Poderoso caballero Don Dinero

Hucha con forma de balón de fútbol. Foto: Blog Barbadasbase.

Hucha con forma de balón de fútbol. Foto: Blog Barbadasbase.

Por Ana G. Hernández

No es nuevo eso de que el dinero mueve el fútbol y, al decir fútbol, me puedo referir a cualquier deporte… Hoy en día, la economía manda en todos los aspectos de nuestra vida, en todos los actos que realizamos y de todas las maneras inimaginables. El dinero actúa sobre nosotros y nosotros actuamos sobre nuestro destino. Estamos en una sociedad consumista en la que prima el valor de las cosas. Como digo, no descubro nada que no sepan ustedes a estas alturas. Sin embargo, durante estas semanas de atrás, no he hecho más que alarmarme con las continuas noticias de equipos que pasan apuros para lograr el dinero necesario para salir en la categoría a la que pertenecen. La situación es mala en muchos ámbitos y el deporte rey no va a librarse de ello, a pesar de los oasis en donde habitan las grandes empresas, ¡que lapsus! quería decir clubes, que sobreviven a la crisis cual monopolios.

Finalmente, La Roda si fue capaz de reunir los 200.000 euros necesarios para jugar en Segunda División B. Es decir, a golpe de mini-talonario, si lo comparamos con el dinero que mueve el fútbol a nivel europeo, el equipo rodeño ha conseguido mantenerse en la categoría de bronce del fútbol nacional en detrimento del Puertollano, que maravilló a la Tercera División castellano-manchega realizando una temporada brillante, pero que fue incapaz de aportar el dinero necesario para promocionar de categoría. El drama minero que afecta a Castilla-La Mancha se puede extender prácticamente al resto de España y al resto de deportes. En baloncesto el Bilbao Basket o en balonmano el BM Aragón, solo por nombrar casos de los más sonados, están en situaciones similares.

Los problemas de estas entidades pueden deberse a una mala gestión económica en años pasados, unida a la falta de sponsors e inversiones en esos equipos; pero también puede deberse a la falta de recursos del propio club como en el caso del Eibar, aunque, por la voluntad de muchos, su problema se resolvió de forma positiva para la entidad que deportivamente se había ganado su ascenso a Primera. La ley le obligaba a depositar 2.100.000 euros para poder jugar en la máxima categoría del fútbol nacional, a pesar de que el club estaba totalmente saneado y a pesar de ser campeones de la Liga Adelante.

Y es que, en el fútbol, como en la vida, hay unas reglas y hay que cumplirlas. Y si esa jurisprudencia dice que el Eibar debe abonar 2.100.000 euros y el Puertollano 200.000 para jugar en Primera y Segunda B, respectivamente, los clubes deben cumplirla, pero ¿se aplica el mismo rasero con clubes endeudados y que deben dinero a jugadores, cuerpo técnico, Hacienda, Seguridad Social e incluso a bancos u organizaciones similares? Muchos dirán que la deuda forma parte del crecimiento económico, pero esto será cierto siempre que sea una deuda razonable y asumible. Dos adjetivos que en la dinámica económica de los últimos años eran tan utópicos como la alianza de civilizaciones.

El Deportivo Guadalajara se vio abocado a descender por no cumplir una de esas normas según la Liga Profesional de Fútbol (LPF). Precisamente, se trataba de una de esas normas referidas al dinero que tanto demanda el fútbol moderno. Hasta que los juzgados hablen, el Depor hizo una mala gestión en su reconversión a Sociedad Anónima Deportiva (SAD). Pero es que el drama económico-deportivo en el que se sume Guadalajara no acaba en el fútbol, el equipo de Asobal de la ciudad también está padeciendo los sinsabores de la falta de recursos. El BM Guadalajara lo anunció allá por el mes de mayo y, aunque la directiva asegura que el cuadro morado seguirá en Asobal, la realidad es que la falta de dinero puede llevar al traste a uno de los mejores proyectos deportivos de la última década en Guadalajara. Dos realidades distintas, que nos afectan y que demuestran lo importante que es el poderoso caballero Don Dinero.

Festival Ducal de Pastrana: Objetivo cumplido

Cartel del XIII Festival Ducal de Pastrana.

Cartel del XIII Festival Ducal de Pastrana.

*Por Laureano Losada

A las 12 de la noche estoy sentado frente al palacio Ducal de Pastrana, todavía iluminado, y en el que resuenan los ecos producidos por las voces de la princesa de Éboli, Ruy Gómez, Antonio Pérez, Santa Teresa… Aún se sienten las siluetas de los calatravos, judíos, moriscos, aldeanos, músicos, niños, danzantes y clero que durante estos días nos han trasladado al al siglo XVI.

De esto se trata, de utilizar nuestro patrimonio, nuestras plazas, nuestras calles, nuestra cultura, nuestra historia para disfrutarlo y darlo a conocer. Aún estoy escuchando al ciego con sus romances, las lavanderas en los cuatro caños, los niños danzando, contándonos historias y recordando lugares y momentos del pueblo llano que vivió en aquella época. También oigo los cantos de aquella morisca que vino de las Alpujarras y que trajo consigo gran parte de la prosperidad de ese pueblo y a los judíos de la calle de la Palma con sus negocios.

Hemos celebrado el XIII Festival y la sensación que me queda es de satisfacción, y todo ello gracias al trabajo y la implicación de las distintas asociaciones que hacen posible todo esto: coral la Paz, Damas y Caballeros, banda de música, grupo de teatro Moratín y la gran mayoría del pueblo, que han engalanado las calles y han acompañado en todo momento los actos que se han celebrado hasta el día de hoy.

No me puedo olvidar tampoco de la colaboración de los establecimientos que han contribuido a la celebración de estas jornadas.

Estamos en tiempos difíciles, pero aun así la cantidad de gente que ha visitado Pastrana estos días ha superado con creces la de ediciones anteriores. Los objetivos de promoción cultural y turística se han visto cumplidos.

La seña de identidad de nuestro festival en torno a las figuras de dos mujeres, Ana de Mendoza y Teresa de Jesús, marcan un hecho diferencial con la mayoría de las fiestas históricas de nuestro país. Desde el principio era nuestra pretensión el recrear el Renacimiento lo más fielmente posible y un año más se ha conseguido. Desde este momento estamos empezando ha construir el próximo Festival, con nuevas ideas, proyectos e ilusiones.

Laureano Losada.

Laureano Losada.

*Laureano Losada González nace en Orense en 1954. En 1970 se traslada a Pastrana, donde finaliza el Bachillerato, y realiza la carrera de Magisterio en Guadalajara, actividad que ejerce en distintas localidades de la provincia. En la actualidad es profesor de Historia en el IES Leandro Fernández de Moratín. Ha estado vinculado a diferentes actividades culturales y deportivas en la Villa Ducal. Es presidente de la asociación Coral la Paz, así como presidente de la federación de asociaciones que organiza el Festival Ducal de Pastrana. 

No eres de Guadalajara si…

Imagen que ilustra el grupo de Facebook "No eres de Guadalajara si...

