Grafiti institucional

Nueva decoración de las casetas de peñas de Marchamalo. // Foto: Ayuntamiento de Marchamalo

Nueva decoración de las casetas de peñas de Marchamalo. // Foto: Ayuntamiento de Marchamalo

Por Concha Balenzategui

“Si es legal, no es grafiti”. Es la frase que se repite en la última novela de Arturo Pérez Reverte, El francotirador paciente, una aventura muy bien documentada que se desenvuelve en el mundo de los grafiteros. Ese lema es el mantra de algunos de los personajes del libro, que rechazan a quienes terminan “coqueteando” con el poder o con el mercado del arte, vistos como traidores al origen contestatario y marginal del grafiti.

El grafiti puede ser considerado arte urbano o acción vandálica, y creo que en alguna medida tiene cosas de ambos. Por eso hay muchos intentos de “domesticar” estas expresiones murales: Galerías de arte que han aupado la cotización de los más destacados escritores de paredes, desde las calles hasta los salones de los coleccionistas; museos de arte moderno que cuentan con obras de Bansky o Blek le Rat; comerciantes que piden al grafitero que decore su persiana metálica o la fachada de su negocio antes de que se llene de firmas, como los frescos de “Rector” que se pueden ver en el casco de Guadalajara… Y también hay ayuntamientos que organizan fiestas de arte urbano para decorar paredes de instalaciones municipales a ritmo de hip-hop, quizá con el ánimo -equivocado, a la vista de los resultados- de que cediendo espacios para la expresión, los grafiteros respetarán las fachadas de viviendas e instituciones.

Como el grafiti es un fenómeno ya longevo, y este tipo de derivaciones también, no se nos hace raro a estas alturas que el Ayuntamiento de Marchamalo contrate a uno de sus exponentes para decorar las casetas de las peñas. Ni que antes lo hiciera con otros entornos municipales, como el Ateneo Arriaca o el Espacio Joven. No sé si algunos, aerosol en mano, considerarán a Juan Carlos Fernández (por cierto, qué nombre tan poco grafitero) un “artista domesticado”. El resultado está a la vista, y a mí me gusta mucho. Pero, quizá porque sigo relacionando el grafiti con ese halo de expresión transgresora, de denuncia o protesta, me resulta chocante. No deja de ser curioso que la figura del grafitero, artista libre de ataduras o simple gamberro, sea bendecida y alentada por el poder, el mismo que en esencia contestaba. O al menos así era en otro tiempo.

Sin embargo, lo que me rechina es justamente lo contrario. Que sea un ayuntamiento el que se comporte como un grafitero contestatario. Marchamalo es un buen ejemplo de ello, y ahora también Azuqueca. Me refiero a los carteles, claro, porque de momento estos alcaldes no bombardean las paredes a brochazos. Últimamente, cuando visito Marchamalo, tengo la sensación de entrar en la trinchera, al pasar bajo una pancarta de lado a lado de la calle principal o ver un cartel presidiendo la fachada del Ayuntamiento. “Está usted en un lugar hostil a Cospedal”, vengo a interpretar ante la dura críticas a la gestión de la presidenta de la Junta que leo en esos lemas.

Ahora, el Ayuntamiento de Azuqueca de Henares coloca un cartel en el edificio en obras del viejo Centro de Salud, para denunciar que Cospedal impide este proyecto. Azuqueca es también un lugar que eleva al grafitero a la categoría de estilista municipal, de decorador de espacios urbanos -léase el Foro-, y que a su vez se comporta como un grafitero.

 

Cartel en el centro de salud de Azuqueca. // Foto: Ayuntamiento de Azuqueca.

Cartel en el centro de salud de Azuqueca. // Foto: Ayuntamiento de Azuqueca.

Hablo, claro está, de las formas. Marchamalo y Azuqueca tienen sobradas razones para estar descontentos del trato que reciben desde el Gobierno regional, no me cabe duda. El “castigo” se les infringe, por agravio comparativo con otros municipios, por tener alcaldes socialistas, Rafael Esteban y Pablo Bellido, que son además destacados en el organigrama del PSOE. Es una pena que, a la postre, no se aplica solo sobre sus votantes, sino sobre los vecinos de todos los colores.

Pero estos alcaldes equivocan el camino de la resistencia, porque olvidan que representan a todos los habitantes de sus municipios. Están en su derecho, incluso en el deber, de reivindicar lo que consideran justo para su pueblo, sea la reforma del centro de salud o el cobro de la deuda. Pero no pueden enfundarse al tiempo la camisa de gobernante y la de púgil de su rival político. Porque entonces están utilizando su cargo para la trifulca partidista.

En democracia hay muchas formas de ejercer la discrepancia. Por ejemplo, convocar ruedas de prensa o enviar notas a los medios de comunicación. Pero si el mensaje es la crítica al partido rival, deben hacerlo desde la sede de la calle Madrid, con el logotipo del puño y la rosa. Pueden usar sus cuentas personales de Twitter, o presentar mociones para debatir y aprobar en los plenos exigiendo justicia para con sus pueblos. Pero no es de recibo poner los medios de una institución -la casa consistorial o la página web- para difundir mensajes de este tono.

