La suerte solo es fruto del trabajo

Por Álvaro García

Álvaro García es periodista oriundo de Marchamalo.

Álvaro García es periodista oriundo de Marchamalo.

Sin duda, el mayor impacto que se deriva de conocerlo bien es el contraste entre quién es y lo que representa. Supongo que esta es una sensación recurrente entre los allegados, familiares o amigos de la mayor parte de los deportistas de élite que en algún momento acaban siendo mediáticamente conocidos o, llegado el caso, ídolos de un buen número de personas como consecuencia de sus éxitos, en muchas ocasiones repentinos. Pero, al menos en este caso, puedo atestiguar de primera mano que esto es así.

Humilde, inteligente, honrado, trabajador, persistente, paciente… son cualidades que este joven marchamalero de 26 años, sencillo, familiar y amigo de sus amigos, ha cultivado (sin dejar por ello de errar, que no es esta introducción una alabanza ausente de sinceridad) en base a una madurez prematura sobrevenida de su pasión y su sueño: el fútbol y la meta de dedicarse profesionalmente a él llegando lo más alto posible. Todas éstas aptitudes enmarcadas en un carácter afable, pero de férrea determinación, que conocen quienes le han visto crecer y evolucionar, y que contrastan en gran medida con la imagen que el fútbol de élite proyecta con frecuencia a través de los medios de comunicación, no sin un claro poso de certeza.

Juan Carlos Martín Corral es el único futbolista guadalajareño que  jugará esta temporada en Primera División. // Foto: www.soloporteros.com

Juan Carlos Martín Corral es el único futbolista guadalajareño que jugará esta temporada en Primera División. // Foto: http://www.soloporteros.com

Y es que Juan Carlos Martín Corral (Guadalajara, 20/1/1988), portero, va a ser esta próxima temporada 2014-15 el único guadalajareño que forme parte de un equipo de la Primera División Española, el Córdoba CF, en la Liga BBVA o la ‘Liga de las Estrellas’, como quieran ustedes denominarla. El caso es que en apenas unos meses se ha convertido en parte de una competición en la que se mueven miles de millones de euros al año y en la que compartirá terreno de juego con buena parte de los mejores jugadores del mundo, como Messi o Cristiano Ronaldo, cruzándose en los pasillos de vestuarios con profesionales que han sido su referencia bajo los palos. Un entorno en el que en la mayor parte de ocasiones y, por desgracia, la frivolidad, la extravagancia, los excesos verbales o consumados, y los enfrentamientos de intereses económicos y mediáticos entrecruzados acaban oscureciendo el trabajo intenso, esforzado y honesto de una amplia mayoría de profesionales y deportistas de élite que llevan toda una vida siéndolo, aunque sin tener la misma repercusión que quienes están en la órbita y contaminan el seno de los principales clubes de nuestro país en un circo demasiadas veces dantesco.

Primeros años en el Asisa, con los marchamaleros Guti (gran amigo), su padre Mariano (entrenador) y Ventosa. // Foto: Archivo

Primeros años en el Asisa, con los marchamaleros Guti (gran amigo), su padre Mariano (entrenador) y Ventosa. // Foto: Archivo

Tal es el caso de Juancar, como le han conocido sus compañeros y amigos desde que empezara en esto del fútbol, muy pronto, como suele ser habitual, y con un paso inicial por el mundillo del fútbol sala, deporte tan enraizado en nuestra ciudad. Siempre se tomó muy en serio sus entrenamientos, en el Asisa primero, y en las categorías inferiores del Depor, después. De aquella etapa dos personas marcaron especialmente su trabajo, el tristemente fallecido Alejandro Mozas, y el también técnico Tomás Pascual. Su etapa en el CD Guadalajara se cerraría tras su debut con el primer equipo, con apenas 16 años, en un extraño final de campaña en el que dos técnicos de la casa, José Carlos Sedano y Vicente Bermejo, compartieron las riendas en el banquillo de un equipo que había perdido cualquier opción de disputar el ascenso a Segunda B mucho antes de lo previsible y de lo razonablemente deseable. Ya entonces demostró unas cualidades singulares, como una madurez y templanza impropias de su edad, o un desplazamiento de balón impecable con el que facilitó una asistencia de gol a Marín que se quedó grabada en la retina de los más incondicionales del Pedro Escartín.

