Semana clave

Tello en una imagen del partido de ida disputado en el Escartín. Foto: Crónicas Deportivas Cartagena.

Tello en una imagen del partido de ida disputado en el Escartín. Foto: Crónicas Deportivas Cartagena.

Por Ana G. Hernández

La próxima semana dirimirá el destino del Deportivo Guadalajara esta temporada. Y es que, en apenas siete días los morados se juegan el honor de ganar el primer trofeo nacional de su historia, la Copa Federación, además de 90.000 euros, y disputan el duelo regional ante el Albacete Balompié, flamante líder de la categoría.

Llegar a la final de la Copa le ha costado al Depor “sangre, sudor y lágrimas”, como diría Winston Churchill. A pesar de la categoría que ostenta el club y que, hasta esta última ronda, se la jugó con equipos inferiores, no fue un camino de rosas llegar hasta aquí. Prórrogas, penas máximas a deshoras y más incertidumbres de las que cabría esperar han sido los compañeros de viaje de los deportivistas. Pero ya están en la final, ahora no hay cansancio, ni pasado, solo la victoria. Parafraseando a Luis Aragones: “las finales no se juegan, se ganan”. Aunque cierto es que esta es una final atípica a doble partido y disputando el último en Ourense.

El otro duelo que completa la semana grande es el que disputan los de Pérez Salvachúa el domingo por la mañana ante el Albacete. No en vano, esta semana el Depor cayó a la quinta plaza, después de empatar en Cartagena, a falta de seis jornadas para la conclusión de la temporada. Lo que significa que los morados no pueden dejarse ningún punto por el camino y menos en el Pedro Escartín. Es más, después de la visita de los manchegos, los alcarreños tienen un calendario más o menos asequible para no dejar que el Cádiz le birle el cuarto puesto definitivamente.

En caída libre

El BM Guadalajara sumó este sábado su cuarta derrota consecutiva y su sexto partido sin ganar. Seis jornadas en las que solo consiguió un punto de los doce posibles y que han hundido al vestuario morado en el letargo. Como diría Jorge Valdano, aunque en su caso aplicado al fútbol, el balonmano es un estado de ánimo y el ánimo en Guadalajara, ahora mismo, está más que decaído.

El BM Guadalajara se topa con otra barrera. Foto: Cordoba Deportiva.

El BM Guadalajara se topa con otra barrera. Foto: Cordoba Deportiva.

Y es que, los factores que otrora nos hicieran fuertes, ahora nos conducen irrefrenablemente hacia el abismo. Aunque, para este BM Guadalajara, ese abismo sea quedarse fuera de Europa. Las constantes lesiones y la falta de fondo de armario nunca fueron excusas para ver la mejor versión de los hombres de Mateo Garralda, pero los partidos y la acumulación de minutos pesan en las piernas de los jugadores y, lo que antes era un hándicap que servía para reforzar los valores colectivos, ahora se ha convertido en una losa de cansancio y con difícil solución.

Parece claro que la baja de Valadao ha dañado muchísimo al equipo. No en vano, en ninguna de las últimas cuatro jornadas el lateral izquierdo pudo disputar un minuto por culpa de una fascitis plantar. En las dos anteriores y con Valadao en la cancha, el todopoderoso Barcelona y el Ciudad Encantada, jornada que se saldó con empate en el Palacio Multiusos, hicieron tropezar a los morados, pero sin ese poso de amargura presente en las últimas citas. Está claro el brasileño es fundamental para el BM Guadalajara, pero también que los de alcarreños deben de salir de esta depresión sin su ayuda y revertir la situación.

Manos a la obra se puso el sábado en Puente Genil Kike Plaza. El central morado se reencontró a sí mismo en la cancha pontanés con diez tantos en su cuenta particular. Aunque el de Madridejos había entrado en la dinámica de grupo y había contado para Garralda, la realidad era que su aportación en ataque dejaba que desear, si se comparaba con el estado de gracia permanente del jugador toledano en la primera vuelta. Un rendimiento lógico, puesto que estuvo, prácticamente, tres meses lejos de las canchas recuperándose de un esguince de tobillo. El regreso goleador de Kike Plaza es una de las mejores noticias de la jornada para el club morado. La otra, que, a pesar de la mala racha, el equipo está en sexta posición, a solo tres puntos del Reale Ademar León y los puestos que dan acceso a Europa.

Cambiemos el presente

Piedad Vicente es una de las capitanas del Dínamo Guadalajara. Foto: Dínamo Guadalajara.

Piedad Vicente es una de las capitanas del Dínamo Guadalajara. Foto: Dínamo Guadalajara.

Por Piedad Vicente*

Por dónde se puede empezar un artículo así, cuando se encuentran tantos obstáculos en el camino. Por supuesto, hablamos del fútbol femenino, que hoy en día está relegado a un segundo plano en el ámbito deportivo. Pese a ser el deporte rey en España, las mujeres todavía tenemos un largo camino que recorrer para encontrar nuestro lugar en este mundo.

