Enfermos de atar

Hospital de Guadalajara. // Foto: Sescam.

Hospital de Guadalajara. // Foto: Sescam.

Por Rubén Madrid

Para reír. Dice el consejero de Sanidad, José Ignacio Echániz, que este verano se cerrarán plantas en el Hospital porque hay que adaptar la demanda a la oferta. La lista de espera sigue siendo desesperante, pero el titular alcarreño de la cosa médica considera que habrá menos necesidad de atención porque nos vamos a la playa y a la montaña.

Dice el cómico Berto Romero en el documental ‘El culo del mundo’ de Buenafuente que la risa es buena, tan adictiva como una droga, y que después de una descarga de endorfinas uno se siente mucho mejor. Y yo creo que se refiere a un tipo de humor muy fino, como el que destilan las declaraciones de esta semana del consejero Echániz.

El Hospital de Guadalajara cerrará plantas, un verano más, porque ahora con el PP nos ponemos menos enfermos. Con Barreda, como en la Edad Media, la población estaba amenazada por multitud de epidemias, cuyas consecuencias quedaban agravadas por la desnutrición y la carencia de las más elementales medidas higiénico-sanitarias. Ahora con Cospedal la gente es feliz. La mejor prueba de la recuperación económica en esta región con 14.000 parados más en lo que va de año será el éxodo de familias al Caribe: Echániz está tranquilo porque sabe que allá están bien abastecidos de médicos cubanos. Y para aquellos a los que, a pesar de sus esfuerzos, la recuperación les viene tardando, su destino más próximo, los pueblos, mantienen las urgencias que quiso cerrar hace dos años.

Echániz, que gestiona y no derrocha, plantea una ecuación racional: como en verano hay menos demanda sanitaria, ajustamos la oferta de recursos. Igualito que en las empresas serias. Si nos piden cien tornillos, ¿para qué vamos a hacer doscientos?

Ahora bien, su razonamiento descansa sobre la premisa de que cae de verdad la demanda. ¿Somos más los que nos vamos que los que vienen? Es cierto que de las ciudades huye mucha población en verano durante un par de semanas, incluso un mes, pero también muchos municipios duplican y triplican población y para ellos el Hospital que ‘ajusta’ sigue siendo el de referencia. De momento no hay hospital en Cantalojas ni en Milmarcos.

También se puede aprovechar para ajustar de otro modo: si hay menos demanda de ingresos, ¿por qué no aprovechan para rebajar la lista de espera? Hay alcarreños esperando operación desde mucho más de los 90 días que marca la propia normativa. Ayer enviaron una nota de prensa con datos de la rebaja en la lista de espera en la que (¡caramba qué cosas!) no señalaban cuántos alcarreños figuran en la susodicha lista. Y tampoco parece que a ningún medio que las haya publicado le haya interesado el dato.

Pero lo divertido no es esto, sino la justificación que nos regala el consejero: alega que se cierran plantas porque en invierno “hay más patologías relacionadas con el aparato respiratorio o cardiacas”. Es decir, en julio y agosto hay menos ingresos por neumonía. Le ha faltado decir que hay menos nacimientos porque en invierno, nueve meses antes, da más pereza quedarse en cueros. Aplicando el mismo sentido común que nos emplea el consejero, se nos ocurren otras razones por las que en verano hacen falta más camas de hospital y no menos:

  • hay más probabilidad de ahogarse (salvo en Entrepeñas, que no hay agua),
  • aumentan los casos de intoxicación porque es peor el vino de las sangrías en las fiestas de los pueblos,
  • se puede ser víctima de una cornada en un encierro,
  • tenemos encuentros imprevistos con petardos y petardas,
  • hay más opciones de caer despeñado subiendo el Ocejón,
  • sufrimos más cortes de digestión,
  • las chanclas son un calzado que triplica el riesgo de accidente,
  • hay más atragantados con los palos de los helados,
  • se multiplican los casos de daños en peleas domésticas por el mayor contacto con los suegros y los cuñados
  • y, para colmo, aumenta el riesgo de infarto con el Mundial.

O sea, que demanda hay.

Dice Echániz que se trata de “un ajuste inteligente y responsable”. Hay en su forma de argumentar una mirada por encima del hombro, a la población a la que se debe, que transmite una inmensa soberbia o, al menos, un paternalismo del que muchos no necesitamos.