Sin embargo, este marchamalero delgado y que crecía por palmos emprendió el mismo camino de tantos otros canteranos del Deportivo, abandonando el club morado al año siguiente no sin tiranteces y camino de otro club con mejores expectativas de futuro.

Después de su primera temporada en el equipo juvenil del Rayo Vallecano al buen observador que siguiera su trayectoria no se le podía escapar su evidente progresión como arquero, compartiendo concentración de pretemporada con el primera plantilla del equipo rayista el verano inmediatamente posterior.

Entrevista publicada en la contraportada del diario "La Tribuna", en 2006. // Foto: Archivo

Entrevista publicada en la contraportada del diario “La Tribuna”, en 2006. // Foto: Archivo

A raíz de ello, el ahora extinto diario La Tribuna de Guadalajara publicaría una entrevista de contraportada con el aún muy joven futbolista, con fecha 26 de noviembre de 2006, bajo el titular “Disparado hacia el éxito”, que firmaba el mismo que redacta estas líneas. En ella, sin cumplir los 19 años, ya dejaba entrever claramente las claves de su desarrollo posterior como deportista: trabajo, constancia, ambición y confianza en sí mismo, no sin dejar de sorprenderse por verse inmerso en un una especie de sueño en el que estaba “rodeado de jugadores que he tenido en los cromos”. Ahora es él quién está en los álbumes de cromos de miles de niños de toda España y, especialmente, de los niños marchamaleros, que pugnan frente al kiosko de la Plaza Mayor por dar con el sobre que contenga el cromo de Juan Carlos con la zamarra negra o amarilla que lució la pasada temporada en el Córdoba, su último club de destino.

Juan Carlos Martín ya está en los cromos, los ídolos de su infancia. // Foto: Archivo

Juan Carlos Martín ya está en los cromos, los ídolos de su infancia. // Foto: Archivo

Pero entre medias han pasado más de ocho temporadas al completo, miles de horas de entrenamientos, miles de minutos de juego y, sobre todo, miles de experiencias profesionales y personales que han ido construyendo al deportista que este pasado mes de junio se convirtió en el primer alcarreño en lograr un ascenso desde la Segunda a la Primera División superando unas eliminatorias y un final de liga con la máxima exigencia.

Por el camino, el Rayo Vallecano ha sido sin lugar a dudas su club de referencia, en el que se ha formado y crecido realmente como jugador de fútbol profesional. Después de tres temporadas como titular en el equipo filial en la Tercera División madrileña, lograría un histórico ascenso a Segunda División B de la mano de José Ramón Sandoval, técnico con el que también ascendería inmediatamente después, en la temporada 2010-11, a la plantilla del primer equipo, como tercer portero. De hecho sería bajo las órdenes de Sandoval cuando debutaría en partido oficial como portero del Rayo Vallecano en Segunda División.

El técnico madrileño había puesto toda la carne en el asador tras ascender al filial y, aprovechando el vacío en el banquillo del primer equipo tras una mala temporada, se arriesgó prometiendo un ascenso a Primera a la directiva en caso de otorgarle la dirección del equipo. Dicho y hecho. En la jornada 40, a falta de dos para el final, Sandoval había cumplido su objetivo, y en la última, frente al FC Barcelona B en casa (05/06/2011), daría la oportunidad de debutar a Juan Carlos en detrimento de un maltrecho Cobeño. Quizá no fue el debut soñado, con una derrota sin consecuencias en la clasificación, pero su equipo había ascendido a Primera División y el trabajo de Juan Carlos en el club madrileño había dado sus frutos en forma de una franca progresión en parte recompensada por Sandoval y, en otra más importante, por las ofertas de los clubes españoles y europeos que ese verano llamaron a su puerta.

