Desafecto con Europa

La cita con las urnas tendrá lugar este domingo.

La cita con las urnas tendrá lugar este domingo.

Por Marta Perruca

Pues ya estamos en la recta final de la campaña para las Elecciones Europeas. Sí, esas pancartas que cuelgan de las farolas de los lugares más transitados de la ciudad se deben a estos comicios y es este mismo domingo cuando podremos hacer efectivo nuestro derecho a elegir nuestros representantes en Europa.

Es una verdad de perogrullo que existe cierta desafección a la hora de ejercer el sufragio cuando se trata de Europa –en las pasadas elecciones la abstención llegó hasta el 55 por ciento- y eso que, cuando  nos sobrevino la crisis como una apisonadora, comprendimos que quien llevaba los pantalones entonces en nuestro país no era, como creíamos, el presidente de nuestro Gobierno, si no una señora alemana, que cada vez que se atrevía a opinar sobre la situación de España subía el pan. Pero claro, ¿qué le importa a un vecino de Tortuera o Villacadima, por poner algún ejemplo, lo que ocurra en Bruselas?

Europa, por mucho que nos pese, todavía es un lugar lejano y parece que lo que allí suceda no tiene mucho que ver con nosotros.

Hoy tengo que confesarme como uno más de esos ciudadanos con cierto desafecto hacia las Elecciones Europeas y creo que, precisamente por eso,  me he sentado hoy a escribir estas líneas para, si sirve de algo, valorar esta cita con los ojos de un ciudadano de a pie, que todavía observa desde la distancia lo que, irremediablemente,  ya forma parte de nuestra realidad cotidiana.

Y la realidad es que no prestamos demasiada atención a los asuntos que se discuten en Europa cuando, en muchos de los casos, nos afectan de manera directa.

Estoy segura de que habrá más de un vecino en esta provincia que todavía no tenga claro qué es lo que se decide este domingo en las urnas. Pues bien, nuestro voto servirá para  elegir a los eurodiputados que representarán a España en la Eurocámara, formada por 751 representantes de los 28 países miembros y, por primera vez, servirá también para elegir al presidente de la Comisión Europea. La Unión Europea tiene dos presidencias permanentes: un presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y otro de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, que tras los comicios tendrá un sucesor. Para complicar aún más las cosas, existe también un presidente más, el del Consejo de la Unión Europea, cuyo mandato solo dura seis meses y se establece mediante un sistema de turnos entre los países miembros.

Estoy de acuerdo con que estructura administrativa de la Unión Europea es bastante compleja y es incuestionable que eso también influye en el desafecto ciudadano. Por un lado, se encuentra el Consejo Europeo, formado por los  líderes nacionales y europeos, cuyo papel es  establecer la agenda con las prioridades generales de la Unión Europea; el Parlamento Europeo o Eurocámara, por su parte, está integrado por los eurodiputados, elegidos de manera directa para representar a los ciudadanos; mientras que en el caso de la Comisión Europea, representa el Poder Ejecutivo y sus miembros son designados por los gobiernos nacionales, con el fin de defender los intereses de la Unión Europea en su conjunto. Por último, los distintos gobiernos defienden los intereses de sus respectivos países en el Consejo de la Unión Europea. Además de éstas, existen otras muchas instituciones económicas, judiciales, consultivas, etc. En definitiva, un montón de gente peleando a un tiempo por los intereses de sus respectivos países y por el bien común de Europa, lo que se presupone como un gran galimatías.

Pues bien, a su vez, tanto la Eurocámara, como el Consejo de la Unión Europea y la Comisión Europea, representan el Poder Legislativo de Europa. Las normativas europeas, algunas de ellas de obligado cumplimiento para los estados miembros, se aprueban con el acuerdo del  Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea mediante un proceso que se denomina “co-decisión” y afectan a diferentes materias como la agricultura, la industria, el medio ambiente o el modo de vida de los ciudadanos europeos. La Comisión Europea, por su parte,  el órgano ejecutivo de la Unión Europea, tiene iniciativa legislativa y supervisa su aplicación.

