Leguineche nos deja huérfanos de referentes

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Fallece el periodista Manu Leguineche. // Foto: laaventuradelahistoria.es

Como en muchos otros campos, en el periodismo, el vértigo vital vinculado al pseudoprogreso que ha traído consigo la mal llamada era de la comunicación, con todos sus avances tecnológicos que permiten hoy la conexión en tiempo real entre prácticamente dos puntos cualesquiera del planeta, ha provocado que en muchos casos perdamos de vista, paradójicamente, la esencia de las cosas. La obsesión por la inmediatez y la cínica pelea de los medios por lograr anticiparse, a costa de lo que sea, a la competencia, ha dejado en segundo plano el contenido de la información, el verdadero periodismo, ese que representará por siempre Manu Leguineche.

El maestro de “la tribu” -el periodista y escritor vasco, Manu Leguineche, llamaba así a los reporteros de su quinta que se desplazaban como corresponsales de guerra en guerra para dar cobertura informativa a los conflictos, desde Vietnam a los Balcanes, y sus compañeros le consideraban el número uno- ha fallecido este miércoles en Madrid a sus 72 años tras una larga enfermedad. Más de medio siglo dedicado al periodismo y a la literatura le avalan. No por la cantidad de trabajos en su haber, que también, sino por la calidad de los mismos.

Leguineche vivió en directo el fin de la guerra de Vietnam, pero también estuvo en Argelia, Malvinas, Marruecos, Líbano, los Balcanes, Pakistán, Camboya o Guinea Ecuatorial, entre otros muchos conflictos. Lugares donde se jugó la vida para informar sobre el terreno, allá donde se forja el verdadero periodismo. Siempre será por ello un ejemplo para la profesión por poner en valor la única y verdadera fórmula posible para un buen informador: ir donde suceden los hechos, comprobar qué ocurre y contarlo. Así de fácil, y así de difícil.

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Imagen de archivo del periodista Manu Leguineche. // Foto: eldiario.es

Por si fuera poco, el legado de Leguineche va más allá de su trabajo como reportero. Además, el autor vasco firmó nada menos que cerca de medio centenar de obras. Entre ellas, títulos imprescindibles para entender los conflictos bélicos y la profesión periodística, e incluso hasta el juego del mus -una de sus pasiones-. Porque además de un descomunal periodista, Manu destacó también por ser un excelente escritor. Dos virtudes que le llevaron a recibir innumerables reconocimientos.

A lo largo de su carrera Leguineche acumuló un importante número de premios. Desde el Nacional de Periodismo en 1980 al Luca de Tena en 2010, pasando por el Ortega y Gasset en el 1991 o el Espasa de Ensayo en 1996. Un amplia nómina de reconocimientos a la que quizá le faltó el broche de oro del Príncipe de Asturias de Comunicación, al que estuvo propuesto en 2008, y que para muchos debió obtener.

Pero más allá de los galardones lo que más llama la atención de la carrera de Leguineche es el respeto que genera su figura entre sus compañeros de profesión. Contemporáneos o no, todos, sin excepción conocida, le consideran un maestro. La admiración profesional es generalizada, pero la personal no lo es menos. Todos aquellos que le conocían solo tienen alabanzas hacia su persona, ahora que ha fallecido, pero también en vida.

No puedo terminar este artículo sin mencionar su gran relación con la provincia de Guadalajara, donde decidió ubicar su retiro hasta su muerte. El Cañizar y, sobre todo, Brihuega contemplaron el reposo del guerrero del periodismo tras tanto disparo y tanto bombardeo, y adoptaron al reportero y escritor vasco como a su hijo. Todo un lujo para la alcarria haber contado tantos años con una persona de su altura profesional y humana.

Decía ayer Gabilondo que Leguineche siempre será ese periodista en que todos queríamos convertirnos en la universidad. El problema es que los grandes van cayendo y los estudiantes van perdiendo de vista los maestros en los que fijarse. No crean que los Leguineches han desaparecido, sigue habiendo profesionales de la comunicación jugándose el tipo por las guerras de medio mundo. El problema es que ahora no tienen cabida en los grandes medios y sobreviven como pueden malvendiendo reportajes. Leguineche abrió el camino y otros muchos lo continúan, aunque en condiciones penosas y relegados al anonimato. Una circunstancia que, tristemente, acabará por dejarnos huérfanos de referentes.

Cuestión de perspectiva

Una instantánea de la calle Ingeniero Mariño en obras. // Foto: www.youtuve.com

Una instantánea de la calle Ingeniero Mariño en obras. // Foto: http://www.youtuve.com

Por Marta Perruca

Demasiado a menudo olvidamos lo importante que es la perspectiva. Estamos tan acostumbrados a asomarnos al  mundo desde nuestra propia atalaya que nos hemos creído que esa es la única realidad, cuando lo cierto es que solo estamos viendo hasta donde llega el horizonte. Y es que, el ser humano tiene el vicio recurrente de cargarse de razón cuando se cree rey de su propia torre y se engaña pensando que desde ella abarca hasta los confines de la tierra, cuando lo único que gobiernan sus ojos es  una única perspectiva: la suya propia.

Y soy consciente de que cada día, lo que hacemos aquí, en este Hexágono, es subirnos a una tribuna y narrar atalayas. No, no se trata de engañar a nadie, porque este foro, al fin y al cabo, se presenta como un blog de opinión y opinar requiere subirse a una torre y atreverse a relatar lo que uno ve, creo que haciendo un ejercicio de humildad e intentando ser responsables, aunque no por ello deja de ser una perspectiva.

Hasta hace escasos días tenía mi propia atalaya en el undécimo piso de una de las torres de la calle Virgen del Amparo. Vivía en un pequeño apartamento con un gran ventanal, desde donde disfrutaba de una de las más hermosas panorámicas de Guadalajara. Cada mañana me despertaba con los picos nevados de la Sierra Norte y los campanarios de Maristas y de la Concatedral de Santa María recortando el horizonte. Podía ver el casco histórico de esta ciudad a cada momento, con tan solo proponérmelo. Describir sus tejados, sus edificios lejanos, incluso aquellos detalles que me encontraba en mis asiduos paseos por sus céntricas calles. Incluso puede que, en un ejercicio de empatía, hubiera sido capaz de acercarme a alguna de sus múltiples realidades.

Lo cierto es que ahora, cuando he cambiado de atalaya y lucho por convertirme en vecina del casco, las cosas se ven de una manera muy distinta. Ya he dicho que la perspectiva es muy importante y que desde nuestra atalaya la visión del mundo es limitada.