Para llorar. El pasado fin de semana un periódico digital no pudo informar a sus lectores de la tradicional corrida de primavera de Brihuega. Al parecer, y confiamos en sus explicaciones, la empresa Campo Bravo Alcarreño-Fomencam S.L. no estaba satisfecha con la previa, porque esta previa decía ni más ni menos que lo que quedaba a la vista –que la meteorología no acompañaba– y lo que parecía obvio y confirmaban en taquillas, que la entrada iba a ser floja. Respuesta: impedimento al cronista de este medio para cumplir con su cometido. Eso se llama facilitar la cobertura informativa por la puerta grande.

Similar situación ha ocurrido con el digital Cultura En Guada al que Multicines acaba de retirar los pases para poder entrar a las salas de proyección y realizar críticas de las películas. Será que estas salas están sobradas de espectadores y, por tanto, de estímulos para ir al cine. El año pasado, nada más ofrecer esta acreditación (como ocurre en las salas de teatro, de arte, etc… de todo el país), Multicines de Guadalajara intentó que el mismo medio ofreciese merchandising gratuito de alguna película. Confundieron, seguramente como Campo Bravo Alcarreño-Fomencam, información y publicidad y el derecho de admisión con el derecho de información.

Estos casos no son tan diferentes a los de las instituciones que dificultan la maniobra al periodista durante algunos actos de políticos. Lo hemos dicho en el gremio mil veces a propósito de ruedas de prensa sin preguntas o con preguntas limitadas o pactadas. La Casa Real lo ha hecho siempre –y todos lo admitimos mansamente y sin rechistar: no había oposición para criticarlo–, el PP lo ha generalizado y muchos otros partidos (o clubes de fútbol, por sumar otro ejemplo) lo están adoptando sin que los periodistas hagamos poco más que quejarnos por los pasillos de los congresos, de los hoteles y en nuestras cuentas de Twitter. En campaña electoral volverán a repetirse las señales de televisión controladas y las comparecencias de prensa acotadas.

El asunto es preocupante, pero no se solucionará mientras siga pareciendo un capricho del informador y no una violación al ciudadano. Pero en un panorama de prensa en el que los lectores no pagan y los informadores no informan, hay que empezar a encajar la derrota. Muerto el mensajero, se están ustedes condenando a un mundo en el que tendrán que asumir por sí mismos el papel de rebuscar entre montañas de propaganda institucional, comunicación corporativa, tuits, mensajes de Facebook, dossieres en pdf, vídeos digitales, trípticos, folletos y mensajes de ‘spam’ aquello que les pueda ofrecer pistas ‘reales’ del mundo en el que viven.

El pronóstico no es aventurado: está ya aquí y acabamos de vivir un ejemplo muy claro. Acaba de salir a la calle un periódico que nadie sabe quién dirige, con noticias que nadie firma, pero que se ha hecho una cuenta de Twitter en la que se expone como un medio más hasta el punto de que se abre a la publicidad privada pese a editarse sin transparencia. Leo el editorial y asegura que nace al mundo como un antídoto definitivo contra el control institucional de la prensa y, aún es más, que no comparten “el pensamiento único porque empobrece a la sociedad”; y veo varios tuits de cargos del PSOE que –para mi asombro– saludan el rotativo como un ejemplo de calidad y pluralidad, en vez de dejarlo simplemente en una herramienta de propaganda a su medida.

Para quienes no están en el gremio les traduzco todo esto: LaCalle es el periódico que los cargos públicos del PSOE estaban esperando después de meses recibiendo un maltrato informativo sin escrúpulos por parte de los medios apadrinados directa o indirectamente por el PP provincial. La aparición de este periódico de visión absolutamente sesgada viene a cubrir su vacío, que no el del conjunto de la población. Para cualquier lector con sentido crítico, el mensaje es rotundo: ahora ya sabemos que la pluralidad era esto, pensamiento único de un lado para contrastar con el pensamiento único del otro. El surgimiento de periódicos como este o como el ’30Días Guadalajara’ -que subvencionamos entre todos los arriacenses- mientras cierran o naufragan otros proyectos periodísticos de la ciudad deberían inspirar una profunda reflexión en el gremio.

De modo que Echániz dirá lo que quiera, pero yo creo que habría que dejar abiertas las puertas del Hospital de par en par, porque cada vez somos más los que nos ponemos enfermos. Y enfermos de atar.

Nuevas ideas, ¿nuevos hábitos?