El primer tema a abordar podría ser ¿cómo luchar contra clubes dónde tus máximos dirigentes son los primeros en ponerte barreras para luchar y defender el escudo por el que día a día te entregas?

Por desgracia en mi vida deportiva, me he encontrado con algún club que lo único que te hace sentir es que eres el último eslabón en una cadena donde, por méritos deportivos estas por delante de otros equipos, pero que en la realidad te utilizan para dar una imagen y lavarse las manos diciendo: “nosotros nos preocupamos por el fútbol femenino”. ¡Mentira! cuando te ves dentro de estas situaciones donde hay desprecios y dejadez, y pides unas mínimas condiciones para realizar el trabajo dignamente, te encuentras con comentarios del tipo “vosotras con cualquier trapito estáis monas” ante la carencia de material. Aprendes que, en realidad, y dudo mucho que haya otro motivo, te tienen para recibir subvenciones, que luego ni siquiera ves que recaigan en el motivo por las que son concedidas, es decir, no somos rentables.

Aunque por suerte hay clubes donde se ha evolucionado y te valoran por tu trabajo, méritos y logros, no por tu sexo ni por motivos económicos, ya que, en esa materia, a día de hoy aún no estamos en condiciones de competir con el fútbol masculino. Clubes en que dan la cara y pelean por ti, donde las palabras se convierten en hechos y se intentan llevar a cabo, luchando por todos los equipos, no sólo por los masculinos, sino por todos los que defienden ese escudo, colores y valores. Mostrando que no eres ni un número, ni una ficha, sino que te tratan como persona, ¡y eso sí existe! Por lo menos a mí me lo ha dado el Dínamo Guadalajara.

La jugadora de fútbol encuentra numerosas trabas a lo largo de su carrera. Foto: www.nosotras.com

La jugadora de fútbol encuentra numerosas trabas a lo largo de su carrera. Foto: http://www.nosotras.com

Otras muchas dificultades con las que te encuentras son con las que ponen las entidades públicas, las cuales marcan en negrita la desigualdad de sexos, anteponiendo unos equipos a otros, por ejemplo, equipos masculinos que juegan en divisiones inferiores reciben más, económicamente hablando, que los femeninos en categorías superiores, ¿por qué? ¿No vale lo mismo nuestro trabajo, esfuerzo y dedicación? Ya no solo nos regimos por el tema económico, hay más factores que nos encontramos; porque a las entidades públicas, a las cuales se les agradece el esfuerzo que realizan en estos tiempos, siguen mostrando indiferencia hacía nosotras. Encontramos más de lo mismo, pues la desigualdad se hace patente, por ejemplo, con los horarios de partidos, siendo como somos el equipo de mayor categoría nacional de la provincia, nos encontramos relegadas a ese segundo plano, ya que otros clubes que militan en categorías inferiores, tienen mayor prioridad a la hora de escoger campo y/u horarios. Así bien, no es justo que siempre tengamos que jugar a las horas que los otros equipos rechazan. No pedimos privilegios, ni mucho menos, sólo queremos que nos tengan en cuenta y no seamos siempre nosotras las que tengamos que ceder. Que se muestre respeto y valoración, que nos la hemos ganado con nuestro trabajo y sacrificio.

Otra desigualdad viene dada desde las propias Federaciones que forman este deporte. La dejadez de la Federación de Árbitros aún ofrece una patente desigualdad hacia nosotras, ¿cómo es posible que estés en un partido y veas a un línea hablando con un amigo en la grada? ¿O cómo ves a un árbitro que no se digna a salir del círculo central, ni a darse una simple carrera para seguir el desarrollo del juego? ¿No cobran por ese trabajo? Cuando una semana antes, has visto a ese mismo árbitro “hincharse” a correr en un partido masculino, ¿qué quieren demostrar con esa actitud, qué el futbol femenino es inferior, que hacerlo es un castigo para ellos?

La propia Federación de Fútbol, presenta una gran discriminación laboral, ya que, según el Real Decreto de Federaciones Deportivas en vigor, se establece que sólo se reconoce una categoría profesional por sexo, es decir, si existe masculino no puede haber femenino, por lo que al no existir liga profesional, no hay cotización a la Seguridad Social, ni convenio colectivo, entonces ya ni pensar en un contrato laboral. Por lo que no existe cobertura sanitaria de cara a lesiones, bajas maternales…

Aunque no sólo nos encontramos con estas trabas, para qué hablar de tema patrocinios, porque resulta casi imposible encontrarlos para el ámbito femenino. Aunque, ¡haberlos haylos!

Como consecuencia de todas estas barreras que encuentras a lo largo de la vida deportiva, se fortalecen los principios por los que tanto luchas, por ese deporte que amas y por el cual seguirás luchando.

