La letra pequeña del emprendimiento

Los autónomos se quejan de la subida de las bases de cotización. // Foto: Europa Press

Los autónomos se quejan de la subida de las bases de cotización. // Foto: Europa Press

Por Abraham Sanz

Incentivar el emprendimiento ha de ser una máxima en los actuales tiempos de crisis donde el mercado laboral es incapaz de absorber el elevado número de personas en desempleo. Son muchos los mensajes que desde la organización política en el poder que se lanzan a la ciudadanía en este sentido y es más, la propia sociedad parece haber aceptado el envite y en los últimos datos del paro ya se evidenciaba una notable subida en el conjunto de autónomos que habían forjado su propia empresa, arriesgando sus ahorros e invirtiéndolo todo en apostar por una idea que les permitiera crearse su propio empleo. No es tarea fácil sin duda porque, si bien, los trámites legales se han aliviado mucho para conseguir que este paso sea más fácil de dar; lo que siempre ha sido una traba para lanzarse a esta aventura ahora mismo lo es más: la elevada cuota que se ha de pagar en concepto de cotización a la Seguridad Social.

Es evidente que aunque te conviertas en una persona que cree su propia persona que se gestione de forma autónoma has de pagar una cuantía por este concepto, dado que esto significa que desde el Gobierno se puedan financiar una serie de prestaciones y servicios de carácter público que sean de calidad; sin embargo, el incremento de la cotización contemplando como se está propiciando el desmoronamiento de nuestro estado del Bienestar con abundantes recortes en el aspecto sanitario y educativo especialmente, te lleva a pensar que el incremento de este tipo de cotizaciones o impuestos, no es más que una vía para que la clase trabajadora, finalmente, pague los platos rotos de una crisis que ellos no generaron.

Si realmente se quiere incentivar el emprendimiento en un país como España donde no existe una cultura emprendedora tan potente como en otros países europeos, lo primero que se debe hacer es mirar alrededor y contemplar como es el sistema impositivo español el que más presión fiscal ejerce sobre las personas que buscan el autoempleo. Y si además, ahora la cuota se incrementa un 22% pasando de 256,7 euros a 313,4, hará que más de uno se piense dos y hasta tres veces asumir este riesgo en un periodo en el que, además, la falta de fluidez del crédito motiva que la situación de las personas que o bien se han embarcado en estas empresas o bien estudian la posibilidad, siga siendo de un gran riesgo.

Es más, tampoco existe un programa de ayudas eficaz que permita dar una opción más fácil a aquellos que deciden emprender en época de crisis donde, un margen de uno o dos años con una presión fiscal más liviana y con ayudas de lo público por la creación de empleo, serían vitales para que muchos se lanzaran a esta aventura del autoempleo. Bien es cierto que la nuestra conciencia todavía se encuentra vinculada (y mucho) a la cultura del pelotazo, aquella que consiste en buscar la receta mágica en un periodo de tiempo corto para presumir de ganancias e idea; cuando emprender es todo lo contrario. Es una carrera de fondo. Apostar por una idea y trabajar diariamente en conseguir que esta, cada día, vaya recogiendo sus frutos a costa de muchas horas, de mucho trabajo y de mucho esfuerzo.

De ahí que sean muchas las ideas que circulan por las mentes de los ciudadanos, pero que sean pocos los que gozan de un respaldo financiero suficiente con el que pensar emprender dado los elevados costes fijos a los que se debe hacer frente a la hora de montar tu propia empresa donde, desconoces totalmente si tu facturación te permitirá lo primero, afrontar estos costes y, lo segundo, que si una vez pagados estos puede ser rentable a largo plazo. Por este motivo, el arranque de muchos de estos negocios de emprendedores se fragua en la sombra, lejos de la legalidad que permita a las personas que están detrás evaluar sus gastos, la viabilidad y rentabilidad de la idea, antes de embarcarse en un maremágnum de gastos que le lleve a un pozo sin salida.

Sin duda, la letra pequeña del emprendimiento, está en estos elevados costes tanto en lo que se refiere a la cotización de la Seguridad Social como a la espectacular subida del Impuesto sobre el Valor Añadido que se ha fraguado durante la crisis, elevando éste hasta el 21%, encareciendo así el coste de sus productos motivando a muchos a tratar de asumir una parte de este impuesto en aras a conseguir mantener su ritmo de ventas, aún a costa de perder en su facturación. En definitiva, antes de emprender es mejor estudiar la viabilidad del proyecto que se busca establecer y, sobre todo leer la letra pequeña para que no nos den gato por liebre.

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