Las nuevas papeleras inteligentes se han instalado en Aguas Vivas. // Foto: abc.es

Las nuevas papeleras inteligentes se han instalado en Aguas Vivas. // Foto: abc.es

Por Abraham Sanz

Mantener la ciudad en un estado óptimo de limpieza no es solo una obligación municipal sino también una máxima cívica que hemos de cumplir los ciudadanos que, con demasiada frecuencia, se nos olvida que nos corresponde cuidar también a nosotros de ese espacio común que es la calle y que nos gusta ver con un aspecto más que decente cuando paseamos por ella. Misma situación ocurre con nuestros parques y jardines donde además de las propias familias con sus pequeños, también es lugar de reunión para los amantes de los animales y sus mascotas quienes tienen una doble responsabilidad. La primera y más importante, tienen bajo su tutela a un ser vivo con todas las obligaciones de cuidado que la cría de un animal conlleva; y una segunda que tiene que ver con la comunidad donde habita que es colaborar en la limpieza de la posible suciedad que su mascota genere.

A primera vista, todo lo relatado hasta el momento, no tendría que ser más que una obviedad debido a que la ciudadanía tuviera un compromiso en conservar en el mejor estado posible los espacios públicos. Sin embargo, esa concienciación desaparece en el momento en el que algunos consideran que el hecho de pagar un servicio de recogida de basura y limpieza, nos otorga la posibilidad de actuar lejos del civismo que se espera a una sociedad ya insertada en pleno siglo XXI y que es consciente que una ciudad limpia no crea futuros problemas de salubridad al resto de ciudadanos. Y es una pena que esa concienciación social no termine de calar hondo ni en jóvenes ni en mayores pese a que los trabajos de las diferentes organismos durante años y años llevan realizando campañas de mayor o menor calado tratando de fomentar esa sensibilización tan necesaria que permita mejorar la imagen y la salud de nuestra ciudad.

No digo con esto que seamos los peores a nivel nacional en este ámbito, sino que es cierto que tenemos un amplio margen de mejora. Quizá sea por este motivo, quizá por el hecho de que todo suma siempre que el objetivo sea positivo, el Ayuntamiento capitalino se ha embarcado en un proyecto novedoso para concienciar a los dueños de mascotas que las heces de estas no sirven como elemento ornamental de nuestras calles y jardines; sino que ha de recogerse y depositarse en el contenedor por razones obvias de salud pública. Yo he sido dueño de un pequeño perro y es cierto que no es plato de gusto realizar esta tarea, pero hemos de considerarla como una acción necesaria y obligada, puesto que tanto derecho tiene el resto de ciudadanos como usted a encontrarse los espacios públicos limpios para su disfrute sin correr riesgo de ningún tipo, puesto que estas deposiciones pueden transmitir enfermedades tanto a los propios animales como a los propios humanos.

No obstante, ya venía siendo bastante común, sobre todo en el entorno de Aguas Vivas como en algún que otro parque del centro de la ciudad, ver excrementos caninos en diferentes lugares de este barrio. Cierto es que es una zona donde el número de mascotas que se contempla por las calles es más que notable y que buena parte de sus dueños, sale con sus bolsitas; pero no todos. Hay muchos que prefieren soltar a estos animales, aprovechando el carácter peatonal de algunas calles y su proximidad a pequeñas zonas verdes, para que sea en estos lugares donde los perros –en su mayoría- depositen sus excrementos; sin tener que verse en la obligación de recogerlos.

No es de extrañar que haya sido este barrio, el seleccionado para poner en marcha este proyecto Guadacan, para tratar de concienciar a estos de la necesidad de recoger las deposiciones de sus mascotas en la vía pública. Lo realmente novedoso es que no se apoya en un sistema de sanciones –que por otra parte, sigue vigente según la ordenanza de tenencia de animales-, sino que busca el refuerzo positivo de quienes practiquen este saludable hábito. La idea parece positiva aunque triste, puesto que nos pueda motivar más el hecho de poder obtener un premio por comportarnos de un modo cívico, es algo como para tener que hacérnoslo mirar.  Parece que hasta que no ocurre algún tipo de desgracia como algún foco de enfermedades que surge por causa de la falta de recogida de las heces animales, no nos damos cuenta de lo esencial que es que entre todos, mantengamos nuestras calles y parques cada vez más limpios.

Eso sí, si este proyecto supone una ayuda para lograr este objetivo común, bienvenido sea ya que, al fin y al cabo, su meta es seguir mejorando la salubridad de nuestras vías públicas. Y si ya de paso, terminamos de concienciarnos de que tener un animal no es una afición pasajera, sino una responsabilidad de larga duración, mejor que mejor.

Subvención o desaparición

Los alcarreños lucieron camisetas blancas para que se vieran mejor los nombres de los patrocinadores. Foto: Guadaque (Óscar de Marcos).

Los alcarreños lucieron camisetas blancas para que se vieran mejor los nombres de los patrocinadores. Foto: Guadaque (Óscar de Marcos).

