Unas ferias con espacios lógicos

Cartel de las Ferias y Fiestas de Guadalajara 2014, realizado por Fernando Benito, con el recinto ferial como telón de fondo.

Cartel de las Ferias y Fiestas de Guadalajara 2014, realizado por Fernando Benito, con el recinto ferial como telón de fondo.

Por Concha Balenzategui

Escribía el otro día mi compañero Abraham Sanz sobre las fechas de las Ferias de Guadalajara, el gran debate de este año, respaldando el criterio del Ayuntamiento de adelantar la semana festiva y jugar con el fin de semana previo para los actos de apertura (pregón, chupinazo, desfile de carrozas…). Coincido en que el cambio es un acierto, por algunos motivos que él expuso -básicamente el ahorro y la más temprana reanudación de la actividad de la ciudad-, aunque no estoy segura de que sean los únicos que persigue el Ayuntamiento, porque creo que también busca integrar la celebración de la patrona en el resto de festejos para dotar a nuestra Semana Grande de un carácter religioso que históricamente no tiene.

Abraham terminaba hablando de un modelo festivo partido en dos, lanzando un guante que ahora recojo yo, dispuesta a meterme en un jardín que tiene difícil floración. Porque ese, el de los espacios, es el otro gran tema que subyace y que alimenta buena parte de las conversaciones festivas desde aquel 2008 en que el recinto Ferial se mudó al otro lado de la autovía. Y sobre todo, es un debate sin resolver.

Hay que reconocer que el Ferial no ha cuajado en la población tras sus seis años de existencia. Mucha gente sigue considerando que está lejos, y no va, o no va tanto como antes. Y es evidente que la fiesta nocturna ha quedado partida en dos zonas: una en ese recinto, y otra en el eje de la Concordia, San Roque y la Fuente de la Niña. Hasta aquí creo que estamos todos de acuerdo.

Lo de que el nuevo recinto ferial está lejos es absolutamente relativo. Lo está de buena parte de los barrios de la ciudad, pero de otros no tanto. Si el lugar estuviera muy alejado no andarían llorando desconsolados los hosteleros y comerciantes tradicionales de Guadalajara, que culpan de sus pérdidas a la cuota de mercado que les ha quitado Ferial Plaza. En el centro comercial no atan los perros con longaniza, no; allí también cierran los negocios. Pero el lugar registra un lleno casi todos los fines de semana del año, porque la gente -independientemente de si compra, consume o asiste al cine- , lo que es ir, sí que va.

Pero es verdad que el recinto está más alejado que el anterior del resto de los actos de nuestras Ferias. Basta recordar la marea de personas que se acercaba a tomar un montado o un pollo asado cuando acababan actos masivos como la procesión de la Virgen o el desfile de carrozas. Y ahora no sucede. Ocurre también a la salida de las corridas de toros, a pesar de que el coso de las Cruces no queda tan lejos del recinto si subimos por la calle Sigüenza. Pero pareciera que hay algo en la autovía que actúa como barrera.

Recinto ferial. // Foto: El Heraldo del Henares

Recinto ferial. // Foto: El Heraldo del Henares

Y ahí viene otra de las certezas del espinoso asunto: El Ferial sigue estando siete años después casi inaccesible, con sus tres únicas entradas. Una de ellas, el túnel de prolongación de la calle Sigüenza, se corta durante buena parte del tiempo en que a uno le apetece ir. La entrada de Cuatro Caminos es insuficiente en horas punta. Y el Ayuntamiento no ha sido capaz en tantos años de abrir el puente desde la plaza Dalí. Queda la pasarela peatonal del parque de la Amistad, que nos cuesta una barbaridad de dinero en forma de horas extras de la Policía Municipal para mantener la seguridad.
En definitiva, que quienes acudían varias veces a los chiringuitos y atracciones a lo largo del ciclo festivo, ahora acuden una o dos veces, probablemente porque tienen niños. O ninguna.

Y este hecho no tiene que ser necesariamente malo. Porque una parte del negocio se queda en los hosteleros de la ciudad, que ya se dice hasta la saciedad, pagan sus impuestos todo el año. Me comentaba el otro día el dueño de un conocido local de copas del casco viejo que este año también cerrará durante la “semana grande”. “A cualquiera de otra ciudad, cuando le cuento que tengo un bar en el centro y que cierro en Fiestas, lo flipa”, me decía. Pero ese es un asunto del que no se puede culpar al traslado del Ferial, porque ocurría antes, incluso más que ahora.

