La otra cara de la cultura

Imagen de una protesta por el cierre del teatro Moderno. // Foto: amigosdelmoderno.org

Imagen de una protesta por el cierre del teatro Moderno. // Foto: amigosdelmoderno.org

Por Yago López 

Como todas las cosas ambiguas de la vida, la cultura sobrevive en un espacio abstracto tan variable como la visión de quien se encarga de promoverla. Si hablamos de una empresa privada resulta complejo distinguirla del negocio puro y duro, y si nos centramos en la promoción pública la forma de concebir su rentabilidad, y en especial en los términos en los que se calcula, cobra especial relevancia.

En los últimos tiempos, en el nombre de la austeridad, hemos sido testigos de un ataque indiscriminado a la cultura. Pasa siempre, no es algo exclusivo de la provincia de Guadalajara y tampoco del momento actual. Nunca falla: a una crisis económica le suceden siempre grandes recortes culturales.

La causa de estos recortes es evidente y tiene que ver con la consideración de prescindible que muchos dirigentes, que son quien al fin y al cabo administran los fondos públicos, le conceden a la cultura. “Si no hay para hospitales no puede haber para teatros” es el argumento mil veces repetido que así aislado resulta difícil de rebatir. Claro que el discurso derrocha demagogia. También se podría decir que si no hay para hospitales no hay para otros muchos gastos que lleva aparejada la administración y sin embargo siempre le toca a la cultura pagar el pato.

En Guadalajara, el Ayuntamiento parece haber encontrado la receta para promover la cultura de una forma low cost. Y la fórmula no es otra que impulsar las actividades que son rentables económicamente, bien por su cuenta o a través de una empresa privada.

De esta forma, al auditorio Buero Vallejo solo acuden las representaciones que garantizan una buena entrada y en el mes de septiembre llegará a la ciudad de la mano de Producciones Malvhadas un gran festival de música indie a precios populares para los asistentes y a coste cero para las arcas municipales.

Me parece magnífico que el Ayuntamiento ceda las pistas de la Fuente de la Niña a la productora para que los vecinos de la capital y su entorno puedan disfrutar de actuaciones musicales de primer nivel. Y no puedo dejar de mencionar que me parece un acierto para la cultura musical de los alcarreños ver en el Buero artistas de tanta calidad como Miguel Poveda.

Cartel del nuevo festival musical de Guadalajara

Cartel del nuevo festival musical de Guadalajara

Ahora bien, ¿es esto lo que se espera de la administración cara a potenciar la cultura? Sí, por supuesto, pero también muchas cosas más. La gestión cultural es muy compleja y tengo la sensación que el equipo de Gobierno de Guadalajara solo se encarga de lo práctico. ¿Qué ocurre con la cultura no comercial? Ésa en esta ciudad está condenada a muerte por los dirigentes locales.

La rentabilidad social no se tiene en cuenta de ninguna manera y el Teatro Moderno es el gran ejemplo de este tipo de políticas. La labor que las pequeñas compañías venían realizando con el público infantil y con el adulto con gustos menos comerciales resulta impagable. Sin embargo, tras el fracaso en el intento de privatizarlo, este espacio cultural lleva dos años cogiendo polvo.

Es evidente que no se le puede pedir a una empresa que no gane dinero con una iniciativa, algo que un Ayuntamiento sí puede y debe hacer si obtiene a cambio otro tipo de rentabilidad. Para eso es el encargado de administrar el fondo común que son al fin y al cabo nuestros impuestos.

Y ahí es donde está el secreto de una buena administración cultural, en encontrar el equilibrio entre ambas partes. Está muy bien, y es muy sencillo, promover actividades culturales a coste cero dejándolo todo en manos de la iniciativa privada, pero la gestión pública es igual de importante y las actividades culturales que por su valor social deben ponerse en marcha, a pesar de no ser rentables, no pueden ser defenestradas como está sucediendo en la actualidad.

Resulta curioso, por contraste, ver como aterriza en Guadalajara un gran festival musical y, al mismo tiempo, escuchar desesperados a los grupos y promotores locales por la poca ayuda que reciben del consistorio. Igual que sucede viendo a artistas de primer nivel colgar el no hay billetes en el Buero mientras languidece el teatro Moderno y las pocas salas de conciertos de la ciudad, y las asociaciones culturales esperan en un Centro Cívico en ruinas un espacio digno donde desarrollarse. Algo, sin duda, está fallando.

 

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