Tenía razón Concha, mi compañera de los sábados: No puedo decir que la reforma de la calle Ingeniero Mariño me haya pillado por sorpresa. De hecho, era uno de mis mayores temores cuando decidí mudarme aquí, pero me he  encontrado con una serie de cuestiones que, tengo que admitir, ni siquiera me había planteado.

Durante las pocas semanas que llevo viviendo aquí, no he podido evitar acordarme de una época en la que solía visitar Toledo con cierta frecuencia porque, salvando las distancias con la capital castellano-manchega, existen ciertas similitudes: Las políticas de revitalización del casco toledano dieron buenos resultados y se incentivó la rehabilitación de edificios históricos para su utilización como negocio, principalmente en el sector de la hostelería, pero el casco histórico seguía siendo un lugar casi relegado al turismo. En cierto sentido, es comprensible, porque la parte antigua y la nueva están divididas irremediablemente por barreras geológicas, que ni las escaleras mecánicas de Recaredo han podido salvar, con lo que el grueso de la población reside en la  periferia, donde se han concentrado la mayoría de los servicios.

Y así recordé cómo circular en coche por sus estrechas y serpenteantes calles entre las asiduas mareas de turistas era casi misión imposible y que, si de lo que se trataba era de hacer la compra diaria, la oferta que encontrabas era muy limitada: alguna carnicería y pescadería de las de toda la vida y modestas tiendas de ultramarinos, que podrían sacarte de un apuro, pero que no llenaban el carro de la compra.

Hace unos años podríamos decir que la realidad de Guadalajara era muy distinta. No digo que tengamos que tener como referente el modelo de tiempos pasados, pero sí que es cierto que no existía una línea divisoria tan clara entre el casco antiguo y el nuevo. Cuando llegué a Guadalajara pensaba esta ciudad como una capital pequeña y cómoda para vivir y, entonces, también residía en centro histórico. Pero en esos años existía una arteria que atravesaba el casco, la antigua carretera de Zaragoza, y todavía quedaban abiertos algunos supermercados. Se me viene a la memoria un Ahorramás, cerca de la Plaza de San Esteban y el Simago, que años más tarde se convertiría en Champion. También recuerdo hacer la compra en un Día en la esquina de Santo Domingo con la Carrera.

En aquellos días, aplaudíamos la peatonalización de la Calle Mayor, porque comprendimos incómodo el tener que compartir nuestros paseos por el centro con el tráfico rodado y, aunque cada día se deslocalice más, todavía es el corazón de la Administración Pública y testigo diario del trasiego de maletines y portafolios y de ciudadanos de acá para allá luchando con la  burocracia –mención aparte tienen los nuevos procedimientos para cumplir con la declaración anual del IVA de los autónomos, una complicación añadida a los problemas que manifestaba mi compañero Abraham, el martes-.

Eso sí, al caer la tarde, la ciudad de los negocios quedaba al acecho de los fantasmas y uno podía imaginarse en una película del Oeste, justo en el momento en el que hace su aparición el villano, a punto de desenfundar sus pistolas. Alguna vez, incluso, creí ver los salicores rodando a través de la calle. Sí, esos matojos rodantes, o tumbleweed, tan comunes en este género cinematográfico (lo admito, lo he buscado en Wikipedia). Los fines de semana era otra historia, porque Bardales teñía de ambiente nocturno esta parte de la ciudad, aunque la crisis y la legislación municipal al respecto hayan hecho que muchos locales hayan echado el cierre y que esta zona ya no sea ni una sombra de lo que fue.

Sí, entonces aplaudimos la medida de peatonalizar la Calle Mayor, pero hoy las obras de Ingeniero Mariño para hacerla más cómoda a los viandantes, nos traen de cabeza, casi como Hacienda.

Los cambios progresivos de esta ciudad siguen la senda de urbes como Toledo: La apertura del Corte Inglés se llevó el comercio a esta superficie y muchos de las tiendas que había en el centro tuvieron que cerrar; el mercado de abastos languidece y a excepción de un Covirán, que solo soluciona compras puntuales, no hay más supermercados en esta zona.

Con el paso de los años, las iniciativas municipales han tenido sus resultados y algunos establecimientos, principalmente bares, han abierto sus puertas a lo largo de la Calle Mayor. Sí, ahora se respira algo más de vida en el casco histórico de Guadalajara, pero no por ello la rutina diaria es más cómoda para los que residimos aquí.

El proyecto del eje cultural nos aleja de los servicios que en otros barrios tienen a tiro de piedra y, con la Calle Mayor peatonal e Ingeniero Mariño de un solo sentido, no queda otra alternativa que dar un rodeo por toda la ciudad para, al menos en mi caso, llegar a un supermercado que está a unos 250 metros.

De todas formas, siendo justa, algo hay que reconocer: Como se pretendía y a falta de que finalicen las obras que, por otra parte, están causando serias molestias a vecinos, comercios y establecimientos de la zona, el volumen del tráfico ha descendido considerablemente y el tránsito peatonal es mucho más agradable.

Aprovechando esta circunstancia, he buscado una especie de solución. Una tecnología puntera que me recomendó mi cuñada. Un día me dijo: Marta, has de saber que no puedes sobrevivir en el centro sin un carro de la compra. Así que le hice caso y me he hecho con un modelo de última generación. No cabía en mi asombro cuando, una vez cargado, constaté que dos ruedas se desplegaban de manera automática logrando un apoyo e inclinación perfectos que permiten su transporte con la acción de empujar, en lugar de tirar, como se venía haciendo tradicionalmente. Además, tiene multitud de compartimentos  para optimizar el espacio y, con la paulatina eliminación de barreras arquitectónicas en la ciudad, tengo que decir que no me disgusta del todo esta nueva experiencia.

Y así, un día cualquiera te mudas de atalaya y descubres lo importante que es la perspectiva. Da igual que tu torre sea la más alta y creas que abarque mayor campo de visión, siempre habrá otras torres desde donde se aprecien mejor los detalles o que ofrezcan una perspectiva que no seas capaz de ver desde tu posición.  Por eso tengo que reconocer que, aun estando aquí, solo tengo mi perspectiva.

