La carga de Marín

El consejero de Educación, Cultura y Deportes, Marcial Marin, informa sobre la implantación de la LOMCE en Castilla-La Mancha, el pasado día 12. // Foto: Álvaro Ruiz. JCCM

El consejero de Educación, Cultura y Deportes, Marcial Marin, informa sobre la implantación de la LOMCE en Castilla-La Mancha, el pasado día 12. // Foto: Álvaro Ruiz. JCCM

Por Concha Balenzategui

Escuchaba el otro día una tertulia radiofónica sobre el poco conocimiento que tienen nuestros jóvenes sobre la Transición española. Son comentarios que se han prodigado estos días, a la muerte de Adolfo Suárez, al reflejar varias encuestas callejeras que los chavales no tenían repajolera idea sobre el personaje. En la tertulia se lamentaban varios profesores de Historia del poco peso que la asignatura tiene en la Educación obligatoria, sobre todo a la hora de dedicarle tiempo a los periodos más recientes.

No es un tema nuevo, y precisamente está de plena actualidad. Con la entrada en vigor de la LOMCE, a partir del curso que viene cambiará la distribución de las asignaturas en el horario escolar. Como se dice en el “mundillo” educativo, “cambiará la carga lectiva” de algunas materias. Coincidirán conmigo en lo desafortunado de la palabra: Si empezamos por llamarle “carga”, ¿cómo no vamos acogerle tirria a la asignatura?

Pero mi planteamiento es más de fondo. Recuerden cuántas veces han oído ustedes, como esta semana con la Transición, que algo es tan importante “que debería enseñarse en la escuela”. Depende del momento, del día internacional que se celebre, o de la noticia de actualidad que comentemos, siempre sale alguien diciendo que si las normas de seguridad vial, que si la dieta mediterránea, que si la sexualidad, que si el ajedrez, o que si el uso seguro de las redes sociales, deberían enseñarse en el colegio.

Barack Obama, por ejemplo, promueve en Estados Unidos una campaña que pretende que sus gobernados practiquen el lenguaje HTML a diario. “Una hora de código al día”, recomiendan, especialmente, a los escolares, porque consideran que manejar el lenguaje de los ordenadores -y no ser meros usuarios “analfabetos de sus entrañas”- será una herramienta fundamental para manejarse en el futuro. En Castilla-La Mancha, por poner otro ejemplo, se fomenta en los últimos años eso que los actuales gobernantes han dado en llamar el “espíritu emprendedor”, una iniciativa incluida en la Ley de Emprendedores.

Pero la cuestión no es “qué más” deben aprender nuestros hijos, sino “en lugar de qué” incluimos esos contenidos que nos parecen “tan” imprescindibles. ¿O es que los chavales son esponjas sin límite para absorber lo que inyectemos en su cerebro, como si de una aguja hipodérmica se tratara? ¿Acaso son contenedores sin fondo? Confiesen que ustedes mismos han dicho alguna vez eso de “este tema debería ser una asignatura obligatoria en los colegios”. Posiblemente a la vez, o en algún otro momento, se han quejado del exceso de deberes que llevan a casa los chicos. Pero, sean sinceros: ¿se han preguntado alguna vez qué deberíamos eliminar de sus clases?

Incluso con las asignaturas y contenidos que ya están asentados en la escuela, de tanto en tanto surgen corrientes que abogan por darles más, más horas, más “carga”. Porque son fundamentales, según quien las defiende… unas veces con criterio, y otras muchas sin él. El debate surge a la vista de cada entrega de los resultados del informe PISA (tanto el de escolares como el de adultos, que también existe) en el que se quedan al aire nuestras vergüenzas en forma de baja capacidad en comprensión lectora o en cálculo matemático.

Y el debate se agudiza cuando llega una reforma educativa, como es el caso. Las comunidades autónomas están dibujando en estos días el “mapa de la Lomce”, el reparto de peso de las asignaturas, y lo que llaman “currículo” (otra palabreja). Y el problema, una vez más, no está en lo que aumenta, que parece estar consensuado: Lengua y Literatura, Matemáticas e Inglés. Que son “troncales”, decimos. Que son “imprescindibles”, añadimos. Qué son ampliables, en consecuencia. Quizás así salgamos más favorecidos en el próximo retrato PISA. No, el problema no está ahí. El problema está en qué quitamos. Qué no es imprescindible, ni troncal, y por tanto reducible.