*Piedad Vicente es jugadora del Fever Dínamo Guadalajara de Segunda División. Desde siempre, el deporte marcó su vida tanto que, hasta dedicarse al fútbol, Piedi probó con el baloncesto y el voleibol. Pero el deporte rey terminó llamando a su puerta y el Deportivo Guadalajara fue su destino durante cuatro años. Sin embargo, la desaparición del club morado en categoría femenina y el nacimiento de la sección femenina del Dínamo le hizo vestir la elástica verdinegra, en donde acumula ya tres temporadas, las dos últimas en la categoría de plata del fútbol nacional.

La carga de Marín

El consejero de Educación, Cultura y Deportes, Marcial Marin, informa sobre la implantación de la LOMCE en Castilla-La Mancha, el pasado día 12. // Foto: Álvaro Ruiz. JCCM

El consejero de Educación, Cultura y Deportes, Marcial Marin, informa sobre la implantación de la LOMCE en Castilla-La Mancha, el pasado día 12. // Foto: Álvaro Ruiz. JCCM

Por Concha Balenzategui

Escuchaba el otro día una tertulia radiofónica sobre el poco conocimiento que tienen nuestros jóvenes sobre la Transición española. Son comentarios que se han prodigado estos días, a la muerte de Adolfo Suárez, al reflejar varias encuestas callejeras que los chavales no tenían repajolera idea sobre el personaje. En la tertulia se lamentaban varios profesores de Historia del poco peso que la asignatura tiene en la Educación obligatoria, sobre todo a la hora de dedicarle tiempo a los periodos más recientes.

No es un tema nuevo, y precisamente está de plena actualidad. Con la entrada en vigor de la LOMCE, a partir del curso que viene cambiará la distribución de las asignaturas en el horario escolar. Como se dice en el “mundillo” educativo, “cambiará la carga lectiva” de algunas materias. Coincidirán conmigo en lo desafortunado de la palabra: Si empezamos por llamarle “carga”, ¿cómo no vamos acogerle tirria a la asignatura?

Pero mi planteamiento es más de fondo. Recuerden cuántas veces han oído ustedes, como esta semana con la Transición, que algo es tan importante “que debería enseñarse en la escuela”. Depende del momento, del día internacional que se celebre, o de la noticia de actualidad que comentemos, siempre sale alguien diciendo que si las normas de seguridad vial, que si la dieta mediterránea, que si la sexualidad, que si el ajedrez, o que si el uso seguro de las redes sociales, deberían enseñarse en el colegio.

Barack Obama, por ejemplo, promueve en Estados Unidos una campaña que pretende que sus gobernados practiquen el lenguaje HTML a diario. “Una hora de código al día”, recomiendan, especialmente, a los escolares, porque consideran que manejar el lenguaje de los ordenadores -y no ser meros usuarios “analfabetos de sus entrañas”- será una herramienta fundamental para manejarse en el futuro. En Castilla-La Mancha, por poner otro ejemplo, se fomenta en los últimos años eso que los actuales gobernantes han dado en llamar el “espíritu emprendedor”, una iniciativa incluida en la Ley de Emprendedores.

Pero la cuestión no es “qué más” deben aprender nuestros hijos, sino “en lugar de qué” incluimos esos contenidos que nos parecen “tan” imprescindibles. ¿O es que los chavales son esponjas sin límite para absorber lo que inyectemos en su cerebro, como si de una aguja hipodérmica se tratara? ¿Acaso son contenedores sin fondo? Confiesen que ustedes mismos han dicho alguna vez eso de “este tema debería ser una asignatura obligatoria en los colegios”. Posiblemente a la vez, o en algún otro momento, se han quejado del exceso de deberes que llevan a casa los chicos. Pero, sean sinceros: ¿se han preguntado alguna vez qué deberíamos eliminar de sus clases?

Incluso con las asignaturas y contenidos que ya están asentados en la escuela, de tanto en tanto surgen corrientes que abogan por darles más, más horas, más “carga”. Porque son fundamentales, según quien las defiende… unas veces con criterio, y otras muchas sin él. El debate surge a la vista de cada entrega de los resultados del informe PISA (tanto el de escolares como el de adultos, que también existe) en el que se quedan al aire nuestras vergüenzas en forma de baja capacidad en comprensión lectora o en cálculo matemático.

Y el debate se agudiza cuando llega una reforma educativa, como es el caso. Las comunidades autónomas están dibujando en estos días el “mapa de la Lomce”, el reparto de peso de las asignaturas, y lo que llaman “currículo” (otra palabreja). Y el problema, una vez más, no está en lo que aumenta, que parece estar consensuado: Lengua y Literatura, Matemáticas e Inglés. Que son “troncales”, decimos. Que son “imprescindibles”, añadimos. Qué son ampliables, en consecuencia. Quizás así salgamos más favorecidos en el próximo retrato PISA. No, el problema no está ahí. El problema está en qué quitamos. Qué no es imprescindible, ni troncal, y por tanto reducible.

Si me han seguido hasta ahora, ya sabrán que yo no tengo la respuesta. Es dificilísimo solventar la cuestión sin tener los suficientes criterios pedagógicos. Y parece que encajar todas las piezas -las corrientes de los expertos, los intereses de los profesores del ramo, la opinión de los afectados y la realidad presupuestaria- viene a ser como resolver el cubo de Rubick.

