fondo de nuestras conciencias nos queda un poso de amargura al vernos retratados como la España del Almendro y de Campofrío, del emigrante forzado en pleno siglo XXI y de los cerebros fugados sin remedio. Hablamos de recuperación para el nuevo año que se avecina, pero lo cierto es que podremos dar cuenta de ella el día en que los nuestros vuelvan a casa para quedarse, y no sólo por Navidad. Lo contrario es engañarse: hacernos los suecos.

PD – A continuación enlazamos dos vídeos que muestran con muy diferentes visiones el fenómeno de la nueva emigración española, el anuncio de Campofrío de este año y el fenomenal corto ‘La Sorpresa’.

La solidaridad es ¿pasajera?

Cartel anunciador del 'Partido de la Esperanza', uno de los múltiples actos solidarios del calendario navideño.

Cartel anunciador del ‘Partido de la Esperanza’, uno de los múltiples actos solidarios del calendario navideño.

Por Abraham Sanz

Se aproximan las fiestas navideñas y los buenos sentimientos comienzan a florecer tanto como las luces que adornan tanto algunas calles de la ciudad y nuestros pueblos; como los centros comerciales. Sin embargo, estas luces que nos anuncian la llegada de un periodo festivo, no son sólo más que un adorno más que necesario para recordarnos valores y acciones que parecen quedar en el olvido buena parte del año y, como sus efectos son más que positivos para una sociedad que cada vez más está más necesitada de gestos solidarios, es la Navidad, sin duda el momento ideal para volver a enarbolar la bandera de la solidaridad como uno de los principales valores que ha de regir nuestra convivencia junto con el civismo y la tolerancia.

En una sociedad cada vez más individualista e individualizada, muchas veces fomentada por el avance de unas nuevas tecnologías que en teoría nos permiten estar hipercomunicados con el mundo dado que fomentan una socialización virtual que lleva aparejada una soledad real; que diversas organizaciones, ONG, ayuntamientos, asociaciones y demás, se unan para cooperar por un fin común que no es otro que lograr dar un poco de felicidad a quien peor lo está pasando siempre es digno de elogiar y ensalzar. Y más aún con actividades solidarias que además buscan llenar de contenido una Navidad con el fin de que los valores que se vuelcan en estas citas y eventos, se transmitan entre quienes allí acuden y estos hagan de correa de transmisión hacia el resto de la sociedad.

Una sociedad que le ha tenido que ver las orejas al lobo –y en ocasiones ha visto como éste casi le ha devorado- con esta crisis para abandonar un sentimiento de egoísmo que se había instalado en los hogares donde, el problema ajeno no importaba mientras no tocase de cerca. Actitudes como ésta hay que desterrarla porque esas situaciones, tarde o temprano, pueden llamar a tu casa y necesitarás de esa ayuda desinteresada que algunos prestan y que, sin duda, aporta y, sobre todo reconforta. Si vivimos en sociedad, debemos comportarnos y mostrarnos como tal, por lo que por poca que sea nuestra ayuda, si creemos en la causa hemos de implicarnos cómo podamos por lograr que salga adelante bien sea organizando, bien sea proponiendo nuevas ideas, bien sea con aportes económicos.

Cierto es que, con esta maldita crisis, se está generando una red solidaria que en muchas ocasiones está incluso supliendo la presencia de servicios básicos que las instituciones han decidido recortar para cuadrar sus números, mientras la calidad de cuestiones tan básicas como la sanidad, la educación o los servicios sociales, se resiente. Y no es de otra forma que a través de la solidaridad de las personas, como esas familias que carecen de recursos, se apoyan en esta red que ofrece esos apoyos que el Gobierno que hemos elegido les niega, mientras siguen incumpliendo una tras otra las promesas que nos hicieron en 2011. Clases para aquellos que sufren los recortes en la escuela, ayudas para material escolar, apoyo e información cuando se necesita o hay quien promueve actos y demás para apoyar a quienes sufren por la enfermedad.

Por esta razón y en estas fechas donde, nuevamente se vuelve a hacer una llamada a la solidaridad y a la cooperación social, la agenda se puebla de citas que buscan hacer sonar una campana en las conciencias de la ciudadanía para así lograr que se sumen a la causa. Y las excusas que proponen son del todo apetecibles ya que pasan desde encuentros deportivos con celebridades –un aplauso, sin duda, que se sumen a este tipo de celebraciones puesto que su sola presencia puede multiplicar tanto el efecto del evento- donde es el fútbol el que se lleva la palmamercadillos solidarios navideños de libros; galas de magia, conciertos, la propia celebración de la ‘Calle Mayor solidaria’ o hasta alguna que otra comida popular donde una ración de migas tuvo un mensaje de mayor calado más allá de su sabor.

