Imágenes republicanas

Manifestación del 14 de abril de 1931

Manifestación por la proclamación de la II República en Guadalajara, en 1931 //Foto: José Reyes

Por Óscar Cuevas

«¿Si habrá crisis? ¿Qué más crisis desean ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se despierta republicano?». Las históricas palabras fueron dichas a un pequeño grupo de periodistas en la mañana del lunes 13 de abril de 1931. Quien las pronunciaba era Juan Bautista Aznar, último presidente del Consejo de Ministros de la Monarquía de Alfonso XIII. Aquellos periodistas cortesanos le habían preguntado, con buena dosis de ingenuidad, si los resultados de las Elecciones Municipales celebradas justo el día anterior podrían provocar alguna «crisis de Gobierno». Lo que provocaron fue un auténtico cataclismo.

Efectivamente, las Municipales del 31 motivaron, sin que nadie lo sospechara, la proclamación de la II República Española: Y hay que decir, en honor a la verdad, que si todo sucedió de modo rápido e incruento fue, en buena parte, gracias a la perspicacia política de una relevante figura de nuestra provincia: el liberal, ultramonárquico y cacique por antonomasia Álvaro de Figueroa, Conde de Romanones, sempiterno diputado por Guadalajara (a base de prometer puentes en donde no había ríos), y que era miembro de aquel inoperante Gobierno de concentración que aglutinaba a liberales y conservadores.

Portada del Heraldo de Madrid de 13 de abril de 1931

Portada del Heraldo de Madrid de 13 de abril de 1931

Fue el mismo Romanones quien convenció, al Gobierno primero, y al Borbón después, frente a la presión de algunos compañeros de Gabinete, de que era mejor dejarlo estar, que no había nada que hacer más que dejar que los acontecimientos siguieran su curso, tras comprobar que el pueblo no iba a tolerar otra cosa, y que los pujantes republicanos no estaban dispuestos a conformarse con entrar a formar parte de aquella merienda de negros gubernativa. No había vuelta atrás. El triunfo electoral de socialistas y republicanos había sido tan rotundo -con ambas formaciones ganando a los monárquicos en más de 40 de las 50 capitales de provincia, y barriendo en Madrid y Barcelona- que no había nada que hacer. El barco amarrado en el Puerto de Cartagena con destino a un exilio dorado esperaba a Alfonso, quien se fue rezongando por las esquinas por lo que él amaba a España, lo ingratos que eran sus súbditos, y sin renunciar a «sus derechos».

Marcelino Martín

Marcelino Martín, alcalde de Guadalajara tras las elecciones del 12 de abril de 1931 // Foto: Galería de Retratos del Ayuntamiento de Guadalajara

En Guadalajara, aquella Segunda República Española se recibió con verdadera euforia. Nuestra pequeña ciudad, que se acostó el 12 de abril tan conservadora ella, tan provinciana, tan romanonista, también amaneció desatada, acorde a los nuevos tiempos, que acogió con sorprendente fervor. Primero en las urnas, porque los socialistas consiguieron 8 concejales, los republicanos 6, y los monárquicos otros 6. De aquella nueva corporación, por cierto, saldría elegido Marcelino Martín, el primer alcalde socialista de la historia guadalajareña. Y también corrió la ilusión por las calles el 14 de abril de 1931, cuando, como en toda España, Guadalajara proclamaba la República, y saltaba en masa. Un momento histórico, por cierto, que ahora podemos visualizar sólo gracias a unas fotografías del gran José Reyes, quien supo ocultar el documento histórico durante 40 años de represiva Dictadura, hasta que su sobrino Ricardo las localizó, casi por casualidad, hace pocos años, en el viejo estudio que aún regenta en la «Cruz Verde». Aquella foto de la Segunda República y Guadalajara quedará para siempre ligada a esa calle de la Carrera – todavía se llamaba la Carrera- abarrotada con miles de personas jubilosas.

Esa imagen de don José Reyes me vino a la mente el pasado lunes, fugazmente, cuando me acerqué a la plaza de Santo Domingo, junto a la misma Carrera, para participar de esa cuasi-espontánea concentración, convocada apenas unas horas antes a través de las redes sociales, al conocerse la decisión del rey Juan Carlos I de abdicar la Corona de España en la figura de su hijo, quien reinará -ya veremos por cuánto tiempo- con el nombre de Felipe VI.

Manifestación republicana

Concentración republicana del pasado lunes en Santo Domingo // Foto: O.C.

