Nuestras raíces, grandes desconocidas

El colegio Alvar Fáñez de Minaya indaga en la historia del personaje que da nombre al centro.

El colegio Alvar Fáñez de Minaya indaga en la historia del personaje que da nombre al centro.

Por Abraham Sanz

Me he topado de bruces con una noticia que en mi ha despertado mi lado más sentimental. Aquel que nos lleva a viajar en el tiempo y a recordar que cualquier tiempo pasado fue mejor, donde nos olvidamos de los malos tragos y sólo retenemos en nuestra memoria aquello que nos hizo felices. Y si además, ese trayecto nos lleva directos a nuestra infancia, los recuerdos no sólo se tornan en más bellos aún, sino que te hacen esbozar una sonrisa de esas que parece que es imposible borrar de la cara. La noticia quizá sea simple a bote pronto, pero goza de un calado mayor que del que se le presupone.

Tiene que ver con unas jornadas que desde un colegio de la capital se han programado para este curso y que comienzan a desarrollarse esta semana, en las que se busca descubrir a los más pequeños quién fue y que hizo un tal Alvar Fáñez de Minaya para la ciudad de Guadalajara, con motivo del 900 aniversario de su fallecimiento -¿el Ayuntamiento capitalino ha programado algo para celebrar esta onomástica?-. Descubrir sus simbolismos y sobre todo, indagar un poco en la historia de una ciudad que si bien ahora se ha convertido en un lugar gris donde pequeños destellos culturales tratan de pintar a brochazos y con urgencia este panorama; tiempo atrás, gracias a ser cuna de ciertos nobles de altura, nuestra ciudad gozó de cierta alcurnia y por tanto, sus más añejas piedras –aunque cada vez quedan menos gracias a alguna que otra obra bautizada con nombre y apellido- vivieron historias y pasajes que deben ser relatados.

Soy un gran defensor de la importancia que tiene estudiar historia. Por muchas razones, pero la más importante es porque enriquece el espíritu y, sobre todo la mente. Si se inculca desde pequeños, conseguiremos personas que no tengan miedo a pensar, a decidir y a descubrir cuáles son los valores positivos que han regido la historia, y cuáles han llevado al traste a muchas figuras históricas. Aunque, sobre todo, si hay una historia que habitualmente se nos ha sesgado de las aulas o de los libros de texto, es aquella más cercana, aquella que cuenta las hazañas más o menos decorosas de quienes gobernaron las tierras que hoy habitamos y que muchos desconocen. Quizá no sea la mejor de las historias, pero es la nuestra y conocerla, sin duda, permitirá a mucho que hoy en día denostan el lugar donde nacieron, a valorarlo un poco mejor y a comprender su amanecer y su ocaso. Y es que no hay nada mejor que el conocimiento, sobre todo a edades tempranas, para evitar los atrevimientos de la ignorancia cuando somos adultos.

Y sí Alvar Fáñez es un personaje histórico de esta ciudad. A él se atribuye la conquista de la ciudad siempre contada en tono de leyenda dado que los hechos no están constatados más allá del cantar que los narra pero que han quedado impresos en el imaginario colectivo como hechos quasi probados. Tanto que incluso la famosa noche estrellada que se dice que entró en la ciudad para arrebatársela al imperio musulmán, ha quedado reflejada hasta en el escudo de Guadalajara. Sin embargo, son muchos los vecinos que desconocen quién es el personaje que aparece en el escudo de su ciudad o incluso, quien fue Alvar Fáñez de Minaya a pesar que dé nombres a calles, colegios, negocios privados e incluso un torreón de la añeja muralla. No digo que su memoria deba ser elevada a los altares de la provincia, pero sí que su conocimiento pueda ser equiparable al de otros personajes históricos que tienen lugar en otras ciudades.

Escudo de Guadalajara, cuya imagen principal es la de Alvar Fáñez y la famosa noche estrellada.

Escudo de Guadalajara, cuya imagen principal es la de Alvar Fáñez y la famosa noche estrellada.

Siempre lo he dicho y lo mantengo, hemos de ser los guadalajareños los que debemos deshacernos de la alargada sombra de Madrid e incluso de Alcalá de Henares. Hemos de poner en valor lo nuestro, lo propiamente alcarreño para lograr crear un sitio donde vivir cada vez más dinámico, alegre y que genere una mayor actividad; y evitar el anodino lugar en que se ha convertido: una ciudad de paso. Sólo se consigue, además de generando actividades en la calle, potenciando el conocimiento de la ciudad y la provincia así como de su historia dado que su estudio siempre nos desvela curiosidades tales como que el Alcázar de Guadalajara fue sede en varias ocasiones de las juntas que en la Edad Media reunía a los representantes de toda Castilla; que la familia de los Mendoza fue una de las más influyentes durante el reinado de los ‘Trastámara’, especialmente con los Reyes Católicos; que el palacio del Infantado fue la sede de la boda del rey Felipe II –en su momento de mayor esplendor- o que hay voces que incluso reclaman el nacimiento del navegante Cristóbal Colón en la provincia.

El saber no ocupa lugar y conocer lo más cercano es, sin duda, esencial para descubrir y comparar cuando se adquieren conocimientos más elevados. Un aplauso para esta iniciativa de este humilde colegio –al que yo tuve la suerte de acudir cuando era niño, de ahí la nostalgia inicial- cuyos profesores, a pesar de recortes y trabas, siguen luchando y esforzándose por mejorar la educación y la formación que se ofrece a sus alumnos.

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