La solidaridad, en definitiva, no es sólo un sentimiento que ha de surgir en Navidades, sino que ha de ser uno de los ejes de una sociedad en la que debemos apoyarnos los unos en los otros para seguir progresando y mejorando como personas así como ciudadanos. Ser solidario no sirve con una vez cada 365 años, sino que es una actitud que debe estar presente en nuestro día a día frente al egoísmo y la envidia, valores que han apadrinado muchos de los males de los que nuestra sociedad se queja y cuyas consecuencia seguiremos sufriendo.

Cal y arena

El Depor suma su segunda derrota en casa. Foto: Guadalajara Diario

El Depor suma su segunda derrota en casa. Foto: Guadalajara Diario

Por Ana G. Hernández

Después de la exhibición de la semana pasada ante el Cacereño, Carlos Pérez Salvachúa repetía once con la intención de volver a asombrar a propios y a extraños. El escenario era el mismo, pero el rival, el Melilla, generaba menos incertidumbre. Sobre todo después de perder en las últimas tres jornadas ante La Hoya de Lorca, el Albacete y el Arroyo. Nada que ver con un Cacereño que llegaba al Escartín envalentonado y con buenos números. Sin embargo y contra todo pronóstico, nada salió como se esperaba. El Depor no tuvo inspiración para hacer daño a los melillenses. Esta vez Quique no pudo lucir su traje de superhéroe, pese a gozar de varias ocasiones.

La buena noticia es que el play-off está a solo cinco puntos de distancia, como el Real Madrid del Barcelona. Una distancia, relativamente, corta si se tiene en cuenta los últimos tropiezos del conjunto morado. No en vano, a estas alturas podía estar mucho más rezagado en la clasificación. Por otra parte, se trata de la segunda derrota morada en su feudo, después de aquella en el que el Linense pasó por encima a los de Pérez Salvachúa. Dos derrotas que en casa no deben consentirse.

Lo que está claro es que el Depor debe levantarse cuanto antes. San Fernando es el lugar perfecto para volver a la senda de la victoria e intentar reengancharse al vagón de cabeza. Los alcarreños son superiores a los gaditanos, condición primordial para que se lleven los tres puntos. Y es que, en los duelos ante contrincantes del mismo tamaño y nivel que el Guadalajara, el equipo no suele dar la talla. Un problema que debería haber solucionado en éste último tramo de la primera vuelta, pero que no lo hizo. Una asignatura pendiente que debe ser aprobada para lograr el tan ansiado play-off.

El virus de la irregularidad

La semana se planteaba tensa en el marco del BM Guadalajara. La inexplicable derrota ante el BM Huesca en la Copa de este miércoles pasado era el caldo de cultivo perfecto para que el equipo se viniera abajo en la competición de la regularidad. En frente esperaba un equipo que no pasa por sus mejores momentos, el Cuatro Rayas Valladolid, y que, después de la exhibición morada, no me extraña que esté hundido en la clasificación.

Al final, el grave imprevisto contra el BM Huesca sirvió para enardecer al conjunto entrenado por Mateo Garralda y hacer un destrozo a los vallisoletanos, un equipo muy débil y que va a tener muy complicado salvar la categoría. Quizá el equipo más flojo de todos los que han pasado por Guadalajara hasta la fecha. Y es que, los alcarreños realizaron un partido coral en el que no se puede alabar a uno más que otro. Defensa impecable y ataque sensacional, el sábado en el David Santamaría salía todo, fueron los fundamentos de la victoria más abultada de la historia del BM Guadalajara en Liga Asobal (39-29).