Imagen que ilustra el grupo de Facebook “No eres de Guadalajara si…”. // Foto: http://www.Spaincenter.org

Por Concha Balenzategui

La cita “El nacionalismo se cura viajando” se le atribuye a Unamuno, a Baroja, e incluso a Cela, que para estas cuestiones internet es un pozo de confusión. Estoy muy de acuerdo con la frase, aunque yo suelo decir más que “viajando se nos borra la raya de la boina”. Es lo que en estos días de vacaciones hacen o tratamos de hacer muchos: conocer otros lugares, recorrer otras provincias y otros países.

En esa mirada al exterior aprendemos que en muchas partes cuecen habas y que no en todas atan los perros con longanizas. Establecer comparaciones con nuestro propio terruño es inevitable, y lo cierto es que cuando viajamos nos damos cuenta de algunas virtudes, y también de los defectos de nuestra propia ciudad. En este campo suelen darse dos actitudes bien diferentes: La del que piensa que su tierra es el ombligo del mundo y no encuentra nada a su gusto si la temperatura, el paisaje, la comida o las costumbres del lugar visitado no se acomodan a lo que acostumbra; y por otra parte, la actitud de quien está dispuesto a creer que cualquier sitio que pisa es “lo nunca visto”, y por supuesto, siempre, mejor que Guadalajara. Llevadas al extremo, tan cateta puede ser una actitud como la otra.

Tengo varios conocidos entre los dispuestos a sacar fallos a la ciudad en que viven, a poco que se pinte la ocasión. Y ante la mención de cualquier otro lugar, comentan que es más animado, más limpio, más surtido, “más mejor”, en definitiva, que nuestra Guadalajara. Me refiero a afirmaciones como “qué buen comercio tiene tal sitio”, “qué marcha hay en esta zona”, “qué bien se come aquí”, “qué bien han restaurado el patrimonio”, seguidas de la apostilla inmediata: “No como en Guadalajara”. Para estas personas, casi todas las ciudades españolas han mejorado radicalmente en los últimos años para bien, pues han visto crecer nuevos y modernos barrios, arreglos en la parte histórica, más sensibilidad con la limpieza o los parques… Pero nunca hay un reconocimiento a lo que Guadalajara tiene, conserva o logra, probablemente porque los cambios no se aprecian en el día a día.

Mucho postureo, pienso cuando oigo eso tan guadalajareño de que “en Guadalajara no hay nada” a personas con las que nunca coincido en el Buero Vallejo, en una actividad de la Biblioteca, dentro del Moderno (o en la puerta, últimamente), en el cine, en un concierto en el TYCE, ni en ninguna actividad cultural. Probablemente esos mismos no han pisado el interior del Museo Provincial, la cripta de San Francisco o los torreones de Alvarfáñez o el Alamín, aunque cuando van a otra ciudad están dispuestos a abrir la boca con cualquier gancho turístico que les pongan por delante. Y luego ya está la afirmación categórica de que Guadalajara “es una ciudad dormitorio”, sin nada de valor, comparable a Alcorcón (o Getafe, o Parla, que para el caso da igual), aunque un poco más provinciana. Más paleta, ya me entienden.

A mí en estos casos me pasa como con la familia, que puedo quejarme de los defectos de mis parientes, pero ¡ay del extraño que se meta con uno de ellos! Y aunque muchas veces yo misma haya lamentado un aspecto determinado de la ciudad, o muchos, si alguien se pone en plan criticón con Guadalajara, incluso haciendo las mismas apreciaciones, me dan ganas de sacar las uñas.

Y eso que yo no soy de Guadalajara. Quiero decir que no soy una “GTV” (ya saben, los de-Guadalajara-de-toda-la-vida). “Sólo” llevo viviendo aquí casi 30 años (un día de estos les cuento unas cuantas anécdotas de mi llegada) y a pesar de mi falta de partida de nacimiento, me han admitido en ese grupo de Facebook llamado “No eres de Guadalajara si no…”. Con este hilo argumental, el grupo lleva una semana atrapando seguidores con las más variopintas conversaciones que repasan los establecimientos de antaño, los tipos característicos, o esas costumbres más nuestras, que también las tenemos. Entretiene un rato este paseo por los comentarios, porque viene a demostrar que Guadalajara tiene mucho buen rollo, al menos en la idiosincrasia colectiva. Aunque uno no se haya comido un bocata en el Cardón, ni se haya fotografiado el día de su boda en los patos de San Roque, ni haya comprado cigarros sueltos a Pepito, seguro que sabe de lo que se está hablando, y le despierta una sonrisa de oreja a oreja.

Este tipo de modas -tan virales como pasajeras, sin lugar a dudas- beben de la nostalgia colectiva que abarca a varias generaciones, y también del sano ejercicio de reírse de uno mismo. El éxito está asegurado con fenómenos como “Ocho apellidos vacos” o aquellos “MadeInGu” con que la genial Laura Domínguez recuperaba los logotipos de ‘Los Mielitos’, la leche Legu o los recreativos Ju-ju.

Ni siquiera el grupo es original de Guadalajara. Los hay similares en Tomelloso, en los pueblos de Granada, de Valencia, en Toledo, y en casi todos los lugares de España. Pero viene a demostrar, al tiempo, que Guadalajara también tiene su identidad, no necesariamente insulsa, por mucho que algunos se empeñen en asemejarla a la de Leganés o a la de Vicálvaro. Y que esta personalidad nuestra se fundamenta tanto en los Mendoza, como en tipos populares como la Follolla, el Mangurrino, el citado Pepito, o la lotera Hermenegilda Portillo. Tanto en sus batallas históricas, como en los conciertos míticos que compartimos y recordamos.

Vista de Guadalajhara desde la Ronda Norte. // Foto: ojodigital.com

Vista de Guadalajhara desde la Ronda Norte. // Foto: ojodigital.com

Por otro lado, sin apelar a las vivencias nostálgicas, ni a las farras pasadas, hay gente a la que la ciudad le parece bonita y sus rincones dignos de aparecer en un vídeo. Son los chavales del club Viana, que se sienten “happy” en la ciudad.

No quiero acabar estas reflexiones sin hacer un listado de grandezas de Guadalajara, esas que nos pasan desapercibidas, de las que nos damos cuenta al regreso de nuestro viaje, o cuando la miramos con los ojos de un visitante. Empiezo yo y ustedes, si están en esta onda, me siguen:

– Guadalajara está a poco más de media hora de Madrid, y de toda su oferta de ocio, cultural, deportiva o comercial.
– Guadalajara está a cinco o seis horas como máximo de cualquier punto de la península que uno quiera visitar.
– Guadalajara es la cabeza de una provincia preciosa, de variados paisajes y rico patrimonio.
– Guadalajara capital tiene uno de los porcentajes más altos de superficie de parques y zonas verdes por habitante de toda España.
– Guadalajara tiene el tamaño idóneo: La medida está en que no puedes subir la calle Mayor o el paseo Fernández Iparraguirre sin saludar a alguien, y al tiempo siempre puedes conocer gente nueva.
– Guadalajara tiene un teatro con mil butacas en un edificio vanguardista que es una auténtica joya arquitectónica y que ofrece variedad y calidad.
– Buena parte de la población de Guadalajara ha nacido fuera de ella: los GTV están en minoría y dan color.