En la vecina Aragón, la damnificada va a ser la Educación Física, para hacer hueco a los otros contenidos. Sin embargo, no apostaría yo por esta opción, cuando veo estadísticas sobre el aumento de la obesidad entre los menores. O cuando recuerdo a la tutora de mi hija quejarse de que a sus alumnos “les falta calle”, cada vez que nos da las recomendaciones para las vacaciones: Que apaguen la tele y las consolas, y jueguen al aire libre, nos receta, con una dosis absoluta de sentido común.

Cartel de la campaña en favor de la educación musical.

Cartel de la campaña en favor de la educación musical.

En la también vecina Comunidad de Madrid han optado por reducir la Música. Los profesores están en plena campaña para evitarlo, seguro que lo han oído. Además de sus argumentos, les aporto otro en contra: El proyecto “Amure”, un programa experimental contra el fracaso escolar cuyos primeros datos concluyen que un 77,5 por ciento de los alumnos que tienen un refuerzo en música han mejorado los resultados del resto de sus calificaciones, sobre los que no lo han recibido. Al menos a mí me da para pensar.

¿Y qué ocurrirá en Castilla-La Mancha? Pues no lo tengo claro, y les aseguro que he intentado enterarme, como madre implicada y para documentarme antes de escribir este artículo. Explico mis pesquisas. El consejero de Educación, Marcial Marín, ha dejado claro que la Música no sufrirá recortes, porque es una de las “apuestas de nuestro Gobierno Regional”. Pero no ha dicho claramente, de primeras, qué asignatura va a pagar el pato. Les juro que creí oir a don Marcial en la radio hace unos días diciendo que se recortaría la Educación Física. Pero como las palabras se las lleva el viento, busqué una huella escrita que las corroborara. Y aunque encontré la noticia, luego leí otra que decía lo contrario, que la Educación Física no mermaría su carga lectiva. Se lo dijo Marín a varios representantes de colectivos implicados en la enseñanza de la gimnasia o el deporte, si bien la nota oficial deja entrever que algo se reducirá, al menos en el horario escolar y en algunos cursos.

El consejero, reunido con representantes de la educación para el deporte. // Foto: Jccm.es

El consejero, reunido con representantes de la educación para el deporte. // Foto: Jccm.es

También sé que el sindicato STE planteó la misma pregunta -qué se reduce para ampliar el horario de las asignaturas que ganan peso- esta misma semana en la reunión de la Mesa Sectorial. Pero los representantes del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza se levantaron de la reunión al no obtener la respuesta. Agua.

Lo cierto es que la falta de concreción de este consejero de nadar y guardar la ropa llega a exasperar. Esto sí que es una carga. Porque parece no tener resuelta la ecuación, y es su Consejería la que debe coger al toro por los cuernos -nunca mejor dicho, tratándose de Marín- después de estudiar la situación, escuchar a los expertos en la materia y a los afectados. Y si tiene tomada una decisión, es evidente que no la quiere exponer a las claras, para no oír voces en contra.

Insisto en que el problema es difícil. Tanto, que solo se me ocurre una solución, y esta es fácil, hablando de “carga”: Cárguense la Religión. No permitan que los chavales “inviertan” dos horas -¡dos!- a la semana en cuestiones que pueden adquirir en las parroquias y en las familias. Y no condenen al resto a que “pierdan” esas dos horas en una nueva enseñanza “alternativa” a consecuencia de la primera. Hablamos de un tiempo preciado, de dos valiosas horas, que son por ejemplo la mitad de las que ahora dedican cada semana a las imprescindibles Matemáticas o a la Lengua.

Parece fácil, ¿verdad? Pues no lo es con un Gobierno regional que últimamente imparte Religión hasta a los futuros médicos en el Hospital. Qué calvario. Y qué carga.

La mierda que parece

Edificio del Centro Cívico de Guadalajara. // Foto: pueblos-españa.org

Edificio del Centro Cívico de Guadalajara. // Foto: pueblos-españa.org

Por Yago López

Si una persona cualquiera, que no conozca previamente la ciudad, da una vuelta por el centro de Guadalajara, a poco que sea algo observador, reparará en un gran edificio oscuro en mitad de lo que pretende ser el casco histórico de la capital alcarreña. Una mole de hormigón y cristal que choca frontalmente con la estética de las viviendas que lo rodean.

Si además, nuestro intrépido visitante decide adentrarse en el inmueble pensará probablemente que ha entrado en un solar abandonado donde en cualquier momento tendrá que esquivar una jeringuilla. Sin embargo, el lugar donde se encontraría nuestro protagonista no es otro que el centro neurálgico de la cultura de Guadalajara. Ni más ni menos que la morada de su tejido asociativo.

El Centro Cívico da cabida a las principales asociaciones culturales de la capital, 24 nada menos. Se trasladaron allí como medida temporal y ya llevan una década malviviendo en un lugar que deja mucho que desear. Hacinados en despachos pequeños y con mobiliario del siglo pasado distribuidos en un tercer y un cuarto piso sin ascensor -desconectado en una alarde de respeto a la gente mayor y a los discapacitados-.

