Trasvasar agua, ¿para qué?

IMG_5333Por José Ramón Sánchez-Fortún *

“¿Y para qué quieren el agua? ¿Para los campos de golf?” Estos dos interrogantes son los más utilizados por los afectados de los trasvases. Pero realmente la respuesta es que no, que no se utiliza para los campos de golf. Los fines son, esencialmente, la agricultura y el abastecimiento. Sin embargo, bien es cierto que aquí cabe hacerse varios planteamientos, uno sobre la sostenibilidad agrícola de la cuenca que recibe, en este caso la del Segura y, por otro lado, el punto de vista urbanístico.

Lo primero de todo, quiero dejar claro que aquí no defiendo ningún interés y que mi razonamiento viene de escuchar y ver qué ocurre en un lado y otro. No en vano quien aquí escribe es de Zaragoza, ha vivido y ejercido el periodismo varios años en Guadalajara y desde 2009 hago lo propio en Murcia. Pero hablar de los trasvases no es nada fácil. Los planteamientos de la II República y de la dictadura de Francisco Franco no son válidos en este momento. La situación hidrológica ha cambiado, entre otros motivos porque en España hay más habitantes y cada vez llueve menos.

Parto de la base de que los intereses económicos de la zona de cabecera tienen que prevalecer. Es conocido que parte de la riqueza del entorno de Entrepeñas y Buendía, tiempo atrás, era la llegada de turistas, especialmente madrileños, para disfrutar de sus embarcaciones en lo que era conocido como el Mar de Castilla. El turismo generaba una gran riqueza en los pueblos de alrededor y empleos tantos directos como indirectos. Eso es una realidad histórica. También hay que decir que lo que puede aportar al PIB nacional no es relevante, pero no por ello debe ser erradicado.

En la otra parte está la cuenca beneficiada, en este caso la del Segura. Una cuenca que de por sí a penas tendría la posibilidad de abastecer los campos de la huerta. Y es que las tierras de la Región de Murcia y Almería si pueden presumir de algo es de sus campos y de los productos que ofrecen. De siempre se ha llamado a esta zona ‘la huerta de Europa’. La agricultura es el principal motor económico de Murcia, tanto en los buenos tiempos como en la actualidad en la que todos los sectores han caído estrepitosamente. Hay que apuntar que aproximadamente el 30% de las exportaciones nacionales son murcianas.

El problema viene cuando cambió la ley del Suelo (con la Administración de José María Aznar) y, con ella, se dio carta blanca al urbanismo desaforado con macrourbanizaciones insostenibles. Si la Región pimentonera decimos que siempre ha sido un ejemplo en la agricultura, también es cierto que ha tenido su cruz en el ladrillo. Se ha construido por encima de cualquier posibilidad y vemos cómo desde hace unos años varias grandes urbanizaciones se han arruinado, como Polaris World (que popularizó José Antonio Camacho al ser su imagen publicitaria). Además, hoy por hoy, todavía está en el aire crear una de las urbanizaciones más grandes de Europa en Águilas, en lo que se conoce como la Marina de Cope y que los tribunales lo han echado para atrás porque es una zona protegida medioambientalmente. Sin embargo, los políticos no han abandonado la idea.

Por lo tanto, aquí hay dos aspectos que chocan frontalmente. El urbanismo frente a la agricultura. Podemos decir que han pagado justos por pecadores.

Y aquí, mi parecer es que no deben autorizarse estas construcciones si no se cuentan con los recursos necesarios y obligatorios, que en este caso es el agua. Porque no puede solucionarse este problema a base de pedir trasvases sobre todo en verano, meses en los que supuestamente que estos resorts deberían de llenarse de gente.

Hay que señalar que tanto la quiebra y como el desastre del crack del ladrillo han ocasionado más perjuicios que beneficios. No sólo urbanizaciones a medio hacer o quebradas. También empresas arruinadas e inversores que no han visto cumplidas sus expectativas, que invirtieron en él y lo único que han obtenido es polvo y arena.

