Elogio del “Flores”

Cabecera del primer Flores y Abejas, de 1894

Cabecera del primer Flores y Abejas, de 1894

Por Óscar Cuevas

Hace exactamente diez días se cumplía un aniversario redondo, de mucha importancia para la historia local. O al menos, para la historia de la prensa local. Se han cumplido 12 décadas, les decía, del nacimiento de un semanario histórico de Guadalajara como fue “Flores y Abejas” (llamado así entre 1894 y 1990, para posteriormente pasar a ser “El Decano”). Y me entristece enormemente que semejante efeméride haya pasado desapercibida en la prensa local que queda viva, aunque supongo que no es por culpa de nadie en concreto, sino de la propia desaparición del medio.

Digo que me entristece, porque “El Decano” es el lugar donde primero fui feliz en mi vida profesional, donde aprendí y eché los dientes, donde tuve maravillosos compañeros, sabios jefes, y con el tiempo hasta entusiastas aprendices. Es el lugar donde disfruté de la compañía de excelentes periodistas, maquetadores y fotógrafos, que no citaré, porque la lista es demasiado larga, y sobre todo porque no tengo ganas de llorar sobre el teclado. Que no sé yo si lo conseguiré antes de terminar este artículo.

Se cumplen también en estos días cuatro años de mi salida de esa casa. Y tres y medio desde que el semanario en papel tuvo que cerrar su historia, dejando los consabidos daños personales y laborales que se pueden imaginar en un buen puñado de personas. Luego le llegaría también el fin la edición digital, y ocurrió otro tanto.

Pero aunque “El Decano” ya no exista salvo en las hemerotecas o en la caché de Google, para mí sigue siendo mi revista, mi casa. Aunque no tenga ya redacción física ni razón social, “El Decano de Guadalajara” será siempre “el lugar donde nací”, que dijera Antonio Vega. Supongo que mi amor por el “Flores” es de esos que perduran más allá de la muerte, como dijera Machado de Leonor. Y quizá mi nostalgia se agrava porque llevo un año desempleado, y eso angustia. Pero desde aquí proclamo mi ligazón eterna al Flores, a El Decano, donde aprendí mucho (o poco, eso que lo juzgue cada cual); donde trabajé tanto. Donde tanto sufrí y tanto disfruté. Y donde me gané mis primeras habichuelas, que todo cuenta.

Portada del primer número de Flores y Abejas // Foto: Archivo Flores y Abejas

Portada del primer número de Flores y Abejas // Foto: Archivo Flores y Abejas

Pero dejemos de hablar de uno y hablemos de lo que importa. De un “Flores y Abejas” que cuando nació, el 2 de septiembre de 1894, era un semanario “festivo”, literario, del gusto de la época. Y que se convirtió pronto en la principal referencia periodística de la provincia, en el medio más influyente, a años luz de cualquier competidor. Aquel “Flores” de finales del XIX y principios del XX fue un avanzado a su tiempo. En su seno escribieron fundamentalmente gentes de progreso, desde liberales a socialistas, que atizaban duro al rancio conservadurismo. Estuvo a la vanguardia de las reivindicaciones sociales, y era un periódico tan osado que, ya en los años 10 y 20, décadas antes de su abolición, escribía editoriales contra la pena de muerte, cuando nadie se planteaba semejantes cuestiones. En su seno escribieron grandísimas plumas alcarreñas, y aglutinó a lo mejor de la ciudad. Aquí sí me toca citar a los Federico López, Villanueva y Deprit, Luis Cordavias, Alfonso Martín o Miguel Mayoral (me dejo muchos). Y recordar que, cada vez que llegaban los problemas económicos, recurrentes, Santiago Barra (redactor jefe y director de la casa durante décadas, y mi primer mentor profesional) nos decía a los  pupilos que tranquilos, que los fantasmas de esos plumillas del XIX pululaban por entre los escritorios para salvar siempre la situación. Pero ya ves, Santi, que la crisis económica que tan cruelmente ha golpeado a la profesión pudo también hasta con esos letrados y maravillosos fantasmas. Ojalá te sigan haciendo compañía en tu actual aventura digital.

“Flores y Abejas” ya desapareció antes, una vez, durante 22 años nada menos. Cerró en 1936 arrasado por la Guerra. Pero volvió a renacer, en su Segunda Época, en 1958. Ya con un sesgo ideológico completamente distinto al inicial, por comprensibles razones de fuerza mayor. Como no podía ser de otro modo, pasó a ser un medio más del régimen franquista, por dos razones. Por el convencimiento de quienes lo refundaron, pero sobre todo, porque, o era eso, o lo fundaban ellos, o sencillamente no era. Pero quiero significar que, a pesar de la Dictadura y de la afinidad editorial del segundo “Flores” al régimen, el semanario nunca perdió un referente claro: la defensa de los intereses de Guadalajara por encima de cualquier otra consideración, cumpliendo el mandato de los primeros fundadores, que hablaron de llevar siempre a la provincia “en el corazón y en la pluma”. E incluso quince años después, cuando llegaron los tiempos del aperturismo y la Transición, el director, nuestro añorado Salvador Toquero, supo abrir también las puertas de su casa a opiniones que eran radicalmente discrepantes a la suya propia. No todos pueden decir lo mismo.

En septiembre de 1990 el semanario cambiaba su nombre // Foto: Archivo El Decano

En septiembre de 1990 el semanario cambiaba su nombre // Foto: Archivo El Decano

El caso es que la Segunda Época duró hasta 1990. Y fue entonces, de nuevo por el impulso de Salva, cuando el periódico vivió un revolucionario proceso tecnológico, y se convirtió en el primero autoeditado de Guadalajara, abandonando la linotipia, al tiempo que cambiaba el nombre y acogía el definitivo “Decano”. Que no lo era sólo de Guadalajara, que lo era de toda la comunidad autónoma, dicho sea de paso.

Con muchos avatares, esa Tercera Época del semanario transitó hasta 1999, cuando se produjo otro salto en el vacío. Y este ya me cogió a mi dentro, de lleno. El 29 de octubre de 1999 estrenábamos la Cuarta Época transformado un periódico semanal de noticias en una revista de grandes reportajes. Y afirmo que hicimos una excelente revista, un semanario que dio ejemplo de buen periodismo provincial durante casi 12 años, hasta que el 18 de marzo de 2011 se imprimió la última página. De añadido, entre 2007 y 2012, a “El Decano” le nacimos un hijo, “El Decano Digital”, del que me siento especialmente orgulloso.

El Decano de Guadalajara

Primer y último número de “El Decano” en su última versión, como revista a color centrada en los reportajes (29-10-1999 – 18-3-2011)

En fin, todo un periplo a caballo entre tres siglos, del XIX al XXI, que ahora gloso para honrar la memoria particular de lo que fue un guardián de la memoria colectiva. ¿Quizá algún día vuelva a la vida? Ojalá. Me gustaría mucho. Y me gustaría más aún estar ahí para contarlo, que es lo que se supone que tenemos que hacer los periodistas.

Les citaba antes a Antonio Vega, y terminaré ahora tirando de catálogo con otro poeta del pentagrama como Joaquín Sabina. Dice el de Úbeda que “al lugar donde fuiste feliz, no debieras tratar de volver”. Y ya me gustaría a mí siquiera poder intentarlo, don Joaquín. Pero mire, de momento me conformo con haber logrado llegar al final de este artículo sin llorar. Y con brindar porque el 125 aniversario sea con el Flores en la calle.

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