 

Fallece el periodista y escritor, Manu Leguineche. // Foto: http://www.epa.eu/

Fallece el periodista y escritor, Manu Leguineche. // Foto: http://www.epa.eu/

* Me hubiera gustado hoy  poder recordar alguna anécdota personal, quizá extraída de una conferencia de prensa, de una entrevista o, quién sabe, de una conversación casual, de esas que se tercian en los actos públicos, una vez protocolos y formalismos quedan disueltos en un vino español, quizá durante la entrega del  Premio Internacional de Periodismo “Manu Leguineche”, que convocó durante dos ediciones la Diputación, en colaboración con las distintas federaciones de asociaciones de periodistas a nivel nacional e internacional, y que podría ser oportuno retomar ahora, o demasiado tarde, según se mire…

Lamentablemente, mi memoria no guarda en su bolsillo ninguno de estos tesoros, pero ayer, como tantos otros, lloraba la muerte del PERIODISTA con mayúsculas, del profesor y del escritor, Manu Leguineche que, aunque vasco de nacimiento, decidió afincarse en Brihuega, en la “Casa de los Gramáticos”, y compartir con esta provincia un poco de su sabiduría, de su personalidad y su talento. Al fin y al cabo, un poco de su esencia se quedará aquí para siempre,  porque desde el momento en el que Leguineche se asentó en esta provincia y se convirtió en “alcarreño de vocación”, Guadalajara ya tuvo quien la escriba.

Descanse en Paz

Al bipartidismo le crecen los enanos

Presentación de Vox, el partido liderado por Ortega Lara y Santiago Abascal. // Foto: Bermardo Díaz (El Mundo).

Presentación de Vox, el partido liderado por Ortega Lara y Santiago Abascal. // Foto: Bermardo Díaz (El Mundo).

Por Rubén Madrid

El PP ya tiene su Rosa Díez. Se trata de Ortega Lara, que ha lanzado un nuevo partido de ámbito nacional y de “centro derecha” que, por ello mismo, opta a ser alternativa al  Partido Popular en ese mismo espectro político. Hasta Esperanza Aguirre les ha recriminado que hayan inventado una iniciativa “con el mismo programa que el PP”. Ella siempre ha optado por una oposición interna.

Ha sido uno de los movimientos más llamativos de este inicio de 2014 que previsiblemente convertirá las elecciones europeas en un banco de pruebas para los comicios que están por venir, entre ellos los municipales y autonómicos del año que viene. Habrá, probablemente, más novedades en poco tiempo. Y no extraña en absoluto. El bipartidismo tiene tan poca vitalidad como mala prensa y al PP y al PSOE le crecen los enanos a diestra y siniestra. 

La ocasión la pintan calva. La mayor crisis económica e institucional de esta nueva Restauración Democrática, tan similar a aquella otra que hace un siglo institucionalizó el turnismo y derivó en una dictadura, ha abierto un enorme boquete en el panorama político por el que se están colando algunas aventuras políticas que suman a este oportunismo algunos liderazgos carismáticos. Son nuevas partituras frente a los discos rayados de siempre, un PSOE que entona el réquiem por su credibilidad y un Partido Popular al que le ha entrado a destiempo la marcha triunfal del milagro económico.  

Se está especulando mucho con la vuelta a la política de Baltasar Garzón o con el paso al frente del regionalista cántabro Miguel Ángel Revilla; se están advirtiendo ya los primeros compases del salto a la arena nacional del dirigente catalán Albert Rivera. También desde la izquierda más próxima a los postulados del 15M se ha presentado hace unos días una propuesta, Podemos, que propone una hoja de ruta más que un partido al uso y que parte con un manifiesto que a buen seguro comparte una amplia mayoría de progresistas españoles.

Las fichas se mueven, pero al menos no nos hemos topado con ninguna diva de las letras como Belén Esteban buscando un ‘efecto chiqulicuatre’ ni con una lista liderada por algún Conde o similar noble venido a menos dispuesto a poner su hidalguía al servicio de la regeneración de esta maldita democracia de pelotazo y cuenta nueva. Con la que está cayendo y con los antecedentes de friquismo cañí que tenemos en España podemos esperar cualquier cosa.

Aquí en provincias, las candidaturas estarán a buen seguro condicionadas a los movimientos que se se produzcan en la Corte. Ya hubo experiencias como Más de un Ciudadano y en los últimos tiempos, como ocurre en otros territorios, se está consolidando la tendencia al alza de los terceros en discordia, IU y UPyD, cuyo crecimiento en las encuestas les sitúa con opciones de obtener escaños en las Cortes regionales, incursión que pretende sesgar de raíz la inaceptable reforma electoral de María Dolores (de) Cospedal (y García).

También aquí en Guadalajara se advierte ese cierto clamor popular que empuja a la ruptura del bipartidismo. No diremos que el sentimiento es mayoritario: sigue habiendo esos muchos que pasan olímpicamente de la política (el “todos son iguales”) y esos otros, no menos, que viven satisfechos con la situación establecida y prefieren mantener el debate en la confrontación maniqueísta, el “y tú más”, el blanco y al negro y el “estás conmigo o contra mí”. Pero insistimos, entre medias emerge esa indignación con el sistema político que parece tentar nuevas fórmulas de expresión. Ya no basta con engordar el dato anecdótico de la abstención ni con manifestar ese descontento dominguero peinado a raya que es el voto en blanco. 

Nuevos ¿proyectos? políticos. Pero ha sido Vox el partido que más portadas ha ocupado en los últimos días. Ese partido de descontentos del PP, y cuyo equipo fundador llega rebotado por la gestión del proceso de paz en Euskadi y por un extremismo católico en asuntos de política familiar como el aborto, quiere distinguirse del PP, diga lo que diga Esperanza Aguirre, con un programa populista centrado en atacar a las plataformas del poder político como costosas e ineficaces y proponiendo, para ello, decisiones salomónicas, como eliminar los parlamentos regionales.

Conscientes además de que parecen lo que son, un partido de descontentos, sus líderes intentan, como ya hizo UPyD en su día, reclamar para la foto la simpatía de algunos intelectuales o personajes de la farándula. De momento tienen al matador de toros Fran Rivera, lo que amenaza con abrir una crisis de gobierno en Fuensalida si Marcial Marín se deja llevar por su taurofilia.

UCIN, liderado por Ángel Montealegre (i). // Foto: Reyes Martínez (La Tribuna de Cuenca).

UCIN, liderado por Ángel Montealegre (i). // Foto: Reyes Martínez (La Tribuna de Cuenca).

En Guadalajara, el primer hombre en salir buscar este reverdecimiento por la derecha ha sido precisamente un rebotado, un descontento, un resentido o como quieran llamarlo: el alcalde de Mohernando, Sebastián Timón, ha anunciado que deja el PP después de treinta años de militancia y que está dispuesto a presentarse por Vox, alegando para ello el más profundo de los motivos de identificación con el nuevo proyecto: ha salido tarifando con el presidente de Aguas del Sorbe, Jaime Carnicero.