Víctor Vigo dirigió, de forma soberbia, el ataque morado. Foto: Guadaque

Víctor Vigo dirigió, de forma soberbia, el ataque morado. Foto: Guadaque

Lejos queda esa visita del Cuatro Rayas Valladolid de Juan Carlos Pastor de hace dos temporadas, el 11 de diciembre de 2011. Ése día casi todo el que vio el partido, a excepción de los hinchas pucelanos, saltaron de sus asientos para celebrar el tanto de Sergio de la Salud. A diez segundos del final del duelo y de una remontada histórica ante uno de los grandes, al descanso el antiguo Quabit perdía 13-20, el director de orquesta reconvertido en portero jugador anotaba sobre la bocina el tanto del empate, tras una jugada de kamikaze de Edu Reig (31-31). Toda una hazaña si se tiene en cuenta que aquel Cuatro Rayas era el de Gurbindo, Cutura o Sierra y que el Quabit Guadalajara subsistía para lograr la permanencia.

Dos temporadas más tarde, el Cuatro Rayas Valladolid no es la sombra del equipo que fue, mientras el BM Guadalajara busca hacerse un pequeño hueco en la élite de balonmano nacional. Circunstancias de la vida y que hace dos años eran más que complicado de prever. Aún así, a este BM Guadalajara de Mateo Garralda todavía le queda un pelín para entrar en esa élite, un tanto ensombrecida por el momento por el que pasa la Asobal. Y es que, los morados padecen de un virus complicado de sanar: la irregularidad. Un problema que se palpa sobretodo en los partidos a domicilio, pero que, en algunos casos, también se deja notar en casa. La irregularidad de los alcarreños tiene otro serio hándicap: es inesperable. Es decir, puede suceder en cualquier momento y lugar e, incluso, en partidos en los que no puede pasar otra cosa que no sea más que ganar. Esperemos que el BM Guadalajara sea capaz de sanar su mal durante la Navidad y mejorar, más si cabe, la imagen del equipo.

La Navidad vista por un administrador de lotería

Por José Alfonso Montes

José Alfonso Montes, propietario de la "Abeja de Oro".

José Alfonso Montes, propietario de la “Abeja de Oro”.

La actividad de una administración de lotería va cambiando a lo largo del año. Sin ir más lejos, muy diferente es el día a día de una sucursal lotera cuando se va acercando el periodo navideño. Durante el año, los diferentes sorteos de Loterías y Apuestas del Estado se comportan de una manera lineal y sin grandes sobresaltos, salvo los que producen si hay un premio mayor en liza. Esto suele ocurrir de vez en cuando y la intensidad y el interés por un sorteo u otro lo suele marcar el bote acumulado a lo largo de varios sorteos precedentes en donde no existen acertantes de máxima categoría.

Pero esa tranquilidad se rompe cuando llegan los primeros días del mes de julio, fecha en la que llegan los primeros billetes del sorteo más importante del año. En la administración, cuesta colgarlos y, por lo tanto, poner a la venta los décimos del Gordo cuando el verano, prácticamente, acaba de comenzar y se trata de un sorteo navideño. Esta rapidez o premura a la hora de sacar los décimos de la lotería de Navidad origina sorpresa al cliente, ya que no identifica el sorteo con la época estacional en la que se encuentra. Desde las administraciones solo nos queda una explicación: decir que la razón está motivada por la presencia del turismo en nuestras ciudades costeras. Precisamente es en estas zonas en donde se dan las primeras ventas de este sorteo. Sin embargo, en nuestra ciudad, pocos son los décimos que encuentran dueño en esas fechas, salvo algún aventurero que tienen la convicción de que “al que madruga dios le ayuda”.

Con el paso de los días se va intensificando, poco a poco, el goteo de clientes y comenzamos a realizar las primeras reservas para el 22 de diciembre. Clubes, asociaciones de todo tipo, bares y un largo etcétera de organizaciones son nuestros primeros clientes potenciales y a ellos van dirigidas nuestras primeras visitas de calle. Este es un proceso habitual que se desarrolla durante los primeros días de septiembre. Es en este mes en el que la lotería de Navidad toma el protagonismo en las administraciones de la suerte sobre los sorteos nacionales y europeos que se celebran todas las semanas.

La abeja fue el símbolo elegido para repartir la suerte entre los clientes.

La abeja fue el símbolo elegido para repartir la suerte entre los clientes.

De esta forma llegamos al mes de octubre, en donde las supersticiones y manías comienzan a ser la nota predominante de las peticiones para este sorteo. Las obsesiones de los clientes van desde el “yo quiero un número que no tenga ceros” hasta “un número que no sea ni alto ni bajo” pasando por lo de que no sea una cifra impar. Estos son alguno de los mensajes a los que el lotero se expone durante estos meses previos al sorteo. Incluso, alguna que otra llamada telefónica en la que nos solicitan un número concreto que han visto por internet que está en ésta administración de lotería. En estos casos, el cliente siempre solicita que se le envíe a su dirección.