Por Ana G. Hernández

Cuando un equipo pide auxilio económico, todo cambia. Lo que prima ya no son los resultados deportivos que consiga jornada tras jornada, sino lo que sucede en los despachos. En Guadalajara tenemos experiencia en estas lides desde hace ya muchos años, el equipo de baloncesto sufrió en la década de los noventa estas vicisitudes, de las que no se libró cuando estalló la burbuja inmobiliaria, al igual que el fútbol sala. El voleibol es otro de los ejemplos más representativos de que sin apoyo económico un equipo no puede sobrevivir en la máxima categoría. Tampoco se libró el balonmano de padecer este mal, ya le sucedió en el siglo pasado y lo peor es que la situación puede volver a repetirse en este 2014. El BM Guadalajara desaparecerá a no ser que se consigan unos 300.000 euros.

La desaparición de un club supone enterrar la ilusión de decenas de personas que siguen al equipo y, sobre todo, la de unos directivos que han puesto mucho de su parte para que el proyecto salga adelante. Además, una nueva desaparición de un club de la capital supone que el desencanto crezca y se perpetúe entre los alcarreños de a pie. Al balonmano le estaba costando hacerse con un público fiel, le estaba costando muchísimo. Pero, poco a poco, y a base de esfuerzo y muy buen trabajo, la gente iba respondiendo. Cierto que sin alardes, pero se estaba consiguiendo.

No en vano, se reprochaba y se reprocha al guadalajareño que le cuesta mucho moverse para ir a ver los partidos, que le cuesta implicarse con los equipos autóctonos. Pero es que, el guadalajareño ya está cansado de ver desaparecer la pequeña ilusión que pone en el club de su ciudad. Y lo peor es que todo ello puede desembocar en cierto desencanto hacia los actuales y futuros equipos que nazcan e intenten permanecer en la ciudad. Da igual que el proyecto sea inmejorable, que el trabajo sea denodado y que los resultados sean buenos, sin dinero la empresa se hunde.

La única solución que prevé el BM Guadalajara es el apoyo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. El equipo morado y el Ciudad Encantada de Cuenca, en la misma situación económica, necesitan convencer a María Dolores de que, como su vino, también son santo y seña de la región y que pueden ser exportados a otras provincias y a otros países con la marca Castilla-La Mancha por bandera. El problema es que desde el club alcarreño no se contempla ninguna opción más que la de estar bajo el amparo autonómico y vivir bajo las faldas de mama Junta. La misma madre que negó su auxilio al Ciudad Real cuando estaba en la cresta de la ola.

Regreso a la nobleza

El Deportivo Guadalajara volvió a pisar los puestos de promoción de ascenso, después de salvar un gol en contra y una expulsión. El motivo, Quique. El goleador pucelano está siendo fundamental durante toda la campaña y en Cáceres lo volvió a hacer. Ya sé que lo de personalizar en un equipo de fútbol es complicado, porque no dejan de ser once los que están sobre el terreno de juego, pero lo cierto es que nunca antes una individualidad había sido tan importante para un equipo modesto como el club alcarreño. Si el Depor consigue meterse en el play-off, finalmente, Quique González será el principal causante de ello.

Los de Pérez Salvachúa se aprovecharon del empate que rascó el Cádiz en Cartagena para adelantar a los gaditanos y para quedarse a un punto de los cartagineses. Dos plazas para tres contendientes en dos puntos a falta de dos jornadas. A priori, el que tiene un calendario más asequible es el Cartagena. No en vano, se enfrenta al Algeciras, que, aunque lucha por el descenso, tiene una renta de tres puntos a su favor, y al Écija, descendido hace semanas a Tercera División. Mientras que el Cádiz y el Guadalajara lucharán contra rivales similares: actuarán de locales ante equipo que están en plena lucha por la salvación, La Roda y el San Fernando, respectivamente; y como visitante ante dos equipos de la zona media de la clasificación y que a estas alturas no se están jugando nada, el Cacereño y el Melilla. El Depor hizo lo más complicado, superar al Cádiz. Ahora solo depende de sí mismo para estar entre los cuatro mejores de la categoría.

La importancia de la imagen

Patricia Arnaiz, reportera gráfica. // Foto: Alberto Sen (We Are Paradise)

Patricia Arnaiz, reportera gráfica. // Foto: Alberto Sen (Weareparadise)

*Por Patricia Arnaiz 

Hace unos días recibí con sorpresa la noticia de que la Asociación de la Prensa de Guadalajara había decidido otorgarme el Premio de Periodismo Bicentenario de la Diputación Provincial. Digo sorpresa, porque mi labor periodística los últimos años se ha centrado más en la imagen y el reporterismo gráfico que en el periodismo escrito como tal, y en la pieza premiada la redacción tradicional daba paso al montaje como herramienta narrativa, y al apoyo total de la imagen como un elemento esencial de la información.