¿Me apuntan alguna más?

Segundo aviso

Incendio Aleas

Vista del incendio desatado ayer en Aleas desde un helicóptero de las BIF / Foto: @At_BRIF

Por Óscar Cuevas

En el imaginario colectivo de la provincia los 17 de julio están grabados, nunca mejor dicho, a fuego. Y ya es caprichosa esta casualidad que quiso que ayer, precisamente, ayer, se desatara un incendio en Cogolludo, en la puerta de la Serranía. A todos se nos pusieron los pelos como escarpias, mezclando en el ánimo los temores del presente con los recuerdos del pasado. Y así pasamos la tarde, en vilo

Incendio Aleas

La consejera de Agricultura, en el puesto de mando avanzado / Foto: JCCM

Cuando escribo este artículo, en la madrugada del viernes 18, el incendio iniciado en la pedanía de Aleas se ha dado por controlado, tras desatarse poco antes de las 2 del mediodía y afectar a un contorno de unas 500 hectáreas, de las que unas 300 -según cálculos iniciales- resultaron calcinadas. La noche y el cambio del viento se hicieron aliados de bomberos, trabajadores de los retenes y efectivos de la UME, y a eso de las 11 de la noche pudieron hacerse con un fuego que esta vez, la verdad, no ha pasado a mayores. Ha podido ser este otro 17 de julio trágico, pero las cosas han funcionado razonablemente bien, el tiempo ha acompañado, y los daños no son irreparables.

Homenaje Víctimas Incendio

Homenaje a los 11 fallecidos en el incendio del Ducado celebrado ayer en Guadalajara / Foto: EFE

Desde que el 17 de julio de 2005 las vidas de once guadalajareños se nos quedaron en una loma de Santa María del Espino, cada fuego que se descontrola en el monte nos provoca miedos y recuerdos, y abre debates sobre cómo, por qué, y de qué modo se combaten estas contingencias. Pero ayer lo decía acertadamente Carmen Clara Martínez de Tejada, la abogada de 9 de las familias de quienes perecieron hace 9 años: Parece que, al menos, aquella tragedia cambió muchas cosas, para bien, en el modo de afrontar estas campañas.

Tras el incendio del Ducado, pasamos de tener retenes contratados por 3 meses, barbacoas donde se hacía fuego en plenas épocas de máximo riesgo, jefes provinciales de incendios que se iban de vacaciones en pleno verano, o estructuras anquilosadas que fallaban hasta el punto de no saber cuándo y cómo había que incrementar el nivel de alerta, a tener controles mucho más minuciosos de la situación. Yo lo he dicho varias veces: El anterior Gobierno regional se empecinó en negar lo que muchos creemos, que en la tragedia de La Riba se cometieron errores gravísimos. Pero al menos el Ejecutivo de Barreda actuó asumiendo que había mucho que mejorar, aunque no lo reconociera.

Vista del incendio desde las cercanías de Cogolludo / Foto: Ministerio de Agricultura

Vista del incendio desde las cercanías de Cogolludo / Foto: Ministerio de Agricultura

Recordemos que en 2005 los reteneros tenían sólo contratos de temporada estival, y que tras la tragedia pasaron a ser empleados anuales que limpiaban el monte en invierno (aunque el actual ERE ha rebajado el tiempo de sus contratos a 9 meses, ya es el triple de lo que había). Y, como vimos en Chequilla en 2012 y volvimos a ver ayer, el llamado “Nivel 2” de emergencia se decreta con mucha más prontitud. Habrá quien piense, incluso, que con excesiva cautela, porque ayer, por ejemplo, la Unidad de Emergencias el Ejército llegó cuando los reteneros ya habían hecho el grueso del trabajo, y el nivel se volvió a bajar a “1” poco después de que hubieran aparecido por Guadalajara los militares, que podían haberse ahorrado el viaje. Pero qué quieren que les diga, yo lo prefiero: mejor pasarse que quedarse cortos.

Mi temor, eso sí, es que los recortes que ha padecido el servicio anti-incendios en los tres últimos años, EREs incluidos, no nos cuesten lamentos gordos algún día. Ya les habló de este asunto hace unas pocas semanas y en este mismo blog la compañera Marta Perruca (100 trabajadores menos que en 2012, de 19 a 5 patrullas de vigilancia, 14 torretas abandonadas…), así que no abundaré.

Homenaje que ayer hicieron los bomberos de Madrid a los fallecidos en Guadalajara en 2005

Homenaje que ayer hicieron los bomberos de Madrid a los fallecidos en Guadalajara en 2005

Chequilla en 2012 (entonces fueron casi 1.000 hectáreas), y Aleas en 2014. El fuego ha dado ya dos avisos serios a la provincia para que la Administración, los trabajadores forestales, y sobre todo los humanos cuyos descuidos originan tantos daños, tomen conciencia de que el peligro sigue allí, acechando. Que no se nos olvide nunca, porque a lo mejor no hay un tercer aviso.

Andando y viendo

Una de las iniciativas reivindicativas de la Asociación de Amigos del Teatro Moderno. // Foto: www.amigosdelmoderno.org

Una de las iniciativas reivindicativas de la Asociación de Amigos del Teatro Moderno. // Foto: http://www.amigosdelmoderno.org

Por Marta Perruca

La vida me ha enseñado que no existe nada más poderoso que la voluntad humana, pero que, al mismo tiempo,  la falta de ella puede tener efectos demoledores cuando se diagnostica en el seno de una comunidad. Me hablaba cierto compañero de fatigas del mal endémico del “Mía tú pa qué”, una enfermedad muy arraigada en aquellas zonas rurales donde sus vecinos se han rendido ante lo que, a consecuencia de esta epidemia, parece ser una irrevocable sentencia de muerte. Así que no importa demasiado que todavía existan entusiastas que consideren ciertas potencialidades y fortalezas como un desfibrilador de urgencia para impulsar iniciativas que escriban la palabra FUTURO en lugar de MUERTE. Cuando alguien llega con ganas de vida a revolucionar la paz de los muertos siempre hay alguien que amilana los ánimos con ese escéptico “Mía tú pa qué.

Resulta extremadamente corrosivo ese empeño en encontrar problemas a las soluciones; en poner palos a las ruedas a la voluntad con rebuscados inconvenientes que suenen suficientemente convincentes para que los proyectos nunca lleguen a arrancar. No obstante, a base de bofetadas, tropiezos y  reveses también he aprendido que la medicina perfecta para curar el “Mía tú pa qué”, suele ser el “Andando y viendo”, porque el movimiento se demuestra andando y ya se buscará la solución más oportuna cuando realmente surja el problema.

De modo que, bajo esta premisa y de manera somera, podríamos afirmar que la sociedad está formada por buscadores, con la diferencia de que hay algunos que se dedican a buscar problemas y otros siempre más afanados en hallar soluciones: Los “Mía tú pa qué” y los “Andando y viendo”.