Similar situación me plantea el conglomerado de agrupaciones independientes que ha decidido sumar esfuerzos en Castilla-La Mancha con la denominación de UCIN y que está buscando una alianza con la apuesta de Ciutadans para las Europeas. Es indudable que, como dicen, pueden conseguir algún diputado provincial o colar alguna voz en el parlamento regional, pero la cuestión principal pasa más bien por saber si únicamente es un partido motivado por el cálculo de resultados o, en realidad, articula un proyecto político madurado después de un profundo debate interno.

Nada más lejos de nuestra intención que arrojar dudas gratuitamente. En realidad, son sus propias manifestaciones las que las siembran. Los dirigentes del UCIN han basado hasta ahora su razón de ser en que podrían ser la tercera fuerza de la región o que la reunión de sus votos dispersos en la provincia de Guadalajara les situaría por encima de IU y les haría aspirar a un diputado por cada una de las tres zonas.

Llama la atención que en su presentaciones como alternativa, entre ellas la que hubo en Guadalajara, no hayan querido o hayan sabido trasladar a los posibles electores sus posicionamientos en otras cuestiones claves como la política fiscal, los recortes en materia social o las políticas medioambientales, y que apenas insistan en dejar claro que son una opción “municipalista”, calificativo con tan buena intención como escaso recorrido. En su manifiesto, culpan a los partidos mayoritarios de todos los males -es tan sencillo- y animan al lector a sumarse a su “movimiento ciudadano” con una firma: pero lo cierto es que uno rasca y no encuentra ninguna receta para salir de la crisis.

Decir, como en realidad ha dicho el secretario general de UCIN, Ángel Montealegre, que su proyecto pretende “la defensa de los intereses de los vecinos, sin imposiciones ni disciplinas de partidos, las mejoras de las condiciones de vida de sus municipios, así como, el respeto a la libertad en todas sus formas”, es realmente quedarse en la superficie. Lo extraño es que cualquier candidatura ofrezca lo contrario.

Estos resentidos de Vox y estos independientes de tantas batallas (porque a menudo muchos de estos fueron también díscolos, repudiados y otras variantes de resentidos del PP) pretenden con todo derecho pescar en el río revuelto del bipartidismo, esas aguas turbias en las que Méndez Pozo es tan pronto amigo de unos como de otros y esas turbulentas corrientes en las que de pronto una cámara de un partido político capta el “que se jodan” de una presidenta provincial a los paisanos a quienes sirve, por más que le chiflen para mostrar su descontento, algunos de ellos interpretando la misma tonadilla que a Barreda tras el incendio.

Es normal que aparezcan nuevas siglas y colores, pero me preocupa que quienes construyan alternativas a los dos partidos mayoritarios lo hagan animados por el revanchismo o el mero cálculo de opciones de ganar cuotas de poder, sin haberse tomado el tiempo necesario para madurar un proyecto político que se oponga al discurso fácil del malestar.

Quizá sea yo quien me equivoque, pero creo que el reclamo contra el bipartidismo no se conformará con un baile de siglas, sino que demanda proyectos que ejecuten otra forma de política, no sólo en lo honesto -que se presupone- sino también en la capacidad para solucionar los problemas de la comunidad. No todos estamos dispuestos a comprar un antídoto contra el bipartidismo a base de discursos populistas y candidatos ‘apolíticos’.

La letra pequeña del emprendimiento

Los autónomos se quejan de la subida de las bases de cotización. // Foto: Europa Press

Los autónomos se quejan de la subida de las bases de cotización. // Foto: Europa Press

Por Abraham Sanz

Incentivar el emprendimiento ha de ser una máxima en los actuales tiempos de crisis donde el mercado laboral es incapaz de absorber el elevado número de personas en desempleo. Son muchos los mensajes que desde la organización política en el poder que se lanzan a la ciudadanía en este sentido y es más, la propia sociedad parece haber aceptado el envite y en los últimos datos del paro ya se evidenciaba una notable subida en el conjunto de autónomos que habían forjado su propia empresa, arriesgando sus ahorros e invirtiéndolo todo en apostar por una idea que les permitiera crearse su propio empleo. No es tarea fácil sin duda porque, si bien, los trámites legales se han aliviado mucho para conseguir que este paso sea más fácil de dar; lo que siempre ha sido una traba para lanzarse a esta aventura ahora mismo lo es más: la elevada cuota que se ha de pagar en concepto de cotización a la Seguridad Social.

Es evidente que aunque te conviertas en una persona que cree su propia persona que se gestione de forma autónoma has de pagar una cuantía por este concepto, dado que esto significa que desde el Gobierno se puedan financiar una serie de prestaciones y servicios de carácter público que sean de calidad; sin embargo, el incremento de la cotización contemplando como se está propiciando el desmoronamiento de nuestro estado del Bienestar con abundantes recortes en el aspecto sanitario y educativo especialmente, te lleva a pensar que el incremento de este tipo de cotizaciones o impuestos, no es más que una vía para que la clase trabajadora, finalmente, pague los platos rotos de una crisis que ellos no generaron.

Si realmente se quiere incentivar el emprendimiento en un país como España donde no existe una cultura emprendedora tan potente como en otros países europeos, lo primero que se debe hacer es mirar alrededor y contemplar como es el sistema impositivo español el que más presión fiscal ejerce sobre las personas que buscan el autoempleo. Y si además, ahora la cuota se incrementa un 22% pasando de 256,7 euros a 313,4, hará que más de uno se piense dos y hasta tres veces asumir este riesgo en un periodo en el que, además, la falta de fluidez del crédito motiva que la situación de las personas que o bien se han embarcado en estas empresas o bien estudian la posibilidad, siga siendo de un gran riesgo.

Es más, tampoco existe un programa de ayudas eficaz que permita dar una opción más fácil a aquellos que deciden emprender en época de crisis donde, un margen de uno o dos años con una presión fiscal más liviana y con ayudas de lo público por la creación de empleo, serían vitales para que muchos se lanzaran a esta aventura del autoempleo. Bien es cierto que la nuestra conciencia todavía se encuentra vinculada (y mucho) a la cultura del pelotazo, aquella que consiste en buscar la receta mágica en un periodo de tiempo corto para presumir de ganancias e idea; cuando emprender es todo lo contrario. Es una carrera de fondo. Apostar por una idea y trabajar diariamente en conseguir que esta, cada día, vaya recogiendo sus frutos a costa de muchas horas, de mucho trabajo y de mucho esfuerzo.

