Elige: ¿A favor o en contra?

Imagen de un festejo taurino en el Coso de las Cruces de Guadalajara. // Foto: www.clm24.es

Imagen de un festejo taurino en el Coso de las Cruces de Guadalajara. // Foto: http://www.clm24.es

Por Marta Perruca

Existen cuestiones en las que parece que la sociedad no perdona medias tintas: Tienes que mostrarte manifiestamente a favor o en contra. El otro día me sorprendía un compañero casi disculpándose por su pasión por los toros: “Ya sé que no me pega nada”, reconocía. No creo que se avergüence de ello –no es su estilo- pero lo cierto es que en todos estos años, hasta ese día, curiosamente, nunca se había terciado la ocasión para confesárnoslo.

Desde mi punto de vista, lo que llamamos fiesta nacional me parece una crueldad. Pagar una entrada por ver una corrida, os aseguro, será lo último que haga. Además, aunque los vecinos de esta provincia, eminentemente taurina, me escupan por la calle, tengo que decir que siempre me ha parecido estúpido el placer que encuentran algunos en correr delante de un animal astado y, desde luego, no entiendo por qué las administraciones lo financian cuando cada verano deja tras de sí un reguero de heridos, e incluso de muertos. Y ya para colmo, que el programa de fiestas recoja encierros infantiles, donde claramente se fomenta y se inicia a los más pequeños en esta práctica arriesgada, lo siento, pero no cabe en mi cabeza.

Yo no lo entiendo, pero claro, es que a mí la fiesta taurina no me gusta y me parece una crueldad, además de una temeridad innecesaria que cuesta vidas y que pagamos con nuestros impuestos. Sin embargo, no creo que el Ayuntamiento de Pamplona repare en mi parecer, teniendo en cuenta los beneficios económicos que reporta.

También, el sector taurino podría hablarme de los puestos de trabajo que genera y del dinero que mueve. Podría argumentarme que, de otra manera, esta especie se extinguiría, porque, vamos a ser realistas, si la fiesta no existiera nadie invertiría en reservas o  parques zoológicos para que este animal campase a sus anchas. Pero tampoco me parece de recibo que una Consejería preste tanta atención a la fiesta nacional mientras desatiende otras cuestiones tan cruciales como la educación, la cultura o el patrimonio de esta provincia y de esta región.

Uno de los cotos privados de caza de la provincia. // Foto: www.lacronica.net

Uno de los cotos privados de caza de la provincia. // Foto: http://www.lacronica.net

De igual manera, jamás nadie me verá empuñando un arma y apuntando con ella a animal alguno y mi capacidad de entendederas no puede asimilar que alguien pueda disfrutar con ello. Sin embargo, no podemos pasar por alto las buenas rentas que los cotos de caza dejan en los ayuntamientos de la provincia, muchos de ellos pequeños y casi sin recursos. También son estos cotos los que, con mayor o menor fortuna, garantizan un equilibrio de las especies cinegéticas con otras actividades como la agricultura, cuando sus planes se llevan a cabo con responsabilidad y ,en cualquier caso, son el principal recurso ante las plagas. De hecho, los cazadores no se cansan de asegurar que son los principales interesados en que las poblaciones se mantengan, al margen de la existencia de furtivos que actúan al margen de la ley y de los propios cotos.

Los habrá que aseguren que se trata de una actividad inherente al ser humano, que en la propia naturaleza existen especies depredadoras de otras más débiles y que todo ello forma parte de una cadena alimenticia y yo seguiré sin comprender qué  encuentran de divertido los cazadores en perseguir a su presa para acabar con su vida de un disparo.

No obstante, me parecía injusto que la Ley los hiciera casi únicos responsables de los accidentes de tráfico producidos por especies cinegéticas y que esta medida hiciera inviable el sostenimiento de algunos cotos de la provincia, una de las principales perjudicadas por este tipo de siniestros,  cuando ningún plan, por efectivo y diligente que sea, tiene capacidad de actuar sobre los caprichos del animal en cuestión y como decían los propios acotados “¿quién me asegura que ese animal pertenece a mi coto?”. No he encontrado datos relativos a 2012, pero en 2010 una de las asociaciones de cazadores más representativas de Guadalajara, ATICA, que contaba 11.000 socios y 397 cotos cinegéticos que engloban unas 650.000 hectáreas  de la provincia, me aseguraba que algunos cotos llegaban a contabilizar entre seis y siete accidentes al año. Si bien es cierto que el 70 por ciento de cotos tenían entre cero y uno, el 20 por ciento entre dos y tres accidentes  y solo el cinco por ciento, entre cuatro y cinco, con lo que la baja siniestralidad de algunas zonas hacía que el mantenimiento del seguro fuera sostenible, esta asociación ponía de manifiesto el constante incremento en el coste de los seguros y el desinterés por parte de las compañías.

A mí me parecía injusto, pero no me parece de mayor justicia la Ley a la que acaba de dar luz verde el Consejo de Ministros y con la que ahora se da la vuelta a la tortilla y resulta que los cotos ya no tienen apenas ninguna responsabilidad, salvo que el accidente se produzca como consecuencia directa de la realización de la actividad, pero como tiene que haber un culpable, a partir de ahora lo será el conductor al que, en medio de la noche, le asalte un ciervo o un jabalí de tamañas proporciones que no pueda sortear. Cuando esto suceda, el conductor será el responsable de los daños que produzca en su vehículo, de las lesiones que le ocasione, algunas veces invalidez grave, o incluso de su propia muerte… y ya sabemos que no son pocos los accidentes de este tipo que acontecen en nuestras carreteras.

Son muchos los que, de una manera o de otra, acaban castigando una postura templada en lo que se refiere a determinadas cuestiones. Esperan que te muestres radicalmente a favor o en contra: Que si no te gustan los toros apoyes las reclamaciones de los grupos antitaurinos con todas sus consecuencias y que si no apoyas la caza como una actividad de ocio te opongas a cualquier medida que la beneficie. La verdad es que con todo, no soy de esos que se abogan no sé qué poder clarividente para conferir como inconcebible aquello que no les gusta.

Simplemente, no considero justo que los cotos sean los que siempre tengan que pagar el pato, pero me doy cuenta de que las decisiones gubernamentales son, muchas veces, un reflejo de esa sociedad que castiga las posturas ecuánimes y pasa de dejar de perjudicar a un sector, incurriendo en una gran injusticia con el contrario, el que hasta ahora se consideraba como víctima ¿No se les ha ocurrido que la Administración podría asumir una parte de la culpa?

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