No hace falta ahondar en que “los tiempos que corren” han dejado a muchos profesionales en la calle, y en los medios (como en muchos otros sectores) se busca el 2X1: cubrir dos o más puestos de trabajo con una sola persona, de forma que los profesionales del audiovisual parecen haber quedado relegados a mejor vida para convertir al “plumilla” en hombre orquesta.

afgana

Famosa fotografía de Steve McCurry.

Estoy segura de que muchos de los que nos dedicamos a esto alguna vez hemos anhelado volver atrás en el tiempo, a la época en la que no existían teléfonos móviles con cámara y se valoraba el trabajo, el oficio y la mirada del reportero gráfico como una parte esencial del equipo informativo. ¿Cómo sería nuestra visión de la guerra sin las imágenes de Robert Capa? ¿Qué habría pasado si otro que no fuera Steve McCurry hubiera tomado la foto de esa niña afgana, mirando para otro lado y con un iPhone?

Claro está que el periodismo, en general, está sufriendo una transformación cuyo final aún no alcanzamos a ver, y que está cambiando la fórmula de divulgar radicalmente. Pero que no nos la cuelen, porque la realidad es (o debería ser) que no cualquiera que se abra un blog se convierte en periodista, ni cualquiera que haga una foto de un paisaje y le meta un efecto HDR es fotógrafo. Pero ese…ese es un tema aparte…

Lo que me gustaría recalcar es que cada figura y cada rol está ahí por algo, que casi todos los puestos que estamos viendo desvanecerse son en realidad necesarios. Aceptémoslo: la imagen es importante, en esto y en todo. Y no hablo de toda esa tendencia que nos obliga a estar divinos y vestir lo último porque “tu ropa habla de ti”. Hablo de que a nadie le gusta conversar con alguien que tiene los dientes amarillos o el pelo sucio. Para mí, que no se cumpla un estándar de calidad en medios que usan la imagen, es como escuchar de cerca a alguien a quien le huele el aliento. Y sin ponernos tan radicales, ¿quién no prefiere una revista bien maquetada y ordenada, con imágenes potentes, letra legible y un diseño limpio, antes que un folleto cutre y descolorido?
La imagen es un elemento narrativo más, una seña de identidad, un complemento directo para una información desarrollada con la palabra. Podríamos escribir un extenso reportaje sobre la Capilla Sixtina, y resultaría muy interesante. Pero, después de escuchar la descripción de sus escenas, o las idas y venidas de Miguel Ángel con Julio II, necesitaremos contemplar al menos una imagen de su bóveda.

Hace unos meses, el diario francés Liberation publicó un número especial sin una sola imagen, pero con los huecos donde éstas irían en blanco. Era una reivindicación y un homenaje. Afirmaban estar en deuda “con la iconografía, con los foto-reporteros, pero también con los fotógrafos de moda, los retratistas, los conceptualistas”. No sólo por “hacer bonitas, impactantes o ilustrar” sus páginas, sino porque “la fotografía es una manera de mostrar el mundo”.

La imagen es importante. En ocasiones determinante, en otras innecesaria. A veces un añadido y en otras lo primero y único que mirará el lector. En televisión, la esencia. Y en la vida, una carta de presentación.

Patricia Arnaiz. Foto: Alberto Sen (Weareparadise)

Patricia Arnaiz. Foto: Alberto Sen (Weareparadise)

*Patricia Arnaiz Varona se licenció en Comunicación Audiovisual en 2007 y empezó a partes iguales como redactora y cámara en el programa Nuevos madrileños, emitido en la Comunidad de Madrid. Trabajó en la productora Iniciativas.tv, y fundó junto con dos compañeros Pez Globo Productions, donde se encargaba del vídeo y la fotografía, y la página web sobre nuevos talentos nonosgustaleer. Participó en numerosas producciones de ficción como operadora de cámara, script y ayudante de dirección, mientras trabajaba en la sala de la directora de casting Laura Cepeda. Hasta que recayó en Guadalajara en 2010 para el nacimiento de Canal 19, donde empezó de operadora de cámara y fue asumiendo más responsabilidades, como la realización de programas y la dirección del departamento técnico. Tras su cierre, emprendió junto con algunos compañeros la aventura televisiva de Canal 19 2.0 donde, entre cinco personas, tuvieron que desempeñar varias funciones para tratar de ofrecer el mejor resultado posible a la provincia. Uno de los reportajes elaborados en esa etapa es el que la ha hecho merecedora del Premio de la Asociación de la Prensa que recoge este lunes. Actualmente vive en Madrid, colabora como freelance con varias productoras, y ha creado junto a su pareja, el fotógrafo Alberto Sen, una empresa donde ofrecen vídeo y fotografía a particulares y empresas, llamada weareparadise (ver página de Facebook)

Somos menos

Guadalajara ha dejado de ofrecer un medio de vida para una parte de su población, que ha optado por marcharse. // Foto: R.M.