De ahí que sean muchas las ideas que circulan por las mentes de los ciudadanos, pero que sean pocos los que gozan de un respaldo financiero suficiente con el que pensar emprender dado los elevados costes fijos a los que se debe hacer frente a la hora de montar tu propia empresa donde, desconoces totalmente si tu facturación te permitirá lo primero, afrontar estos costes y, lo segundo, que si una vez pagados estos puede ser rentable a largo plazo. Por este motivo, el arranque de muchos de estos negocios de emprendedores se fragua en la sombra, lejos de la legalidad que permita a las personas que están detrás evaluar sus gastos, la viabilidad y rentabilidad de la idea, antes de embarcarse en un maremágnum de gastos que le lleve a un pozo sin salida.

Sin duda, la letra pequeña del emprendimiento, está en estos elevados costes tanto en lo que se refiere a la cotización de la Seguridad Social como a la espectacular subida del Impuesto sobre el Valor Añadido que se ha fraguado durante la crisis, elevando éste hasta el 21%, encareciendo así el coste de sus productos motivando a muchos a tratar de asumir una parte de este impuesto en aras a conseguir mantener su ritmo de ventas, aún a costa de perder en su facturación. En definitiva, antes de emprender es mejor estudiar la viabilidad del proyecto que se busca establecer y, sobre todo leer la letra pequeña para que no nos den gato por liebre.

Un seguro desde los once metros

Javi López celebra el tanto de la victoria el día del Cádiz. Foto: Lydia López

Javi López celebra el tanto de la victoria el día del Cádiz. Foto: Lydia López.

Por Ana G. Hernández

Es muy curiosa la forma en la que el Deportivo Guadalajara ha salido del atolladero en el que estaba inmerso. Dos penaltis en el descuento, dos goles de Javi López y seis puntos. La plantilla morada ha salvado la primera bola de partido. Ahora toca arrebatar la cuarta plaza al Cádiz y cumplir con el objetivo de estar en el play-off de ascenso a Segunda División. No será nada fácil conseguirlo.

Estas dos victorias pueden dar al Depor ése remanso de paz que se echaba en falta en las últimas fechas. Los tirones de orejas de Pérez Salvachúa parece que dieron sus frutos, aunque de penalti y en el último minuto. Después de que Espín saliera a la palestra, el capitán dio la talla en El Carpio de Córdoba. Y si el murciano y Akrong fallaban, Álvaro Campos resolvía las posibles incidencias. No en vano, la zaga alcarreña continúa siendo el gran hándicap de este Guadalajara, a pesar de no encajar ningún tanto en los dos últimos duelos. El problema, que siguen produciéndose errores en el centro de la defensa, aunque no supongan goles. Pero que no supongan goles, no es excusa para evitar los fallos defensivos.

El técnico dejó claro en rueda de prensa lo que añora de alguno de sus pupilos: compromiso. Precisamente, ésa será la cualidad indispensable que exigirá a sus dos nuevos jugadores, Rubén Arroyo y Rida. El marroquí debutó con la elástica morada ayer ante el filial cordobés y lo hizo con muy buen pie. Y es que, fue éste último el que provocó la pena máxima que le valdrían los tres puntos al Deportivo.

Volviendo a las penas máximas, Javi López se ha erigido como salvador del Deportivo Guadalajara con permiso de Quique González, por supuesto. El delantero vallisoletano es el gran referente, ya sea en la punta de lanza del ataque o escorado en la banda. Pero a estas alturas de la temporada, el goleador morado necesitaba un socio que le respaldara los días en los que no está acertado de cara a la portería rival, rara avis, y Javi López se ha erigido en ese socio predilecto. Lo ha hecho sin hacer ruido y desde el punto de penalti.

La seguridad con la que el malagueño se enfrenta a ese lance es vital para el equipo. Cuatro de cuatro y nueve puntos a la faltriquera. La Roda, en dos ocasiones, el Cádiz y, ahora, el Córdoba B ya conocen la determinación con la que Javi López ejecuta las penas máximas. Sin embargo, el Depor no debería de esperar a que el colegiado de turno pite una penalti a su favor en el minuto 90 para conseguir la victoria. Claro que las penas máximas son un recurso tan válido como cualquier otro, pero también que es complicado que se produzcan día sí y día también. Los de Pérez Salvachúa no pueden escudarse en éste lance para lograr los objetivos. El Depor necesita más.

El 2014 en blanco

Cambiando de tercio, pero sin salirme del deporte rey, hoy quiero dedicar unas líneas al Azuqueca. Al igual que en el comienzo de la temporada, el cuadro rojinegro no ha comenzado con buen pie el 2014. Los de Miguel López se han vuelto a tropezar en las mismas tres piedras de la primera vuelta: Almansa, Atlético Ibañés y Puertollano. A pesar de que se mantiene la misma estructura de temporadas pasadas, éste Azuqueca no es el mismo y no lo voy a descubrir yo ahora tras 22 jornadas de Liga.

Los rojinegros también perdieron en el partido de la primera vuelta. Foto: Club Deportivo Puertollano

Los rojinegros también perdieron en el partido de la primera vuelta. Foto: Club Deportivo Puertollano.

La marcha de jugadores clave unido a que la mayoría de equipos ya sabe como contrarrestar el juego azudense son las causas para entender el devenir de este año. Después de varias campañas consiguiendo el milagro del play-off, digo milagro por el presupuesto más bien reducido con el que cuenta la entidad rojinegra, la normalidad se ha impuesto en el San Miguel. Éste año el Azuqueca no será el equipo revelación, ni estará en los puestos altos de la clasificación, ni sorprenderá con sus resultados, pero aprenderá la lección de resistir aunque las cosas vayan mal dadas.

SOS por el castillo de Galve

Rosa Herrero, secretaria de la Asociación Castillo de Galve

Rosa Herrero, secretaria de la Asociación Castillo de Galve

Por Rosa Herrero*

Puede que para muchas personas se trate solo de un conjunto de piedras en las que los poderes públicos no deberían perder ni un segundo teniendo en cuenta las urgencias de la crisis. Para otros, se trata de salvaguardar el patrimonio como instrumento cultural de calado, pero también con el fin de convertirlo en un motor de dinamización económica. Huelga decir que los miembros de la Asociación Castillo de Galve, creada en 2006 con el fin de salvar de la ruina a este monumento, nos encontramos en éste último grupo. Invertir en patrimonio no es un gasto ni un derroche. Es una medida inteligente cuyos efectos positivos se multiplican si se hace con acierto.

