Trucos y tratos

Juan Tamariz bromea con un 'voluntario' en la gala del domingo de 'Por arte de magia'. // Foto: E.C. (Cultura EnGuada).

Juan Tamariz bromea con un ‘voluntario’ en la gala del domingo de ‘Por arte de magia’. // Foto: E.C. (Cultura EnGuada).

Por Rubén Madrid

Llama la atención el modo en que los magos -acabamos de tener a un buen puñado de maestros de este arte por Guadalajara- son capaces de combinar su magia con el humor, los trucos y los chistes. Ocurre cuando los vemos en televisión desde el sofá o sobre el escenario, desde nuestra butaca, que tenemos la sospecha, casi diría la certeza, de que en ese momento en que se hacen los simpáticos, en que aprovechan cualquier excusa para soltar una broma fácil… ¡zas!, ya lo han hecho. De poco sirven luego los polvos mágicos, alargarse innecesariamente barajando los naipes o afilar el entrecejo para intentar cazar el truco al vuelo allí donde nos indican que miremos con atención. El humor es para los magos una magnífica maniobra de despiste.

Dijo Tamariz el domingo que la magia es el arte de la evanescencia. Decía Marx (Groucho, no se asusten) que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios equivocados. Ambos, Tamariz y Groucho, comparten el sentido del humor; y ambas, la magia y la política, comparten también la inclinación hacia el engaño.

Muchos de ustedes sabrán que la Concejalía de Festejos ha vuelto a poner en marcha una votación para que los usuarios de internet elijan a través de las redes sociales la actuación que desearían ver en la próxima Semana Grande. Por cierto, en la formulación de la pregunta en Facebook se ha escrito Semana Santa, evidentemente por error: no será el caso de servir para tan sobrios festejos a uno de los grupos que va en cabeza, Extremoduro, con una de sus canciones más conocidas, ‘Jesucristo García’.

Lo llamativo de esta iniciativa, que se lleva a cabo por segundo año consecutivo, es que resulta un hecho aislado en nuestra política municipal, que tan bien se prestaría, en cambio, como laboratorio de democracia directa.

Es cierto que el Ayuntamiento está haciendo un esfuerzo en administración electrónica (era objetivo del artículo de ayer de mi compañero Abraham Sanz), pero las experiencias alcarreñas no son precisamente un derroche de arrojo y valentía. Pasaron de largo por Guadalajara, con gobiernos conservadores y socialistas (y teniente de alcalde de IU) los tiempos en que Porto Alegre amanecía en media España con ejemplos de presupuestos participativos. Hay todavía un grupo de ciudades que reivindica esta profundización en la democracia participativa, que han celebrado ya su quinto encuentro y que cuentan incluso con un manifiesto, la Declaración de Archidona, donde sitúan la participación como fórmula y la defensa del espacio público como principal objetivo.

Robe, cantante de Extremoduro, la actuación elegida el año pasado. // Foto: Lucía de Andrés (web oficial de Extremoduro).

Robe, cantante de Extremoduro, la actuación elegida el año pasado. // Foto: Lucía de Andrés (web oficial de Extremoduro).

En Guadalajara la repetición de la consulta no vinculante para los conciertos de Ferias podría muy bien inspirar, éxito mediante, otras de semajante formato. Opciones no faltan, desde el diseño de las farolas del Eje Cultural o la elección del personaje al que se le podría poner una estatua en El Fuerte hasta cualquier otro asunto que sea objeto de polémica o, especialmente, aquellos otros aspectos imprevisibles que sorprenden a mitad de legislatura y que, según el equipo municipal, no pueden contemplarse en un programa electoral: pongamos por caso la privatización del servicio del agua, en la pasada legislatura, o los megacontratos de servicios, en la actual.

En las Ferias y Fiestas gastamos mucho y nos jugamos poco. Es, por ello mismo, un buen banco de pruebas para ahondar en las experiencias de participación ciudadana. Por ejemplo, cabría preguntar qué techo de gasto considera oportuno para el desfile inaugural, porque tal vez considere que rondar los 200.000 euros resulta una barbaridad en tiempos de crisis. Sin sacrificar los gustos de las minorías, cabe también preguntar como orientación si los vecinos preferimos incrementar el peso de una programación determinada, infantil, taurina, cultural, deportiva o religiosa, por poner algunos ejemplos. También se puede consultar a la ciudadanía a toro pasado (nunca mejor dicho), para conocer por ejemplo la opinión real sobre, pongamos otro caso, el ‘Titiricidio’, esa mutación del Titiriguada en Festitiriguada que sólo se parecía en el nombre.

Y, sobre todo, experimentar con democracia directa en un área como los festejos puede servir un simulacro de presupuestos participativos más tarde aplicable a muchas inversiones.

Todo esto tendría unos costes, por ejemplo en la creación de una plataforma adecuada para llevar a cabo estas consultas (se ha hecho un esfuerzo similar pero más inútil en la web ‘Guadalajara 30 días’) y, al menos en teoría, una serie de beneficios indudables: el respaldo de las decisiones que no hayan sido anunciadas previamente en campaña electoral, la involucración de la ciudadanía en la cosa pública o, entre otros, la necesidad de información por parte de un ciudadano que deba conocer mejor los asuntos que se sometan a debate general.

No se trata de consultar por consultar, sino de complementar esta actitud con otros mecanismos como verdaderos consejos de barrio, asambleas sectoriales y atención a las corrientes de opinión mediante encuestas bien ponderadas, a poder ser con mecanismos más profesionales que las redes sociales: hay empresas demoscópicas que se encargan de ello y a las que los políticos otorgan credibilidad, pues, por poner un ejemplo, acuden a ellas para hacer sus sondeos internos en periodos de campaña electoral.

Pero todo esto remite, en realidad, a una única pregunta: ¿Importa de verdad la opinión de los guadalajareños en las decisiones que se adopten en la ciudad?

Hasta ahora, la experiencia de la votación de Ferias puede llevar a error, pues utiliza una metodología informal y remite a un hecho aislado, pues no pregunta sobre nada fundamental (el pan) sino sobre un aspecto muy accesorio (del circo). Ante los muchos asuntos en los que se hace oportuna la opinión del ciudadano, su elección entre Extremoduro, Rulo y la Contrabanda y Malú viene a ser como cuando el mago sube al escenario al voluntario para soltarle una gracia cuando, en realidad, se la están metiendo doblada.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.