Pero la cosa no queda ahí. Al desastroso estado de este edificio, abandonado hace años a su suerte, hay que sumar un problema de seguridad que ha quedado patente recientemente con el robo en la sede de Cinefilia de material por valor, según cifra la organización, de 6.000 euros, además de continuos actos de vandalismo en su interior.

Con este panorama, como es lógico, las asociaciones que deben lidiar con esta problemática no permanecen calladas, y han pedido por activa y por pasiva a los responsables municipales un espacio digno donde desarrollar su actividad. Una petición que no ha terminado de calar entre los dirigentes competentes, ya que el propio alcalde y presidente del Patronato Municipal de Cultura, Antonio Román, les ha emplazado a la próxima legislatura, comentando en una reunión celebrada esta misma semana que tendrá que ser su sucesor el que deba resolver este asunto porque ya no le da tiempo a él.

Lo que vino a decir Román es que para lo que le queda en el convento… Y no ha sido él, espero, pero alguien debió pensar algo parecido y defecó hace unos días en el interior del edificio. Una metáfora según algunas asociaciones de lo que está haciendo el Ayuntamiento con el Centro Cívico y con las asociaciones que desarrollan su trabajo en el interior.

El consistorio, todo hay que decirlo, no ha permanecido impasible al vandalismo y ha decidido poner una verja que según el propio alcalde ya se ha encargado. Eso sí, de reformar el edificio ni hablamos. No quiero ni pensar de que plazo están manejando para dar una solución a esta problemática si ya avisan que va para largo, teniendo en cuenta que la apertura del Teatro Moderno era inminente y lleva dos años cerrado a cal y canto, y lo que es peor, el supuesto acuerdo entre la Junta y el Ayuntamiento para su puesta en marcha parece que no avanza.

Resulta, por tanto, que las asociaciones culturales de la ciudad deberán esperar a que se les caiga literalmente el edificio encima si lo que quieren es desarrollar su labor con dignidad. O también pueden dedicarse a generar actividades con rentabilidad económica y dejarse de chorradas como el cine, el ecologismo, los sellos, la cooperación internacional, el patrimonio histórico y etnográfico y demás sandeces, que no está el patio como para andar gastando los duros con tanto circo.

Suárez y la memoria sin referente

Time ilustró así los resultados de las primeras elecciones democráticas en España en su portada del 27 de junio de 1977. / Foto: http://www.huffingtonpost.es/

Time ilustró así los resultados de las primeras elecciones democráticas en España en su portada del 27 de junio de 1977. / Foto: http://www.huffingtonpost.es/

Por Marta Perruca

Calles, plazas, avenidas, parques, jardines, teatros, recintos feriales e incluso un aeropuerto llevarán el nombre de Adolfo Suárez. Es una reacción en cadena, casi contagiosa, que se ha producido en el seno de los ayuntamientos e instituciones de media España con el fallecimiento del primer presidente de la Democracia. Por supuesto, esta reacción ha llegado también a la provincia de Guadalajara donde, que sepamos hasta el momento, se pondrá su nombre al parque previsto en la ubicación del antiguo Auditorio Municipal en Guadalajara, a la plaza más importante de Cabanillas y a una de las avenidas de Azuqueca de Henares.

Parece que los callejeros de nuestros pueblos y ciudades están siempre dispuestos a honrar la memoria de algún personaje ilustre fallecido, como si el colocar una placa en una calle o avenida perpetuara su recuerdo, por los siglos, de los siglos. No es un hecho excepcional, sino más bien, algo previsible: Un gesto muy habitual y bastante poco significativo. No es como cuando se murió el Papa y se mandó construir una estatua con un presupuesto desorbitado, para qué vamos a engañarnos. Otorgar el nombre de un emplazamiento, existente o cuanto menos previsto, no representa tantos quebraderos de cabeza y es mucho más económico.

No digo que sea mejor llenar nuestros parques, plazas o rotondas con estatuas del presidente de la UCD, ni pretendo desmerecer a los ayuntamientos de esos pueblos y ciudades que, tras conocer su fallecimiento, se han sumado al carro de buscar entre sus calles y rincones el lugar más apropiado para guardar su memoria, pero, desde mi punto de vista, este tipo de acciones repetidas hasta la saciedad, al final, acaban perdiendo su referente. No se le da el nombre de una calle al personaje por la idea que representa, sino porque es lo que toca. De hecho, ¿cuántos de los personajes con un nombre en los callejeros españoles, no tenemos ni pajolera idea de quiénes fueron?

Algunas de esas localidades, veía el otro día en los informativos, no se han estrujado mucho la mollera  y han escogido para ello la calle del Generalísimo, como una sucesión lógica.

