El desfile 0,0

Una de las carrozas del desfile de Ferias del año pasado, sobre la historia de la música. // Foto: R.M.

Una carroza del desfile de Ferias del año pasado, sobre historia de la música. // Foto: R.M.

Por Rubén Madrid

Por quinto año consecutivo, el desfile de carrozas de Ferias vuelve a ser tematizado. La idea, ya saben, consiste en consagrar la puesta en escena de la comitiva que inicia nuestras fiestas a una escenografía concreta: empezó con el sorprendente y muy vistoso 550 aniversario de la declaración de ciudad y siguió con los recurrentes pero resultones desfiles de las historias del cine, del cómic y de la música, para ceder paso este año a las fiestas del mundo. Este sábado, catorce comparsas, once carrozas, siete grupos musicales y, en conjunto, unas 250 personas representarán una serie de escenas relativas a muy populares celebraciones del mundo como el carnaval brasileiro o el cervecero Oktoberfest alemán, según anunció ayer el concejal Jaime Carnicero.

Se pueden debatir las preferencias sobre los temas escogidos (va tocando un desfile literario: los cuentos se prestan por su versatilidad y su arraigo en la ciudad), pero ante todo cabe resaltar el enorme acierto que ha supuesto la decisión de separar el desfile de carrozas y el chupinazo de los peñistas, con un formato que se ha venido defendiendo por sí mismo edición tras edición hasta su actual consolidación.

Aquella otra procesión de los borrachos, con empresas locales de comparsa repartiendo caramelos a niños atónitos por la bacanal andante, ha sido reconducida hacia este otro desfile 0,0 apto para todos los públicos, uno de los mayores aciertos de la gestión de festejos de los últimos tiempos.

Espectáculo en la calle de Guadalajara Mágica. // Foto: R.M.

Espectáculo en la calle de Guadalajara Mágica. // Foto: R.M.

Si en los últimos años el público se arremolina a lo largo del recorrido de la cabalgata de Ferias -dice el concejal que incluso más de 40.000 espectadores- es porque la convocatoria resulta interesante. Somos muchos los que hace cinco años no teníamos absolutamente nada que ver en ese desfile y que ahora, en cambio, esperamos con simpatía un evento cuyo día y hora señalamos en la agenda. Lo vemos y lo criticamos -que para eso lo pagamos, y a buen precio: 157.000 euros el desfile del año pasado-, pero lo cierto es que vamos.

No es fácil lograr este consenso sobre la conveniencia del desfile, más todavía en materia de festejos, que en los tiempos que corren son una materia sometida a examen en grado más elevado que otras cuestioenes como la hacienda o el urbanismo. La mejor prueba de la buena acogida del desfile pasa por la única crítica que cada año se escucha: la comparación con el desfile de carrozas de Azuqueca. Cualquier comparación es odiosa, porque las peñas azudenses pueden presumir de hacer y muy bien sus propias carrozas dedicando muchísimas horas a esta labor. En Guadalajara podrían tenían que superar su formato anterior, vergonzoso, y cabía la vía urgente o haber seguido el modelo azudense, que tampoco se habría logrado imponer de la noche a la mañana. En la capital, este déficit se viene paliando al menos con la integración cada vez mayor de algunos colectivos de la ciudad en el desfile inaugural.

Defienden Carnicero y el alcalde, Antonio Román, su apuesta por el centro y la fiesta de día y creo que tienen motivos para hacerlo. Más allá del muy abordado debate de los espacios, están los contenidos. Es cierto que no han inventado la verbena de jubilados en la piscina, ni la comparsa de gigantes y cabezudos, como tampoco el concurso de dibujo que este año se recupera con acierto después de que cayese con la desaparición de la entidad financiera que lo patrocinaba. Pero, en cualquier caso, es cierto que el equipo actual ha mantenido la mayor parte de estas citas y que en su conjunto, la programación logra un ambiente en pleno centro que ya quisiéramos los vecinos para el resto del año. A las mil maravillas funcionan los mimos y los magos, las bandas de dulzainas y las charangas, los conciertos en Santo Domingo (herederos de los anteriores, más exquisitos, de la Plaza Mayor), los días de la bicicleta e incluso los concursos de pintura y albañilería. También algunas nuevas iniciativas como el teatro al aire libre en la Plaza Mayor están teniendo una respuesta fabulosa. De modo que si nos atenemos especialmente a la cantidad (de público) más que a calidad (de los espectáculos, donde hay sensibles altibajos), el balance viene siendo incontestable, hasta el punto de que podría decirse que en todo caso hay un exceso, y nunca un defecto, de oferta en la calle.

Espectáculo de guiñol en el llamado Festitiriguada, estrenado el año pasado. // Foto: R.M.

Espectáculo de guiñol del Festitiriguada, estrenado el año pasado. // Foto: R.M.

Dicho todo esto, no se puede olvidar el tremendo borrón de las Ferias y Fiestas de los últimos años, que ya hemos destacado en más de un artículo: la supresión del festival de teatro Titiriguada, con su desbordante ambiente artístico en las inmediaciones del Infantado y, aquí sí, su acento en la calidad. Un evento con entidad para llenar un fin de semana del calendario por sí mismo y que, por razones ya expuestas en otras ocasiones, pero que en ningún caso justifican el sacrificio, ha desaparecido completamente del panorama cultural sin que el concejal de Festejos (concejalía que en sus diez años de vida lo programaba) ni su colega de Cultura (que imperdonablemente no ha reclamado el evento para otro momento del año) hayan mostrado hasta la fecha el menor asomo de rubor por la actual transformación en un festival de hinchables y guiñoles encargado a una empresa de animación infantil.

Pero al margen de este hecho puntual, aunque notable, lo cierto es que cada año la programación festival aprueba la reválida y el equipo da síntomas de perfeccionar el programa en vez de estancarse, aunque manteniendo un modelo definido. Hacen su trabajo. Entre la potenciación de esas Ferias religiosas que más deberían implicar a las autoridades religiosas que civiles y esa otra eminentemente nocturna de cuyo vigor en parte deben responder las peñas, que para eso reciben además un buen trozo de subvención, el Ayuntamiento tiene mucho más que decir en esta otra fiesta que miramos quienes por filosofía, edad o capricho, buscamos unas Ferias 0,0, sin misas y sin copas.

El desfile inaugural encarna en sí mismo y mejor que ningún otro evento la apuesta por esta otra programación diurna, light y familiar que en otro tiempo parecía estar en un segundo plano. Pese a todo, y eso ya lo sabemos todos, el éxito o el fracaso de esta nueva edición de Ferias, del desfile al pobre de mí, no volverán a depender tanto del concejal ni de la patrona como del capricho de los cielos.

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