La tortilla del Eje Cultural

El Alcalde y el concejal de Infraestructuras supervisan los trabajos de la segunda operación asfalto en el Eje Cultural. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

El alcalde y el concejal de Infraestructuras supervisan los trabajos de la segunda operación asfalto en el Eje Cultural. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Por Concha Balenzategui

Estando ya las obras de Ingeniero Mariño y Ramón y Cajal en su recta final, estamos a punto de despejar la incógnita que, al menos a mí, me ha estado rondando estos últimos meses. La cuestión es si el resultado final contentará a los vecinos y acallará las críticas por las molestias ocasionadas, que han sido bastantes.

Compruebo que las protestas, en las conversaciones y en las redes sociales, no han cesado durante los trabajos. Hay quien ha cuestionado la necesidad de una reforma de ese calibre y quien ha criticado su pomposo nombre. Incluso ha habido algún intento de relacionar esta obra con la proyectada en el barrio burgalés de Gamonal, sin demasiado eco, dicho sea de paso.

Pero las quejas se refieren más que nada en los cortes de tráfico y los atascos. En el paso de camiones y excavadoras, claro. En los cascotes y la falta de iluminación, por añadidura. Si quieren también, en la falta de señalización o en el desvío del trayecto de autobús. En definitiva, el disgusto se ha centrado en una situación que es transitoria, debida a los propios trabajos.

Hay que tener en cuenta que es una vía céntrica y de tránsito, que la reforma ha coincidido con las lluvias y con las fiestas navideñas, y por tanto las molestias se han alargado y se han extendido a todos los guadañaremos. Pero nadie puede quitarle el mérito de la paciencia de Job a los vecinos.
Una conocida, que regenta un negocio cara al público en esa zona, tiene grabados los cortes de agua que ha sufrido desde que empezaron las obras. Nueve, me dice, y sólo tres de ellos avisados con antelación. Lo cuenta con fastidio, porque su negocio es de los que necesita el agua para trabajar. Y parte de la clientela, gente mayor que no se aventura entre las zanjas, se ha esfumado. Pues bien, pronto llega el momento de comprobar si, una vez acabada la obra, la calle va a quedar estupenda, como piensa ella.

He visto al concejal de Obras responder con un gran encaje a las continuas críticas a través de las redes sociales. Porque Carnicero -hay que reconocerlo- es de los que se aviene a responder a los tuiteros, incluso a los que no tienen respeto, modales ni ganas de diálogo, muchas veces desde el anonimato.

Por sus respuestas deduzco que el concejal de Obras, como todo el Equipo de Gobierno, está convencido de que las protestas se limitan a los trastornos de la obra, y de que cesarán cuando esté terminada la calle. Que una vez hecha la tortilla, como reza el dicho, nadie va a lamentar los huevos rotos.

No lo tengo tan claro. Creo que son muchos los que no aprueban ni la idea ni el resultado. No les parece necesaria la reforma, ni que compense tantos meses de cascotes y baches. Pero sobre todo hay muchas dudas de que un solo sentido del tráfico sea suficiente para esta ciudad que tiene en la movilidad una ganada calificación de «necesita mejorar». Los huecos de los solares donde había bellos edificios que se dejaron caer, las feas traseras al aire de la calle doctor Creus, son otros lunares que restarán brillantez al resultado.

También hay quien critica que se han dejado aceras “demasiado” anchas y muchas plazas de aparcamiento, hurtando ambas espacio a la circulación rodada. Y además, hay quienes se quejan de que los nuevos aparcamientos sean de pago, porque así lo han pedido los comerciantes. Mi amiga, la de los cortes de agua, dice que a ella no le han preguntado por el tema. Sea como fuere, es poco valiente por parte del alcalde escudarse en los negocios para hacer lo que crea que hay que hacer.

Farola de diseño moderno junto a la concatedral de Santa María, en pleno Eje Cultural. // Foto: Facebook de Luculo Loureiro.

Farola de diseño moderno junto a la concatedral de Santa María, en pleno Eje Cultural. // Foto: Facebook de Luculo Loureiro.

Y además están las farolas. Ya contaba Rubén Madrid el otro día el coro de protesta que se había alzado en Facebook contra esos especímenes. Estando de acuerdo en el fondo de la cuestión, a mí también me sorprendió el estado de hastío, hartazgo e indignación que desprendían los comentarios. Pero a pesar de todos estos argumentos, y aunque suene extemporáneo antes de apreciar el resultado completo, yo voy a defender la reforma.

He dicho alguna vez que estoy de acuerdo en que se arregle esta calle, que pedía a gritos pico y pala, desde las tuberías al trazado. También estoy de acuerdo en que, como estaba previsto en el planeamiento urbanístico desde hace décadas, se dé un el único sentido al tráfico rodado. Está claro que es la única manera en la mayoría de los tramos de poder transitar por las aceras con normalidad.

Hace unos días, un amigo describía una ciudad española que había visitado hace poco con la siguiente observación: «Te puedes recorrer todo el centro empujanto el carrito con un dedo». Se refería -los padres de niños pequeños lo han entendido a la primera- a que las aceras y el pavimento estaban impecables para el peatón y sus circunstancias (el niño, el cochecito, la silla de ruedas o el carro de la compra). Yo quiero eso en mi ciudad. Y en Ramón y Cajal, y sobre todo en Ingeniero Mariño, era imposible. En algunos tramos era difícil caminar varias personas salvo en fila India. Era impensable llegar de Santa María al Infantado sin poner el pie varias veces en la calzada.

Yo quiero que esas calles formen parte del casco antiguo y del centro histórico, y no sean una carretera de circunvalación. Creo que hay argumentos para apartar un poco más lejos a los coches, y las razones se llaman Santa María, La Cotilla o esa preciosidad que es la capilla Luis de Lucena. También pienso, como dice el Ayuntamiento, que un solo sentido de tráfico disminuye los atascos, porque evita los cruces. Parece que el giro de la plaza de los Caídos, la prolongación de Pedro Pascual y el cambio de sentido de la cuesta Calderón (quizá haya que pensar también en cambiar Cervantes, como otra alternativa), podrían ayudar en ese aspecto.

Dicho todo esto, tampoco creo que los vecinos asuman ni pronto ni con agrado los cambios. Todavía hay quien cuestiona la peatonalización de la calle Mayor, y ya ha llovido. La reforma del Eje Cultural no va a ser del todo celebrada, ni siquiera por el fin de las obras. Ahora bien, estén tranquilos señores concejales del PP -nada menos que 16- que estoy por apostar también a que esta obra les va a restar muy pocos votos. Rien ne va plus?

2 comentarios en “La tortilla del Eje Cultural

  1. Enhorabuena por este magnífico artículo. En muchas cosas coindido con él, pero creo que se ha descuidado mucho la estética si lo que se trataba es de cuidar el casco antiguo. Pienso que las farolas no son ni adecuadas ni se ha pensado en proteger la vista de los monumentos. Aparte, me parece muy desproporcionado y excesivo el uso de bolardos. Parece un monumento al bolardo, y eso creo que afea mucho la nueva obra. Lo del tema del tráfico lo valoraremos en unos meses…

  2. He visto que se han plantado, con este motivo, tres árboles delante del convento e iglesia de San José, de las Carmelitas de Abajo… ¡alguien ha pensado cuando, dentro de 20 años, esos arboles hayan adquirido su corpulencia definitiva? El convento y la iglesia trazada por Fray Alberto de la Madre de Duios en el siglo XVII habrán quedado totalmente ocultos, y el Eje Cultura mostrará a los viajeros unos hermosos árboles (porque los monumentos quedan detrás de ellos).

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