El amor al dato

estadisticaPor Rubén Madrid

Decía Augusto González al recoger el Premio Libertad de Expresión que los periodistas no podemos andar aspirando a contar la verdad porque la verdad no existe y lo que existen, más bien, son los matices. Es este un debate muy viejo en el gremio y que afecta en realidad a cualquier disciplina que pretenda dar explicaciones sobre una cosa tan informe, compleja y cambiante como las sociedades humanas.

Las llamadas ciencias sociales renunciaron ya hace tiempo a la vieja utopía de construir leyes irrebatibles y predicciones incontestables, como sí hacen las ciencias naturales, para conformarse con aspirar acaso a alumbrar explicaciones de alcance medio basadas más en probabilidades que en certezas. Todas sus teorías tienen por tanto fecha de caducidad.

El periodismo es más un oficio que una ciencia, pero comparte el noble intento de iluminar la realidad y tiene, entre otras misiones, la de abastecer al ciudadano de información veraz para que saque sus conslusiones. Ahora bien, que no sea una ciencia exacta, como le ocurre a la Sociología o la Antropología, no quiere decir que sus datos también puedan serlo.

Echániz, el aborto y la ciencia. Venía a decir algo similar el consejero guadalajareño José Ignacio Echániz en un artículo que publicaba ayer martes el ABC nacional (el adjetivado “nacional” es objetivo, no calificativo). Titulado “¿Aborto? La hora de atender al progreso científico”, toma partido por la reforma que Rajoy parece dispuesto a aletargar durante un tiempo prudencial. Para nuestro consejero, “la reforma de Gallardón es un paso valiente en el respeto a la vida y una muestra de respeto a los últimos datos científicos sobre la génesis de la vida humana”.

¿A qué datos científicos se refiere? “Como médico he constatado la evidencia de que un feto, entre las 12 y las 14 semanas, ya tiene formados los principales órganos y es capaz de realizar las actividades básicas”. Es decir, la evidencia radica en que el feto ya no es, por ejemplo, una forma de vida similar a un huevo o un renacuajo, pero tampoco acaba por ello de convertirse en rana ni pollo.

El consejero invoca a la ciencia y sus datos para luego tirar por la calle de en medio. Y es lógico, pese a sus grandilocuentes expresiones. Echániz sabe, como todo ciudadano informado, que no hay consenso científico que medie de manera rotunda en este debate, como tampoco lo hay sobre otros asuntos. Por eso no hay rastro en su escrito de esos “últimos datos cienfíticos sobre la génesis de la vida” a los que alude para defender la ley. Pero entendemos que para un ejercicio de retórica invocar al dato resulta siempre un buen intento.

Datos y contradatos. Tiene el dato una fama ganada a pulso por haber rebatido tantas veces impresiones infundadas. Si queremos hablar del mercado laboral, no es lo mismo que digamos simplemente que creemos que el trabajo en nuestra provincia “está fatal” que acudir a la Encuesta de Población Activa y dimensionar el problema con su 21,6% de tasa de desempleo y nuestros más de 23.600 paisanos en busca de un puesto laboral, aunque, en la práctica, el dato venga a decir eso mismo, que el mercado laboral está fatal.

También sabemos que los datos discuten entre sí y sirven argumentos a favor y en contra. Precisamente la última EPA publicada la semana pasada ha venido a tapar la luz al final del túnel: si la cifra del paro en 2013 cerraba con una disminución de 60.000 personas en todo el país, la reducción de la población activa ha sido tan superior, 270.000 españoles, que deja el anterior indicador en una anécdota incapaz de dimensionar correctamente la evolución del mercado laboral español. La misma historieta con datos provinciales ha sido señalada por mi compañera Marta Perruca en otro artículo reciente.

Los datos, pues, dicen y contradicen. Pongamos un ejemplo: a cualquiera que asista con frecuencia al teatro Buero Vallejo le habrá llamado la atención la estadística que hemos podido leer recientemente de que el año pasado hubo un 92,28% de ocupación en sus 101 espectáculos programados. Pero, en realidad, si hay 1.003 butacas, el cien por cien de ocupación estaría situado en 101.303 espectadores, muy por encima de los 62.652 que se reconoce en el balance. Los números no cuadran. Como quiera que no aceptamos que un dato tan preciso haya podido ser falseado a propósito, lo que falla obviamente es lo que pensábamos que había detrás del dato: si el enorme patio de butacas del Buero se llena o no.

