Más agravio para el Dépor

Tebas

Javier Tebas, presidente de la LFP // Foto: LFP

Por Óscar Cuevas

Ya conocerán el aserto que dice que el fútbol es la más importante de las cosas poco importantes. Aunque quizás es al revés, y el balompédico entretenimiento patrio es lo menos importante de lo importante, quién sabe. Salgamos del trabalenguas para asumir que, al menos a quien esto escribe, el fútbol le importa. Me gusta, me entretiene, me apasiona, me hace vivir sensaciones de vértigo… sobre todo cuando el equipo involucrado es el de mi ciudad. Así que aquí aviso al lector de que lo que sigue en este texto va a estar lejos de cualquier atisbo de objetividad, aunque trataremos de escribir con la obligada honestidad que se requiere.

Y es que es el apasionamiento que uno siente por el Club Deportivo Guadalajara el que me ha revuelto de nuevo tripas y corazón al conocer lo que ha ocurrido, entorno a otro club, el Real Murcia, en los últimos días. Una sucesión de acontecimientos que hace que me reafirme en que lo que le pasó hace ahora un año a nuestro Dépor fue una injusticia mayúscula, por la que algún día alguien deberá pagar muy cara la afrenta. Como dijo en su día mi amigo Rojo, aquello fue un auténtico linchamiento.

Hagamos memoria y ubiquémonos en el verano del año pasado, cuando la Liga de Fútbol Profesional decidió, y el Consejo Superior de Deportes ratificó, el descenso administrativo del Dépor desde Segunda División, a Segunda B, a pesar de que los morados habían salvado con solvencia la categoría en el terreno de juego. Tampoco el CEDD tuvo a bien ampararse de nosotros.

Germán Retuerta

Germán Retuerta, presidente del CD Guadalajara, sigue defendiendo que la ampliación de capital fue legal // Foto: EFE

Recordemos que el motivo del descenso fueron las supuestas irregularidades con las que la empresa propietaria del club había realizado la preceptiva ampliación de capital que la LFP obliga a quienes participan en sus competiciones. Acusaba la LFP de Javier Tebas a los gestores del club morado de haber falseado esos 3 millones de euros de capital social a través de operaciones ficticias. Por ello, la LFP (a juicio de muchos, vulnerando sus propios estatutos, en concreto el artículo 70) decretó el descenso a pesar de que paralelamente había puesto la maniobra del presidente deportivista en manos de la Justicia. El club recurrió también a los tribunales ordinarios, solicitando que paralizasen cautelarmente el descenso administrativo, hasta que la Justicia decidiera si los manejos contables que se efectuaron fueron, o no, conformes a la Ley. Pero el juez, que debía tener una prisa horrible por irse de vacaciones porque solventó aquello en cuatro días, tomó una decisión que sorprendió a propios y extraños, denegó la cautelar, y certificó, ya de modo irremediable, el descenso. Y por ello el Dépor, el año pasado, se vio obligado a jugar en Segunda B, donde sigue, de momento, y mientras Salvachúa y sus chicos no lo remedien a base de goles.

Quiso la causalidad que el principal beneficiario de nuestro descenso fuera otro club, el Real Murcia, que había acabado la temporada cuarto por la cola, y que por tanto debería haber viajado a los infiernos por la inutilidad de su plantilla. Fue entonces cuando la injusticia empezó a cobrar forma. Pues no se puede tachar de otro modo que de injusto el hecho de que se expulse de la Liga a un club por unas supuestas irregularidades en el capital propio, para beneficiar a otro club, el pimentonero, que arrastraba una millonaria deuda con el Estado (14 millones de euros deben a la Hacienda pública, más otro tanto a la Seguridad Social).

La afición del Murcia, como en su día la del Dépor, también se ha movilizado en la calle. Con más eco y más fortuna, a lo que se ve. // Foto: EFE

La afición del Murcia, como en su día la del Dépor, también se ha movilizado en la calle. Con más eco y más fortuna, a lo que se ve. // Foto: EFE

La situación del Murcia, como la de otros equipos profesionales, es la de una quiebra real. Su deuda es descomunal. Y por ello, la temporada pasada que vivieron de prestado en Segunda ha sido sólo un lamentable engordar para morir. Tanto, que la LFP decidía hace unas semanas que esto no permitía nuevos aplazamientos y decretaba que, ahora sí, los pimentoneros también debían abandonar el fútbol de élite.

¿Y qué hizo el Murcia? Pues lo mismo que en su momento hizo nuestro Dépor. Acudir a los tribunales ordinarios argumentando que su deuda con el erario público sí es asumible, que está aplazada, que hay un plan de pagos, y que tal y que cual. Y le pideron al juez que paralizara cautelarmente el descenso decretado por Tebas y sus muchachos. Y resulta que el juez les ha dado la razón. En concreto, el responsable del Juzgado de lo Mercantil 7 de Madrid, quien dictaba hace apenas tres días un auto en el que obliga a la Liga de Fútbol Profesional a permitir la inscripción del Murcia, por razones fácilmente entendibles: El descenso administrativo es una decisión que genera un daño irreparable al club que lo padece, y debe ser la Justicia ordinaria la que certifique esa presumible quiebra de la SAD murciana.

Cuando escribo este texto anda la Liga revolucionada, porque pretende negarse a cumplir el auto judicial. El propio Tribunal Administrativo del Deporte ha instado a que se ejecute el descenso, hay un conflicto judicial de padre y muy señor mío, y Tebas, el genio, pretende suspender incluso el inicio de la competición antes de admitir al Murcia en ella.

No se sabe cómo se resolverá al final este embrollo, pero varias cosas han quedado patentes en las últimas horas: Que se perdona antes a quien realiza gestiones catastróficas que a quien trampea como puede para pagar sus deudas. Que para recibir la comprensión y la solidaridad de los medios de comunicación nacionales y de los grandes popes del periodismo deportivo español tienes que ser aficionado de un equipo histórico, “importante”. Que los adalides de la justicia deportiva miran para otro lado cuando se perjudica a un club de modesta historia. Y en definitiva, que la Justicia española, que como todo el mundo sabe es un cachondeo, considera más grave ser pobre y no deber dinero, que ser rico y robar al erario público.

Hubo quienes afirmaban hace un año que veíamos fantasmas quienes decíamos que tras el acoso y derribo del Dépor había una conspiración. Quizá algunos de ellos se han caído, ya, del guindo.

Admitámoslo, clamamos en el desierto quienes seguimos pidiendo Justicia Para El Guadalajara. Ni la habido, ni la habrá.

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