No sé si nos hemos resignado a que buena parte del ocio, las consumiciones y las compras durante todo el año se hayan fugado del casco. Pero tenemos asumido desde hace décadas que la fiesta nocturna en estos días gira en torno a las peñas, que no sé si serán “el alma de las fiestas” como tópicamente se dice, pero que sí son las señoras de la noche, y en buena medida las amas del negocio. Y digo en cierta medida porque los maleteros, el botellón, y todo tipo de barras que surgen en estos días -no siempre dependientes de las agrupaciones festivas-, se llevan una buena parte del pastel.

Y en este punto es cuando necesariamente hay que hablar, además de los espacios, de los tiempos, porque en definitiva estos determinan aquellos. Oigo al Equipo de Gobierno de la capital decir que el modelo de fiestas que propugna “es de día y de noche”. Y me entra la risa floja. ¿Es que antes de Román no había actividad de día? ¿Acaso ellos inventaron los toros, la procesión, los títeres, los magos o las estatuas humanas? ¿Fue el PP el que inició la tradición de los encierros?

Presentación del programa de Ferias por el equipo de Gobierno, esta semana. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Presentación del programa de Ferias por el equipo de Gobierno, esta semana. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Lo que tengo cada vez más claro es que estas fiestas solo puede tender hacia un modelo que llene de actos el día en la ciudad y los concentre durante la noche en un punto. La fiesta de día debe estar en el centro, porque es para el disfrute de todos los públicos, de todos los vecinos, de todas las edades. Los encierros, los toros, los desfiles -sean estos procesionales, de peñistas o de carrozas- deben estar en el casco, que es como es el salón de la casa común que es la ciudad. No se puede pretender llevar actividades a todos los barrios de la ciudad, porque no se puede contentar a todo el mundo, y además se dispersa la fiesta. Pero sí que se deben escoger las plazas, parques y deambulatorios más concurridos para la música, la risa, las actividades infantiles o culturales.

La noche también puede tener su espacio en la ciudad, me refiero a la noche temprana, esa de la verbena oficial o de los conciertos, supeditados estos a los espacios más adecuados. Pero a partir de la medianoche, hay que admitir que la fiesta no es para todos los públicos, y debe conjugar dos derechos, el de la diversión y el del descanso, especialmente las vísperas de días laborables.

Qué quieren que les diga. A mí también me gustaba ese modelo de madrugada en el que cada parque o zona tenía una verbena, gracias a las peñas, e ibas de una a otra bailando y encontrándote con los amigos. Quizá porque era más joven. Pero hace tiempo que Guadalajara desterró ese esquema sacando a las peñas de los edificios (lo dijo hasta la Defensora del Pueblo), denegando a algunas el permiso de instalarse en los parques, y trasladando un Ferial por las presiones de los vecinos, a los que, seamos realistas, no molestaban tanto los puestos y los caballitos como las carpas y sus verbenas.

Y el Ayuntamiento se ha quedado a medias en ese camino. Prometió a las peñas que fueron al Ferial que todas acabarían allí. Pero lejos de hacerlo, ha discriminado a las que obedecieron más o menos voluntariamente, frente a las que siguen en los parques de la ciudad. Y favorece también a los vecinos del antiguo Ferial -parece que se ganaron su derecho al descanso el día que le montaron una bronca en el pregón a Alique- respecto a otros muchos que siguen aguantando mecha: Los del Fuerte, la zona alta de las Eras del Canario, o los del mismísimo parque de la Concordia, donde se mantienen peñas y verbenas a las puertas de casa. Y el ambiente de la noche se divide en dos: O vas a Ferial (cada vez menos) o te quedas en la ciudad.

Llegados a este punto, es casi imposible la marcha atrás y que regresen peñas y ferial a sus antiguas ubicaciones. Pero tampoco puede perpetuarse esta situación que deja insatisfechos a muchos vecinos, a la mayoría de los peñistas, a los hosteleros, a los atletas que usan las pistas de la Fuente de la Niña, y a los feriantes que han visto mermado ostensiblemente su negocio. La única solución que veo pasa por ampliar el actual ferial y concentrar en él toda la fiesta de madrugada, todas las peñas, sus verbenas, e incluso acondicionar una zona para conciertos, con las medidas de seguridad adecuadas.

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