Ayudar a la peña

Panorámica de la Plaza Mayor en el polémico chupinazo de 2008. // Foto: www.lacronica.net.

Panorámica de la Plaza Mayor en el polémico chupinazo de 2008. // Foto: http://www.lacronica.net.

Por Rubén Madrid

Vuelvo de una (literal) desconexión serrana en mi aldea política y me encuentro un mail de Orange en la bandeja de correo electrónico, cuatro noticias contadas (o recontadas, porque sólo observo rebotar las mismas notas de prensa) y el hashtag #OdioAlSevillaPorque en lo más alto del trending topic de Twitter. Un tanto sorprendido por el parón del mundo hago un poco de periodismo de investigación, pero apenas veo que Román llena el telediario local con declaraciones sobre todo un poco en dos visitas a los equipos de fútbol y balonmano y que los dos últimos artículos firmados en nuestra prensa son dos tribunas de Ana Guarinos y Jaime Carnicero. Pleno agosto. Y supongo, por tanto, que no me he perdido demasiado estos días entreteniendo la vista por las laderas del Ocejón. De modo que voy a intentar cumplir con mi cita semanal sin ocasionar demasiadas molestias, que andarán muchos de ustedes a punto de poner rumbo a hacia San Roque o la Asunción.

Hablemos de fiestas, pues. Y de Ferias.

No es novedad, pero resulta interesante resaltar el acuerdo que cada año suscribe el Ayuntamiento de Guadalajara con las peñas de la ciudad para dedicar una partida de algo más de 55.000 de nuestros euros para subvencionar su actividad en la semana grande. Es una subvención que se ofrece, nos dicen, en contrapartida por los servicios prestados: ¿mear en los retretes y comprometerse a no vomitar en los portales? No. Se trata de participar en la organización de los encierros, asistir al chupinazo y al ‘pobre de mí’ y acudir a la ofrenda floral a la Virgen de la Antigua, un asunto, este último, que no tiene razón de ser, como ya explicó Óscar Cuevas en la posdata de un artículo en este mismo blog,

He visto a alcaldes y concejales de todos los colores (incluso incoloros) acabar cada entrevista en los especiales de los periódicos diciendo que las peñas son el alma de las fiestas, invocando esta máxima sagrada sin plantearse el sentido de lo dicho. De hecho está extendida la idea que liga necesariamente la existencia de unas fiestas que pagamos entre todos y que organizan nuestros gestores públicos con la presencia de las peñas.

Que ponen colorido a la fiesta es indudable. Que dejan un rastro de inmundicia casi a la misma altura, también. Todo el mundo en esta ciudad sabe lo que es una peña (y como suena, y cómo huele), de modo que no voy a extenderme en descripciones sobre lo que no va más allá de un modo un poco más desenfrenado todavía de vivir la semana más golfa, como tampoco voy a perderme en arabescos para justificar estos pagos de la comunidad, intentando convencerles de que las peñas son algo más parecido a una agrupación benéfica.

De hecho, si el conjunto de las peñas se parece a otra cosa es más bien a un lobby que logra mantener privilegios por encima de los derechos de otros ciudadanos, como ocurre con su defensa de un modelo de fiestas provinciano que incluye caprichos como tener una verbena en cada esquina incluso en días laborables.

No he llegado a entender el motivo por el que Carnicero, tan echao pa’lante e inflexible con otros colectivos de nuestra ciudad, se muestra tan deferente con quienes le brindaron el mayor bochorno público al que he asistido en esta ciudad, en la famosa protesta en que convirtieron el pregón de 2008. A mí aquello me produjo vergüenza ajena y todo este tiempo después aún me debato entre que el concejal haya dado la partida por perdida o que haya renunciado a cualquier tentación de revanchismo, lo que al menos le honraría.

Reunión, hace un año, del concejal con la directiva de la Federación de Peñas. // Foto: Ayto. de Guadalajara.

Reunión, hace un año, del concejal con la directiva de la Federación de Peñas. // Foto: Ayto. de Guadalajara.

En cualquier caso, las peñas mantienen su situación de fuerza sobre cada corporación y, aunque hace unos años la cuantía que reciben disminuyó a causa de los ajustes lógicos por la crisis, las 17 peñas que firman este convenio siguen percibiendo 3.274 euros cada una de ellas. Y lo hacen a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las capitales de provincia y en plena imposición de políticas de austeridad para una ciudad donde siempre han faltado plazas públicas de guardería, con unos servicios sociales bajo mínimos, con un aumento generalizado durante esta legislatura de las tasas municipales y con un incremento del IBI del 40% desde 2008. Y no es demagogia: el primer dilema en economía pasa por escoger entre cañones y mantequilla en tiempos de guerra, entre pan y circo en tiempos de escasez. Por priorizar.

