Las secuelas del Plan de Incendios 2014

 

Cospedal, en el puesto avanzado del incendio de Aleas. // Foto: www.castillalamancha.es

Cospedal, en el puesto avanzado del incendio de Aleas. // Foto: http://www.castillalamancha.es

Por Marta Perruca

Viajaba en el coche de una amiga, camino del Geolodía 2014, mientras me relataba esa anécdota sobre aquel julio luctuoso de 2005, cuando se declaró el incendio más monstruoso de cuantos hayan acaecido en nuestra provincia, que se iniciaba en la Riba de Saelices y que se saldó con 11 víctimas mortales y 13.000 hectáreas calcinadas: Una vecina de uno de los pueblos del Señorío de Molina, le advertía de que, teniendo en cuenta la meteorología de esa primavera, se preveía una campaña de incendios estival muy complicada “y esta primavera está siendo muy parecida”, continuaba con su relato. Siempre mentamos al diablo cuando de incendios forestales se trata -decía-, pero a veces el olvido es la peor enfermedad que pueden padecer las administraciones.

Esta semana, con los incendios de Aleas y Bustares, volvía recordar ese episodio, que semanas atrás hizo que escribiera un artículo advirtiendo sobre los recortes que se han llevado a cabo tanto en el personal, como en los medios de extinción de incendios forestales en nuestra provincia,  después de que el Gobierno regional presentara un Plan de Incendios Forestales que, a mi entender y a la luz los datos facilitados por el delegado sindical de Geacam en Comisiones Obreras (CC.OO.), poco o nada tiene que ver con la realidad del dispositivo. Lo hacía manifestando a un tiempo las dificultades e inconvenientes con los que tendrían que lidiar los efectivos en el caso de que se declarase un incendio, teniendo en cuenta los medios materiales y personales de los que se dispone. No voy a insistir sobre lo mismo, pues ya lo hice en su día y lo han recogido muy bien mis compañeros, Óscar Cuevas y Rubén Madrid, en sendos artículos sobre lo acaecido.

Aquella mañana de primeros de mayo nos dirigíamos al lugar donde se inició el fuego en 2005, al área recreativa de la Cuevas de Los Casares, donde estaba prevista la celebración del Geolodía 2014, en la misma cueva, en el entorno del Valle de los Milagros y en las Salinas de Saelices de la Sal. Para ello, atravesábamos los montes que en otro tiempo fueron frondosos bosques y sobre los que aún hoy se vislumbran las terribles huellas de las llamas. Quizá esa visión devastadora contribuyó a sembrar cierto poso de inquietud, que se reavivó con más virulencia la semana pasada, cuando de nuevo, algunos amigos que trabajan en Geacam, me manifestaban las proporciones de los incendios y las dificultades que se estaban encontrando, justo cuando se celebraba el noveno aniversario de la tragedia y muy cerca del retén al que pertenecían las once víctimas mortales. Y caprichos del destino, el incendio de Aleas se iniciaba a consecuencia de los trabajos de una cosechadora, cuando la Junta había anunciado como novedad que se iban a intensificar las labores de vigilancia sobre este tipo de trabajados, responsables de buena parte de los incendios forestales, eso sí, sin advertir que aquello se iba a realizar con menos patrullas de vigilancia –de las 19 existentes en 2012, solo quedan activas cinco- .

Hoy solo puedo lamentarme de que el tiempo haya terminado por darme la razón, aunque la verdad es que, visto el panorama, más que un augurio cumplido, fruto de la casualidad, ha sido la crónica de una muerte anunciada.

Me temo que ya hemos insistido suficientemente sobre el tema en este blog y, sin embargo, cuando me he puesto a dar forma a este artículo me he sentido con la responsabilidad de volver a hacerlo, aun a riesgo de repetirme y de resultar pesada. Lo asumo casi como una obligación , aunque solo sea para contribuir con mi granito de arena en la difícil tarea de combatir, desde esta atalaya, esa deuda que tienen las administraciones con la Verdad.

Y la verdad es que, por mucho que se empeñen desde arriba en negarlo, reducir la partida en medios de prevención y extinción de incendios menoscaba la calidad y operatividad del servicio y, casi con toda seguridad, tal y como advertía el delegado sindical de CC.OO. en Geacam, Iñaki Blanco, si no se hubieran practicado los recortes en el dispositivo, probablemente, los incendios no habrían alcanzado tales dimensiones, porque los efectivos habrían llegado antes y convenientemente armados. La verdad es que cuando se mete tijera en los medios de prevención y extinción de incendios, no solo se corre el riesgo de que se queme un mayor número de hectáreas, sino que se pone en peligro la vida de aquellos que trabajan en su extinción.

Titulaba aquel artículo “Las mentiras del Plan de Incendios 2014” y hoy no puedo hacer otra cosa que lamentarme de sus secuelas. Recordaba Óscar Cuevas en Twitter que el artículo apenas tuvo unos cientos de visitas cuando lo escribí hace más de un mes y que a toro pasado, cuando se han constatado las consecuencias de lo que advertía, ha recibido miles.

A mí lo que me pesa no es que nos acordemos de Santa Barbara cuando truena, sino que caiga un chaparrón y haya quien se empeñe en negar que nos ha cogido la tormenta.

Después de que se reavivara un fuego que parecía estar controlado, me encontré con un amigo que regresaba agotado después de pasar toda la noche luchando contra las llamas y que, previsiblemente, tendría que volver al frente por la noche. “Aquello está incontrolado y el viento no ayuda en absoluto”, me transmitió. Horas más tarde me sorprendía ver en la televisión a la presidenta regional, acompañada de otros representantes políticos, en el puesto avanzado del incendio de Aleas, haciendo alarde del dispositivo y afirmando que las condiciones del viento y el descenso en las temperaturas estaban contribuyendo a controlar el fuego.

Ante la imagen de “las cosas se están haciendo bien y aquí no pasa nada” que pretenden transmitir desde la Junta, encontramos la otra cara, la de los trabajadores del dispositivo, que están denunciando a través de los sindicatos y de las redes sociales las carencias que están sufriendo y de las que se hacía eco mi compañero, Rubén Madrid, en su artículo de ayer.

Y es que solo hay que estar un poco atento a las conversaciones que miden la temperatura del malestar de los ciudadanos para darse cuenta de que, más allá de estar cansados de sufrir los continuos recortes que afectan a prácticamente todo, de lo que realmente estamos hartos es de de tener que lidiar, día tras día, con la mentira, y sobre todo, de que una y otra vez nos tomen por estúpidos.

Las secuelas de las mentiras del Plan de Incendios 2014 llegaron en forma de dos poderosos incendios declarados en Aleas y Bustares, que han calcinado más de 3.000 hectáreas y que ha llegado a afectar al Parque Natural de la Sierra Norte, sin perder de vista los 150 vecinos evacuados de Gascueña de Bornova y Prádenas de Atienza.

Y sabemos que los primeros en llegar fueron los tres miembros de un raquítico retén de Cogolludo, que en otro tiempo contó con 11 efectivos y que poco o nada podría a hacer para detener las llamas. De igual manera, no es muy difícil presuponer que otro gallo hubiera cantado si se contara con un dispositivo digno de patrullas de vigilancia, si las torretas estuvieran en las condiciones oportunas para su uso, en lugar de tener que vigilar el terreno a pie de tierra en el interior de un vehículo, y si los retenes contaran con un mínimo de efectivos para garantizar el buen desarrollo de sus actuaciones.

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