En Santo Domingo se juntaron cuatro o cinco centenares de personas, todo lo más. Personas que reclamaban algo tan sencillo y tan complejo al mismo tiempo como que no se produzca un relevo monárquico de modo automático, y que se convoque un referéndum que pregunte a los ciudadanos qué modelo de Estado prefieren. Digo que este pasado lunes la imagen de 1931 me vino a la memoria, pero nada más. Mal que me pese, la foto de 1931 está a años luz de esta de 2014 donde el morado de las banderas ya se refleja con la nitidez del color que aporta la fotografía digital.

Los principios republicanos -digo los de verdad, no esos mutantes principios del PSOE- empujaron a un mediano puñado de gente a la calle. Eran unos cuantos ciudadanos, no muchos, pero todos de la izquierda local. Desde anarquistas a ecosocialistas, pasando por militantes de IU, y algunas caras nuevas de ese partido revelación que es Podemos. Pero en Santo Domingo no estaban las masas que sí estaban en el 31. Quizá haya sido sólo un primer paso. El tiempo lo dirá.

Quien me conoce un poco sabe lo que pienso del tema. Creo fervientemente que la República aportaría una Democracia de más calidad. Porque es indiscutible que elegir al jefe del Estado en las urnas es más sensato, limpio, moderno y cabal, que dejarlo al azar de la circunstancial coincidencia de un regio espermatozoide con un regio -o periodístico- óvulo materno. La República es sensata, digo; y sana, y fresca. Y la Monarquía es medieval, añeja, tradicionalista, feudal, plomiza… Además de bastante hipócrita, cortesana y pija como un demonio.

La República es sensata. Pero la República no es de izquierdas. No debe serlo. O no tiene por qué serlo. Y por eso no bastará la movilización de las izquierdas para que llegue a buen puerto el anhelo. Los republicanos necesitamos convencer, al menos, a una parte importante de la media España conservadora. Nos hacen falta republicanos de centro, y derechas. Nos hacen falta como el comer, si queremos que esto cambie. Pero a día de hoy, ni están, ni se les espera. ¿Cómo van a estar, si ni siquiera está la Dirección del PSOE porque de nuevo les parece que no es el momento adecuado de abrir este melón?

Hablemos del PSOE, que tiene un problema, otro, como un morral. Rubalcaba en España, Page en Castilla-La Mancha, y el propio Bellido en Guadalajara, se han posicionado ya, públicamente, en el papel de «oposición responsable» que no va a cuestionar el «pacto constitucional» de 1978. Y mientras nos convencen de la posibilidad de compaginar sus «raíces republicanas» con el pragmatismo monárquico sin caer en la esquizofrenia, más de la mitad de su base electoral les mira, anonadada. Ay, si Marcelino Martín levantara la cabeza.

Hablemos también del PP, que curiosamente es el único partido de relevancia en cuyos estatutos se define «monárquico». Creo que a los populares les ha venido Dios a ver estos días con la abdicación. Han encontrado un eficaz asidero al que agarrarse en medio del temporal de la crisis. Aparecerán ante su electorado como los genuinos defensores de la estabilidad de la patria. Y eso vende.

En fin, y resumiendo: Que no tengo ni idea de qué pasará con la III República, ni de si viviré para celebrarla como la celebraron los guadalajareños que bajaban La Carrera en la foto de José Reyes. Sólo constato que hace falta mucha más mayoría social para que llegue. Eso sí, que no engañen. Cuando reclamamos un referéndum sobre la forma del Estado, no nos contesten con excusas falsarias como que el único camino posible es iniciar el complejo procedimiento de reforma constitucional.

Modificar la Constitución en sus artículos importantes requiere, ya saben, de unas maniobras cuasi imposibles. Exige mayoría de 2/3 en las dos cámaras, elecciones a Constituyentes, referéndum, y nuevas elecciones. Pero, aun así, es perfectamente constitucional plantear un referéndum consultivo, como se recoge en el artículo 92 de la Carta Magna, donde se dice que las decisiones trascendentes (¿la hay más?) podrán someterse a estas consultas.

Si se convocara el referéndum, y lo ganara la Monarquía, se legitimaría la inminente jefatura del Estado de Felipe VI. Una legitimidad que de ningún modo puede asentarse en el pacto de 1978, cuando hubo que aceptar unas reglas, válidas para un momento en el que la amenaza involucionista era evidente, y en el que aceptar el trágala monárquico eran lentejas. Sólo si del referéndum saliera una mayoría republicana habría que iniciar el complejo proceso de reforma constitucional.