A lo largo de la vida serán muchos los “Mía tu pa qué” que se crucen en nuestro camino. Son fácilmente reconocibles porque tienen un marcado problema de verborrea. Hablan mucho y en el 85 por ciento de los casos lo hacen para quejarse. Sin embargo hoy prefiero hablaros de los “Andando y viendo”, porque me he dado cuenta que el ritmo que marcan me resulta contagioso y porque, como es lógico, su presencia dentro de las comunidades suele poner en marcha los motores de la dinamización y el cambio.

Así que cuando me azota un “Mía tú pa qué”, pienso en un “Andando y viendo” y entonces se me viene a la cabeza cierto colectivo de artistas que un día se quedaron sin escenario y promovieron un magnífico programa cultural de espectáculos  que bajo el título “En la Puñetera Calle” pretende reivindicar la apertura del emblemático “Teatro Moderno” de Guadalajara, poniendo en marcha lo que mejor saben hacer: Cultura y espectáculo. Eso sí, a falta de ese escenario lo tienen que hacer en la puñetera calle.

El Museo Comarcal de Molina promueve infinidad de actividades e iniciativas. // Foto: www.museosdemolina.org

El Museo Comarcal de Molina promueve infinidad de actividades e iniciativas. // Foto: http://www.museosdemolina.org

Y golpea de nuevo y pienso en el Museo Comarcal de Molina, que se puso en marcha con la voluntad de una asociación cultural y hoy es uno de los espacios museísticos más ambiciosos de la provincia; en el ingente número de iniciativas que lleva a buen puerto como el Geoparque de la Comarca de Molina y el Alto Tajo, las visitas guiadas a la Cueva de Los Casares y al castro celtibérico de “El Ceremeño”, en Herrería; las innumerables ferias y eventos que desarrolla y el apoyo que presta para que otros “Andando y viendo” puedan ponerse en marcha y avanzar, colaborando en la edición de libros, en la cesión de espacios y en la organización de actividades.

Y no se cansa de azotar, pero la voluntad sigue siendo más poderosa aún, y encuentro que si la crisis ha cercenado las campañas arqueológicas estivales que se desarrollaban en la provincia, hay quien no ceja en su empeño y busca alternativas para que las investigaciones sigan su curso. De esta manera, se han desarrollado trabajos en el castro celtibérico de “Castilgriegos”, en Checa, con el trabajo de voluntarios y, en estos momentos se está impartiendo un curso internacional destinado a estudiantes universitarios gracias a la iniciativa de tres académicos especializados en Arqueología, Antropología e Historia Medieval, que con la matrícula del curso, han conseguido financiar una campaña arqueológica para excavar una  necrópolis visigoda descubierta hace varios años en el entorno del castro de los Los Rodiles (Cubillejo de la Sierra)  que, de otra manera, no se hubiera podido estudiar.

Así que, otro día quizá me decida a enumerar las tropelías de todos esos “Mía tú pa qué”, pero hoy me apetecía llenar este artículo con algunas dosis de entusiasmo, porque mientras estamos hartos de escuchar esa retahíla de lamentos sobre la herencia recibida y la imposibilidad de acción ante la falta de recursos y financiación, en definitiva, los argumentos nefastos de los buscadores de problemas, hay quien hace de su capa un sayo y, simplemente, encuentra soluciones a los problemas: “Andando y viendo”.

Candado en el Infantado

Puerta principal del Infantado cerrada. // Foto: R.M.

Puerta del Infantado cerrada. // Foto: R.M.

Por Rubén Madrid

La política de puertas cerradas que mantiene el Gobierno regional en Guadalajara ha dado con un cerrojazo en pleno corazón de la ciudad: el Palacio del Infantado. Tal vez estén al tanto: desde el jueves hay que pagar por entrar incluso al Patio de los Leones (y no sólo a las exposiciones del Museo Provincial alojadas en el emblemático monumento, como venía sucediendo). Esa es la norma, que tiene algunas excepciones explicadas en el artículo publicado el viernes por Elena Clemente en Cultura EnGuada, donde se da cuenta de cómo queda el asunto y de la enorme ola de indignación que ha levantado. A mi juicio, nada desproporcionada y bien fundamentada.

Por lo pronto, hay una dimensión simbólica en la noticia que me resulta destacable, aunque haya sido la menos señalada en las reacciones. Cerrar las puertas del Infantado a la ciudadanía en los tiempos que corren, cuando el patrimonio arquitectónico mantenido con el esfuerzo de todos se había abierto felizmente al disfrute del conjunto de la ciudadanía, resulta un portazo en las narices de la ciudadanía y un erróneo paso atrás. De la democratización del patrimonio a su feudalización, con la moneda adoptando ahora el papel que en otros tiempos tuvo, por ejemplo, el linaje. El acceso libre a este rincón de nuestro callejero, sin duda uno de los más bellos de la ciudad, en el que tantos hemos crecido llevando y trayendo libros y apuntes de estudio, con el que tantos otros enmarcan la felicidad de su boda, ahonda en la triste tendencia hacia la mercantilización de los espacios públicos.

Están, luego, todas las implicaciones que saltan a escena. Son muchas y de carácter negativo. Resulta pobre el único argumento se ha esgrimido a favor de la medida: “es que en otros sitios también lo hacen”. Y es cierto: el pasado fin de semana visité el Real Sitio de La Granja en Segovia y me cobraron nueve euros (¡nueve!) por el acceso al palacio y los jardines con sus fuentes. La Iglesia Católica viene sangrando a casi todos los turistas allá donde vamos. Y el pago por ver monumentos está casi generalizado.

Contrasentidos. Se puede entender que el Infantado cobre un precio simbólico, especialmente por entrar a la exposición Tránsitos y a ver los frescos de Rómulo Cincinato. Se puede entender que se cobre al turista (no tanto al vecino) una entrada que dé derecho a las visitas del Infantado y a otras de la ciudad, en un paquete que incluya disfrutar de los principales puntos de interés en su recorrido por la ciudad. No se puede entender, en cambio, que los niños tengan que pagar, creando un obstáculo más –quienes tenemos niños lo sabemos– al desembarco de turistas, en vez de facilitarlo con la entrada gratis de los pequeños al monumento.

No se puede entender, tampoco, que el cobro de entrada haya supuesto el cierre literal de la puerta principal, destruyendo el mejor escaparate que tiene el Infantado para entrar a verlo: la vista de la preciosa estampa del zaguán en un primer plano y las columnas del Patio de los Leones al fondo. Y tampoco se entiende, por no decir que está pensado con las posaderas, que se exija a los guías turísticos que tengan que avisar con quince días de antelación que habrá una visita guiada, cuando cualquiera sabe que un mecanismo con más reflejos favorecería la llegada de turistas a la ciudad.

La pregunta clave aquí es: ¿favorece la medida adoptada por la Junta el turismo en la ciudad? Y la respuesta, si tienen alguna duda, la tienen las autoridades en su mano si preguntan a quienes deben: a los guías, a los hosteleros, a la responsable de la tienda (su historia es un drama que justificaría por sí mismo que recapaciten)… y a Fernando Aguado, el director del Museo, que viene luchando contra viento y marea por este espacio, a menudo sin apoyos.

