Elogio de la Comparsa

Dulzainero

La música de dulzaina es compañera inseparable de los desfiles de Gigantes y Cabezudos // Foto: Sergio Mangada http://sergiomangada.blogspot.com.es/

Por Óscar Cuevas

Muy probablemente sea el acto que tiene la mejor relación calidad/precio de cuantos organiza el Ayuntamiento a lo largo de las Ferias y Fiestas de Guadalajara. Es barato, bonito, divertido, multitudinario… y es tan nuestro, tan auténtico, que, por lo menos para quien esto escribe, es cita obligada.

Ahora que está tan de moda eso de decir cuándo “se es” o “no se es” de Guadalajara, quiero levantar mi copa en este brindis pre festivo por la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de nuestra capital. Porque pocas cosas están tan pegadas a la piel como este desfile de personajes históricos, histriónicos y populares que, cada año, dos o tres veces, sale a las calles de la vieja ciudad. Porque no eres de Guadalajara si no has corrido de niño ante las fustas de la Follolla, y no le has gritado eso de que “come pan y cebolla”. O si no has escapado del Demonio o el Fakir. No eres de Guadalajara si no has admirado a esas torres que pasean caricaturescas interpretaciones de históricos personajes de la provincia como el Marqués de Santillana, la Princesa de Éboli o el Chino de la Cotilla.

Quijote

Este Quijote, junto a Sancho, fue el primer cabezudo de la ciudad, en 1900 // Foto: Archivo Municipal de Guadalajara

La comparsa desfilará en los próximos días, de nuevo, por Guadalajara. Son ya 114 años los que llevamos los arriacenses a su lado, desde que la corporación municipal estrenara sus primeras figuras un 14 de octubre de 1900. Los había donado para la ocasión el conde de Romanones, que de aquella era alcalde de Madrid, y en su nacimiento sólo fueron 4 personajes, dos cabezudos (Quijote y Sancho) y dos gigantes: la pareja chinos. Desde entonces no han faltado a la cita con nuestros niños, que les corren, les incitan, les provocan y les celebran con una sencillez que uno se sorprende de verlos, por una vez, alejados de la televisión, la tableta, el smartphone, el ordenador o cualquier otro aparato con pantalla. Mientras los pequeños corren alborozados quebrando las acometidas de los cabezones, los mayores admiramos el porte de los gigantes, y sus bailes, que acompasan el sonido de las gaitas, y que hace que el centro de Guadalajara suene a jota, a dulzaina, a Castilla. A esencia de la tierra.

Explican los entendidos que las comparsas de gigantes y cabezudos proliferaron por toda España a finales del siglo XIX; fundamentalmente a raíz del estreno de la famosa zarzuela homónima de los maestros Echegaray y Caballero, en 1897. Y nuestra ciudad no fue una excepción. Desde entonces, desde ese lejano 1900 que despedía siglo, la colección de cartón piedra ha pasado épocas peores y mejores. Tuvo un auge inicial, con compra sistemática de figuras, y un incremento exponencial en 1947, cuando la corporación compró más de una decena de personajes de una tacada. Pero con el tiempo pasó penurias. Fue cuando la modernidad estuvo a punto de acabar con ella.

Agapito

Agapito es el último cabezudo que se ha incorporado, gracias al regalo de la peña homónima // Foto: Ó.C.

Los años del desarrollismo, aquellos 60 y 70 en los que todo lo nuevo se saludaba con alborozo y lo viejo se desechaba, supusieron el deterioro y la pérdida de decenas de cabezudos y gigantes, que se estropeaban sin reparación, o se prestaban sin que nadie reclamara su devolución. Los 80 fueron de un declive continuo, y en los 90 ya apenas quedaba nada que mostrar. Pero fue entonces cuando la sociedad civil (de nuevo la gente de la calle dando el paso adelante) salió en su ayuda, gracias a la Asociación Cultural de Gaiteros y Tamborileros -que realizó un sesudo estudio histórico- y fundamentalmente a la labor de dos amigos de quien esto escribe, Juanjo Molina y Julio García Bilbao, que comenzaron a trabajar en su catalogación, restauración y recuperación. Afortunadamente, también, Jesús Orea, era entonces el concejal de Festejos, y mostró una vez más la sensibilidad que le caracteriza, poniendo todos los medios para encargar una completa reparación. Y así, en el año 2000 pudimos celebrar el centenario de estos amigos con todos los muñecos bien “maqueados”.

Mangurrino

Mangurrino es uno de los favoritos de los niños. Es el “cabezudo amable”, que no golpea con fusta // Foto: Ó.C.

En los últimos tiempos incluso hemos incorporado un par de personajes maravillosos a la cabalgata, como son el Mangurrino, ese cabezudo amable que nos recuerda al genuino tipo popular que alegraba las calles de la ciudad hasta su muerte a finales de los 70, y que se me antoja que es el favorito de los más pequeñines, probablemente porque es el único que no pega, sino que sólo saluda. Y más recientemente, hace 7 años, llegaba a la pandilla Don Agapito, un regalo que hizo la peña del mismo nombre a la ciudad, en un gesto de enorme categoría que creo que no se ha valorado lo suficiente. Por mi parte, lo hago ahora públicamente.

Nave Fuerte

Voluntarios se afanan en las naves del Fuerte en poner a punto a la comparsa // Foto: Ó.C.

El otro día pasé por el Fuerte, y vi como la comparsa aguarda ya en sus naves su inminente vuelta a las calles. Allí la cuida un grupo de entusiastas voluntarios que encabeza Raúl Blanco (presidente también de la Junta de Cofradías, dicho sea de paso), y que en estos días anda poniendo todo a punto para que nada falle en su cita con la ciudad. Hay previstas cuatro salidas de los Gigantes y Cabezudos para los próximos días: tres en solitario, y una más dentro del Desfile de Carrozas de este sábado. Y echando un vistazo a los muñecos, he de decir que quizá va siendo hora de que, 14 años después de su última puesta a punto, el Ayuntamiento tenga de nuevo un pequeño gesto para con estos amigos de cartón, cuya pintura vuelve a necesitar un repaso que los haga lucir en todo su esplendor. Quizá también sea momento de incorporar algún que otro personaje nuevo. Otro “tipo de ciudad” convertido en nuevo cabezudo para recuerdo y homenaje. El añorado Pepito Montes tiene todas las características para ser bienvenido a esta pequeña parada de cariñosos monstruos.

Nosotros, los vecinos de Guadalajara, tenemos una deuda con los Gigantes y Cabezudos. A cambio de nada, han alegrado a generaciones de arriacenses durante más de un siglo. Por eso les invito a acompañarlos, a disfrutarlos un año más, pero sobre todo, a quererlos, a valorarlos, a tenerlos como algo propio. Son nuestros, son una suerte de icono de pertenencia. Son como ese pañuelo morado cuyo nudo nos ata a la fiesta, y a la tierra.

Felices fiestas, paisanos.

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