Tiempos de (pre)felicidad

Cospedal inaugura la nueva planta de BASF en Marchamalo en marzo de 2012. // Foto: JCCM.

Cospedal inaugura la nueva planta de BASF en Marchamalo en marzo de 2012. // Foto: JCCM.

Por Rubén Madrid

Bienvenidos a un tiempo de felicidad. O de prefelicidad, al menos. Y ya era hora.

Tal vez estén ustedes estos días de agosto rebozados de arena hasta las orejas y, ola viene, ola va, reciben noticias de la estepa castellana: que si ya hay veinte millonazos para el Parador de Molina o que andan en busca y captura, sin urgencias todo sea dicho, de terrenos para reimpulsar el proyecto del campus universitario. Aunque también pueden ser ustedes más de montaña y haber visto en un claro del bosque, durante uno de sus agradables paseos, que en otoño está previsto que el Teatro Moderno (sí, el Moderno) acoja el ciclo ‘ATAquilla’: lo anuncia, entre otros, un directivo de la asociación ATA que es, además, gerente del Patronato de Cultura: algo sabrá, por tanto. O tal vez estén en la casa del pueblo descansando, o en la piscina municipal, y les lleguen voces diciendo que ya están abiertos los centros de interpretación de los parques naturales que se cerraron hace dos años o que hay intención de retomar la obra del Hospital de Guadalajara, aunque cuando mejoren las circunstancias económicas, una inminencia si nos apuntamos al discurso triunfalista de Rajoy.

Se abre, por tanto, un periodo de felicidad coincidente con el horizonte electoral de mayo próximo. A la vuelta de vacaciones, ya lo verán, estaremos inmersos en un tiempo preelectoral que desde las autoridades al mando de nuestras cosas identificarán plenamente con un periodo de felicidad.

No voy a entrar en la naturaleza de algunos de los proyectos que ya están siendo anunciados, como el que afecta al Parador de Molina, que desde La Otra Guadalajara argumentan que es un proyecto “mutilado”. Y tampoco quiero decir que no sea cierto que al fin se vayan a impulsar las inversiones, con las ganas que hay de ellas. Lo que sí quiero señalar es que no conviene perder la perspectiva.

Y lo diré sin circunloquios: muchos de estos proyectos se ponen en marcha por aquellos mismos que los paralizaron; los consejeros se disponen a inaugurar obras impulsadas hace cuatro años, como ha ocurrido días atrás con dos residencias de mayores en Illescas y Mora, diciendo que estos proyectos heredados “demuestran la sensibilidad social del Gobierno de Cospedal”; y no pocas actuaciones vuelven a estar en idéntica situación que hace cuatro años, en fase de anuncio, maqueta y humo, después de un desinterés más que sospechoso a lo largo de la legislatura, el periodo para el que se encomienda la gestión. La única diferencia es que se han perdido cuatro años de gestión pública y lo que en 2015 podría ser realidad seguirá siendo deseo.

El Parador de Molina puede ser el primer proyecto anunciado cuatro años después de que se pusiese una primera piedra, instante que recoge la imagen. // Foto: El Día.

El Parador de Molina puede ser el primer proyecto anunciado cuatro años después de que se pusiese la primera piedra, escena que recoge la imagen. // Foto: El Día.

Nos dirán desde Toledo que ¡ay, es la herencia recibida!, que todas y cada una de estas paralizaciones han venido obligadas por la calamitosa situación de los fondos comunes (hay parte de verdad) y que justo ahora, a medio año vista del paso por las urnas, la recuperación nos cae como agua de mayo (por supuesto). Asombra, eso sí, que para tan poca capacidad de trabajo como han obligado las cuentas durante el mayor tramo de la legislatura le hayamos pagado un sueldo a cada uno de los consejeros, cuando habría bastado con contratar poco menos que a un contable. Incluso menos. Porque el modo en que se han equilibrado las cuentas ha sido tan simple que podríamos hacerlo cualquiera de nosotros en plenas vacaciones.

Valga un ejemplo doméstico: imagine que administra el presupuesto familiar para ir este verano a la playa: no sólo suprime la paella en primera línea de mar por unos bocatas de mortadela, sino que pasa por alto la revisión del coche -en ese caso no se olvide de colgar el San Cristóbal del retrovisor-, no cambia la sombrilla rota por otra, aunque tenga a la mitad de la familia quemada, y deja de dar de comer a  la abuela, a riesgo de que se nos muera, aunque siempre apelando a la herencia rebida. Con esta fórmula infalible logrará cuadrar las cuentas, si es este su objetivo y no atender las necesidades familiares.

Ahora que se aproximan las elecciones, Cospedal cambia las tijeras de podar por las tijeras de inaugurar. Pero no cuela que después del concurso de acreedores declarado para toda la región y de la sangría en tres pilares básicos como la educación, la sanidad y el bienestar social, desde el PP de Castilla-La Mancha pretendan ahora, porque tienen que presentarse a las elecciones, adjudicarse el mérito de levantar el edificio que ellos mismos han tirado o cuya reconstrucción han aplazado. Bien está que hagan su trabajo, más vale tarde que nunca, pero que no nos vendan motos.

Así que en cualquiera de los casos, tanto si ustedes son de veranear en la playa como en el interior, recuerden la cancioncilla de cuando niños: si les dicen que por el mar corre la liebre y por la montaña la sardina, en realidad les están contando mentiras tralará. Anden ojo avizor, no sea que en estos tiempos tan ‘happys’ les cuelen también algún cerdo volando. Un marrano enorme. Se me ocurre que tan grande como un ‘nuevo’ borrador de la autovía de La Alcarria.

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