No sería honesto obviar que la delgada línea que separa el partido de la institución se traspasa desde hace muchos años, y desde todos los frentes. He visto al alcalde de la capital, Antonio Román, poner a caldo a José María Barreda desde la sala de prensa municipal por los atrasos en los pagos de la Junta al consistorio de Guadalajara, en una actitud beligerante que por cierto no encarna desde que su partido ocupa Fuensalida. Y me hago cruces cuando compruebo que el subdelegado del Gobierno en Guadalajara, Juan Pablo Sánchez, entre cuyas funciones está la de organizar las distintas elecciones, y velar por unas votaciones limpias, es además el coordinador de la campaña electoral del PP. Algo así como el capitán del equipo, y el árbitro del partido, en una misma persona. Intolerable.

Ante una pintada en una pared, podremos dudar y discutir si se trata de arte o de vandalismo. Pero en una institución no se pueden confundir los papeles de gobernante y de candidato. “Si es legal, no es grafiti”, decían los puristas. “Si eres institución, no te comportes como un grafitero”, añado yo.

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2 pensamientos en “Grafiti institucional

  1. Acabo de enterarme de que reclamar la pasta que deben a un pueblo o pelear porque no cierren un centro de salud es partidista. Y si lo haces desde la sede del PSOE ya no. Esto es como el mundo al revés.

    Los grafiteros (que no por tener un papel contestatario dejan de hacer arte, q puede exportarse al formato q sea o al lugar q sea, como toda expresión artística, sin dejar de serlo) utilizan su arte para expresarse en contextos en los q se supone q no les dejan (que ahora parece que si les dejan, malo).

    Eso es lo q pasa con estos ayuntamientos. Los cauces administrativos y de lealtad institucional se los pasa la Junta de Cospedal por el bendito arco del triunfo. No es que no escuche, es que ni siquiera contesta. Ni te abre la puerta. Te da con ella en las narices y encima te putea. Toma decisiones unilaterales sin ni siquiera hablar con los aytos porque son del PSOE, y además de eso les machaca. Y como bien dices, no al alcalde, no al partido del alcalde, a TODOS LOS JODIDOS VECINOS.

    Y eso lo hacen ignorando las herramientas habituales q las administraciones tienen para interactuar y funcionar adecuadamente. ¿Cuál es la salida? Llamar la atención y realzar el problema con las escasas armas q te quedan, q como al grafitero, son pocas.

    Me hace gracia ver, que tanto al señor Cuevas como a usted, les parece bien una rueda de prensa contestataria, una nota agresiva en los medios (y también en la web, por cierto, como es lógico, a pesar de que a usted le mola una cosa pero la otra no, es de locos), todo ello “propaganda” del mismo modo que cualquier cartel o pancarta.

    Cuando un alcalde da una rueda de prensa, habla el alcalde de todos los vecinos. Cuando un cartel cuelga de un balcón del ayto, habla el ayto de todos lo vecinos. Lo mismo. Y si lo hace reclamando algo q es de TODOS, y porque no le queda otra puñetera salida, ¿está mal? ¿Para qué han elegido a ese señor? ¿Para que se harte de mandar cartitas muy respetuosas que según llegan a Toledo Cospedal se las pasa por el arco del triunfo? Pues para mi NO. Y además ni Marchamalo ni Azuqueca han inventado la acción contestataria institucional para reclamar las cosas. Es la única puñetera herramienta que le queda al débil para hacerse oír cuando el fuerte le patea sin descanso, como al grafitero “genuino” q a usted le gusta resaltar (tenga nombre de españolito de a pie o pseudónimo molón).

    Solo que en este caso lo que se reivindica es de TODOS, de usted y mío, si fueramos acaso los dos vecinos de alguno de los dos municipios. Son sus puñeteros derechos, sus puñeteros servicios esenciales. Parece una broma, q para una jodida vez q de verdad las instituciones luchan por la gente, encima se les meta el dedo en el ojo con semejante gilipollez. Habrá que preguntar a Pablo Iglesias cuál es el camino correcto.

    Mejor dejemos hacer, a Cospedal y Echániz, y q cierren las puñeteras Urgencias y el bendito Centro de Salud, y de paso q privaticen lo q les venga en gana. Que ya lloraremos los “progres” en casa.

  2. Gracias por participar con argumentos para el debate.

    Por si no ha quedado claro en mi exposición, lo que yo denuncio es que se traspasen los límites de la institución con los del partido. Insisto en que me parece correcto reivindicar lo que los alcaldes consideren que es bueno para su pueblo, pero existen cauces para hacerlo desde la institución. Sin embargo, las críticas a los políticos del partido rival deben hacerse desde el partido al que uno pertenece. O por lo menos desde el grupo municipal, con recursos propios.

    Comparto con usted que las opciones de estos dos ayuntamientos son pocas, porque han escrito cartas y han pedido reuniones con representantes de la Junta de Comunidades sin obtener ninguna respuesta. Y es muy grave en un caso como Azuqueca, el segundo en población de la provincia, o Marchamalo, porque ambos tienen asuntos en los que debiera imperar el diálogo entre instituciones.

    Pero eso no justifica el tono que utilizan ni los medios que emplean sus equipos de gobierno. La página web debe colgar información útil, de servicio y aséptica; y el Ayuntamiento debe ser el espacio común de los vecinos, también de los que votaron a Cospedal, e incluso de los azudenses o marchamaleros que siguen apoyando su gestión, por increíble que le parezca.

    PD. Deduzco por sus argumentos, aunque eso no lo menciona, que a usted le parece bien la doble condición de Sánchez Sánchez-Seco.

    Concha Balenzategui

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