La historia de la planta perdida y encontrada en Yunquera

Imagen de la fachada exterior de la planta de voluminosos de Yunquera. // Foto: MVH

Imagen de la fachada exterior de la planta de voluminosos de Yunquera. // Foto: MVH

Por Marta Perruca

No cabía en mi asombro. Como de costumbre, consultaba la prensa provincial cuando me encontraba con una vieja conocida: La nueva Planta de Voluminosos de Yunquera de Henares. Sí, puede parecer paradójico e incluso una contradicción, que una vieja conocida mía sea, sin embargo, nueva, que lo es, porque acaba de ponerse en marcha. Y es que recuerdo como si de ayer se tratase aquellos últimos meses de agonía del periódico en el que trabajaba, hace ahora algo más de dos años, cuando la Planta de Voluminosos era uno de esos temas recurrentes de las páginas de Corredor del Henares y siempre estaba a punto de ponerse en marcha, puesto que las obras, que en algún momento estuvieron muy avanzadas, llegaron a estar prácticamente terminadas sin que llegáramos a ver cortada esa cinta inaugural.

Puede que suene un tanto pueril, o quizá pretencioso, pero  me encontraba con esta vieja amiga de la que no he vuelto a saber nada desde aquellos años trepidantes en la prensa escrita diaria de esta provincia, y he tenido la sensación de que hay cuestiones que necesitan ser alimentadas por la leña informativa para que no pasen a formar parte del olvido, como si el parón de estos dos años se debiera a que no hemos tenido puestos nuestros ojos sobre ella y el silencio informativo la hubiera relegado a ese lugar donde las cosas dejan de existir.

El caso es que leía ese titular que anunciaba la puesta en funcionamiento de la planta en periodo de prueba, para su apertura definitiva en septiembre, mientras rondaban por mi mente las posibles causas de la demorada inauguración de una infraestructura, que primero se iba a abrir en 2008 y después en 2011, para borrarse de los papeles durante más de dos años y resurgir cual ave fénix de sus cenizas, ahora.

Lógicamente, lo primero que se pasó por mi cabeza es que lo más probable fuera que estos retrasos se debieran a motivos de carácter económico, pues todos conocemos los problemas de deuda que arrastra la Mancomunidad Vega del Henares (MVH), aunque solo sea por las cantidades que reclama  el Consorcio Provincial de Residuos o por el rifirrafe interno que se traen en su seno los ayuntamientos de uno y otro signo. Quizá esta época de apretarse el cinturón –pensé- desaconseje la puesta en marcha de una infraestructura de este tipo.

A priori, parece una buena idea: Poner en marcha una planta donde se puedan derivar aquellos enseres con un volumen considerable: mobiliario, colchones, electrodomésticos… que de otra manera acabarían acumulándose en algún vertedero y que aquí pueden recibir un tratamiento adecuado y ser reciclados y reutilizados. Esta iniciativa no sólo se adapta a unos criterios de sostenibilidad medioambiental, sino que encaja a la perfección con la legislación vigente y la política que emprendió en su día la Administración regional de ir sellando paulatinamente todos los vertederos de Castilla-La Mancha.

Pero claro, también nos parecía buena idea que los restos resultantes de las labores de limpieza de los montes sirvieran de combustible para una planta de biomasa que generase energía. Entonces pensamos que se crearían puestos de trabajo, porque se requeriría de operarios que procedieran a desbrozar los montes y de personal que se encargara del funcionamiento de la planta, pero con el tiempo, no solo se han reducido las plantillas de Geacam, sino que se clausuraba la planta que abría sus puertas en Corduente apenas dos años antes, porque según Unión Fenosa, no es rentable.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que con la crisis se ha reducido el consumo y, por tanto, también el volumen de enseres del que los vecinos necesitan deshacerse. De igual manera, entiendo que los ayuntamientos, a su vez, no estarán tan interesados en pagar este tipo de servicios, ahora que los ingresos son menores y las arcas municipales hacen aguas.

En los últimos años hemos visto como han ido desapareciendo del diccionario político conceptos como rentabilidad medioambiental, rentabilidad social e incluso rentabilidad a largo plazo. Lamentablemente, hoy por hoy, tenemos meridianamente claro que solo es rentable aquello que se puede medir en dinero contante y sonante.

Pero, como decía, todo esto no es más que un catálogo de reflexiones previas al momento de embarcarme en la lectura de la noticia en cuestión. El problema de estos retrasos parece haber sido la deuda de 600.000 euros que la MVH mantenía con la empresa adjudicataria de las obras, correspondiente a la parte que debía abonar la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y que quedó resuelto con el pago a proveedores en 2013, así como algunos trámites administrativos para la obtención de los permisos y licencias pertinentes.

Ahora, con todo en regla, la planta se pone en marcha, aunque –según nos dicen- a modo de prueba, para comprobar el estado de sus instalaciones y llevar a cabo los preparativos oportunos para su puesta en marcha definitiva en el mes de septiembre.

Quizá, vieja amiga, tengamos que despedirnos esta vez con un apunte en rojo en la agenda para el mes de septiembre, no sea que el silencio informativo te devuelva de nuevo a ese lugar inhóspito donde las cosas no existen.

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