Por Concha Balenzategui

La población de la provincia ha vuelto a bajar en el último año. Son 2.336 personas menos el pasado 1 de enero, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística esta semana, y que tienen carácter provisional hasta que se publique el decreto para su confirmación, hacia finales de este año.

Es a todas luces un dato negativo, y no sólo en términos contables, pues viene a confirmar que el descenso del año anterior, de 1.814 personas, marcaba un cambio de tendencia. La población en nuestra provincia no había hecho sino subir de forma continuada desde principios de los 90, y en la última década Guadalajara había sido la provincia española que había crecido a un ritmo más rápido en toda España. Solo hay que ver que si bien hasta el año 2005 Guadalajara no alcanzó los 200.000 habitantes, ya en el año 2012 juntábamos la nada despreciable cifra de 259.537.

Una lectura rápida de estas cifras nos lleva a conclusiones que se me antojan demasiado simplistas, a fuerza de leer sólo las grandes magnitudes. Para empezar, que la tendencia a la baja se da en el conjunto de España y en todas las comunidades autónomas, a excepción de Ceuta y Melilla, que soportan una fuerte presión migratoria. La segunda interpretación viene servida por el hecho de que en Guadalajara el colectivo de extranjeros ha disminuido en 4.230 personas, y del recuento final concluimos que el número de españoles ha crecido entonces en 1.894 personas. Ambos argumentos, evidentemente ciertos, se los oí decir a la presidenta de la Diputación. Ana Guarinos, en su valoración de la noticia para la cadena Ser.

Pero hay mucho más que ahondar en estos flujos de población, porque en la ciencia de la demografía, como en todas las disciplinas de lo humano, las cosas no son blancas, negras ni mucho menos exactas, por mucho que las midamos con cifras.

Remontándonos un poco, no están tan lejos aquellos años ochenta en que nuestra provincia perdía población, sencillamente porque morían más personas que las que nacían. Los flujos migratorios, una vez pasados los años del desarrollismo más fuerte, no eran suficientes para compensar el crecimiento vegetativo negativo. No hay duda que una población envejecida e incapaz de restituirse a sí misma es una señal negativa, desde el punto de vista social y económico.

La tendencia cambió, y Guadalajara fue incrementando sus cifras gracias a la llegada de nuevos pobladores venidos de otras tierras. Primero ligeramente, luego con una energía que la ponía a la cabeza de las estadísticas nacionales. Municipios como Villanueva de la Torre se encaramaban a los titulares de la prensa nacional por su sorprendente capacidad de multiplicarse varias veces en un corto espacio de tiempo.

El crecimiento de esos años tampoco era positivo per se, por mucho que lo fuera en términos contables, y venía provocado por dos fenómenos. El primero, el despegue de la inmigración: Si en 1998 los extranjeros eran un 1,15 por ciento del conjunto de los empadronados, en 2012 rozaban el 16 por ciento. Es evidente que si al principio fue una escalada paulatina, la llegada masiva de los últimos años provocó sus desajustes. Pensemos por ejemplo en la pintoresca situación en los dos municipios donde actualmente, según los datos del INE, más de la mitad de los vecinos son extranjeros. O incluso en los ocho pueblos donde el número de foráneos constituye entre un 30 y un 50 por ciento del vecindario.

La otra causa del vertiginoso tenía su origen a muy pocos kilómetros, en la vecina Madrid, cuyos precios de vivienda expulsaron a sus habitantes hacia tierras de hipotecas menos imposibles. A través de estos nuevos pobladores se multiplicaron los municipios del corredor, y también se produjeron algunos desajustes entre el aluvión de personas y los servicios ofrecidos, o por un urbanismo desenfrenado y poco sostenible que extendía hasta el infinito las hileras de adosados sin pensar en las consecuencias.

Hoy, estos dos fenómenos han cesado. Los extranjeros menguan porque si les falta el sueldo nada les ata a estas tierras. Y tampoco las viviendas tienen una demanda en las actuales condiciones del mercado. Y la estadística ha dado la vuelta de nuevo como un calcetín, y nos encontramos perdiendo vecinos.