Un sinfín de curiosidades rodean al sorteo de Navidad y que, por tradición, se ha convertido en el más importante de todo el año. Es el 22 de diciembre, el día que más ilusión de acumula y también es el culpable de que el día posterior, el 23 de diciembre, sea reconocido por toda España como el “Día de la Salud”. Y es que, no pocas veces ese día se suele decir esa frase de: “Ya que no nos ha tocado nada del Gordo, que sigamos teniendo salud”.

*José Alfonso Montes es el dueño de la Administración de Lotería “La Abeja de Oro” en el barrio de Los Manantiales. Reconocido por haber sido concejal de Deportes del Ayuntamiento de Guadalajara (2003-2007), dirige desde su fundación el Fútbol Sala Alamín. Asimismo y antes de entrar en el Consistorio Municipal era el director de un programa radiofónico en Cadena Ser sobre la provincia de Guadalajara.

Menos humos con los autobuses

autobuses bicolor

Los nuevos y los viejos autobuses conviven estos días en las calles de la ciudad. // Foto: Álvaro Nuño Plaza.

Por Concha Balenzategui

Para gustos están los colores. Y la verdad es que la combinación azul y amarillo queda muy chula, en tonos tan brillantes. Está mejor que el morado con naranja, ya un tanto gastados. He visto uno de los nuevos autobuses en la estación de tren, y tienen una pinta formidable. Nuevecitos, coloridos por dentro y por fuera, espaciosos y flamantes.

Creo que la nueva imagen de los autobuses le viene bien a la ciudad. Llevamos tanto tiempo con el alma gris que queremos ver un color que no sea el rojo de los números de la cuenta corriente. Con nada que inaugurar y tirando de los trapos de la temporada pasada, o de la anterior, nos encanta estrenar. Y más si no se trata de un mero lavado de cara.

Lo malo es que en esto de los autobuses, el color es lo de menos. Puro maquillaje. Las otras mejoras, tecnológicas y medioambientales, sí importan, pero con matices. Porque nada afecta a ninguno de los tres aspectos fundamentales de un transporte urbano, los que pueden satisfacer o indignar al usuario, a saber: el precio, el recorrido y la frecuencia. Y eso no ha cambiado en los nuevos autobuses ahora, ni desde abril, cuando entró en vigor el nuevo mapa, al tiempo que llegó la nueva empresa concesionaria, la asturiana Alsa.

El billete cuesta lo mismo, y yo diría que es caro. No lo es para los colectivos que tienen una exención o una reducción en el precio, ni tampoco para los que lo usan con frecuencia. Pero sí lo es para el Ayuntamiento, que pone su parte, es decir, la diferencia hasta que se cubren los gastos acarreados y la ganancia estipulada para la empresa. Y esa cantidad ha crecido en el último lustro de modo exponencial, hasta rozar el 80% del costo del servicio. Una burrada.

En cuanto al recorrido y la frecuencia, son aspectos que han empeorado desde el pasado mes de abril, cuando entró en vigor el nuevo servicio. Es una cuestión irrebatible a tenor de las quejas recibidas en el Ayuntamiento o de las recogidas de firmas de los barrios que se sienten perjudicados o incluso aislados. En los últimos días se han puesto en duda esas cifras, puesto que los responsables de Alsa hablaron de 15.000 viajeros. Pero las oficiales, las que figuran en el Ayuntamiento, son inferiores.

Pero hay mucho que analizar. Que los ciudadanos de Marchamalo ya no lo usan, como recuerda el alcalde de la capital, Antonio Román, es evidente, pues el municipio campiñero ha tenido que crear su propio servicio tras la falta de acuerdo con el Consistorio guadalajareño. Ahí faltó cintura para negociar el trato y sobró prepotencia por parte del concejal Juan Antonio de las Heras, que olvidó que tanto se perjudica al marchamalero que viene a la capital como al guadalajareño que trabaja en Marchamalo y en su polígono industrial. Así que ahora no vale lamentarse, ni echar de menos a estos viajeros, ni mucho menos ponerlos como excusa. Fue el Ayuntamiento de la capital el que les cerró la puerta.

