El pulso del comercio

Guadalajara volverá a celebrar este fin de semana la Feria del Stock. // Foto: J.Ropero

Guadalajara volverá a celebrar este fin de semana la Feria del Stock. // Foto: J.Ropero

Por Abraham Sanz

El comercio en Guadalajara es un continuo debate. Cada vez que se aborda el tema surgen nuevas teorías, reproches a consumidores y comerciantes así como una tendencia natural a achacar el mal momento que vive este sector en la capital a la recesión económica o a lo ‘apretado’ que todos llegamos a fin de mes. Y quizá, si metemos todo esto en una coctelera y por fin logramos sacar un buen cóctel, demos por fin con la fórmula que permita que las calles de la ciudad se inunden de nuevo de gentío que disfruta de este paseo; o de la simple tarea de ver escaparate pero al aire libre y no encerrado en mamotretos de hormigón, construidos en pro y a favor de las múltiples franquicias que arrasan el mercado.

Dentro del agitar de esta coctelera, si parece haberse encontrado una iniciativa que goza del beneplácito del gentío de la capital. Sustituiremos el hormigón del centro comercial, por las cuatro paredes del Multiusos de Aguas Vivas; pero esta vez los protagonistas de los stands no serán las habituales firmas que copan el Ferial Plaza, sino esas pequeñas tiendas que nutren y dan vida a las calles de la ciudad que, eligen, la Feria del Stock como un punto donde volver a reivindicarse y a reclamar a la ciudadanía su existencia, liquidando a un precio más que rebajado sus existencias. Se trata de la ya conocida Feria del Stock, que tras unos inicios en la plaza de las Cruces, ha encontrado en este pabellón su mejor ubicación tanto por amplitud como por facilidad de acceso para el comprador. Son ya, con esta ocho las ediciones, lo que quiere decir que se trata de una cita ya marcada en rojo por comerciantes y consumidores en el primer fin de semana de octubre, debido al notable dinamismo que aporta a las economías de las pequeños establecimientos de la capital.

¿Y por qué este fluir de gente no se repite con una frecuencia mayor? Esta quizá es la pregunta del millón que no sólo se hacen los propios comerciantes, sino también los gobernantes a los que les gustaría un casco histórico cuyo latir fuera el sonido de los pasos de la gente que pasea por la calle Mayor. Sin embargo, pese a esfuerzos e iniciativas tanto municipales como privadas, ese ir y venir de gente por el centro no se recupera salvo en citas muy señaladas. Poco ayudan ahora –confiemos en que en un futuro sí- el proliferar de obras que buscan adecentar el centro de la capital, pero que complica por tanto el acceso y hace más factible tomar el desvío al otro lado de la A-2 para realizar las compras. No obstante, no me gustaría que el problema se focalizara en las obras que si bien, son molestas, persiguen un fin mayor que es lograr una mejor y más decente imagen de esta zona de la ciudad. Lograr un paisaje que invite a ese paseo, y tras un buen puñado de millones de euros invertidos en ello; hasta el momento sólo se ha logrado maquillarlo, pero no que vuelva a recuperar el pulso.

¿El problema está en un comercio desactualizado? Una respuesta puede ser que sí. Unos horarios poco compatibles con la vida laboral actual; establecimientos con escaparates poco cuidados o la proliferación de tiendas de corte asiático, hacen que haya zonas de la ciudad donde sea poco atractivo salir de compras por la ciudad. Contra esta postura, cabe otra oposición, puesto que en los últimos años, entre los pocos emprendedores –un aplauso para ellos- que se atreven a poner en marcha este tipo de negocios en la ciudad, una de las máximas que emplean es cuidar y mucho su presentación al público; buscar un producto más sofisticado o menos común que lo que podemos encontrar en cualquier centro comercial; e incluso ya se fuerza una mayor flexibilidad horaria. Es decir, ¿está desactualizado? Sinceramente, está en proceso de actualización de cara a los nuevos retos del futuro. Quizá ha tardado o no ha llegado a tiempo lo que ha conseguido que zonas de tiendas emblemáticas como la propia calle Mayor o Virgen del Amparo, hayan caído en un ostensible declive. Aunque, esta readaptación puede lograr reactivarlas si se acompaña de medidas que incentiven regresar a estas calles; que incentive a los ciudadanos a volver a pasearlas a pesar del frío o del calor; que incentive a los comercios y bares a estar abiertos más tiempo porque el gentío existente así lo requiera y así, poco a poco ver como la ciudad renace donde nunca debió morir que es en su casco histórico.

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