Hay que pensar que a pesar de algunos efectos negativos de los excesos del reciente modelo de desarrollo, no podemos renegar totalmente de él, pues también tenía sus beneficios. Y si Guadalajara ha dejado de ser competitiva como asentamiento de población, si ha perdido capacidad para atraer personas, y más aún las expulsa, es un mal asunto.

El descenso de población no deja de ser el síntoma de que nuestra provincia ha dejado de ofrecer un modo de vida factible para miles de personas, muchas de las cuales han hecho las maletas, y que son sólo la punta del iceberg de una gran cantidad que tampoco encuentra manera de ganarse las habichuelas, aunque aún no haya explorado nuevos horizontes.

Cambiar el chip

Zona wifi en el centro de Guadalajara. // Foto: abc.es

Zona wifi en el centro de Guadalajara. // Foto: abc.es

Por Yago López 

En mitad del espectáculo circense en el que se ha convertido la política de este país, con la democracia española transformada en la caricatura de lo que durante décadas nos han intentado hacer creer que es, o quizá desenmascarada y mostrándose por fin como lo que siempre fue, el progreso tecnológico se va abriendo paso, a mayor o menor ritmo, ajeno a la esperpéntica representación de los dirigentes y sus opositores.

La terrible burocracia. santo y seña de nuestra administración, encuentra en esta evolución, por ejemplo, un camino hacia la eficiencia y el ahorro, económico, por supuesto, pero también de tiempo. Eso sí, si se sabe administrar, no vaya a ser que por querer correr más de la cuenta se acabe produciendo un colapso. Muchos recordarán la saturación de la oficina municipal habilitada para gestionar la tarjeta ciudadana de Guadalajara, que nacía precisamente para agilizar los trámites.

En la capital alcarreña hemos visto mejorar la tecnología a nivel local a pasos agigantados en los últimos años. La web municipal ha incrementado su operatividad de manera exponencial, se han habilitado zonas wifi por la ciudad -siempre menos claro de las que nos gustaría- y se ha puesto en marcha la tarjeta ciudadana, con la idea de centralizar de manera electrónica y a través de una sola herramienta la mayor parte de los trámites municipales.

El problema es que no siempre evolución tecnológica y sentido común van de la mano. Si no que alguien me explique como es posible que mediante una aplicación móvil se haya podido reservar antes una pista de tenis que una consulta médica. Celebro que la Junta haya dado el paso y se haya decidido a emplear la tecnología en los servicios públicos más necesarios, que aunque deberían ser ineludiblemente prioritarios parecían condenados al mismo proceso que sus fondos: a la congelación perpetua, cuando no a la involución.

Sin embargo, los procesos de implantación tecnológica aunque provechosos y necesarios deben ser progresivos y atender a la realidad social de la población a la que van dirigidos. En caso contrario, pueden suponer un trastorno más que un beneficio para el usuario, que es a quien debe ir dirigida en todo caso la modificación de un servicio, por mucho que algunos se empeñen en olvidarse de esa cuestión. Son las administraciones las que están al servicio del ciudadano y no al revés.

Por eso hay que andar con pies de plomo con todas estas medidas y hacer convivir el tiempo que sea necesario, y el que la sociedad requiera, la moderna tramitación telemática y la tradicional. Cada vez es más común -que se lo pregunten a los autónomos- que se obligue a los ciudadanos a utilizar en algunas de sus obligaciones administrativas como única vía la telemática, con la intención de obligar a los usuarios a decantarse a la fuerza por esta forma de tramitación. Sin embargo, hay aún un sector importante de la población que carece de los conocimientos necesarios y muchas veces de los medios para poder llevarlo a cabo por lo que se le condena al cese de la actividad o en su defecto al incumplimiento legal.

Considero, no obstante, que desde las administraciones, en especial  desde el consistorio alcarreño, se está apostando por el uso de las nuevas tecnologías en una decisión treméndamente positiva. Sin embargo, queda atinar mejor en el objeto de acción de estos recursos y, además de promover la reserva a través de internet de las instalaciones deportivas, y utilizar las redes sociales para encuestar a los vecinos a cerca de sus preferencias para diseñar el cartel de conciertos de ferias, utilizar también estas herramientas para potenciar la participación ciudadana en temas de mayor enjundia, ofreciendo servicios telemáticos que vayan más allá de pagar los impuestos y las tasas municipales. Claro que para eso será necesario que los que mandan cambien el chip completamente, y se dediquen a atender las verdaderos necesidades de los vecinos a los que dicen representar.