La otra explicación, la de la crisis, también es más que discutible, porque se pretende aplicar en la reducción sobre los viajeros del año pasado, cuando también la había. Hay menos personas acudiendo a diario a su puesto de trabajo, pero no se han reducido precisamente desde el mes de marzo, ni en la misma proporción que ha bajado el cómputo de viajeros. Sí influyen en la reducción del uso las vacaciones, pero ni siquiera las de los estudiantes se prolongan durante ocho meses consecutivos. En definitiva, hay que reconocer que hay cientos de personas en esta ciudad que han dejado de coger el autobús porque ya no les resuelve la situación.

Presentación de los nuevos autobuses. // Foto: J. Ropero/Ayto. Guadalajara

Presentación de los nuevos autobuses. // Foto: J. Ropero/Ayto. Guadalajara

Yo estoy de acuerdo en que el Consistorio intente mejorar las líneas, cambie los recorridos y que trate de reducir kilómetros para abaratar el costo que supone para todos los bolsillos esta contrata. Incluso comparto la filosofía de que el autocar debe hacer trayectos más directos, eliminar paradas, pero terminar antes su recorrido, es decir, llevarnos antes al destino. Pero habrá que aceptar que esta ciudad no lo ve así, o que la reforma se ha excedido. Porque los cambios han sentado muy mal a una gran parte de la población.

A pesar de todo, lo que es imperdonable es que esta situación se prorrogue ocho meses ya sin una solución. Equivocarse es humano, negar el descontento es de necios, pero no arreglar el “embolado” mínimamente en ocho meses es de incompetentes. Cuando se rebasan estos plazos y estas cotas de descontento, no vale escudarse en que las condiciones de la adjudicación tienen maniatado al Ayuntamiento, porque el pliego fue redactado y aprobado por los mismos que ahora se encuentran sin margen de maniobra.

Así que no es de recibo vender humo. Con este caldo de cultivo, sin solventar el fondo de la cuestión, no viene a cuento ahora presentar unas mejoras en el transporte que en verdad lo son, tanto en comodidad, como en estética, en facilidad de uso y sobre todo en eficiencia energética. Para empezar, porque las mejoras llegan con retraso sobre lo que establecía el contrato, en junio. ¿O es que sólo vamos a leer la letra pequeña del pliego a favor de la empresa?

Segundo, como le escuché el otro día a un veterano usuario en la cadena SER, porque la mayoría no quiere el autobús para navegar por internet, sino para que le lleve de su casa a su destino. Y tenía razón. Yo, a diferencia de Román, no uso el autobús a diario. A pesar de que me gustaría, no lo hago porque no me da la seguridad de que llegaré a tiempo al tren que necesito cada día. Y me da igual si lo pintan de blanco merengón o de blaugrana.

Lo que sí me importa, y bastante, es el cambio de combustible, que en los nuevos autobuses es de gas comprimido. Eso supone menor ruido, menos gasto económico y energético. Menos humos y menos contaminación. Y aunque no nos toque el bolsillo directamente ni afecte a la caminata, es crucial. Por eso hay que separar los colores o las mejoras tecnológicas del beneficio medioambiental.

Pero no hay que olvidar que lo más ecológico, y también lo más barato para las arcas municipales, es tener unos autobuses cada vez más llenos. Porque algunos de esos cientos que han dejado de coger el autobús podrán ser marchamaleros o nuevos parados, algunos que opten por el saludable paseo o la fatigosa caminata, según se mire. Pero también están quienes cogen (cogemos, lo confieso) el coche para evitar la incertidumbre de llegar a tiempo al tren o a la consulta en el hospital. Y eso es lo más contaminante.

Así que menos humos con los nuevos buses.

El negocio de las puertas giratorias

El exsecretario general de Sanidad de Castilla-La Mancha, en una imagen de archivo.

El exsecretario general de Sanidad de Castilla-La Mancha, en una imagen de archivo.

Por Yago López

El mantra de que un servicio público resulta menos rentable que uno privado no se convertirá en una verdad categórica por repetición y, por mucho que se empeñen algunos, a fuerza de externalizar los servicios, lo único que se garantiza es la ausencia de control de los mismos. Por si esto fuera poco, ni siquiera tienen por qué resultar más rentables a la Administración, y por tanto a los ciudadanos, sino más bien todo lo contrario.