Quienes promovimos la asociación, vecinos y oriundos del pueblo, nos marcamos un doble propósito: por un lado, hacer visible el problema, contar a la opinión pública el estado de degradación del castillo; y, por otro, impulsar su rehabilitación. Siete años después, seguimos en la brecha. El primer objetivo se ha satisfecho parcialmente y el segundo aún está muy lejos.

Castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Asociación Castillo de Galve

Castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Asociación Castillo de Galve

Galve de Sorbe es un municipio de apenas 130 habitantes, con una población escasa y envejecida y una escuela pública que este curso ha cerrado por primera vez en su historia. Sin embargo, de su pasado relevante dan buena prueba las dos picotas, los escudos y lienzos que aún sobreviven en varias fachadas y, sobre todo, el castillo medieval. Se trata de un edificio del siglo XV levantado por la familia de los Estúñiga sobre otro anterior mandado construir por el Infante Don Juan Manuel. Pese al deterioro, es uno de los monumentos de mayor valor histórico de la Sierra de Guadalajara. Layna Serrano, cronista provincial, describió la Torre del Homenaje de Galve como “una de las más bellas de los desmochados castillos de la provincia”.

No abundaremos en los elementos artísticos y arquitectónicos que atesora el castillo. Nos remitimos a la bibliografía que reseñamos más abajo. Nuestra tarea como asociación es evitar que el castillo se derrumbe, el destino que le espera si nadie frena su destrozo progresivo. El edificio, que entonces era propiedad de la Casa de Alba, fue subastado en 1971 en la Delegación de Hacienda en Guadalajara. Fue adquirido por 1,4 millones de pesetas por un empresario catalán que luego lo revendió a su actual propietario, Enrique Calle Donoso, un empresario radicado en Madrid que también posee en la provincia el castillo de Riba de Santiuste.

El dueño decidió acometer unas obras en el castillo entre mediados de los setenta y los ochenta del siglo pasado. Fue un conjunto de intervenciones arbitrarias y sin el asesoramiento técnico adecuado. Así lo entendió el Ministerio de Cultura que, a través de Bellas Artes paró las obras en seco ante el uso indebido de materiales y la incorporación de elementos impropios en un inmueble del siglo XV. Por ejemplo, tapiar con ladrillos parte de la fachada exterior o levantar muros de hormigón en determinadas zonas del interior.

Imagen del tejado interior del Castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Asociación Castillo de Galve

Imagen del tejado interior del castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Asociación Castillo de Galve

El castillo inició en ese momento un proceso de deterioro fruto del abandono al que le ha sometido el dueño y el pasotismo de las administraciones públicas. Los desprendimientos en el exterior, especialmente en la Torre del Homenaje –la parte más importante del edificio desde el punto de vista histórico-, son constantes. La secuencia de fotografías a lo largo de los últimos años permite certificar la progresiva ruina del castillo. Dentro, la situación es aún más vejatoria: puertas viejas, sillas rotas, bazofia de todo tipo, hierbas, maleza, plásticos, uralita…

Interior del Castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Asociación Castillo de Galve

Interior del castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Asociación Castillo de Galve

El edificio se ha convertido en un vertedero indigno en un monumento de este calibre. La Asociación Castillo de Galve emprendió desde sus inicios una serie de iniciativas encaminadas a forzar la rehabilitación de este inmueble. Mantuvimos contactos con la Junta de Castilla-La Mancha, la Diputación de Guadalajara y el Ayuntamiento de Galve en un intento a varias bandas destinado a desbloquear la situación. Asimismo, también contactamos con el dueño del edificio, quien desde el primer momento mantuvo una actitud entre distante y soberbia hasta el punto de rechazar la ayuda económica que el Gobierno regional le ofreció durante la anterior legislatura.

En noviembre de 2006, tras recoger más de 1.300 firmas exigiendo la rehabilitación del edificio, la Asociación Castillo de Galve negoció el borrador de un contrato de cesión de uso con el propietario que contemplaba un periodo máximo de cesión de 50 años. Parecía el principio del fin de la pesadilla, pero todo se fue al garete por la indolencia de las principales partes implicadas. La Administración regional vio la operación con recelo (nunca invierte en un monumento que no es de titularidad pública), el dueño se echó para atrás y la oportunidad se perdió en el limbo.

El fracasado intento de buscar una solución que no implicara ni la venta del edificio ni la expropiación abocó al castillo al abandono absoluto, teniendo en cuenta que el dueño rompió la baraja por completo y se desentendió (más si cabe) del monumento. Las presiones desde Galve, entre ayuntamiento, asociación y convocatorias sociales, fructificaron a partir de 2007 en la exigencia formulada por la Junta de Castilla-La Mancha al dueño para que éste presentara un proyecto de rehabilitación serio.

Según la resolución de la Comisión Provincial de Patrimonio, los cuatro requisitos solicitados por la Junta al dueño fueron los siguientes:

1.- Consolidación general de los paramentos de cerramiento exterior del castillo, al fin de evitar los desprendimientos de los elementos y materiales sueltos que puedas originar el deterioro de fábricas y posibles daños a las personas, principalmente consolidación de la torre del homenaje y consolidaciones en las coronaciones de los muros perimetrales de cerramiento del recinto

2.- Limpieza general y desescombro de los diversos compartimentos interiores.

3.- Estudio, catalogación y recuperación de los elementos procedentes del castillo que se encuentran sueltos, tanto en el interior como en el exterior de la edificación.

4.- Cubrición de los compartimientos interiores realizados en el castillo al fin de evitar la entrada de agua y el deterioro de los elementos interiores.

El propietario presentó en 2010 el proyecto integral destinado a rehabilitar el castillo que no contemplaba una restauración integral, pero sí al menos los parámetros indicados por la Administración. Sin embargo, los técnicos de Patrimonio, con buen criterio, rechazaron el proyecto e instaron al dueño a subsanar las deficiencias que presentaba. Y ahí se acabó la historia porque al señor Calle Donoso se le debió agotar la paciencia y desistió en su intento. Nunca más se supo y el proyecto se quedó en un cajón.