Pero, en España, ya saben, pedir referendos es clamar en el desierto. Los dos grandes partidos jamás han querido utilizarlos. En 36 años de régimen constitucional sólo 2 veces nos han preguntado algo a los ciudadanos: Para aquella consulta trapacera y manipulada sobre la OTAN; y para votar una Constitución Europea que nunca llegó a entrar en vigor.

No, no es este un problema de constitucionalidad, ni de pactos inmutables, ni de verdades reveladas. Es una cuestión de falta de voluntad política. Algo que sólo tiene una explicación: El temor de perder de quienes no quieren cambiar las cosas. Eso sí. Que no olviden que, en un año justo, hay elecciones. Y son Municipales.

4 comentarios en “Imágenes republicanas

  1. Niego la mayor a la frase de «media España conservadora».
    Toda la razón en cuanto a la escasa movilización en Guadalajara.
    En las últimas elecciones, 1 de cada 10 censados electorales votó PP. Si juntamos todos los votos de partidos considerados derecha ¿cuánto sale? ¿2 de cada 10? Juntando a Vox y esa «gente».
    Ojo, no digo que no se tenga razón respecto a que «estamos los de siempre». Toda la razón ahí. Pero en parte, resultado de las machaconas soflamas de éste país desde hace-a.

    En fin, el juego de que el que no vota no existe. Pues hombre, diciendo «media España conservadora»… nos parecerá mal que voten o no, pero no hay base para decir que media España es de derechas. Será lo que sea, pero no lo sabemos.
    A pesar de que, evidentemente, se nos ha manipulado para pensar así. Ni en los mejores momentos de la derecha, un tercio del censo electoral de España era «técnica y probadamente» en comicios de derechas (entiendo que cada cual es responsable y «consciente» de lo que vota).

    Otra cosa es lo que han vendido las élites a través de sus medios, creando esa opinión pública de «pax romana» tras el franquismo tan útil y necesaria para las élites para aquello de que «no podemos solventar x porque oye, no podemos ir contra la mitad de un país». Por no comentar el espectacular resultado para el teatrillo «media España izquierda-media derecha» que tan buenos resultados ha dado al capitalismo (y sí, tan malo para los trabajadores -todo es un proceso, no valen 10 años «»buenos»»-) en nuestro país estas décadas. Estructura, por cierto orquestada por la CIA, EEUU y los aliados del occidente capitalista, hecho probado -y no se sulfuren, nada «paranoico»- por los abundantes cables diplomáticos publicados del tema donde se ve el compadreo del «patriota» Juan Carlos de Borbón siendo guiado en la transición por EEUU (como el PSOE, por cierto. PD: Insisto: No son paranoias, está documentado -no opinado o rumoreado- en muy amplia medida).

    Con patriotas así, quién quiere enemigos.

  2. Oscar, estando de acuerdo con tus palabras que he leído con gran interés copmprobando el excelente trabajo realizado; comentas que hace falta la movilización del republicanismo de centro y derecha. Pues bien, yo no creo que haga falta movilizarlo, además no aceptaría el modelo de república que se reclama. Es el propio ejemplo de la 2ª república el que pone de uñas al republicano conservador, demócrata cristiano, liberal o humanista, ante la ofeerta de una república sesgada de ideas y abanderada por un símbolo que les disgustaba porque la bicolor fue sustituída para diferenciarse de la esfumada monarquía, aunque dicha enseña ya tenía más de ciento cincuenta,años. No entendieron porque hubo de sustituirse cuando en la primera república fue la bicolor. Pero acataron el cambio en la etapa citada y llegaron a Gobernar varias legislaturas con la CEDA, y es que pese a lo que pudiera parecer el asunto de la bandera no era moco de pavo. En la actualidad el republicanismo está pasando por lo mismo, ya que tal enseña se ha convertido en un símbolo de una república de izquierdas, muy radicalizada y empeñada en reverdecer los laureles de aquélla que se demostró ineficaz, incontrolable y desastrosa, tanto que propició la intervención militar y la posterior dictadura. No habría pegas si se revisase y consensuase un a república absolutamente alejada de las dos anteriores, entre otras cosas porque los tiempos son otros, porque es necesaria la seguridad y confianza que sí ha otorgado la monarquía parlamentaria pese a los vaivenes, errores, trapicheos y patinazos sucedidos en los 39 años de su existencia. Y otra cosa que nos echa para atras – pues me considero republicano conservador,- es esa cierta violencia en los modos cuando se reclama desde el sector progresista. La aparición de guillotinas, chascarrillos, chanzas, camisetas, etc, peyorativas, a veces amenazadoras, e incluso su presencia entre borrokeros y antisistema, genera tal resquemos que mucho de nosotros votaríamos monarquía si de votar ese modelo se tratase. Así que no sólo es lograr el referendum; también lo es crear una república que todos sintamos nuestra. Y mientras esas banderas e ideología, presidan las reclamaciones no verás otra cosa que » Monarquicanos» que apoyaran a Felipe VI. Por último, no me hagas mucho caso, pero el PP se define monárquico constitucional porque es el sistema de gobierno que impera, pero de llegar la república, serían republicanos. Es un partido de presencia, Ya sea rey o presidente el que represente a esta nación, más o menos la lealtad que hemos visto en el PSOE, frenando los caballos a las corrientes tendentes a sus orígenes como partido.