 

Los otros Macondos

Imagen de las nuevas papeleras inteligentes que va a instalar el Ayuntamiento. // Foto: www.guadaque.com

Imagen de las nuevas papeleras inteligentes que va a instalar el Ayuntamiento. // Foto: http://www.guadaque.com

Por Marta Perruca

El fallecimiento de Gabriel García Márquez llegó con retazos de palabras que el viento de la muerte ha traído a nuestra memoria.  A lo largo de esta semana han llegado citas célebres, pasajes de libros perpetuos y hasta el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, que pronunció allá por el año 1982. Éste arrancaba con el relato de un navegante florentino, Antonio Pigafetta, que acompañó a Magallanes en su primer viaje alrededor del mundo, en el que  escribió una crónica fabulosa de todo lo que la vista le permitió contemplar en esa América Meridional: “Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen”.

Imagino cómo narraría José Arcadio Buendía el despampanante invento de las papeleras inteligentes que el Ayuntamiento pretende instalar para que los dueños de perros sean más diligentes a la hora de acatar la norma y depositen las cacas de sus animales en los correspondientes contenedores. Quizá, si de uno de los fragmentos de 100 años de soledad se tratase,  fuera el gitano Melquiadés quien declamase a un público entregado los milagros de la ciencia que permiten, en un abrir y cerrar de ojos y a golpe de Tarjeta Ciudadana, identificar a esos buenos ciudadanos que cumplen con el mandato de deshacerse de los desechos caninos como Dios manda.

Acaso Buendía también contaría de esta tecnología un relato trepidante e increíble, que ante los miembros de su comunidad pudiera parecer una aventura fabulosa. Quizá dejara volar su imaginación para interpretar que por fin ha descifrado todos los secretos de la alquimia a través de esta tecnología que convierte las cacas de perro en oro. Bueno, en realidad sólo se sortean hasta 200 euros en vales para clínicas veterinarias de la ciudad, pero en la cabeza de José Arcadio Buendía todo es posible y casi con toda seguridad llenaría cada rincón de Macondo con estos extraños artefactos para colmar de riqueza a todos sus vecinos.

Macondo no solo es una aldea ficticia sacada de un relato complejo y audaz, una historia enredada en las vivencias de seis confusas generaciones. A veces pienso que todos los lugares tienen un poco de su esencia y solo necesitan que un explorador se adentre por primera vez en la espesura de la selva para narrar, desde  su mirada alucinada, todo lo que en ellos acontece.

Y el explorador puede que a su vuelta contase que se perdió buscando raudales de cultura en un lugar que los nativos llamaban eje cultural, pero en el que apenas se daban cita un puñado de edificios curiosos. Que quiso ir allí a un teatro, pero siempre estaba cerrado, por lo que caminó desconsolado hasta toparse con una enorme pantalla que chillaba con miles de luces cuyo mensaje no acertó a descifrar.

Quizá contaría que trató de mitigar su soledad con la compañía de algunos gatos callejeros y, cuando quiso compartir su bocadillo con ellos, unos señores muy serios le reprendieron tal acción y le dijeron que tendría que pagar una multa por hacerlo.

Puede que hablara de un largo camino rojo solo para bicicletas, que pone a prueba la habilidad de los ciclistas con curvas trazadas con escuadra y cartabón y cuestas con una inclinación imposible.

También de un rito de un tanto particular para sanar a los enfermos. Algunos de ellos, los que acuden al hospital en una especie de vehículo de cuatro ruedas, tienen que dar varias vueltas al edificio, hasta que por un incomprensible ritual, se les permite parar. El hospital –diría- es una construcción muy grande y siempre está lleno de gente. Dicen incluso que se ha quedado pequeño y que por eso decidieron levantar otro edificio más. Yo he visto la estructura –continuaría con su relato- pero os aseguro que por más que intenté agudizar la vista, no hallé ni rastro de persona alguna trabajando en su construcción. Quién sabe, podría decir que a pesar de que los nativos hablan su mismo idioma él no se enteraba de nada.

Todo el mundo –narraría- decía que la cosa está muy mal, pero los que mandan allí lo explican de una manera que parece que nadie entiende, por lo que unos y otros se pasan el día discutiendo en lugar de buscar soluciones. Al final la culpa de todo la tiene una tal “Herencia Recibida” y al preguntar a los de allí quien es esa Herencia, nadie me supo contestar.

Y supongo que podría relatar mil historias más y otras tantas anécdotas vividas a lo largo de aquel misterioso viaje por todos los Macondos que se esconden de la realidad tras un disfraz de argumentos falaces.