Hagamos un sencillo ejercicio. Pongamos que se les estropea el coche y claro, ustedes, como la mayoría de las personas ajenas al sector, no entienden de mecánica. Supongo que se les ha dado el caso o alguno similar, y cuando uno se enfrenta a una situación así, me reconocerán que se siente una cierta indefensión al desconocer si el parte de averías responde a la realidad y, sobre todo, si el sablazo consiguiente coincide con el coste real de la reparación. Se apela entonces -no queda otra- a la honradez del especialista, en un ejercicio que, tal como está el país, puede considerarse de fe absoluta.

No hay persona, sea de la ideología que sea, que ponga en duda la importancia de un mecánico de confianza. Y aquí sale a relucir la palabra clave: confianza. Resulta curioso que los mismos que no se fían de la profesionalidad de un trabajador público sí lo hagan de una empresa privada cuyos intereses no son otros que los de su rentabilidad económica, la de su negocio no la del dinero de todos, no se confundan.

Claro que la necesidad de contar con un profesional de confianza se diluye cuando la parte contratante no pone la pasta de su bolsillo, sino que somos todos con nuestros impuestos quienes pagamos la cuenta. Precisamente esta misma semana, los trabajadores de talleres de la Consejería de Fomento de Guadalajara han empezado una huelga indefinida en protesta por la inminente privatización del servicio. En estos talleres trabajan media docena de empleados, dos de ellos mecánicos interinos que serán despedidos, según fuentes sindicales, el próximo 1 de enero.

A partir de esta fecha, denuncian, “no habrá mecánicos que reparen la maquinaria que debido a la climatología propia de la provincia, sufre un gran deterioro”, por lo que aseguran, “además de la cuestión laboral, no va a estar garantizado el plan de viabilidad invernal”. Por tanto, o el Gobierno regional ha cruzado los dedos y confía en que las máquinas de la Junta aguanten el tirón del invierno o tiene ya en la guantera una nueva contrata que sacar a licitación para adjudicar el servicio a mecánicos de su confianza, no de la de los que pagamos las facturas.

No les extrañe además, que dentro de unos meses descubramos que quien promovió la privatización del servicio haya dejado la política para montar una empresa de mecánica que, por gracia divina y una asombrosa capacidad para cumplir los requisitos solicitados en el pliego de condiciones, resulte la adjudicataria.

El escenario que dibujo está lejos de ser ciencia ficción. De hecho, acabamos de conocer esta misma semana a partir de una información que ha publicado la cadena SER, un caso similar. En esta ocasión quien parece haber hecho uso de la, cada vez más de moda, puerta giratoria entre la política y la empresa privada ha sido el exsecretario general de Sanidad de Castilla-La Mancha, José Miguel Benito. Tras año y medio en el cargo, Benito abandonó la Consejería para regresar a su bufete de abogados en Madrid, y solo dos meses después de dejar la Junta fue contratado por la empresa CLECE, a la que el mismo había adjudicado contratos por valor de 36,5 millones. Todo ello, a pesar de que el régimen de incompatibilidades recoge que “durante los dos años siguientes a la fecha de su cese los altos cargos no podrán realizar actividades privadas relacionadas con expedientes sobre los que hayan dictado resolución en el ejercicio del cargo”.

Con este panorama igual lo que nos ocurre es que se nos ha olvidado introducir una cuestión en el debate sobre la mayor o menor rentabilidad económica de un servicio, según esté en manos públicas o privadas. Y no es otra que preguntarse para quién, o lo que es lo mismo, quién sale ganando con estas externalizaciones. Desde luego, hasta el momento, el ciudadano no.

Sobre La Vereda, por accidente

Por Marta Perruca

Me acabo de despertar en una de mis pesadillas: Apurar hasta el último momento para dar rienda suelta a este artículo de los jueves y, una vez terminado, darme cuenta de que un compañero se ha adelantado para opinar prácticamente lo mismo. Y, claro, aquí no vale cebarse con Marín e inaugurar una semana temática, porque venga a cuento y la oportunidad la pintan calva, ya que, en este caso, sería repetirse y no lograría aportar nada. Así que me encuentro aquí, delante de la pantalla del ordenador, observando cómo se consumen acuciantes las horas del reloj, sin saber muy bien cómo corresponder, de una manera responsable, a los lectores que fielmente se asoman a este espacio los jueves. Y es que hay veces que me siento con la obligación de hablar de algo, porque las circunstancias me invitan a ello y ahora, cuando me resulta absurdo volver a insistir en lo mismo, porque ya lo ha hecho muy bien Abraham, me encuentro un poco desarmada.