Torre del Castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Asociación Castillo de Galve

Torre del castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Asociación Castillo de Galve

Ante el comportamiento irresponsable del propietario, nuestra asociación exigió a la Junta de Comunidades que cumpliera la ley e iniciara un procedimiento sancionador. A finales de 2010 mantuvimos una entrevista con Luis Martínez, entonces director general de Patrimonio, en la que admitió la posibilidad de expropiar el edificio y, en todo caso, confirmó la incoación de un expediente de sanción al dueño que acarrearía una multa económica. Debido a la lentitud del proceso administrativo y jurídico que se abría, la Junta reclamó a la asociación paciencia y discreción. Lo hemos cumplido fielmente. Llevamos dos años esperando la materialización de este expediente sancionador, pero no hemos notado ningún avance. Por ello, nuestra entidad acaba de pedir una entrevista personal (ya lo hizo sin éxito el pasado año) tanto con el consejero de Cultura, Marcial Martín, como con el delegado provincial de la Junta, José Luis Condado. Nuestra intención es pedirles información sobre este proceso. El Ayuntamiento de Galve de Sorbe tampoco tiene constancia oficial del estado actual de la sanción al dueño. La falta de transparencia, unida a la imposibilidad de recursos económicos, es lo último que le faltaba al castillo para completar su desdicha.

La Junta de Castilla-La Mancha, antes del cambio de gobierno, admitió en boca del entonces director general de Patrimonio haber actuado de forma negligente en el caso del castillo galvito. Para nosotros es una declaración relevante, pero estéril. Lo mollar es cambiar la predisposición, tanto del titular privado como de las administraciones públicas, y salvar el edificio.

El castillo de Galve, igual que el resto de castillos de España, está declarado por ley Bien de Interés Cultural (BIC). El propietario del edificio, al tenerlo abandonado y en un pésimo estado, está violando tanto la Ley de Patrimonio Histórico Español (16/1985) como la recientemente aprobada Ley de Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha (4/2013).
En concreto, el punto 1 del artículo 23 de la ley regional de Patrimonio señala: “Los propietarios, poseedores y demás titulares de derechos reales sobre bienes integrantes del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha están obligados a conservarlos, cuidarlos y protegerlos adecuadamente para asegurar su integridad y evitar su pérdida, deterioro o destrucción”.

Vista trasera del Castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Asociación del Castillo de Galve

Vista trasera del castillo de Galve de Sorbe. // Foto: Asociación Castillo de Galve

Con relación a las obligaciones de los poderes públicos, el citado artículo insta a éstos a garantizar “la conservación, protección y enriquecimiento del Patrimonio Cultural de Castilla-la Mancha de acuerdo con lo establecido en esta Ley y en la normativa urbanística que resulte de aplicación”. La norma también indica que “cuando los propietarios, poseedores o demás titulares de derechos reales sobre bienes integrantes del Patrimonio Cultural castellano-manchego no realicen las actuaciones necesarias para el cumplimiento de las obligaciones previstas en el apartado 1, la Consejería competente en materia de Patrimonio cultural les requerirá para que lleven a cargo dichas actuaciones”.

La legislación autonómica también incluye la posibilidad de imponer multas coercitivas a los dueños de patrimonio que no cumplan con sus obligaciones. En concreto, señala sanciones de hasta 6.000 euros con periodicidad mensual.
Tras aprobar una moción municipal en apoyo del castillo en el Ayuntamiento de Galve de Sorbe, el Ministerio de Cultura remitió una carta en mayo de 2006 en la que recordaba que el artículo 37.3 de la Ley del Patrimonio Histórico español estable que “es causa justificativa de interés social para la expropiación por la Administración competente de los bienes afectados por una declaración Bien de Interés Cultural, el peligro de destrucción o deterioro o un uso incompatible con sus valores”.

Nada de esto se está cumpliendo en el castillo de Galve de Sorbe, sumido en el desamparo y la podredumbre. ¿De verdad que no merece correr mejor suerte una de las joyas del patrimonio de nuestra Serranía?

La situación que atraviesa la fortaleza, tal como ocurre en muchos otros monumentos olvidados, es fruto de la insensibilidad hacia el patrimonio histórico. La crisis económica ha acentuado esta realidad. “Guadalajara es la provincia con más fortificaciones, pero no es la más poblada ni es la más rica para mantenerlos”. Lo dijo precisamente en Galve, en julio de 2007, el doctor José Luis García de Paz, investigador del patrimonio recientemente fallecido y amigo infatigable de nuestra causa, durante una jornada de divulgación de los castillos de la provincia.

Sabemos que si en tiempos de vacas gordas no obtuvimos casi ningún resultado, ahora en medio de las vacas flacas la empresa se torna casi utópica. Pese a ello, ni la Asociación Castillo de Galve ni los vecinos del pueblo vamos a desfallecer. Pedimos colaboración a la sociedad en este empeño y agradecemos las muestras de adhesión que hemos recibido a lo largo de todos estos años. Son el mejor estímulo para el futuro.

BIBLIOGRAFÍA

CONDE SUÁREZ, Raúl: «El castillo de Galve pierde la batalla de la historia». Alcarria.com, 01.09.2002 [publicado antes en Guadalajara Dos Mil].
http://alcarria.com/2002/09/el-castillo-de-galve-pierde-la-batalla-de-la-historia/
Ídem: “El reino de la uralita”. Nueva Alcarria, 29.06.06.
http://www.lagarlopa.com/el-reino-de-la-uralita/
Ídem: “Los castillos, una asignatura pendiente”. El Decano de Guadalajara, 08.08.08.
http://www.lagarlopa.com/los-castillos-asignatura-pendiente/
GARCÍA DE PAZ, José Luis. Castillos y fortificaciones de Guadalajara. Editorial Nueva Alcarria. Guadalajara, 2007.
HERRERA CASADO, Antonio. Guía de Campo de los castillos de Guadalajara. Aache ediciones. Guadalajara, 2000.
JIMÉNEZ ESTEBAN, Jorge (1992). Castillos de Guadalajara. Pentahlon. pp. 127.
LAYNA SERRANO, Francisco. Castillos de Guadalajara. Aache ediciones. Guadalajara, 1994.

 

*Rosa Herrero es Secretaria de la Asociación Castillo de Galve, entidad fundada en 2006 entre varios vecinos y oriundos del pueblo con el apoyo del Ayuntamiento de la localidad. La asociación promovió en 2006 un manifiesto de apoyo al castillo que reunió 1.300 firmas, entregadas posteriormente al Gobierno de Castilla-La Mancha. En junio de 2007 organizó la I Jornada Cultural ‘Castillos de Guadalajara’, que reunió a dos centenares de asistentes y una selección de ponentes de lujo con especialistas destacados en la materia. La entidad ha promovido decenas de actos culturales, divulgativos y reivindicativos alrededor de este monumento. Además, ha negociado directamente tanto con el dueño como con las distintas administraciones en la búsqueda de soluciones que permitan salvar de la ruina al castillo. 