Hay a veces que ir más allá del dato y entender cómo se computa. Y tenemos en este ejemplo que cuando algunos espectáculos apenas funcionan en taquilla, su escaso público es subido a un graderío supletorio en el escenario en vez de ocupar una localidad convencional. De este modo, donde un espectáculo apenas superaba los 300 espectadores, un tercio del total, se obtiene ahora un lleno (100%). Y así tal vez ahora cuadren los altísimos índices de ocupación.

Los datos bailan a diario, unas veces entre lo que incluyen y no incluyen las fuentes referidas a las listas de espera sanitarias; otras veces porque son números redondísimos difícilmente comprobables (como que se hayan servido 25.000 aperitivos en una feria de la tapa); y en otras porque así lo hemos querido: damos por descontado que el porcentaje de seguimiento de una huelga será falseado de antemano por las administraciones y por los organizadores, de modo que ninguno de los datos sea correcto y que el fracaso o el éxito de una convocatoria dependan finalmente más de la impresión que del número exacto, al revés de lo que veníamos a decir con el ejemplo del mercado laboral que está fatal.

Los números de Fitur. Los datos de turismo siempre son sospechosos. ¿Quién cuenta y cómo los turistas que pasan al cabo del año por Santiago de Compostela o Toledo? En Port Aventura hay tornos, pero ¿y en el centro de Madrid? ¿Computa como turista quien va a ver a una amiga a Zaragoza y se toma una cerveza frente a la basílica del Pilar? ¿Hace turismo quien viene de Cádiz para ver a su equipo en el Escartín, o sólo si compra bizcochos borrachos?

Son raros estos datos turísticos siempre, pero estoy seguro de que a cualquier periodista acostumbrado a manipular (en el buen sentido de la palabra) estadísticas le llamaría la atención el sábado que la presidenta de la Diputación, Ana Guarinos, fundase su optimismo sobre el sector a partir de unos datos tan descaradamente rebuscados: dos meses puntuales de verano, la comparación del último semestre en vez de todo el año… Imposible pensar que no había gato (o dato) encerrado.

No tardó en criticarlo el PSOE. Y es sencillo de comprobar para cualquier lector familiarizado con las estadísticas del INE, que reflejan que el dato anual de viajeros contiene efectivamente un descenso anual que se aproxima a los 5.000 visitantes -si comparamos los primeros once meses de 2013 y 2012, porque no hay cifras oficiales de diciembre pasado-. Este mero cálculo casero le da la razón a la denuncia de los socialistas y es más, si se compara con los once meses de 2011, son más de 5.000 los viajeros que han desaparecido de nuestro mapa.

La presidenta provincial Ana Guarinos en Fitur. // Foto: www.clm24.es.

La presidenta provincial Ana Guarinos en Fitur. // Foto: http://www.clm24.es.

Pero estos números no fueron dichos porque no adornaban el discurso: “El esfuerzo del equipo de Gobierno se está viendo recompensado por unas cifras que nos dan aliento y que nos animan a seguir en esta misma dirección”.

¿Tan difícil es ya que un político llegue a Fitur, exponga que las cifras han descendido un 15% respecto al año anterior y que por eso mismo están ahí, redoblando esfuerzos para vender los encantos de la provincia en el mayor escaparate turístico de España? ¿A quién pretenden engañar, a los hosteleros, a los votantes, a los domingueros? Ciertamente los datos trasladados en Fitur no son falsos, pero lo es la conclusión. Y aquí radica la diferencia entre propaganda e información.

Guarinos y su sagaz diputado de Turismo tenían dos opciones. La primera, la descabellada, la que han desechado, pasaba por cambiar los datos parciales por los globales y, a ser posible, variar también el rumbo de sus políticas, porque lo cierto es que las cifras de 2013, sin ser necesariamente concluyentes ni alarmantes, dan más motivos de preocupación que de aliento. La segunda alternativa, la que han adoptado, consiste en decir, como ha dicho Jesús Parra, que el PSOE critica los datos de turismo porque el partido en la oposición está (ojo al dato: lo dice Jesús Parra) “cegado en el pasado”. Y todavía más: “Los datos están ahí y no engañan a nadie por más que se empeñen en distorsionarlos”.

No haga caso, señor Parra, de quienes ponen palos en las ruedas. Sigan ustedes defendiendo la verdad. No dejen que la realidad, con sus matices, les estropee un buen titular.

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