A mí esta semana me ha ocurrido un poco lo que a mi compañero, Abraham Sanz, y el aluvión de noticias y reportajes que ha traído consigo el fallecimiento del símbolo de la Transición Española me ha hecho reflexionar sobre algunas cuestiones. Mi primera impresión fue la sensación de que están desapareciendo paulatinamente todos los iconos de una época, como si ahora se estuviera perfilando el final de una etapa.

Luego pensé que era paradójico que, mientras su muerte reavivaba el recuerdo de ese momento crucial de nuestra historia, uno de sus principales protagonistas, por no decir el artífice principal, se marchara sin memoria, sin recordar siquiera que un día fuera el responsable de tirar del carro de la Democracia, y lo ha hecho justo en los días en los que la criatura que él ayudó a alumbrar parece exhalar sus últimos alientos.

Estaba embebida en raudales de imágenes, vídeos y comentarios de un momento que todavía no me pertenecía, del que solo percibí su eco, y no pude más que lamentarme por la senda que ha tomado el ejercicio de la Democracia en este país. Hubo un tiempo en el que las palabras y los gestos políticos aún tenían referente y significado, cuando decir “puedo prometer y prometo” era una frase poderosa porque significaba que algo iba a materializarse, cuando “soberanía nacional”, esas dos palabras que llenaban los discursos de Suárez en los días en los que se fraguaba el sistema democrático español, eran algo más que simple  teoría política.

Hubo un tiempo en el que un presidente del Gobierno dimitió sin que nadie se lo pidiera por el simple hecho de considerar que no se encontraba en condiciones de servir a su país y, al marcharse de la política, no pasó a formar parte del elenco de consejeros de ninguna multinacional, ni a recibir remuneración alguna con cargo al Estado por su condición de exjefe de Gobierno.

En los tiempos en los que la Democracia empezaba a dar sus primeros pasos en este país, los representantes políticos, verdaderamente, creían en lo que hacían y eran conscientes de que tenían un papel crucial en la historia y una gran responsabilidad. Existía una dignidad política.

Sin embargo, Adolfo Suárez, el primer presidente de la Democracia, llegó al poder prácticamente solo y se marchó de la misma manera.

Asumió su papel en la Transición Española sin apenas apoyos, en un momento convulso, en medio de una crisis económica y con episodios de violencia y terrorismo en las calles. Era un periodo de cambio y cualquier paso en falso podía echarlo todo por tierra.

Salvando las distancias, creo que existen ciertas similitudes entre el momento en el que Suárez se hacía cargo de la jefatura del Estado, con el que nos toca vivir: También vivimos un periodo de transición, en medio de una crisis económica y en el que se deben cambiar las reglas del juego. Éstos también son momentos convulsos y complicados, con episodios de violencia en las calles, pero a diferencia que entonces, hoy “Democracia” es solo una palabra y  “Soberanía Popular” un concepto baldío que ya no se cree nadie.

Entonces decir “puedo prometer y prometo”  inspiraba confianza. Ahora los programas políticos ni siquiera pueden considerarse una declaración de intenciones. En esa época los gobiernos se configuraban para responder a los intereses de los ciudadanos y ahora los ciudadanos simplemente son obligados a responder de los intereses de otras “esferas superiores”.

Supongo que la memoria tiene sus propios mecanismos de defensa y en el caso de Suárez, sencillamente, decidió emprender la huida. No sólo ante los dramas personales que acontecieron en su seno familiar. Creo que no tiene que ser fácil asumir el peso de la responsabilidad del futuro de todo un país para contemplar después cómo sus pilares fundamentales ya ni siquiera se sostienen.

Quizá por eso mismo, para mí, no tenga demasiado significado que esos mismos líderes políticos, que no representan ninguno de los principios que él intentó asentar entonces, pretendan ahora honrar su memoria colocando una placa en cualquier lugar, ya no por la idea que representa, sino porque es lo que toca y queda bonito. El mejor homenaje, a mi juicio, sería, por ejemplo, llevar a cabo el ejercicio de la política con responsabilidad, honradez y vocación de servicio y, sobre todo, con lealtad a los principios democráticos, pero eso requiere mucho sacrificio ¿no?

Vivimos un tiempo sin referentes, en el que las palabras y los gestos apenas tienen ya ningún valor, ningún significado.

¿Qué significa hoy la palabra Democracia?

Homenaje de Televisión Española a Alfonso Suárez

Pido la palabra

Sesión de narración oral en el Liceo Caracense, en el Maratón de Cuentos del año pasado. // Foto: R.M.

Sesión de narración oral en el Liceo Caracense, en la edición del Maratón de Cuentos del año pasado. // Foto: R.M.

Por Rubén Madrid

La propuesta del PSOE para que Diputación reclame la titularidad de la Prisión Provincial ha vuelto a suscitar cierto debate sobre los posibles usos que podría tener este emblemático espacio de la ciudad, con casi 7.000 metros cuadrados edificados. No es un asunto nuevo. La cárcel, como las naves del Fuerte, siempre han sido una suerte de cajón de sastre para todo tipo de proyectos añorados, idealizados o sencillamente olvidados.