Si me han seguido hasta ahora, ya sabrán que yo no tengo la respuesta. Es dificilísimo solventar la cuestión sin tener los suficientes criterios pedagógicos. Y parece que encajar todas las piezas -las corrientes de los expertos, los intereses de los profesores del ramo, la opinión de los afectados y la realidad presupuestaria- viene a ser como resolver el cubo de Rubick.

En la vecina Aragón, la damnificada va a ser la Educación Física, para hacer hueco a los otros contenidos. Sin embargo, no apostaría yo por esta opción, cuando veo estadísticas sobre el aumento de la obesidad entre los menores. O cuando recuerdo a la tutora de mi hija quejarse de que a sus alumnos “les falta calle”, cada vez que nos da las recomendaciones para las vacaciones: Que apaguen la tele y las consolas, y jueguen al aire libre, nos receta, con una dosis absoluta de sentido común.

Cartel de la campaña en favor de la educación musical.

Cartel de la campaña en favor de la educación musical.

En la también vecina Comunidad de Madrid han optado por reducir la Música. Los profesores están en plena campaña para evitarlo, seguro que lo han oído. Además de sus argumentos, les aporto otro en contra: El proyecto “Amure”, un programa experimental contra el fracaso escolar cuyos primeros datos concluyen que un 77,5 por ciento de los alumnos que tienen un refuerzo en música han mejorado los resultados del resto de sus calificaciones, sobre los que no lo han recibido. Al menos a mí me da para pensar.

¿Y qué ocurrirá en Castilla-La Mancha? Pues no lo tengo claro, y les aseguro que he intentado enterarme, como madre implicada y para documentarme antes de escribir este artículo. Explico mis pesquisas. El consejero de Educación, Marcial Marín, ha dejado claro que la Música no sufrirá recortes, porque es una de las “apuestas de nuestro Gobierno Regional”. Pero no ha dicho claramente, de primeras, qué asignatura va a pagar el pato. Les juro que creí oir a don Marcial en la radio hace unos días diciendo que se recortaría la Educación Física. Pero como las palabras se las lleva el viento, busqué una huella escrita que las corroborara. Y aunque encontré la noticia, luego leí otra que decía lo contrario, que la Educación Física no mermaría su carga lectiva. Se lo dijo Marín a varios representantes de colectivos implicados en la enseñanza de la gimnasia o el deporte, si bien la nota oficial deja entrever que algo se reducirá, al menos en el horario escolar y en algunos cursos.

El consejero, reunido con representantes de la educación para el deporte. // Foto: Jccm.es

El consejero, reunido con representantes de la educación para el deporte. // Foto: Jccm.es

También sé que el sindicato STE planteó la misma pregunta -qué se reduce para ampliar el horario de las asignaturas que ganan peso- esta misma semana en la reunión de la Mesa Sectorial. Pero los representantes del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza se levantaron de la reunión al no obtener la respuesta. Agua.

Lo cierto es que la falta de concreción de este consejero de nadar y guardar la ropa llega a exasperar. Esto sí que es una carga. Porque parece no tener resuelta la ecuación, y es su Consejería la que debe coger al toro por los cuernos -nunca mejor dicho, tratándose de Marín- después de estudiar la situación, escuchar a los expertos en la materia y a los afectados. Y si tiene tomada una decisión, es evidente que no la quiere exponer a las claras, para no oír voces en contra.

Insisto en que el problema es difícil. Tanto, que solo se me ocurre una solución, y esta es fácil, hablando de “carga”: Cárguense la Religión. No permitan que los chavales “inviertan” dos horas -¡dos!- a la semana en cuestiones que pueden adquirir en las parroquias y en las familias. Y no condenen al resto a que “pierdan” esas dos horas en una nueva enseñanza “alternativa” a consecuencia de la primera. Hablamos de un tiempo preciado, de dos valiosas horas, que son por ejemplo la mitad de las que ahora dedican cada semana a las imprescindibles Matemáticas o a la Lengua.

Parece fácil, ¿verdad? Pues no lo es con un Gobierno regional que últimamente imparte Religión hasta a los futuros médicos en el Hospital. Qué calvario. Y qué carga.

Un pensamiento en “La carga de Marín

  1. Desde luego tu comentario no tiene desperdicio. Qué fácil solución .. claro… y dejar sin trabajo a tantas personas que tienen familia e hipotecas. Váyase usted donde piquen las gallinas.

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