Finalmente, la más convincente de ellas, por el renombre del club, su proyecto deportivo y la apuesta contractual puesta sobre la mesa del portero marchamalero, fue la del Hércules CF, un histórico del balompié nacional con aspiraciones de regresar a Primera División. Sus dos temporadas en Alicante fueron desiguales en lo colectivo, aunque similares en lo particular, sin muchas oportunidades para él, bajo la alargada sombra de la trayectoria y calidad de un portero contrastado en Segunda División como Falcón.

Se repetía la situación vivida frente a Cobeño en el Rayo Vallecano, pero una inoportuna lesión de éste permitió a Juan Carlos debutar con la camiseta albiazul y jugar incluso algunos partidos del play-off de ascenso a Primera que disputó sin demasiada suerte el club alicantino en su primer año allí. En el segundo, en vez de 4 fueron 5 los partidos disputados, pero el valor de Juan Carlos no se medía en minutos sobre el campo, sino en su impecable trabajo y actitud respecto a sus compañeros y superiores, así como su continua progresión y aprendizaje junto a porteros de alto nivel, cuajados de cicatrices, que se tradujo en una solvencia demostrada cuando hubo de participar sobre el campo. Tanto es así que se ganó el cariño de una buena parte del público pese a sus escasas apariciones, y también la oferta de renovación del Hércules a la finalización de su contrato de dos años.

No obstante, la expectativa de la falta de minutos y de repetir una situación de serias dificultades deportivas como la vivida en su segunda temporada en Alicante llevó al guardameta gallardo a buscarse un nuevo destino que, sobre todo, le proporcionara más posibilidades de participación activa en la competición. Juan Carlos se aproximaba a los 25 años y, si bien la constancia y la paciencia le habían permitido sobrellevar la crudeza de tener que ver los partidos desde el banquillo después de una década como titular, necesitaba renovar sus aspiraciones.

Córdoba se convirtió entonces en su nuevo destino, haciendo una apuesta seria por él, con dos años de contrato y la aspiración de poder desbancar de la titularidad a su nuevo compañero, Saizar, portero con una trayectoria en Segunda que se reducía a su temporada como titular en el Deportivo Guadalajara y los dos partidos disputados en el propio Córdoba durante el final de la anterior campaña. Sin embargo, el buen trabajo ya realizado por el vasco en el equipo le mantuvo bajo palos, teniendo el alcarreño sólo una breve oportunidad en la Copa del Rey, donde el equipo fue apeado en la primera eliminatoria.

Pese a la fuerte apuesta por el ascenso de categoría hecha por el propio Presidente del Córdoba CF, Carlos González, al inicio de la temporada (prometió devolver el precio de los abonos a los socios en caso de no alcanzar el play-off de ascenso a Primera, y regalar el de la siguiente temporada a quién se abonara, en caso de que se consumara el ascenso), el equipo andaluz no discurrió en puestos aventajados prácticamente en ningún momento de la competición, llegando a estar en la jornada 26 a sólo 4 puntos del descenso. Es en ese momento cuando el club decide cambiar de entrenador y fichar a Albert Ferrer, más conocido como ‘Chapi’ Ferrer, reconocido exjugador del FC Barcelona, medallista olímpico con la Selección Española, y comentarista técnico en Televisión Española.

En una Segunda División tremendamente igualada, Ferrer logró encadenar varios resultados positivos, y lo hizo, poco más de un mes después de su llegada, con Juan Carlos defendiendo la meta de su equipo. Después de cuatro temporadas esperando su verdadera oportunidad, una desgraciada fractura en un dedo imposibilitaría seguir jugando a Saizar, lo que daba a Juan Carlos la titularidad durante un periodo más dilatado de tiempo que en otras ocasiones, durante el cual a sus buenas actuaciones en la portería se sumaron resultados positivos para el equipo. Esta dinámica ascendente llevó al Córdoba a soñar con reengancharse a los play-off y a Ferrer a seguir apostando por el guardameta gallardo a pesar de que Saizar lograra recuperarse.