Habrá tiempo de ver si prospera la reclamación (no me entra en la cabeza que nuestras administraciones locales no la hagan) y para debatir sobre el asunto. Pero, mientras avanzan las gestiones y descubrimos si el Estado responde afirmativamente a la llamada, se abre un tiempo perfecto para sacar adelante una planificación de espacios socioculturales de la ciudad.

Es obvio que hay un desbarajuste. El problema no es que falten espacios, porque los hay: algunos, desaprovechados en su mayor parte como el CMI de Aguas Vivas y el Tyce; otros, por reabrir, como el Moderno y el Ateneo, por no hablar de la reflexión que merecen también el Infantado o el Cívico. Pero el desequilibrio se debe a la vez a que muchas asociaciones se han quedado sin locales de ensayo y de reunión o que los tienen en deplorables condiciones. En este contexto, la cárcel se sumaría como un espacio público más a este entramado de recursos en el que debería encajar dentro de una estrategia bien orquestada.

Por tanto, soy consciente de que buscar de antemano una futura función a la cárcel resulta precipitado. Desconozco si, dentro de una planificación inteligente, lo que más convendría sería un museo de arte contemporáneo, una facultad decente para la UNED -falta hace-, el esperado museo de la ciudad, un centro para que Cajasol por fin cumpla con sus promesas de dar continuidad a la obra social de la antigua Caja Provincial o, por añadir nuevas opciones, un centro de creación artística… o, pongamos por caso, un centro dedicado a uno de los rasgos que mejor define a nuestra provincia y su capital: la palabra.

¿Por qué no un Museo de la Palabra? Guadalajara puede exhibir como motivo de orgullo para propios y de visita para extraños su extraordinaria relación con la palabra dicha y escrita. Es en primavera la ciudad literaria de los cuentos (lean este estupendo artículo del antropólogo alcarreño Jesús Sanz) y en otoño la ciudad de los versos de Zorrilla; es siempre la Guadalajara cuajada de culturas que ya en el medievo alumbró nombres de escritores de primera fila como el judío Mosé ben Sem Tob de León, autor del importantísimo (aunque generalmente desconocido) ‘Libro del Esplendor’, o el Marqués de Santillana, patriarca de una familia de artistas y mecenas que fue, él mismo, poeta y redactor de tratados.

Desde aquellos lejanos tiempos -no olvidemos al Arcipreste de Hita u otros episodios pasajeros pero pintorescos como la fugaz estancia infantil de Víctor Hugo en el Fuerte de San Francisco, durante la Guerra de la Independencia- hasta ayer mismo, con Ramón de Garciasol o Buero Vallejo (ofende que el inmenso dramaturgo no tenga museo en Guadalajara) hay una amplia nómina de alcarreños en la historia universal de la sletras. Todavía hoy la lista continúa: baste nombrar a Clara Sánchez, la más precoz en obtener tres premios como el Alfaguara, el Nadal y el Planeta (y sólo tiene 55 años).

Fachada principal de la cárcel de Guadalajara. // Foto: R.M.

Fachada principal de la Prisión Provincial de Guadalajara. // Foto: R.M.

Esta provincia puede presumir además de haber sido punto de llegada y de encuentro para otros insignes escritores nacidos lejos de aquí. Resulta llamativo que las tres figuras que mejor la han cantado hayan sido el gallego Cela, el vasco Leguineche y el catalán -al menos de nacimiento- José Luis Sampedro. En este país que dibuja fronteras como murallas resulta que estos tres hombres de letras confluyeron en un rincón de Castilla para encarnar, desde aquí y de muy distintas formas, sus tres particulares formas de universalidad: con el Nobel, el autor de ‘El viaje a la Alcarria’; con sus mil maneras de dar la vuelta al mundo para contarlo, en el caso del firmante de ‘La felicidad de la tierra’; y con su compromiso con una globalización más justa, en el escritor de ‘El río que nos lleva’.

Del hermanamiento con Guadalajara, que celebra la mayor feria del libro en el mundo hispano, hasta la escultura funeraria famosa en todo el país, El Doncel, que yace leyendo, pasando sin duda con otros parentescos más o menos firmes como ese hidalgo manchego que se resiste a ser nuestro… hay tal riqueza de ecos y estampas relacionados con la palabra (y seguro que nos hemos quedado muy cortos) que cualquier espacio consagrado a ella en la ciudad colmaría de lecciones y anécdotas las expectativas de cualquier visitante. Otras ciudades, por razones obvias, tienen museos romanos, de la paz o del flamenco. En Guadalajara, el idilio entre la pequeña ciudad y la palabra parece más que afianzado por la tradición y por la modernidad; bien merece ir pensando en establecerlo bajo techo.

“Ciudadanos del mundo, en nombre de mi patria, pido la palabra”, escribió el poeta boliviano Eliodoro Aillón: “En nombre de mi pueblo, sencillo como el agua de la acequia, pido la palabra”.

