Los caprichos de la memoria

Un momento de la visita de Cospedal a la fábrica de BASF en Marchamalo. // Foto: Nacho Izquierdo

Un momento de la visita de Cospedal a la fábrica de BASF en Marchamalo. // Foto: Nacho Izquierdo

Por Marta Perruca

No sé por qué capricho se me ha venido hoy a la memoria un 20 de marzo de 2012. Un martes a dos años vista en el calendario; una jornada que no habría sido muy distinta de cualquier otra si por aquel entonces no estuviéramos viviendo los últimos estertores de un medio de comunicación que daba sus últimos coletazos en esta provincia y una jornada informativa que poco habría tenido de especial si no hubiera incluido la visita de la presidenta regional, María Dolores Cospedal, durante los primeros meses de su mandato. Es más, en circunstancias normales, me imagino que habríamos deseado no tener que acudir a cubrir tal evento, porque estas citas, salvo excepciones, solían ser completamente anodinas e insustanciales.

Aquel día, recogerían los diarios,  la presidenta regional se desplazaba a Guadalajara para cortar la cinta de la nueva planta que la empresa BASF inauguraba en su factoría del Polígono Industrial del Henares, en Marchamalo, y como solía ser habitual, la Junta de Comunidades había convocado a los todavía numerosos medios de comunicación, algunos de ellos –como nosotros- condenados a desaparecer y otros a padecer una lenta agonía o a resistir de cualquier manera los embates de la crisis con  plantillas adelgazadas.

Ese día lucía un sol que todavía se resistía a calentar, a pesar de que la primavera ya nos pisaba los talones. Es más, se podría decir que hacía bastante frío y el viento no daba tregua a la veintena de periodistas  que allí nos encontrábamos. Lo recuerdo bien porque, amablemente, nos emplazaron durante más de una hora en un lugar cualquiera, a las puertas de la factoría, convencidos –ilusos de nosotros- de que la presidenta se dignaría a salir en cualquier momento para atendernos.

Y allí estábamos los periodistas, de pie, en un pedazo de acera dentro de la parcela de la fábrica, implorando al sol que no se ocultara entre las nubes, porque hacía mucho frío, mientras los minutos caminaban lentamente en el reloj.

La paciencia comenzaba a consumirse y algunos amenazaban  con marcharse y corresponder la falta de consideración de la presidenta con el vacío mediático del evento en cuestión, aunque este tipo de amenazas casi nunca llegaban a materializarse. Mientras tanto, la máxima representante de la Junta y su séquito se paseaban por la factoría, desplazándose por el exterior de la planta en un autobús, para no tener que hacer frente a esos incómodos micrófonos y grabadoras que esperaban unas declaraciones que, antaño, solían formar parte del protocolo habitual de este tipo de actos.

Para muchos de nosotros no se trataba de un desplante cualquiera, porque llevábamos grabada ya la palabra “derrota” en la frente, con varias nóminas impagadas y contemplando inermes como nuestra carrera profesional se desvanecía delante de nuestras narices, cómo el panorama mediático de nuestra provincia expiraba su último aliento, mientras la máxima representante del Gobierno regional nos dejaba plantados y sin declaraciones en cualquier sitio, a la intemperie, de pie y con un frío atroz.

Un representante de la empresa se acercó a nosotros y de veras pensamos que había terminado aquel suplicio, pero en lugar de ello se alargaba nuestra espera varios minutos más en otro lugar del recinto, pasmados de frío y lo más apartados posible de la comitiva, como si no tuviéramos más obligaciones que atender  los caprichos de la presidenta.

Finalmente, nos condujeron al interior de una carpa donde se celebró un acto protocolario sin preguntas en el que la presidenta ensalzó una “prometedora” Ley de Emprendedores que no cumpliría con su objetivo de generar empleo, frente a los recortes que aún estaban por llegar y los parabienes de esta empresa que creaba puestos de trabajo (seis en concreto) en un periodo de dificultad.

Entonces, todavía no era tan evidente la política de comunicación que se iba a imponer desde la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, aunque la información cada vez más, se diera con cuentagotas y la cotidiana demanda de datos e informaciones por parte de los medios de comunicación fuera capeada por los responsables de los distintos gabinetes de comunicación con un simple e-mail de cuatro líneas ofreciendo la versión institucional más conveniente varios días o semanas más tarde, sin posibilidad de réplica y sin esclarecer las dudas que pudieran surgir.

Y este episodio se había borrado de mi memoria, pero hoy ha vuelto a instalarse en mi mente, porque como tantas otras semanas me hallo frente al papel en blanco sin saber muy bien de qué manera dar forma a un nuevo artículo y es en este preciso momento cuando me asomo a los distintos medios de comunicación que todavía se mantienen en pie y ya ni siquiera me sorprende la escasez de noticias.

Existe un tópico periodístico que dice  que las buenas noticias no son noticia y que en tiempos de dificultad es más sencillo hacer buen periodismo, pero todo ello parece relegado a los grandes diarios, esos que todavía pueden mantener cierto grado de independencia, porque en los tiempos que corren, el periodismo de provincias parece estar secuestrado y amordazado.

Ese día, y aunque reconozco que de una manera bastante tímida, me permití el lujo de hacer un pequeño comentario sobre la actitud de Cospedal hacia lo medios. Quizá hoy pretenda resarcirme por no haber sido más mordaz y crítica con esos acontecimientos, porque aquel capítulo que soportábamos en medio de la agonía solo resultó ser la punta del iceberg. Ahora la señora presidenta y sus secuaces, directamente,  prescinden de convocar a los medios y en todos los actos públicos que presiden o a los que asisten, se rodean de cordones policiales y dan esquinazo a la prensa, para mandar después desde su gabinete una conveniente nota de prensa, adjuntando otra conveniente fotografía.

A los políticos de hoy en día parece que se les olvida de manera ciertamente antojadiza que el Derecho a la Información viene recogido en la Constitución Española como un derecho fundamental del ciudadano; que atender a los medios no es una concesión, sino una obligación, de la misma manera que lo es ofrecer los datos e informaciones que éstos demandan y que hacer lo contrario tiene un nombre bastante elocuente con lo que está sucediendo y se llama “censura”, algo propio de regímenes autoritarios, aunque con ello parezca que queramos despertar a los fantasmas de tiempos pasados.

Por eso no puedo más que comparar con un chantaje la promesa de crear un colegio profesional para los periodistas de Castilla-La Mancha a los que tantas veces ningunea, esos mismos a los que veía languidecer mientras se desplazaba cómodamente en un autobús por las inmediaciones de la fábrica de BASF, en Marchamalo, mientras esperábamos muertos de frío unas declaraciones que jamás llegaron.

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