Guadalajara no tiene mar ni catedral, pero tiene el Infantado. Grandísimo monumento, pero escaso testimonio de cuanto pudimos conservar y no conservamos. Si pretendemos fomentar el turismo en la ciudad, en unos tiempos en los que cada vez más gente se mueve en el turismo de interior, cultural y alternativo al sol y playa, hay que tomar al Infantado como un medio para relanzar el sector y no como un fin en sí mismo.

No habrá más visitantes al Infantado si se cobran tres euros. Tampoco habrá más visitantes al Museo Provincial. Ni habrá mas viajeros en el resto de monumentos, más comensales en los restaurantes ni más camas ocupadas en los hoteles. La medida, desde el punto de vista turístico, no suma. La explicación, si la hay, está en otro lado. Y tampoco la recaudación, que a buen seguro será ridícula en comparación con las cifras que mueve cualquier administración, puede justificar este cerrojazo.

La decisión, adoptada desde Toledo sin contar con los agentes involucrados y afectados, que ahora han saltado como resortes porque les va el pan en ello, vuelve a errar en el fondo y en las formas.

Las formas. Bastante paciencia está demostrando el alcalde, Antonio Román, con los suyos en la Junta: no quiero imaginar la intensidad de las intervenciones públicas del regidor si hubiese sido Barreda, al que hace cuatro años acusaba de “incumplimientos”, el último responsable de los parones en las obras del hospital y del campus y de los cierres del Teatro Moderno y del Infantado. El regidor, que debe estar ya harto de dar la cara para explicar las incongruencias de su señora en Toledo, se ha limitado esta vez a señalar que la decisión la ha tomado otra administración y que apostaría por un precio simbólico. La lectura es obvia: tampoco él puede defender lo indefendible.

Sólo se me ocurre un argumento retorcido para entender esta decisión de la Consejería, más allá de la histriónica gestión que viene comandando Marial Marín: acostumbrarnos a que el Infantado sea un lugar por norma cerrado, en el que sólo se hará turismo pagando y cuya principal misión pasará por recaudar, no ahora –en que la medida resulta incluso contraproducente– sino en el hipotético caso de que prospere la candidatura como monumento Patrimonio de la Humanidad, que el Ayuntamiento viene impulsando con un secretismo incomprensible. Si no está aquí la razón, con vistas seguramente a una futura privatización de la gestión de las visitas, que lo expliquen ya.

Y aquí vuelve a ser absolutamente imperdonable que se haya adoptado una medida tan impopular sin que la Junta lo haya explicado ante la ciudadanía, lo que sí o sí se debe hacer convocando a los medios de comunicación, a los que subvenciona contratando publicidad y a los que no. El hombre que siempre sabe demasiado poco y su Delegación fantasma organizan una comparecencia los viernes para decir poco o nada, porque cuando de veras hay asuntos de interés, José Luis Condado baja el tono hasta apagarse. Que no se extrañe, con el antecedente del Teatro Moderno y de los centros de interpretación, y ahora también con este cerrojazo en la puerta principal del Infantado, que más de uno siga confundiendo su nombre con el de ‘Candado’.

Cien artículos. Si no me fallan las cuentas, este que leen es el artículo número cien que escribo en El Hexágono, desde que abrimos este experimento de periodismo coral e independiente hace ya casi dos años. Hace unos días me decía un alcarreño al que admiro por su trabajo que había repasado algunos de mis últimos artículos y que el panorama que dibujaba de la realidad alcarreña resultaba desolador, que por más que quisiera no encontraba –dijo textualmente– “las margaritas”. He repasado por encima estos cien artículos y hay de todo, muchas propuestas en positivo (sobre todo en materia de cultura o de dinamización del centro de la ciudad) y sí, un áspero reflejo del panorama de desastre social que estamos padeciendo, el peor que muchos hemos conocido en nuestras cortas vidas.

El periodismo debe ser un reflejo de la calle si no quiere ser propaganda, por mucho que esté maquetada a cinco columnas. No lo digo yo, lo dicen los más elementales manuales del gremio. Y yo no veo ni mis preocupaciones ni las de mis vecinos, mi familia y mis colegas en los papeles que nos llegan al buzón disfrazados de periódico. Alguien debería empezar a devolver cada mes los ejemplares del boletín municipal que nos mandan a casa, en un claro gesto de que el periodismo útil se está haciendo en otros sitios, incluso sin merecer un céntimo de financiación pública. Creo que este blog, con todas sus limitaciones, intenta dar una visión comprometida y audaz de lo que ocurre ahí fuera, pero sobre todo pegada a la calle. Y sospecho que no es culpa nuestra que cada vez queden menos margaritas. Esta semana nos las han arrancado de la puerta grande del Infantado.

Gracias al Periodismo

Un periodismo libre, cada vez es más necesario. // Foto: APMadrid

Un periodismo libre, cada vez es más necesario. // Foto: APMadrid

Por Abraham Sanz

Hay veces que la profesión de periodista, tan ingrata como increíble, te redescubre nuevos motivos de porque es necesaria para que una sociedad avance y persiga el progreso. A veces es necesario sólo escuchar el acorde de una serie de palabras bien trabajadas, bien entrelazadas con un significado tan claro como sencillo de comprender, que pueden servir no sólo para dibujar una realidad sino para despertar emociones ocultas en el fondo de nuestra memoria e incitarnos a luchar por lograr un mundo cada vez mejor.

Hay veces que esas cosas pasan. Quizá por inspiración del periodista en dar con las palabras acertadas; quizá porque esas palabras tocaron las emociones de quienes lo leyeron; pero siempre pudo producirse porque esas líneas tuvieron un soporte  donde propagarse ya sea digital, impreso o radiofónico. Cada vez éstos son menos y los que hay, carecen de esa independencia que precisa la ciudadanía para que pueda sentirse informada y no envuelta en una amalgama de propagandas contrarias que logran crear tal lio en la mente de la ciudadanía que lo único que logran es que se generalice con el: todos mienten y punto final.

Hay veces que la desazón al contemplar el presente y, sobre todo, el futuro del periodismo te carcome. Tirar la toalla y abandonar se convierte en la mejor opción, pero de repente, sin quererlo te hacen creer en esta profesión y en su necesidad. Y voy a hablar de un caso más que personal y que me acaba de ocurrir hace apenas unas horas, cuando se aproximaba a expirar el lunes. Un comentario llegaba al blog y me dejaba ojiplático. Un artículo que escribí semanas atrás en el que trataba de hacer una reflexión sobre la complejidad que vive la clase obrera para hacer valer sus derechos en plena crisis, se había convertido en aliento para unos trabajadores en plena batalla. Y eso buscaba, avivar esa sangre caliente que tenemos todos, pero que hemos dejado enfriar por miedo, ante las injusticias y ante los desmanes de la clase empresarial que siempre acabamos pagando los ‘curritos’.