A partir de ahí, los sucesos fueron llegando como una cascada en un espacio tremendamente corto de tiempo. Juan Carlos luciría resolutivo en situaciones comprometidas bajo palos en los últimos partidos, cuyos resultados llevaron al Córdoba a colarse en puestos de play-off en la última jornada, pese a empatar en casa, para después ir superando ajustadamente sus eliminatorias ante el Murcia y Las Palmas, ésta en la agónica última jugada que hubo de posponerse en un delirante final de partido, con invasión de campo incluida. En esa jugada aparecieron de nuevo las dos caras del fútbol, la deplorable, esta vez protagonizada por hinchas enfervorecidos e irrespetuosos con las más mínimas normas de decoro, respeto y deportividad en las que se basa este deporte, y la otra, la enormemente positiva, ejemplo para el resto, reflejada en la perseverancia, confianza y lucha hasta el final encarnada por el Córdoba, que aprovechó esa última jugada para marcar y lograr el ascenso a Primera División más de medio siglo después. Esa última oportunidad en la que Juan Carlos fue uno de los protagonistas, otra vez gracias a su excelso desplazamiento de balón en largo, para poner en las botas de su compañero lo que sería el inicio de una fulgurante, estratégica y magistral jugada de gol.

El debut de Juan Carlos Martín en Guadalajara, con 16 años. // Foto: Archivo

El debut de Juan Carlos Martín en Guadalajara, con 16 años. // Foto: Archivo

Juan Carlos había pasado en apenas tres meses de ser portero suplente a héroe del sorprendente, por inesperado, regreso del Córdoba CF a la categoría de oro del fútbol español. Aclamado por miles de aficionados en las celebraciones posteriores en la ciudad califal, algunos con camisetas que lucían su nombre en un relato radiofónico de la jugada de ese mágico gol, y acumulando centenares de mensajes de apoyo en las redes sociales y los medios de comunicación para que fuera el portero del equipo en Primera División.

Una situación tan fugaz y de tal magnitud que apenas ha tenido tiempo de procesar, ya que en menos de un mes estaba de nuevo trabajando con su equipo en la concentración de pretemporada que realizaron en Marbella, para después, sólo tras cinco meses de aquel repentino giro del destino que le llevó a la portería, convertirse en el favorito para ser titular el día del regreso de su equipo a Primera División (si el leve esguince de rodilla sufrido la pasada semana se lo permite), mañana mismo, en un escenario tan simbólico para nuestro fútbol como es el Estadio Santiago Bernabéu, la catedral del fútbol de siempre ha sido referencia para él y que ahora también podría ser el escenario de su debut en la máxima competición de nuestro país.

Será el cuarto alcarreño de nacimiento que en toda la historia llegue a jugar en Primera División, después de Jesús Ruíz (Jesusín); Federico Rodríguez Santander, portero del Oviedo en 1932; y Manuel Román, que jugó con el Sporting de Gijón en 1958. También hubo otro alcarreño que lució la zamarra del Real Madrid entre 1925 y 1928, Francisco Moraleda, pero entonces la competición liguera aún no se había creado en España.

Para algunos será la fortuna la que en gran parte haya llevado a Juancar hasta donde está hoy, pero para mí la realidad es que en el deporte, como en la vida, nada llega por pura casualidad, y menos aún el éxito. O, resumido en palabras que el propio Juan Carlos empleó en aquella entrevista de 2006 y que decidí usar como apertura del artículo, “La suerte sólo es fruto del trabajo”.

* Álvaro García es periodista y fotógrafo, con experiencia en medios de comunicación provinciales y regionales desde el año 2003, cuando comenzó a trabajar en Nueva Alcarria especializándose como redactor de deportes. Después lo hizo para el diario La Tribuna de Guadalajara, Punto Radio Guadalajara y RTVCM, hasta junio de 2007. Desde entonces es el responsable del Gabinete de Comunicación del Ayuntamiento de Marchamalo.

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