Y es que el otro día vinieron a visitarme unos amigos. Uno de ellos lo hacía en cercanías desde Madrid, por lo que, al cabo de la tarde, el otro se ofrecía a acercarle hasta la estación. Al día siguiente, incrédula, me reía a carcajada limpia cuando me comentaba la odisea que tuvieron que pasar para llegar a su destino. “Marta ¿te puedes creer que me perdí? No sé cómo lo hice pero acabamos en la autovía”, me decía. No me podía explicar cómo una persona, que si no ha estado mil veces en Guadalajara, no ha estado ninguna, pudo despistarse en un trayecto tan habitual como este. Claro, que apenas unos días más tarde, cuando por caprichos del destino, tuvimos que repetir la operación, esta vez conmigo de copiloto y para disfrutar de una excursión por los pueblos de la Arquitectura Negra, a pocas somos capaces de llegar hasta la carretera de Humanes. Así que tuve que tragarme mis palabras, porque ya se sabe, por la boca muere el pez, y cuando pusimos rumbo, nos encontramos con que la calle Ingeniero Mariño estaba cortada a causa de las obras y, al salir por La Carrera con intención de tomar la ruta alternativa con dirección a la Avenida del Ejército por el Paseo de las Cruces, resulta que, no sé muy bien si fue por las labores de poda,  también estaba cerrada al tráfico. “Ahora vas y me llamas torpe otra vez”, me increpaba este amigo.

A estas alturas de la película deduciréis que pretendía hablaros de las obras del Eje Cultural y de sus consecuencias, pero en lugar de ello, me voy a saltar ese capítulo, del que ya ha hablado mi compañero,  para remontarme a una hora más tarde, ya en pleno corazón de la Sierra Norte, en una pequeña aldea perdida de la mano de dios, que se llama “La Vereda”.

En el camino sorprende encontrarse con "La Vereda", que se mimetiza con el entorno. // Foto: M.P.

En el camino sorprende encontrarse con “La Vereda”, que se mimetiza con el entorno. // Foto: M.P.

Se trata de uno de esos lugares que te sorprenden en el camino y que, cuando uno se adentra por sus calles, tiene que andar constantemente pellizcándose para constatar que lo que está viendo ante sus ojos es real. Su belleza incomparable se alimenta del encanto de su arquitectura y de un entorno abrupto y sublime. Las construcciones se confunden con su paisaje como un apéndice natural de la montaña, que se apodera de las pizarras y cuarcitas de la Sierra de Ayllón para levantar con ellas sus muros y tejados.

Empapada por su paisaje, que mira hacia el fondo de un escarpado barranco, no pude evitar preguntarme cómo se formó. La verdad es que me ha sorprendido comprobar que las iniciativas turísticas se limitan a observar su arquitectura, obviando por completo este increíble entorno, que precisamente es lo que le aporta su espectacularidad. Igualmente, ninguna de las acciones promocionales dedica una sola línea a ofrecer una explicación geológica, ni de este paraje en concreto, ni del conjunto de esta Sierra Norte de cuarcitas y pizarras.

Quizá sea que sigo poseída por el espíritu del Geoparque y por una ciencia necesitada de divulgación, o que en esta madrugada y en medio de este precipitado artículo, me invade esa responsabilidad de aportar algo más a esta reflexión, así que he saciado mi curiosidad preguntando al experto.

Os invito a imaginar que al borde de uno de los miradores naturales que tallan las rocas  en “La Vereda”  se levanta un panel que reza algo parecido a esto:

Vista del barranco que se dibuja a los pies de "La Vereda". // Foto: M.P.

Vista del barranco que se dibuja a los pies de “La Vereda”. // Foto: M.P.

“Seguro que muchos se sorprenderán al descubrir que hace cientos de millones de años estos parajes estuvieron inundados por un mar de profundidad oscilante. Las rocas que contemplamos hoy se formaron en un fondo marino, que cuando alcanzaba cotas profundas se acumulaban limos y arcillas y cuando era somero, arenas de cuarzo. Posteriormente, las fuerzas tectónicas hicieron desaparecer ese mar y formaron una cordillera, durante lo que se denomina la orogenia Varisca, en la que se formó un gran continente conocido como Pangea. A lo largo de este proceso, estos materiales fueron sometidos a fuertes presiones, lo que propició que se transformaran en rocas distintas. Los limos y arcillas dieron lugar a pizarras y esquistos y las arenas, a cuarcitas. En épocas relativamente recientes, la erosión fluvial excavó el barranco. Como las pizarras y esquistos son más fácilmente erosionables que las cuarcitas se crearon las condiciones para que se formaran los particulares resaltes de este terreno”.