Hay veces que ser periodista, merece la pena. Y es por razones como ésta, en la que tu reflexión sobre como contemplas la realidad, entronca con los sentimientos y emociones de los lectores, para lograr que no se rindan en su lucha. Ser esa bocanada de aire fresco también es función del periodista como lo es la de informar con rigor a la verdad, de todo aquello que ocurre a su alrededor. Pero no olvidemos, como algunos más por desconocimiento que por otra causa, que el Periodismo está compuesto por diferentes y diversos géneros, y uno de ellos es el de la opinión. El de una opinión forjada en una sólida comprensión de la realidad que desde este blog tratamos de cultivar, tratando de expresar con libertad y sin corsés nuestro análisis o nuestra posición. Y esa libertad es, en el fondo, la que logra estas conexiones.

Hay veces que se confunde el Periodismo con otras cosas a las que nada se asemeja; e incluso se les esconde bajo el disfraz de medios de comunicación pero, ya lo dice el refrán, que “aunque la mona se vista de seda…, mona se queda”. Y la gente no es tonta. Por mucho que inundemos la calle, con noticias traducidas al inglés, e incluso cada 30 días; lo cierto es que el hedor propagandístico nace desde la portada. No digo que los medios de hace unos años gozaran de una independencia plena y que la carga publicitaria condicionara ciertos desvíos, pero lo cierto y triste es que, si antes existía un filtro periodístico que buscaba enmascarar estos desmanes; hoy en día se prescinde de estos filtros y, todavía, hay quien quiere llamarlo periodismo. Llámenlo publicidad, información oficial o propaganda. Llámenlo por su nombre y no se escondan, pero no traten de confundir ni digan verdades a medias que, como decía un político con el que disto mucho ideológicamente, pero al que guardo gran cariño y simpatía, “una verdad a medias, es la peor de las mentiras”.

Hay veces que son esos mensajes los que te hacen continuar a ti mismo. Son muchas las ocasiones en las que por desánimo o desilusión ha pensado en abandonar estas líneas y desvincularme del todo del Periodismo. Dejarlo todo y dedicarme en pleno a atravesar otras puertas que se me han ido abriendo durante este tiempo. Pero, saber que un humilde artículo de opinión de un pequeño blog, ha logrado alimentar una lucha por los derechos de los trabajadores en una empresa,  me obliga a tener fe en esta profesión. Una profesión cuyos trabajadores, como han hecho estos obreros, han de tomar el toro por los cuernos y luchar por recobrar una mayor visibilidad e independencia. Y las instituciones, además, promover ese periodismo cada vez más libre porque cuanto más libertad haya para ejercerlo, mayor protección tendrá nuestro sistema democrático, tanto a nivel local como nacional.

Hay veces que los políticos deben dejar airear las críticas, para trabajar en acallarlas; si sólo escuchan parabienes, ¿cómo van a pensar que actúan de forma equivocada? Romper las corrientes del pensamiento único y lograr que de la confrontación de pareceres, obtener una posición común es tarea de todos y el mejor lugar donde plasmar esas opiniones y consensos, además de en las instituciones, es en unos medios de comunicación independientes. Ahora más que nunca son necesarios en Guadalajara donde sobran panfletos y falta apoyo para medios que buscan subsistir dentro de unos márgenes de libertad cuyos límites son –y no es poco- la ética periodística.

Defendamos un periodismo libre, porque obtendremos una sociedad mejor.

P.D.- Desde aquí seguir mostrando todo mi apoyo a esos trabajadores de Quilosa en Quer, cuya lucha por lograr no sufrir nuevos recortes salariales, sigue en pie. Ayer lunes tuvieron una nueva jornada de lucha en la fábrica y su ejemplo debe ser esa bocanada de aire fresco para la clase obrera de Guadalajara y, desde la unidad luchar por el bien común y por poner coto a los desmanes empresariales a los que la crisis ha dado rienda suelta. ¡Ánimo compañeros!

 

Definiendo el proyecto

Toledo y Javi López fueron los primeros en renovar. Foto: Deportivo Guadalajara.

Toledo y Javi López fueron los primeros en renovar. Foto: Deportivo Guadalajara.

Por Ana G. Hernández

A falta de seis semanas para el comienzo de la temporada, el próximo 24 de agosto, el Deportivo Guadalajara continúa planificando su proyecto de ascenso a Segunda División. Las renovaciones y los fichajes se suceden en los despachos del Pedro Escartín, mientras la Federación encuadra al equipo alcarreño en el Grupo II junto a madrileños, castellano-manchegos, vascos y algún equipo suelto más. Un cambio de grupo que reducirá los kilómetros en autobús, pero que aumentará la calidad y la competitividad de los rivales. No en vano, el grupo del centro, como se le suele conocer, es bastante más igualado que el grupo andaluz en el que la pasada campaña militó el Depor y en el que consiguió el quinto puesto. Mejores contendientes, sí, pero también más tiempo para preparar la temporada que comienza.

Por otro lado, hay que recordar, que los morados guardan buen recuerdo del Grupo II en el que ya jugaron una temporada y consiguieron el objetivo de disputar el play-off. Una meta que este año se debe conseguir, sin excusas. El Depor debe estar entre los cuatro primeros del grupo. Ese será el objetivo real, porque el ascenso suena a utopía. No porque el equipo alcarreño no sea capaz de lograrlo, quedó demostrado hace algún tiempo en Anduva que se podía, si no porque la promoción a Segunda División es el paso más complicado en el fútbol español y en él influyen millones de factores: desde realizar un trabajo serio durante toda la temporada, cosa que no es moco de pavo, hasta llegar con la confianza y la seguridad necesaria para lograrlo, por no hablar de las eventuales lesiones, situaciones conflictivas, liderazgos… que actúan en la plantilla y en la entidad.

Pero que el objetivo sea difícil no quiere decir que no se intente. Más bien quiere decir que si se consigue el placer es inmensamente mayor. Precisamente con ese fin, el Depor está tocando las teclas que considera oportunas para lograrlo, ya sea en forma de renovaciones confirmadas como de fichajes.

Los primeros en sumarse al proyecto morado fueron Phillipe Toledo y Javi López, el último a pesar de que, mediada la liga pasada, desapareciera del once inicial e incluso de alguna convocatoria, aunque volvió a ganarse la confianza Salvachúa en la recta final. Sobre el compromiso y el trabajo de Toledo, nada que decir, igual que sobre la calidad de otro de los renovados, Rubén Arroyo. Un jugador que llegó en el mercado de invierno y que el club ha creído oportuno firmarle dos años más, a pesar de su edad. Otro de los fichajes invernales que se queda es Rida, discontinuo en su participación, ganó el derecho de vestir la elástica morada un año más. Cuatro hombres de ataque, que dejan entrever que la idea que tiene el míster de juego no variará mucho la próxima temporada. A ellos se suman, los canteranos Pérez y Ballesteros y el defensa Moyano, que, sorprendentemente, tiene la oportunidad de redimirse de alguno de sus errores de la campaña pasada.

Abel Molinero, Chema Mato, Dani Gómez y el guadalajareño Diego Manzano completan la plantilla morada hasta la fecha. A Molinero y a Mato tuvimos la oportunidad de verles en el San Fernando y la Balona, respectivamente, este último cuajando un sensacional partido en el Escartín. Por su parte, Dani Gómez y Manzano lucharán por un puesto en el carril izquierdo. El primero procede del Leganés, mientras que el segundo llega del Conquense, después de realizar una gran campaña en el cuadro vecino.

