Las apariencias engañan

María Dolores Cospedal inaugura el curso escolar en un colegio de reciente apertura en un pueblo  de Toledo. // Foto: www.albaceteabierto.es

María Dolores Cospedal inaugura el curso escolar en un colegio de reciente apertura en un pueblo de Toledo. // Foto: http://www.albaceteabierto.es

Por Marta Perruca

Me comentaba cierto día un amigo que en política no basta con ser bueno, sino que además hay que parecerlo. Estoy de acuerdo con esta aseveración, pero creo que se ajustaría más a la realidad decir que en política no sólo hay que parecer bueno, sino que también se debería serlo. Hay diferencias importantes entre ambas afirmaciones, puesto que la primera podría entenderse como un principio filosófico, mientras que la segunda, lamentablemente, es más bien un reproche hacia una realidad patente.

Nos guste o no, vivimos en un mundo de apariencias en el que los vestidos de seda convierten a la mona en otra cosa y la realidad disfrazada no es tanto una patraña, sino algo menos mala.

Entonces, ya no se trata de que hayamos llegado hasta el extremo de tener que meter la tijera en algo tan básico como la Sanidad o la Educación (cuestiones que el Ejecutivo del PP prometió por activa y por pasiva que no iba a tocar), sino que se están haciendo reformas para avanzar hacia la sanidad del futuro y a una educación que combata el abandono escolar y garantice la igualdad de oportunidades entre los escolares que estudian en las grandes ciudades y los que lo hacen en las extensas zonas rurales de nuestra región. Esto último, a grandes rasgos, lo decía, esta semana, la presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores Cospedal, junto con otras perlas sobre la importancia de la cultura en el ejercicio de la democracia y lo hacía durante la inauguración del curso escolar en un nuevo colegio que ha abierto sus puertas en un municipio de Toledo, cuando su Gobierno ha cerrado unas 60 escuelas rurales en toda Castilla-La Mancha y mientras los últimos datos de abandono escolar en nuestra región han sido desastrosos, por no hablar del tratamiento que se le está dando a la Cultura. No sé,  a una se le queda la sensación de que las cosas marchan estupendamente para unas cuestiones y se ponen feas cuando de lo que se trata es de pedir sacrificios a los ciudadanos.

Al final la realidad es un escenario, un mundo de ficción en el que los actores políticos interpretan un papel. Sí, podría decirse que en este caso los que gobiernan salen al escenario con el papel de líder sólido, ese cirujano de hierro que dentro de un panorama complicado de grave dificultad, hace reformas para salir de atolladero y embarcarnos en el futuro de esta provincia, de esta región y de este país, frente a esos otros que nos sumirán en el más completo caos.

No voy a entrar en si son buenos o malos actores, si realmente se creen su  papel o si lograrán convencer al auditorio, aunque sé que muchos vamos al cine o al teatro para evadirnos de la realidad y habrá quien necesite agarrarse a algo que le dé seguridad en este momento de incertidumbres, pero lo cierto es que enmascarar el problema no suele ser el mejor camino para encauzar la situación.

No importa, porque sabemos que no se trata de trabajar para sacar a flote nuestra maltrecha economía o garantizar unos servicios sociales básicos, sino que parezca que lo hacen y que además lo hacen bien, o en su defecto, que los demás lo hacen muy mal. Lo importante ahora son las elecciones que se divisan en el horizonte y los votantes a los que tienen que convencer, cueste lo que cueste.

El valor de una imagen

La rata Lola atraviesa corriendo la plaza. // Foto: M.P.

La rata Lola atraviesa corriendo la plaza. // Foto: M.P.

Os presento a nuestra amiga: La rata Lola. Este simpático roedor de importantes dimensiones emergió de una alcantarilla mientras disfrutábamos de un vermú de Ferias en la terraza de un restaurante situado en una de las céntricas plazas de la capital. Cerca del lugar hay, al menos, otros dos restaurantes. El regente del mismo se excusó manifestando que, hace unos días, habían dado parte al Ayuntamiento de la existencia de este visitante indeseado y que, tras su llamada, se presenciaron en el lugar algunos técnicos municipales, pero que, tal y como vinieron, se marcharon sin poner solución al asunto. Viendo esta imagen y con un comentario oportuno e interesado, podría parecer que el local donde nos encontrábamos es un cuchitril que no cumple con los requisitos mínimos de Sanidad o que Guadalajara es un estercolero lleno de inmundicia donde su Ayuntamiento no se preocupa de cumplir con su deber de mantener la ciudad en condiciones aceptables de salubridad. Sin embargo, la realidad es muy distinta. El restaurante en cuestión y los que se encuentran en dicha plaza, son lugares muy dignos y hasta muy apreciados por los paladares guadalajareños, y entre los defectos de Guadalajara, precisamente, no se encuentra el de ser una ciudad sucia.

Hace unas semanas, Castilla-La Mancha Televisión  alertaba sobre un barrio de Marchamalo, donde los vecinos –según afirmaban en un reportaje- conviven con un grupo de jóvenes conflictivos, que ha ocupado un edificio abandonado. La cadena hablaba de inseguridad, drogas, suciedad y de vecinos desamparados ante el problema. Otra cadena, 14 TV, se hacía eco del programa de la televisión pública, ofreciendo una imagen muy distinta. El edificio, al parecer, no está abandonado, se encuentra dentro de la legalidad y pertenece a una peña de la localidad formada por ciudadanos de Marchamalo, padres de familia, que utilizan en local como lugar de ocio y esparcimiento para la celebración de sus fiestas particulares, aprovechando que se trata de un barrio alejado del casco urbano donde, entienden, no se molesta a los vecinos. Afirman que allí conviven con otras peñas de la localidad y que los niños juegan alegremente en la calle sin que se tema por su seguridad y sin miedo a que se encuentren con jeringuillas, tal y como se aseguraba en Castilla-La Mancha Televisión.

Los ayuntamientos de Azuqueca y de Marchamalo, ambos gobernados por el PSOE, han criticado en más de una ocasión el tratamiento que se le está dando a sus localidades desde la televisión pública, esa que se financia con los impuestos de todos y que debería prestar un servicio a los ciudadanos, en lugar de servir a los intereses particulares de un partido político, pero en este mundo de las apariencias parece que todo vale con tal de enmascarar y disfrazar la realidad a conveniencia.

Me atrevería a afirmar que hoy, más que nunca, vivimos una mentira y tenemos que andar constantemente frotándonos los ojos para comprobar si lo que se nos presenta ante las narices tiene que ver algo con la verdad o es otra ilusión, otro disfraz diseñado para esconderla. Entonces, ya no importa ser bueno, sino solo aparentarlo y la política ya no es esa herramienta diseñada para servir a los ciudadanos, sino a un partido y a unas siglas con casi el único propósito de ganar unas elecciones al precio que sea. Pues bien, teníamos un principio filosófico, un reproche y ahora una advertencia: Ya sabéis lo que dicen, muchas veces, las apariencias engañan.

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