Enfrente, como decía, está la pervivencia de unos de los sectores más importantes de España como es la agricultura. Si se dejara caer el destrozo a la economía sería mayúsculo.

Sin embargo, no debe ser a cualquier precio. Si la cabecera del Tajo tiene (o tenía) su supervivencia en base al agua y una cantidad que permita el tránsito de embarcaciones, se debería de respetar. Habría que establecer qué cantidad es esa y, si eso, a partir de ella todos los excedentes se podrían trasvasar. Porque los pueblos ribereños también tienen derecho a que su motor económico funcione.

Y si finalmente queremos una respuesta política podemos ver cómo ciertas agrupaciones regionales sí han sabido implicarse. En Aragón el PSOE del candidato a la Moncloa, un tal José Luis Rodríguez Zapatero, hizo la campaña contra el trasvase del Ebro que promulgaba el PP de Aznar. Lucha a la que se unieron IU, Chunta Aragonesista (en aquella época liderada por José Antonio Labordeta) y el Partido Aragonés Regionalista (comandado por el político que mejor ha sabido jugar sus cartas en Aragón, José Ángel Biel). El PP aragonés se vio en la tesitura de posicionarse entre el deseo de los aragoneses y el del Gobierno central. El resultado es por todos conocido, el ‘no’ ganó la batalla.

En el otro lado, Murcia, el Partido Popular de Ramón Luis Valcárcel tenía el slogan ‘Agua para todos’ que llevó, incluso, hasta las salas de los cines aragoneses. El Partido Socialista de la Región de Murcia se vio en la misma situación que el PP de Aragón, pero a la inversa. Aquí, (aunque por más razones los socialistas tenían complicado gobernar) llevó a convertir a su líder regional en el fiel salvador de los intereses económicos de la Región de Murcia.

En ambas autonomías, Murcia y Aragón, las manifestaciones en las calles con miles de implicados mostrando sus posiciones, han sido protagonistas infinidad de ocasiones.

Sin embargo, en Castilla la Mancha nunca se ha llegado a ver esa implicación. En mi época de periodista en tierras alcarreñas, que fueron varios años, pregunté a más de un dirigente político si serían capaces de hacer como en Aragón o Murcia, tierras en las que sus políticos sí daban un manotazo encima de la mesa. En la Alcarria la respuesta era tibia, un sí con la boca pequeña pero un no real, más pendientes de los dictados de Madrid o Toledo que de la voluntad real de lo que a su provincia le afecta.

Porque quizá, siendo críticos con nosotros mismos -los periodistas y medios de comunicación- nunca se dio un mensaje de unidad en defensa de la cabecera del Tajo y de concienciación de la importancia económica y de arraigo histórico de Entrepeñas y Buendía.

Finalmente. El problema del Trasvase es la excesiva politización que se ha hecho, equiparando a los agricultores a los que han hecho el agosto con el ladrillo (constructoras y administraciones públicas). Murcia ha dado una mala imagen pidiendo agua mientras alardeaba de grandes urbanizaciones. Por su parte, la cabecera del Tajo también ha pagado las consecuencias de unas autoridades públicas (aunque reconozco el esfuerzo de algunos alcaldes) que pensaban más en Madrid y en decir ‘lo que usted diga’ al interés de sus paisanos.

*JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ-FORTÚN HERMOSILLA es periodista y ha desarrollado su labor profesional en tres autonomías y una ciudad autónoma de España. Comenzó su carrera profesional en El Pueblo de Ceuta para regresar, tiempo después a su Aragón natal, engrosando el plantel de SER Calatayud. Más tarde daría el salto a Guadalajara donde formó parte de las redacciones de Punto Radio Guadalajara, Popular y COPE Guadalajara. Posteriormente, emigraría a la región murciana donde trabajó para El Faro de Murcia y, actualmente en La Opinión de Murcia. «Me gusta observar desde arriba lo que ocurre dentro», asegura.

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