Las rocas comparten protagonismo con la particular arquitectura de esta población. // Foto: M.P.

Las rocas comparten protagonismo con la particular arquitectura de esta población. // Foto: M.P.

Como el paraje en sí, lo que sorprende es que hoy podamos disfrutarlo en las condiciones en las que se encuentra. El espíritu del Geoparque me ha enseñado que no se puede amar lo que no se conoce y este asombroso lugar de extraordinaria belleza estuvo a punto de convertirse en un montón de escombros, de nos ser por la inquietud de un grupo de arquitectos de Guadalajara y Madrid, que consiguieron paralizar la demolición de La Vereda y Matallana. Estos municipios fueron expropiados por el Instituto de Conservación de la Naturaleza (ICONA) con el objetivo de reforestar la zona, cuando quedaron en estado de abandono a consecuencia de la inundación de El Vado, que hoy da nombre a un pantano.

La Vereda se salvó de la suerte que han corrido otros pueblos de la provincia y que acecha a un vasto territorio acuciado por la despoblación, por lo que no conviene olvidar este tipo de ejemplos.

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Detalle de la sencilla iglesia de la localidad. // Foto: M.P.

Fue en el año 1977 cuando este grupo de personas, preocupadas por el estado de abandono de esta hermosa población y ante su riesgo de desaparición, solicitó al ICONA la concesión de sus edificios y su entorno para su reconstrucción, mantenimiento y conservación. Con este objetivo se constituyó la Asociación Cultural “La Vereda” con el número 58 de Guadalajara, como una entidad abierta a cualquier persona que comparta esta inquietud y esté dispuesta a aportar su trabajo para llevarla a cabo. Los socios también contribuyen con aportaciones económicas.

La Asociación Cultural “La Vereda” rescató las técnicas originales de construcción, la distribución y mobiliario de sus viviendas y los cultivos propios y usos tradicionales para volver a dotarla de vida. Hoy son 30 los socios que la componen, cada uno de los cuales tiene una vivienda donde poder habitar con sus familias, unas 150 personas en total. La ausencia de energía eléctrica y las complicadas comunicaciones hacen que solo puedan residir allí de manera estacional, pero continúan haciendo realidad esta empresa con su esfuerzo y trabajo. La asociación es abierta, por lo que cualquiera puede formar parte de ella. Eso sí, se le somete a un periodo de prueba y, una vez superado, se le asigna una vivienda que será reconstruida con la ayuda del resto de socios.

Una de las vistas de la parte reconstruida del pueblo. // Foto: M.P.

Una de las vistas de la parte reconstruida del pueblo. // Foto: M.P.

Si bien es cierto que esta fórmula ha dado sobrada muestra de sus resultados positivos para el mantenimiento de esta población, no hay que olvidar que al contrario de lo que sucede con otros municipios en las mismas circunstancias, donde la concesión se alarga por periodos de 30 o 50 años, en el caso de “La Vereda” , la asociación tienen la obligación de renovarla cada diez años, con el peligro de que, al tratarse de una concesión pública, esta pueda pasar otras manos, con lo que sus miembros perderían el trabajo de toda una vida.

En el año 1988, los antiguos vecinos y descendientes de esta población configuraron la Asociación de Hijos de La Vereda, con el fin de conservar sus tradiciones y conseguir que la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha les concediera la propiedad del municipio, sin que, por el momento, hayan recogido sus frutos.

Y esto es lo que ha dado de sí una pesadilla hecha realidad. Espero no defraudar y que esta acuciante reflexión de madrugada sirva al menos como ejemplo para evitar que el olvido engulla algunos de nuestros pueblos con su cultura y tradiciones. No puedo evitar acordarme aquí de la situación que asola a Villaescusa de Palositos, cuyos antiguos vecinos ahora no pueden hacer otra cosa que lamentarse y luchar porque las postrimerías de lo que fue no terminen reducidas a escombros, como el resto de sus construcciones. Quizá también para despertar la curiosidad sobre nuestra historia geológica, porque como ya he dicho, no se puede amar aquello que no se conoce.