Todos ellos y algún refuerzo más se verán las caras el próximo jueves 17 de julio en el comienzo de la pretemporada deportivista. Todo ello con la incertidumbre de no saber si Álvaro Campos, uno de los seguros morados de la campaña pasada, ampliará su vinculo con el Deportivo Guadalajara. Y es que, de la columna vertebral de la temporada 2013/14, Campos-Espín-Tello-Quique, puede que no quede nadie.

Trasvasar agua, ¿para qué?

IMG_5333Por José Ramón Sánchez-Fortún *

“¿Y para qué quieren el agua? ¿Para los campos de golf?” Estos dos interrogantes son los más utilizados por los afectados de los trasvases. Pero realmente la respuesta es que no, que no se utiliza para los campos de golf. Los fines son, esencialmente, la agricultura y el abastecimiento. Sin embargo, bien es cierto que aquí cabe hacerse varios planteamientos, uno sobre la sostenibilidad agrícola de la cuenca que recibe, en este caso la del Segura y, por otro lado, el punto de vista urbanístico.

Lo primero de todo, quiero dejar claro que aquí no defiendo ningún interés y que mi razonamiento viene de escuchar y ver qué ocurre en un lado y otro. No en vano quien aquí escribe es de Zaragoza, ha vivido y ejercido el periodismo varios años en Guadalajara y desde 2009 hago lo propio en Murcia. Pero hablar de los trasvases no es nada fácil. Los planteamientos de la II República y de la dictadura de Francisco Franco no son válidos en este momento. La situación hidrológica ha cambiado, entre otros motivos porque en España hay más habitantes y cada vez llueve menos.

Parto de la base de que los intereses económicos de la zona de cabecera tienen que prevalecer. Es conocido que parte de la riqueza del entorno de Entrepeñas y Buendía, tiempo atrás, era la llegada de turistas, especialmente madrileños, para disfrutar de sus embarcaciones en lo que era conocido como el Mar de Castilla. El turismo generaba una gran riqueza en los pueblos de alrededor y empleos tantos directos como indirectos. Eso es una realidad histórica. También hay que decir que lo que puede aportar al PIB nacional no es relevante, pero no por ello debe ser erradicado.

En la otra parte está la cuenca beneficiada, en este caso la del Segura. Una cuenca que de por sí a penas tendría la posibilidad de abastecer los campos de la huerta. Y es que las tierras de la Región de Murcia y Almería si pueden presumir de algo es de sus campos y de los productos que ofrecen. De siempre se ha llamado a esta zona ‘la huerta de Europa’. La agricultura es el principal motor económico de Murcia, tanto en los buenos tiempos como en la actualidad en la que todos los sectores han caído estrepitosamente. Hay que apuntar que aproximadamente el 30% de las exportaciones nacionales son murcianas.

El problema viene cuando cambió la ley del Suelo (con la Administración de José María Aznar) y, con ella, se dio carta blanca al urbanismo desaforado con macrourbanizaciones insostenibles. Si la Región pimentonera decimos que siempre ha sido un ejemplo en la agricultura, también es cierto que ha tenido su cruz en el ladrillo. Se ha construido por encima de cualquier posibilidad y vemos cómo desde hace unos años varias grandes urbanizaciones se han arruinado, como Polaris World (que popularizó José Antonio Camacho al ser su imagen publicitaria). Además, hoy por hoy, todavía está en el aire crear una de las urbanizaciones más grandes de Europa en Águilas, en lo que se conoce como la Marina de Cope y que los tribunales lo han echado para atrás porque es una zona protegida medioambientalmente. Sin embargo, los políticos no han abandonado la idea.

Por lo tanto, aquí hay dos aspectos que chocan frontalmente. El urbanismo frente a la agricultura. Podemos decir que han pagado justos por pecadores.

Y aquí, mi parecer es que no deben autorizarse estas construcciones si no se cuentan con los recursos necesarios y obligatorios, que en este caso es el agua. Porque no puede solucionarse este problema a base de pedir trasvases sobre todo en verano, meses en los que supuestamente que estos resorts deberían de llenarse de gente.

Hay que señalar que tanto la quiebra y como el desastre del crack del ladrillo han ocasionado más perjuicios que beneficios. No sólo urbanizaciones a medio hacer o quebradas. También empresas arruinadas e inversores que no han visto cumplidas sus expectativas, que invirtieron en él y lo único que han obtenido es polvo y arena.

Enfrente, como decía, está la pervivencia de unos de los sectores más importantes de España como es la agricultura. Si se dejara caer el destrozo a la economía sería mayúsculo.

Sin embargo, no debe ser a cualquier precio. Si la cabecera del Tajo tiene (o tenía) su supervivencia en base al agua y una cantidad que permita el tránsito de embarcaciones, se debería de respetar. Habría que establecer qué cantidad es esa y, si eso, a partir de ella todos los excedentes se podrían trasvasar. Porque los pueblos ribereños también tienen derecho a que su motor económico funcione.

Y si finalmente queremos una respuesta política podemos ver cómo ciertas agrupaciones regionales sí han sabido implicarse. En Aragón el PSOE del candidato a la Moncloa, un tal José Luis Rodríguez Zapatero, hizo la campaña contra el trasvase del Ebro que promulgaba el PP de Aznar. Lucha a la que se unieron IU, Chunta Aragonesista (en aquella época liderada por José Antonio Labordeta) y el Partido Aragonés Regionalista (comandado por el político que mejor ha sabido jugar sus cartas en Aragón, José Ángel Biel). El PP aragonés se vio en la tesitura de posicionarse entre el deseo de los aragoneses y el del Gobierno central. El resultado es por todos conocido, el ‘no’ ganó la batalla.

En el otro lado, Murcia, el Partido Popular de Ramón Luis Valcárcel tenía el slogan ‘Agua para todos’ que llevó, incluso, hasta las salas de los cines aragoneses. El Partido Socialista de la Región de Murcia se vio en la misma situación que el PP de Aragón, pero a la inversa. Aquí, (aunque por más razones los socialistas tenían complicado gobernar) llevó a convertir a su líder regional en el fiel salvador de los intereses económicos de la Región de Murcia.

En ambas autonomías, Murcia y Aragón, las manifestaciones en las calles con miles de implicados mostrando sus posiciones, han sido protagonistas infinidad de ocasiones.

Sin embargo, en Castilla la Mancha nunca se ha llegado a ver esa implicación. En mi época de periodista en tierras alcarreñas, que fueron varios años, pregunté a más de un dirigente político si serían capaces de hacer como en Aragón o Murcia, tierras en las que sus políticos sí daban un manotazo encima de la mesa. En la Alcarria la respuesta era tibia, un sí con la boca pequeña pero un no real, más pendientes de los dictados de Madrid o Toledo que de la voluntad real de lo que a su provincia le afecta.

Porque quizá, siendo críticos con nosotros mismos -los periodistas y medios de comunicación- nunca se dio un mensaje de unidad en defensa de la cabecera del Tajo y de concienciación de la importancia económica y de arraigo histórico de Entrepeñas y Buendía.