El dato resulta aún más ilustrativo cuando se compara el apoyo a las peñas por su actividad durante una semana con la subvención a las asociaciones culturales de la ciudad por su programación anual, en casos que nos llevan desde formaciones musicales o de encajeras de bolillos hasta algunas muy activas como la Agrupación Fotográfica de Guadalajara o el Cineclub Alcarreño, pasando por Contrapicado Films, la coral Kromática, Belenistas o Amigos del Museo Provincial, por ponerles sólo algunos ejemplos. Resumiendo: el Ayuntamiento ofrece más ayuda a cada una de estas peñas que a 38 de las 41 asociaciones culturales.

Hay que reconocer que no se trata de cifras desorbitadas y que no es éste un asunto capital en nuestras vidas, pero sí se trata de una de estas áreas que se presta bien al debate ciudadano (y ojalá que fuese incluida en una dinámica similar a los presupuestos participativos). De modo que no se corten y opinen: ¿Cañones o mantequilla? Y luego, eso sí, tengamos la fiesta en paz.

4 comentarios en “Ayudar a la peña

  1. De todas maneras creo que tiras muy mucho de tópicos, no voy a entrar en el tema de los dineros y de cómo, gracias a esas peñas y el ambiente que crean, generan beneficio al comercio de la ciudad (no creo que nadie haya visto San Roque nunca tan hasta arriba como en las fiestas) sino que me voy a entretener en el tema de los meados y vómitos. Yo he sido de peña unos años y no lo he sido otros. Cuando he sido de peña he meado en los baños que tienen las peñas, cuando no lo he sido, he meado en la puñetera calle porque no había baños suficientes. Lo digo por aquello de, la próxima vez que vayas a las fiestas, observes con más atención quién mea en la calle y verás que habrá peñistas, pero habrá ciudadanos civiles, esos que son tan cívicos por el mero hecho de no ser de peña. He visto mear en la calle a «civiles» de 15, 25, 35 y siga sumando años. He visto mear entre los árboles de La Concordia a señoras (que no eran de peña) de unos 65 años. Por lo tanto, la próxima que hablemos de la higiene y de los incívicos, no caigamos en la gracia ridícula de pensar que los únicos que vacían sus esfínteres son los que se visten de peña.

    • Gracias por el comentario, siempre bienvenido.
      Lamento, en cualquier caso, que su reacción no se centre en el fondo de la cuestión (aquello de las prioridades en el gasto) y sí en acusarme de tirar de tópicos, cuando al de las micciones apenas le dedico una nota irónica que a usted le da para una argumentación de quince líneas. Estando bastante de acuerdo en lo que comenta, por cierto, mi reflexión se ha orientado hacia aspectos menos anecdóticos, eso a lo que se refiere con «el tema de los dineros» y que prefiere dejar de lado. Todo esto demuestra que, como a la hora de invertir, también a la hora de opinar cada cual tiene sus prioridades. 😉
      Un saludo y gracias de nuevo,
      Rubén