Cuestión de gamas

Cordón de seguridad que retiene a los manifestantes frente a Santa María del Conde, en Molina, durante la visita de Cospedal. // Foto: La Otra Guadalajara

Cordón de seguridad que retiene a los manifestantes frente a Santa María del Conde, en Molina, durante la visita de Cospedal. // Foto: La Otra Guadalajara

Por Concha Balenzategui

La crisis económica y la situación política nos están acostumbrando a un análisis de trazo demasiado grueso. Los titulares de la prensa que leo a diario se instalan cada vez más claramente a uno y otro lado de la trinchera. Los informadores se fijan en distintos aspectos de la misma información para apoyar sus respectivas tesis, un ejercicio que antes se practicaba en el género de opinión y que ahora impregna cada titular, cada sección y hasta las más breves notas.

Si mi compañera de blog repite que ella “no es roja ni azul, solo es Marta Perruca”, yo añado si es preciso todo el arco iris y el Pantone con sus infinitas combinaciones. Pero en tiempos difíciles se extiende el daltonismo con la misma facilidad que se contagiaba la ceguera en la magistral novela de Saramago.

El mapa español es azul, salvo algunos pequeños parches, y en Guadalajara ahora pinta el azul sobre azul y más azul, pues para muchos municipios las tres administraciones son de este mismo signo político. Pero eso no puede fijar un tono monocolor en las acciones de gobierno, ni mucho menos en las formas de relacionarse con el ciudadano. El pensamiento único puede ser confortable un tiempo para quien lo practica, pero a la larga conlleva demasiadas consecuencias negativas. La óptica, la moda y las artes gráficas nos confirman que el azul puede ser celeste, marino, institucional o pastel. Y la política también. Que se lo digan a Monago, presidente de Extremadura; a Esperanza Aguirre, a Celia Villalobos… o al alcalde de Mohernando, que acaba de anunciar su baja en el PP de Guadalajara.

El daltonismo político se instala con el poder y se alimenta con la autocomplacencia de tal modo, que cuando llegan las voces críticas, tiende a difuminar todas las gamas. Es como un toro, que diría Jesulín de Ubrique, que embiste al rojo, sin diferenciar si es capote o muleta.

Así, Dolores Cospedal se refiere a “los que chillan fuera”, como dijo el miércoles en Molina, o Antonio Román dice que “no es oro todo lo que reluce” en la plataforma del Moderno. Así, a bulto, como si todos estuvieran cortados por el mismo patrón, el de la ilegitimidad o el interés espurio. Se comportan con la máxima de que “el que no está conmigo está contra mí”, porque les cuesta verdaderos esfuerzos escudriñar en todo lo que no sea azul. Manifestantes, pancarteros, titiriflautas, cibercríticos, yayoprogres…. Yo creo que no son todos la misma cosa. No son extrema izquierda, antisistemas o bolcheviques. No son siempre violentos. Y no, no son ETA.

Manifestación en el barrio burgalés de Gamonal. // Foto: burgos-dijital.blogspot.com.es

Manifestación en el barrio burgalés de Gamonal. // Foto: burgos-dijital.blogspot.com.es

En este ejercicio de miopía, los gobernantes siempre tienden a ver a su rival político, el PSOE, identificado o agazapado, pero alimentando la protesta. Aunque haya imágenes como las que se han visto en Gamonal, con miles de personas sin una sola pancarta, sin ninguna bandera partidista. Eso hace pupa. En Molina, el PP ya ha pasado lista y ha conseguido identificar a algunos alcaldes socialistas entre los manifestantes. Estaban con sus vecinos.

Para discernir en la masa crítica habría que escuchar, que atender, que intentar entender… Ya digo, demasiado trabajo. Habría que pensar que los tuits, las pancartas o la simple queja son esgrimidas por muchas personas que nunca tuvieron un carné con siglas (ya quisieran estas organizaciones una adhesión más firme), que nunca comieron de un sueldo directo ni otorgado por un partido (y no hay en ello algo deshonroso per se) y que incluso ni siquiera votaron. Hay miles de personas que responden a ese perfil. Como usted, que lee esto, como yo, en fin, y como miles. No todo el que protesta, critica o se queja está resentido por haber perdido las elecciones, pues muchos no se presentaban. Ni directa, ni indirectamente. Así que no vale decir que ahora “se fastidien”, finamente, como dijo Ana Guarinos de los manifestantes molineses.

Hay quien puede discutir las bondades del “eje cultural”, pero serle indiferente el cierre del teatro Moderno. Y viceversa. Hay quien se siente indignado con los recortes en Educación, y no piensa echarse a la calle contra las subidas del IBI. Qué se yo. Y además, se pueden tener argumentos a favor y en contra de todas estas posiciones. Pero eso pasa en los análisis de trazo fino, en los matices de luz y en las gamas de color que últimamente no se ven.

Ya he dicho que no percibo una actitud de escucha en algunos de nuestros gobernantes cuando se enfrentan a un asunto espinoso. Sordera política lo llama mi compañero Yago López. Pero tengo que decir también que veo pocas apelaciones al diálogo en algunos de sus críticos. Oigo voces en permanente estado de batalla contra todo.

Voy con los ejemplos, que no voy a generalizar yo también. Me sorprendió que nada más anunciar Cospedal que visitaría Molina de Aragón, “La Otra Guadalajara” le pidiera que no fuera. Estoy de acuerdo en que el acto era innecesario y propagandístico, pues el convenio ya estaba aprobado y en vigor. Pero, ¿no hubiera sido mejor que La Otra aprovechara la ocasión y pidiera a la presidenta una reunión, ya que se desplazaba hasta Molina? Sé que ha habido cartas sin respuesta y muchos desplantes, pero también empezó Barreda ignorando las críticas de esta plataforma ciudadana, y acabó entendiendo su peso o atendiendo sus argumentos. Ahora, los molineses no pueden decir que la presidenta solo visita su tierra en campaña electoral.

Otro ejemplo. Me resulta chocante que nada más saberse la noticia de que el Ayuntamiento se haría cargo del Teatro Moderno, algunas voces empezaran a sembrar dudas sobre el tipo de gestión que se va a hacer. Antes de conocerse la propuesta. Y conste que en este caso también entiendo el escepticismo, después de muchos anuncios incumplidos.

He hablado de plataformas ciudadanas, constituidas por personas variopintas, que tienen distintas opiniones, y que organizan asambleas regularmente donde debaten y deciden una postura de consenso. Y también de gobernantes que tienen el deber de escuchar a sus ciudadanos algo más que cada cuatro años. Tanto más deberían, unos y otros, tender puentes al diálogo. Pero nadie está libre del trazo grueso ni del daltonismo.