Finalmente. El problema del Trasvase es la excesiva politización que se ha hecho, equiparando a los agricultores a los que han hecho el agosto con el ladrillo (constructoras y administraciones públicas). Murcia ha dado una mala imagen pidiendo agua mientras alardeaba de grandes urbanizaciones. Por su parte, la cabecera del Tajo también ha pagado las consecuencias de unas autoridades públicas (aunque reconozco el esfuerzo de algunos alcaldes) que pensaban más en Madrid y en decir ‘lo que usted diga’ al interés de sus paisanos.

*JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ-FORTÚN HERMOSILLA es periodista y ha desarrollado su labor profesional en tres autonomías y una ciudad autónoma de España. Comenzó su carrera profesional en El Pueblo de Ceuta para regresar, tiempo después a su Aragón natal, engrosando el plantel de SER Calatayud. Más tarde daría el salto a Guadalajara donde formó parte de las redacciones de Punto Radio Guadalajara, Popular y COPE Guadalajara. Posteriormente, emigraría a la región murciana donde trabajó para El Faro de Murcia y, actualmente en La Opinión de Murcia. “Me gusta observar desde arriba lo que ocurre dentro”, asegura.

La marcha de Valerio

Magdalena Valerio, diputada nacional por Guadalajara y portavoz socialista en el Ayuntamiento de la capital. // Foto: Eldigitaldecastillalamancha.com

Magdalena Valerio, diputada nacional por Guadalajara y portavoz socialista en el Ayuntamiento de la capital. // Foto: Eldigitaldecastillalamancha.com

Por Concha Balenzategui

Magdalena Valerio ha desvelado esta semana a la Ejecutiva Provincial del PSOE que no va a repetir como candidata a la Alcaldía de Guadalajara. Tenía tomada la decisión desde enero, según dice, la había hablado con los secretarios provincial y autonómico, Pablo Bellido y Emiliano García-Page, y ahora la comunica a la militancia. Se despeja así una de las variables políticas que no estaba del todo clara, por mucho que no haya causado una gran extrañeza. Quizá la mayor sorpresa es que se produzca la confirmación cuando el tema no estaba oficialmente en la inmediata agenda política, centrada en la busca de secretario general socialista, por mucho que falte menos de un año para las próximas Elecciones Municipales.

Hay que recordar que hace nueve meses de las palabras de Valerio se deducía que mantenía abierta la puerta para aspirar a la Alcaldía; al menos tenía la intención de pelear por ser candidata. Lo hacía precisamente cuando Pablo Bellido insinuó que no debería hacerlo. Valerio ahora anuncia que no plantará batalla. Y la pregunta es: ¿por qué tira la toalla?

Dice la portavoz socialista en la capital que se va “por decisión propia”, y que nadie se lo ha pedido. Será verdad… pero también parece que pocos o nadie le ha animado a quedarse. Mi percepción es que nuestra protagonista ha mantenido vivas sus expectativas hasta bien recientemente. Valerio, a la que tengo por astuta, ha esperado prudencialmente, reteniendo los focos tanto como líder de la oposición municipal, como en el papel de diputada nacional y en el de secretaria de la Agrupación Local Socialista. Ha compartido el plano, pero siempre en el lugar central, sin que sobresalieran otras figuras emergentes. Ha sopesado con tiempo sus apoyos y sus rivales. Y finalmente ha decidido cortarse la coleta cuando empiezan las quinielas, y ya suenan nombres distintos.

La concejala acierta si su percepción es que su ciclo ha acabado. Algo sé de cómo funcionan los partidos políticos, y el PSOE no es una excepción. A pesar de que sus procesos internos son más democráticos que los “dedazos” del PP, buena parte de la militancia socialista tiende al final a arrimarse al sol que más calienta. Desaparecido el principal mentor de Valerio, José María Barreda, y toda vez que el secretario provincial mostró en público sus fundadas dudas de la conveniencia de que Valerio fuera candidata, es muy difícil que nadie rompiera públicas lanzas por ella. Y nadie lo ha hecho.

Hay un argumento de contundencia para su adiós, y no es otro que los nefastos resultados que cosechó al frente de la lista del PSOE en 2011, cuando se quedó en mínimos en el Ayuntamiento, algo que fue determinante para que la Diputación pasara a manos del PP. Solo hay que leer el peso de los resultados de la capital en el cómputo provincial para constatarlo. Algunos analistas en aquellas fechas interpretaban que, con esos resultados, Valerio se tenía que haber ido a casa ya entonces, sin siquiera tomar posesión. Yo soy de la opinión de que si el electorado le coloca a uno en los bancos de la oposición, es ahí donde tiene que permanecer cuatro años, que para eso se ha presentado, y no sólo para gobernar.

Lo que no es lógico es que a pesar de aquel tremendo batacazo en las locales, y contra todo pronóstico, la concejala fuera “premiada” por Ferraz con un nuevo cargo, encabezando la lista al Congreso, merced a la cual ha estado cuatro años compatibilizando la Portavocía en el Ayuntamiento con el escaño en las Cortes. Y de ahí viene una parte del divorcio que se ha producido entre la militancia y su secretaria local. No entendieron que le dieran ese puesto seguro en la lista al Congreso -ni que lo aceptara-, precisamente en los momentos en que la Junta había caído en manos populares y había muchos socialistas obligados a buscarse las habichuelas fuera de la política.

Magdalena Valerio en las primarias que disputó contra Araceli Muñoz, junto a la entonces secretaria provincial, María Antonia Pérez León. // Foto: PSOE de Guadalajara

Magdalena Valerio en las primarias que disputó contra Araceli Muñoz, junto a la entonces secretaria provincial, María Antonia Pérez León. // Foto: PSOE de Guadalajara

Ahora que empieza a hacerse leña del árbol caído, es de ley recordar también que si Valerio fue candidata a la Alcaldía en 2011 fue porque ganó un proceso de Primarias entre los militantes, contra Araceli Muñoz. Seguramente fue porque había demostrado capacidad de trabajo, don de gentes y oratoria, que son sus principales cualidades. O porque Muñoz tenía en contra su falta de conexión y no se le perdonaba su etapa inmobiliaria. Pero el caso es que ganó.

También hay que decir que si Valerio no fue antes candidata, en 2003 -ese era su momento- fue porque Jesús Alique y José Bono impidieron las Primarias, cuando los vientos eran mucho más favorables al PSOE. Estoy convencida de que la historia hubiera sido otra muy diferente.

Realmente estos son tiempos de cambio y las Elecciones Europeas han sido todo un aviso para navegantes. Mientras en Ferraz, Zarzuela y hasta en el Vaticano se pone de moda la renovación, Guadalajara no puede ser una excepción. Pero si el ciclo de Valerio ha terminado, habrá que pensar que hay más personajes que deben también dejar su paso a otros (léase Pérez León o Alique). Al PSOE, en horas bajas, no le queda otra que aplicarse una buena dosis de regeneración de la buena. Así que es tiempo de ventilar la casa, apostar por la voz de la militancia, y de dejarse de quinielas. Pero eso será otro capítulo.