Europa es el camino

El concejal de Juventud, Armengol Engonga; y la edil de Empleo, Encarna Jiménez, en la presentación de "Guadalajara en Europa" // Foto: Guadaque.com

El concejal de Juventud, Armengol Engonga; y la edil de Empleo, Encarna Jiménez, en la presentación de “Guadalajara en Europa” // Foto: Guadaque.com

Por Abraham Sanz

El baño de historia de España al que me he sometido este fin de semana a cuenta del fallecimiento del ex presidente Adolfo Suárez, ha supuesto embadurnarme de nuevo de aquel espíritu de la transición que yo conocí vagamente a través de los libros de texto, pero que supuso uno de los periodos más trascendentales para nuestro país ya que se buscaba un cambio tranquilo entre un régimen autoritario y un sistema democrático. Su resultado fue más que aceptable y ha supuesto que estemos viviendo bajo el manto de la Constitución del 78, casi 36 años. Esta transición trajo consigo derechos, libertades y toda una serie de cuestiones que hasta el momento eran desconocidas en nuestro país, pero demasiado comunes en la Europa occidental que era nuestro modelo a seguir. También supuso comenzar a mirar al exterior sin miedo, de comenzar a sentirnos como uno más dentro del marco europeo y a empezar a quererse sentir parte del proyecto integrador que se fraguaba en aquel entonces y que ahora aglutina a 27 países del antiguo continente.  Y sí, Suárez ya miraba a Europa a pesar de todo lo que tenía que arreglar en casa, porque entendía también que el futuro de nuestro país pasaba por recobrar el pulso a la política internacional.

Tres décadas más tarde, Europa no sólo es uno de los problemas de la actual arquitectura económica de nuestro país; sino que debe ser el camino para llegar a una solución que se ajuste a los tiempos actuales en los que, la generación de los hijos de la Constitución, está mostrándose como una voz en el desierto que pide auxilio porque las ideas se agotan y aún estamos como al principio. Decía mi compañera Marta Perruca que somos “la generación estafada” y no le falta razón, a mi juicio; pero también somos la generación de las prisas. Nos acostumbramos a llegar y a obtener las cosas, no sin esfuerzo, pero si con celeridad; lo que supone que hoy en día el no contar con una solución rápida a nuestros problemas, nos bloquee en demasía. A lo que hay que sumar un estrés diario cuyas cotas se elevan cada día más lo que recrudece aún más estas situaciones de tensión entre todos los agentes implicados en esta crisis cuya extensión, ya suma dimensiones sumamente largas.

No se sí saldremos hoy o mañana, pero lo que es seguro es que de esta recesión saldremos con fuerza; con menos derechos sobre la mesa, pero con más hechuras y más espaldas que al principio. Valga un ejemplo, todos nos hemos dado cuenta –ya era hora- que nuestro mundo ya no termina en la ciudad donde vivimos o donde tenemos trabajo; sino que hemos ampliado miras al ver la falta de salidas en nuestro país y hemos comenzado a ver nuestras carencias idiomáticas. Muchos son los que están aprovechando a sumar a sus licenciaturas o ciclos formativos, destreza en idiomas como inglés, francés o alemán. Nuestro avance está ligado a nuestra capacidad de ser permeables a las situaciones de crisis y comenzar a buscar nuevas opciones que nos permitan determinar nuevas metas. Tanto que los proyectos de enseñanza bilingües se han multiplicado con mayor o menor éxito, pero lo cierto es que el aprendizaje de nuevas lenguas siempre abre la mente y hace que el ser humano quiera ampliar horizontes. Viajar y formarte más allá de nuestras fronteras –por mucho que le pese al ministro Wert- es una experiencia vital que en un futuro derriba las barreras del miedo a lo desconocido y, permite abrirse  camino a un pensamiento crítico y reflexivo.

Como decía Europa quizá haya sido uno de nuestros males durante estos años, pero sin duda, también es el camino para nuestras soluciones, de ahí que, el apoyo del Ayuntamiento capitalino al programa de movilidad Leonardo Da Vinci, creando la primera edición de las becas “Guadalajara en Europa”, es todo un acierto dado que no sólo se produce una inmersión lingüística de los 25 seleccionados –ya están publicadas las listas definitivas-, sino que realizarán prácticas laborales lo que les permitirá contemplar y aprender los métodos de trabajo empleados en estos países; desarrollar su formación así como perfeccionar un segundo idioma. Sin duda, supone abrir su mente y compartir una experiencia que va aparejada, que es el aprender a vivir de un modo independiente y en un país extranjero, con sus ventajas y sus dificultades, pero que sin duda aporta una lección de vida que el mercado laboral por sí mismo no da. Además, tanto los destinos –Reino Unido, Irlanda, Austria o Italia- junto con el apoyo económico así como con el programa sobre el papel, hace de estas becas de lo más interesante de lo que existe hoy en día para proseguir en una formación para el empleo mejor y abrir un nuevo marco de oportunidades. Primera edición que, confío que sea la primera de muchas más, puesto que la juventud precisa de este tipo de iniciativas para poder abrirse camino en mitad de la crisis.

Un pensamiento en “Europa es el camino

  1. “Esta transición trajo consigo derechos, libertades y toda una serie de cuestiones que hasta el momento eran desconocidas en nuestro país”

    Derechos y libertades, que últimamente se están empeñando en quitarnos.

    Muy buen artigulo.

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