¡Vaya ruina!

En la imagen, el edificio donde se situaba la discoteca 'Pi', que se quiere derribar. // Foto: Rubén Madrid (www.culturaenguada.es)

En la imagen, el edificio donde se situaba la discoteca ‘Pi’, que se quiere derribar. // Foto: R.M. (www.culturaenguada.es)

Por Abraham Sanz

Que Guadalajara está en ruinas, es un hecho. Que pasear por el centro de la ciudad es ir caminando por calles salpicadas de grandes huecos donde, tiempo atrás se levantaban edificios que representaban la arquitectura alcarreña, y hoy no son más que objeto de recuerdo de aquellas fotos que tan a bien tienen de colgarnos en las redes sociales algunos de nuestros paisanos para recordarnos que, en esta materia sin duda, el pasado siempre fue mejor. La capital alcarreña siempre gozó de una arquitectura rica y propia de un lugar que fue residencia de buena parte de la nobleza, pero que no supimos conservar cuando el declive llegó por el traslado definitivo de la Corte a Madrid. Madrid, siempre Madrid y su sombra alargada sobre Guadalajara. Sin embargo, no todo es culpa de la capital vecina. Es más, sabemos valorar tan poco lo que todavía poseemos que, en aras del “progreso” y de remozar la estética de nuestra ciudad, hemos olvidado que en esta operación de cirugía, es mejor buscar las raíces que solaparlas bajo el adoquín. Y que ya puestos a abrir alguna de las arterias principales, ¿por qué no dejar que emerjan esos vestigios históricos que no solo atraiga la curiosidad del visitante, sino que nos permita conocer más nuestra propia historia? Es cierto que son elevadas las inversiones que se realizan en este tipo de obra y que, la cuestión arqueológica supone demorarlo todo en el tiempo; pero ¿no merecería la pena? Otras veces la decisión es todavía más fácil y se cierne sobre la difícil cuestión de conservar o derribar un edificio con un pasado a recordar. Vemos como la plaza Mayor sigue abierta por uno de sus costados desde hace más de cinco años donde, al menos, se decidió conservar la fachada del inmueble como recuerdo del mismo y de su inconfundible ‘Pescadería Maragato’. Tampoco se encuentra muy lejano en el tiempo el derribo del palacio de los Vizcondes de Palazuelos –en la plaza San Esteban, donde se instalaba el bar ‘El boquerón’, para un fin poco rentable ya que sólo se procedió a la destrucción de esta edificación del siglo XVI, para dejar herida de muerte una plaza que guarda grandes tesoros arquitectónicos, ahora cerrados a cal y canto como la antigua sede del Gobierno regional que, confiemos en que el desuso o que su venta no traiga un desenlace fatal para un lugar que ya vio como otro añejo edificio del siglo XVI, era hecho añicos para levantar en este punto edificio de los juzgados. El atentado arquitectónico que se cierne ahora, quizá no tiene la misma magnitud patrimonial, que también, sino que tiene más que ver con el recuerdo de lo que fue una calle como Bardales, como hervidero de gentes y verdadero corazón del sentir festivo de una ciudad como Guadalajara. El inmueble que durante mucho tiempo albergó la discoteca ‘Pi’, uno de los locales clásicos de la noche alcarreña, no sólo por su ambiente y música; sino por su propia concepción arquitectónica de lo más peculiar, corre peligro. Así lo alertaba días atrás el concejal de Izquierda Unida, José Luis Maximiliano, advirtiendo que incluso había fecha para el derribo del mismo –ayer mismo-. Afortunadamente, las máquinas no hicieron trizas este singular local que se adentraba en la tierra a modo de galería o bodega que, además parecen entroncar con los restos de otras añejas edificaciones que nos pueden retrotraer hasta la Edad Media, dado que su parte final, puede estar vinculada a los restos de un antiguo patio del siglo XV de una finca colindante. Sería una torpeza y, una gran tristeza, que finalmente volaran no sólo los recuerdos de un bar que fue emblema de esa calle Bardales que ahora, con empeño y esfuerzo sus hosteleros quieren recuperar, para dejar un nuevo agujero –y ya van unos cuantos- en pleno casco histórico; sino también parte de aquellas raíces sobre las que se asienta la capital alcarreña y que, con acciones como esta –de culminarse- parece que nos quieren extirpar. Quizá no sea mucho lo conservado, pero apostemos por ello; apostemos por mostrarlo, por valorarlo y no por cubrirlo con piedras o esconderlo a los ojos de la ciudadanía. Es más, apostemos mostrar por todo aquello que está más oculto, tratar de sacarlo cada vez más a la luz y no poner cortapisas con tarifas arbitrarias que sólo ponen cortapisas al acceso a nuestra riqueza cultural. apostemos por conservar y rehabilitar lo que tenemos porque si no, el casco histórico, no saldará de la ruina actual.

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Un pensamiento en “¡Vaya ruina!

  1. El caso es que, entiendo, este edificio se sabía que se iba a demoler desde el mismo momento en el que cerró el Pi y se tapiaron, si no recuerdo mal, su puerta y ventanas, y si no se ha planteado antes su demolición efectiva supongo que ha sido por la crisis. ¿No habría sido más efectivo trabajar en evitar su demolición en ese momento, en vez de esperar a tener las máquinas en las puertas, cuando, imagino, todos los papeles estarán en regla?

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