La magia del Tour

Juanjo Ortega, periodista alcarreño y aficionado al ciclismo. Foto: Juanjo Ortega.

Juanjo Ortega, periodista alcarreño y aficionado al ciclismo. Foto: Juanjo Ortega.

Por Juanjo Ortega*

Permítanme serles muy sincero. Me da mucha rabia escribir estas líneas que están leyendo. No, no tengo nada en contra suya (a muchos ni les conoceré siquiera), tampoco es por mis compañeros de El Hexágono. Todo lo contrario, les agradezco mucho que me dejen escribir sobre mi deporte preferido.

La causa de mi rabia es que escribo estas líneas mientras veo la etapa de hoy, jueves (me adelanté, tengo que confesarlo también), en los Pirineos y yo, de no ser por factores externos, podría estar ahí, en alguna cuneta del Tourmalet con mi querido primo ‘Lucho’ viviendo un nuevo Tour de Francia desde dentro.

Porque la ‘Grande Boucle’ es la carrera más importante del mundo y vivirla desde dentro es una experiencia única, algo que se debe hacer al menos una vez en la vida. Y no, no me vale que me digan que no merece la pena esperar a los esforzados de la ruta para verlos apenas un segundo.

Ortega animando en una de las cunetas mencionadas al paso de un ciclista. Foto: Juanjo Ortega.

Ortega animando en una de las cunetas mencionadas al paso de un ciclista. Foto: Luis Ortega.

A quién diga eso, le reto a que viva una ascensión al Alpe d’Huez como tuve el honor de experimentar el año pasado. Pero vayan el día de antes. Primero, porque será la única forma de encontrar sitio (y aun así puede que no lo logren), y sobre todo, por vivir el ambiente que se genera en los márgenes de la carretera. Cientos de miles de personas (el año pasado las autoridades hablaron de un millón) de todas las nacionalidades esperando la llegada de los corredores.

Bueno, de los corredores y para qué mentir, de la caravana publicitaria que precede a la carrera. Y es que unas dos horas antes de que el pelotón aparezca en el horizonte, más de 150 vehículos representando a unas 35 marcas patrocinadoras lanzan regalos de todo tipo, desde periódicos, a muestras de detergentes, pasando por galletas, botellas de agua y un largo etcétera.

Y todo eso como aperitivo del paso de los corredores, los verdaderos protagonistas de una carrera en la que, en este 2014, se habrán recorrido 3.664 kilómetros durante 21 días. Una edición que, salvo hecatombe se apuntará Vicenzo Nibali, el ‘Squalo dello Stretto’ (el Tiburón del Estrecho). Un tiburón que con 29 años ya habrá ganado una Vuelta, un Giro y un Tour de Francia.

Un palmarés de altura que sin embargo, no es suficiente para que muchos apunten a que habrá ganado la prueba francesa gracias a los abandonos por caída de Chris Froome y Alberto Contador, los dos cocos del ciclismo actual en las rondas de tres semanas.

Impulsado por esas voces, voces que obvian que el italiano ya había ganado una etapa y había dado una exhibición en la temida etapa del pavé; Nibali no se ha limitado a contemporizar con su ventaja, sino que ha querido subrayar su superioridad con ataques y victorias de etapa (tres sumaba mientras escribo estas líneas).

Todo con tal de evitar la leyenda de Roger Walkowiak, el hombre que se impuso en la edición de 1956. Un corredor sin el pedrigrí de los grandes de la época que sacó tajada de una larga escapada en la que cosechó 30 minutos de renta sobre los favoritos. A pesar de la dureza del Tour, nadie logró desbancarle ni siquiera Federico Martín Bahamontes que finalizó cuarto en la general.

Froom, ganador del Tour de 2013. Foto: Luis Ortega.

Froom, ganador del Tour de 2013. Foto: Luis Ortega.

El caso es que, a partir de su triunfo, la afición, la prensa y hasta los organizadores le acusaron de haber desprestigiado el palmarés de la prueba. Jacques Goddet, director de la prueba, llegó a decir que la ovación final del público “más pareció una lamentación”.

Walkowiak acabó sumido en una depresión y, muchos años después, a finales de los 90 concedió una entrevista en la que llegó a decir: “Nunca hablo de aquel Tour, ni siquiera con mi mujer. Ojalá nunca hubiera ganado el Tour. Nadie sabe cuánto sufrí”.

Y ésta es sólo una de las múltiples historias que ha generado la Grande Boucle. Leyendas como la de Vicente Blanco, conocido como ‘El Cojo’. Este ciclista vizcaíno fue el primer español en participar en el Tour. La fecha para la historia fue un 3 de julio de 1910. El lugar, las afueras de París.

El Cojo, que no sabía francés, compartía la salida con otro centenar de corredores. Por delante, 272 kilómetros hasta Roubaix (por algunos tramos que vieron en el vídeo resumen de la quinta etapa de este año). Y eso es sólo el principio ya que después vendrían otras 14 etapas, los Pirineos incluidos por primera vez en su historia, para un total de casi 5.000 kilómetros (les recuerdo, éste año 3.664 kilómetros).

Vicente, campeón de España en ruta en 1908 y 1909 no completó siquiera esa primera etapa. Lo que mucha gente no sabe es que el vizcaíno viajó desde su casa hasta París pedaleando en su bicicleta. Y cuando llegó a la capital francesa sólo tuvo tiempo para visitar el taller de un mecánico español e ir a la redacción del diario L’Auto a recoger su dorsal.

Varios años antes, un trabajador de este periódico, Henri Lefevre le propuso a su director crear una carrera por etapas que cubriera toda Francia. El objetivo no era otro que aumentar las ventas. Y a fe que lo lograron ya que, según diversas fuentes, aquel mes de julio de 1903, fecha en la que se disputó la primera edición, L’Auto incrementó sus ventas en 40.000 ejemplares. Cifras que ya quisieran para sí actualmente muchísimos medios de comunicación.

Desde entonces hasta hoy, se han completado 100 ediciones (la de 2014 es la 101). Un centenario en el que brillan con luz propia nombres como los de Indurain, Merckx, Hinault, Anquetil o Armstrong, aunque éste por motivos diferentes.

Pero lo cierto es que la historia de esta prueba es tan grande que sería imposible enumerar los nombres de todos los mitos y leyendas de la prueba.

Bueno, ya que empecé este artículo siendo sincero, lo terminaré de igual forma. No me enrollo más porque acaban de coronar el Tourmalet y Valverde busca la campanada en el largo descenso. Ya les contaré qué pasó.

*Juanjo Ortega es periodista con amplia experiencia en los medios de comunicación de la provincia, casi siempre, en las secciones deportivas de los mismos. Una de sus grandes pasiones es el mundo de la bicicleta desde que allá por su infancia Perico Delgado empezará a hacer de las suyas por las montañas francesas y españolas. Desde entonces y a pesar de los diferentes seísmos por el dopaje, el plumilla se ha mantenido más o menos fiel a un deporte lleno de épica.

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