  3. Se sustituyó porque la tricolor cuajó en el pueblo. Y me parece que confundes una bandera tricolor con, no sé, la roja con la hoz y el martillo. La bandera tricolor fue una bandera reivindicativa del pueblo, que lo que pretendía hacer era 2 cosas: 1.- Tener una bandera de tres colores al uso y costumbre de otras repúblicas, como la francesa. 2.- Homenajear precisamente a la región castellana y al movimiento comunero, dado que la bandera rojigualda que impuso Carlos III estaba inspirada en la Senyera, y los castellanos se sentían poco identificados con ella.

    «El alzamiento nacional contra la tiranía, victorioso desde el 14 de abril, ha enarbolado una enseña investida por el sentir del pueblo con la doble representación de una esperanza de libertad y de su triunfo irrevocable. Durante más de medio siglo la enseña tricolor ha designado la idea de la emancipación española mediante la República. En pocas horas, el pueblo libre, que al tomar las riendas de su propio gobierno proclamaba pacíficamente el nuevo régimen, izó por todo el territorio aquella bandera, manifestando con este acto simbólico su advenimiento al ejercicio de la soberanía. Una era comienza en la vida española. Es justo, es necesario, que otros emblemas declaren y publiquen perpetuamente a nuestros ojos la renovación del Estado. El Gobierno provisional acoge la espontánea demostración de la voluntad popular, que ya no es deseo, sino hecho consumado, y la sanciona. En todos los edificios públicos ondea la bandera tricolor. La han saludado las fuerzas de mar y tierra de la República; ha recibido de ellas los honores pertenecientes al jirón de la Patria».

    «Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España».

    Decreto de 27-4-1931 de la Presidencia del Gobierno Provisional de la República.

  4. Un conocido periodista de Guadalajara, refiriéndose a la abdicación del Rey, dijo una frase lapidaria: «aquí acaba la transición». Yo también lo creo. Los personajes que la impulsaron o han fallecido o están fuera de la política; el último retiro es el de Don Juan Carlos.
    No obstante, desde mi punto de vista queda un poso: la bandera tricolor. Recuerdo la etapa previa a aquel paso a la democracia; la tensión se notaba en el aire y la atmósfera era densa, anhelábamos el cambio, tratábamos de dar vaselina a los reacios, que eran quienes tenían los fusiles; la consigna era: tranquilos, no pasa nada. Pues bien, siempre había quien sacaba lo que más irritaba: la bandera con el morado. Soliviantaba más a los inmovilistas que la hoz y el martillo, que ya era decir. Porque si algo no se toleraba, era querer revivir el pasado con la excusa de ganar el futuro.

    Como cola de lagartija, siguen esos coletazos. La tricolor recuerda y representa no una república para todos, sino la de Largo Caballero, dirigente que tenía en su mente una revolución a la bolchevique y no una abolición de la monarquía. Se deshizo por métodos oscuros a la CEDA de Gil Robles, y sin la derecha republicana la balanza se desestabilizó.

    Hoy dicen los contrarios a la monarquía que es anacrónica como dinosauro en un zoo, sin darse cuenta que el anacronísmo es precisamente la tricolor. Hace ese morado más daño en las filas de la izquierda que la misma corrupción. En toda manifestación no organizada por la derecha aparece. También está presente en protestas antisistema y en actos violentos. Alguien en su sano juicio cree que hoy España es la de los años treinta?.

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