  2. No hombre, no. No entré al tema de los dineros simplemente porque es posible (aunque creo que habría que ahondar más) que tengas razón y que mi posición en ese asunto esté más cerca de la tuya que de la contraria. Si entro en el tema de los orines (si no es tan importante y si no quieres que te respondan sobre él, no lo hubieses puesto, sobre todo si dices que estás de acuerdo en lo que comento) es porque es el argumentario común de todo periodista que quiere atacar a las peñas y dejar un halo de superioridad moral sobre el peñista, ese argumento de la suciedad, como si solo las peñas y los peñistas ensuciasen.
    Por otro lado, y ya que me animas a opinar, creo que no habría estado mal entrar más en el tema, primero, no hacer ver que los peñistas y la gente de las asociaciones culturales que comentas (u otras, o simpatizantes, o gente que va a sus actos) son conjuntos disjuntos, porque no tiene por qué ser así. Yo mismo, como ya he dicho más arriba, he sido peñista y he acudido a actos organizados por algunas de esas asociaciones culturales y estoy seguro de que también hay periodistas que son o han sido de peña (los hay incluso que van a los toros y les gustan los encierros, fíjate)
    Después, sobre el tema de los dineros, yo no puedo, pero quizá tú sí, al ser periodista, pero estaría bien saber qué pagan esos puestos de bocadillos que están junto a las peñas (no en todas) por ponerse en la calle durante una semana y vender sus productos y a quién se lo pagan (¿ayuntamiento?, ¿la peña que tienen al lado?) También estaría bien saber qué aumento de ventas se produce en los negocios de hostelería que hay junto a peñas (yo el paseo de San Roque no lo veo ninguna otra época del año tan lleno de gente y hasta tan tarde como del jueves al sábado de fiestas).
    Vamos, creo que se entiende a dónde quiero ir, se gasta el Ayuntamiento un dinero, sí, pero ¿lo recupera directamente (puestos junto a peñas)? Si es así ¿lo hace completamente, en parte o lo supera (según lo que paguen esos puestos que he comentado)? ¿Lo hace indirectamente o produce beneficios indirectos a otros negocios?
    Por lo tanto, quiero dejar claro que estoy muy a favor de las subvenciones a diferentes asociaciones culturales que, además, creo que son las que pueden resucitar a esta ciudad cada vez más muerta, pero no estoy de acuerdo con la crítica gratuita, tópica y facilona al peñista, y, por supuesto, considero que el artículo podría haber tenido más datos para que nos pudiésemos formar una opinión más clara.
    Espero que este nuevo comentario te haya gustado más.
    Saludos.

    • Agradezco que ahora sí aborde el tema que planteaba. Los comentarios, más que gustarme o no, los comparto o estoy en desacuerdo.
      1. – Lamento, por ejemplo, que después del esfuerzo que hice por argumentar en mi artículo usted vea una «crítica gratuita, tópica y facilona al peñista». Considero que mi reflexión, que puede ser acertada o no, es todo menos gratuita (¿por qué gratuita?) y tópica (ya dije que el tópico se quedó en una línea irónica y testimonial), como creo que tampoco puede decirse que sea facilona después de aportar datos como las ayudas a las asociaciones culturales, el contexto de nuestra economía local y otras reflexiones sobre la conveniencia de que entreguemos fondos públicos a estos particulares que se reúnen durante una semana para vivir juntos las fiestas.
      A mi modo de ver, facilón y gratuito habría sido limitarme a decir que no debemos subvencionarle la bebida a un grupo de personas al que se le permite hacer lo que le da la gana durante una semana. Una idea muy generalizada, por cierto, pero que jamás verá salir de mi puño y letra, porque no empleo parte de mi tiempo semanal en acabar escribiendo obviedades. Para eso me bastaría con las redes sociales.
      2. – Sobre cualquier interés por mi parte de «dejar un halo de superioridad moral sobre los peñistas» sólo tengo que decirle que huyo de las homilías como de la peste y que su recriminación corre el riesgo de apuntar precisamente hacia lo que denuncia.
      3. – Más interesante me parece el asunto de que las peñas sean el motor económico que nos sugiere; yo tengo mis dudas, por no recordar que el comercio local se ha quejado durante años por la supuesta competencia desleal de ese tipo de chiringuitos a los que se refiere, por ejemplo respecto a las condiciones higiénico-sanitarias que les obligan a cumplir a unos y a otros. Pero admito, como de hecho ya decía en el artículo, que las peñas aportan colorido (aunque suene tópico) o que la presencia de una verbena puede animar el ambiente y, por tanto, generar indirectamente consumo.
      Ahora bien, el dinamismo que ofrecen las peñas en Guadalajara no resulta diferente del que protagonizan agrupaciones similares en otras ciudades donde, en cambio, no se da subvención alguna, al entender que la peña tiene un objetivo, la diversión de sus componentes, para la que no se necesita tirar de las arcas públicas. Tanto es así que aquí el Ayuntamiento se ve de algún modo obligado a justificar la ayuda como contraprestación por colaborar en los encierros y la presencia en el pregón, la despedida de las Ferias y la ofrenda floral.
      Y aquí volvemos al centro del debate que les planteo: ¿Es necesaria esta ayuda, aun agradeciendo estos «servicios», en el contexto de nuestra economía municipal que recuerdo en el artículo o en comparación con la actividad de las asociaciones culturales? Yo considero que hay otras prioridades.
      Dicho lo cual, remarco que el artículo de este miércoles, no nos confundamos, cuestiona una partida de los presupuestos municipales, no la razón de ser de las peñas, que en lo personal me han producido unas veces tanta alegría como malestar en otras, sin que esto condicione mi juicio sobre lo que venía a tratar: las subvenciones.

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