Europa es el camino

El concejal de Juventud, Armengol Engonga; y la edil de Empleo, Encarna Jiménez, en la presentación de "Guadalajara en Europa" // Foto: Guadaque.com

El concejal de Juventud, Armengol Engonga; y la edil de Empleo, Encarna Jiménez, en la presentación de “Guadalajara en Europa” // Foto: Guadaque.com

Por Abraham Sanz

El baño de historia de España al que me he sometido este fin de semana a cuenta del fallecimiento del ex presidente Adolfo Suárez, ha supuesto embadurnarme de nuevo de aquel espíritu de la transición que yo conocí vagamente a través de los libros de texto, pero que supuso uno de los periodos más trascendentales para nuestro país ya que se buscaba un cambio tranquilo entre un régimen autoritario y un sistema democrático. Su resultado fue más que aceptable y ha supuesto que estemos viviendo bajo el manto de la Constitución del 78, casi 36 años. Esta transición trajo consigo derechos, libertades y toda una serie de cuestiones que hasta el momento eran desconocidas en nuestro país, pero demasiado comunes en la Europa occidental que era nuestro modelo a seguir. También supuso comenzar a mirar al exterior sin miedo, de comenzar a sentirnos como uno más dentro del marco europeo y a empezar a quererse sentir parte del proyecto integrador que se fraguaba en aquel entonces y que ahora aglutina a 27 países del antiguo continente.  Y sí, Suárez ya miraba a Europa a pesar de todo lo que tenía que arreglar en casa, porque entendía también que el futuro de nuestro país pasaba por recobrar el pulso a la política internacional.

Tres décadas más tarde, Europa no sólo es uno de los problemas de la actual arquitectura económica de nuestro país; sino que debe ser el camino para llegar a una solución que se ajuste a los tiempos actuales en los que, la generación de los hijos de la Constitución, está mostrándose como una voz en el desierto que pide auxilio porque las ideas se agotan y aún estamos como al principio. Decía mi compañera Marta Perruca que somos “la generación estafada” y no le falta razón, a mi juicio; pero también somos la generación de las prisas. Nos acostumbramos a llegar y a obtener las cosas, no sin esfuerzo, pero si con celeridad; lo que supone que hoy en día el no contar con una solución rápida a nuestros problemas, nos bloquee en demasía. A lo que hay que sumar un estrés diario cuyas cotas se elevan cada día más lo que recrudece aún más estas situaciones de tensión entre todos los agentes implicados en esta crisis cuya extensión, ya suma dimensiones sumamente largas.

No se sí saldremos hoy o mañana, pero lo que es seguro es que de esta recesión saldremos con fuerza; con menos derechos sobre la mesa, pero con más hechuras y más espaldas que al principio. Valga un ejemplo, todos nos hemos dado cuenta –ya era hora- que nuestro mundo ya no termina en la ciudad donde vivimos o donde tenemos trabajo; sino que hemos ampliado miras al ver la falta de salidas en nuestro país y hemos comenzado a ver nuestras carencias idiomáticas. Muchos son los que están aprovechando a sumar a sus licenciaturas o ciclos formativos, destreza en idiomas como inglés, francés o alemán. Nuestro avance está ligado a nuestra capacidad de ser permeables a las situaciones de crisis y comenzar a buscar nuevas opciones que nos permitan determinar nuevas metas. Tanto que los proyectos de enseñanza bilingües se han multiplicado con mayor o menor éxito, pero lo cierto es que el aprendizaje de nuevas lenguas siempre abre la mente y hace que el ser humano quiera ampliar horizontes. Viajar y formarte más allá de nuestras fronteras –por mucho que le pese al ministro Wert- es una experiencia vital que en un futuro derriba las barreras del miedo a lo desconocido y, permite abrirse  camino a un pensamiento crítico y reflexivo.

Como decía Europa quizá haya sido uno de nuestros males durante estos años, pero sin duda, también es el camino para nuestras soluciones, de ahí que, el apoyo del Ayuntamiento capitalino al programa de movilidad Leonardo Da Vinci, creando la primera edición de las becas “Guadalajara en Europa”, es todo un acierto dado que no sólo se produce una inmersión lingüística de los 25 seleccionados –ya están publicadas las listas definitivas-, sino que realizarán prácticas laborales lo que les permitirá contemplar y aprender los métodos de trabajo empleados en estos países; desarrollar su formación así como perfeccionar un segundo idioma. Sin duda, supone abrir su mente y compartir una experiencia que va aparejada, que es el aprender a vivir de un modo independiente y en un país extranjero, con sus ventajas y sus dificultades, pero que sin duda aporta una lección de vida que el mercado laboral por sí mismo no da. Además, tanto los destinos –Reino Unido, Irlanda, Austria o Italia- junto con el apoyo económico así como con el programa sobre el papel, hace de estas becas de lo más interesante de lo que existe hoy en día para proseguir en una formación para el empleo mejor y abrir un nuevo marco de oportunidades. Primera edición que, confío que sea la primera de muchas más, puesto que la juventud precisa de este tipo de iniciativas para poder abrirse camino en mitad de la crisis.