Visto así, se podría pensar que algo podrán barrer para casa esos representantes que mandemos a sentarse en el Parlamento Europeo ¿no?

Pancartas electorales en el Paseo de las Cruces de Guadalajara. // Foto: www.lacronica.net

Pancartas electorales en el Paseo de las Cruces de Guadalajara. // Foto: http://www.lacronica.net

Puede que sea una apreciación personal pero, al igual que los ciudadanos no se sienten muy identificados con estos comicios, y sin menospreciar la agenda de los líderes políticos en las últimas semanas, parece que esto de las europeas no se vive con la misma intensidad en el seno de los partidos que otras elecciones internas y que, en todo caso, se contempla casi como un termómetro de lo que podría acontecer en futuras citas electorales, en lugar de entenderlas en su justa dimensión.

Personalmente, me preocupa que, dentro de esa obstinación por considerar esta cita con las urnas más como un ensayo que como la importante elección de nuestros representantes en Europa, existan líderes políticos que se atrevan a plantear la posibilidad de que las dos formaciones mayoritarias, que históricamente se enfrentan en las urnas como dos alternativas diferentes, contrarias e irreconciliables, puedan considerar hacer coalición de Gobierno en aras de perpetuar un sistema bipartidista, como si éste fuera la única garantía de estabilidad y gobernabilidad de la nación. Desde mi punto de vista, este tipo de maquinaciones o esas otras que dictan a conveniencia el número de diputados de una u otra provincia para hacer más accesible la victoria en las urnas, no hacen otra cosa que desvirtuar el sistema democrático.

Nos encontramos en una situación sin precedentes y ya se sabe que crisis y oportunidad son las dos caras de una misma moneda. Quizá haya llegado el momento de cambiar las reglas del juego y considerar otras alternativas, porque la aparición de nuevas opciones no supone la quiebra del sistema, sino que, por el contrario, aviva el espíritu de la Democracia y nos hace más libres a la hora de decidir. Al menos a esos partidos nuevos que surgen con caras desconocidas no podemos culparles todavía de haberse llenado los bolsillos con la corrupción.

Sea como fuere, debo admitir que los periódicos sí han reflejado una inusual actividad en el seno de las administraciones y los mandatarios se han sacado de la manga planes de empleo, medidas varias e incluso alguna obra con motivo de la campaña electoral, tal y como recordaba hace unas semanas mi compañera Concha Balenzategui.

También parece que, en estos tiempos de campaña en los que toca valorar la gestión de nuestros gobernantes, con este marco de crisis se tienen en cuenta otro tipo de termómetros. Si en otro tiempo los partidos sacaban a relucir el catálogo de inversiones y competían entre quién había gastado más dinero en obras y servicios para los ciudadanos, ahora, desde que la crisis ha impuesto el mandato de la austeridad, prima la administración que tenga menos deuda. El Ministerio de Hacienda ha publicado los datos de la deuda de los ayuntamientos y, cómo no, en este momento de campaña, las direcciones provinciales de los partidos han hecho sus valoraciones. Por cierto, me he sentido muy dichosa al encontrar un minucioso análisis de los mismos en un periódico provincial, que comparto aquí por si alguien quiere echarle un vistazo.

Desde luego, sería irresponsable tener en cuenta únicamente este dato para hacer balance de un gobierno, puesto que ni antes, el haber desembolsado mucho dinero significaba que se hubiera gastado bien, ni ahora es mejor el gobernante que ha basado su ejercicio en recortar la deuda sin prestar atención a las necesidades de los ciudadanos.

Y es que es posible que la campaña electoral de las Europeas hubiera pasado de puntillas si Arias Cañete no hubiera metido la pata hasta el fondo con esas declaraciones poco afortunadas tras el debate contra Valenciano, pero no podemos olvidar que los resultados que se juegan en las urnas, este domingo, son importantes y que deberíamos entender esta cita en su justa dimensión, puesto que ya hemos sufrido en nuestras propias carnes el peso de Europa en las cuestiones que nos atañen y porque, cada vez más, aunque nos sintamos extraños en esta piel, somos europeos.

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