Bronco Pleno en la Diputación…

Un momento del Pleno de la Diputación celebrado del pasado martes, 30 de septiembre. // Foto: Diputación de Guadalajara

Un momento del Pleno de la Diputación celebrado del pasado martes, 30 de septiembre. // Foto: Diputación de Guadalajara

Por Marta Perruca

No sé si todavía habrá alguien que, a estas alturas, se rasgue las vestiduras ante la afirmación: “La objetividad no existe”. Es algo que se aprende en primero de carrera, cuando se estudia Periodismo: La objetividad no es más que una Quimera o, en todo caso, una aspiración eterna e inalcanzable, como el horizonte. Y es curioso, porque la sociedad reclama periodistas objetivos y, por lo tanto, algo que por definición es imposible. Lo que se supone que rige la ética de un periodista es la voluntad de serlo, aun asumiendo que tal ejercicio deontológico siempre se realizará desde un punto de vista personal.

De la misma manera, siempre he creído que es también la voluntad lo que marca la diferencia en el desempeño de la actividad política, en este caso, la voluntad de hacer lo que se considera mejor para los ciudadanos a los que se representa, o lo que es lo mismo, la vocación de servicio de la clase política. Y soy consciente de que ambas son verdades de Perogrullo, o como decimos tantas veces en este espacio, de ese sentido común, que hoy en día se ha convertido en el menos común de los sentidos.

Desde mi experiencia personal, si hay un lugar en toda la provincia de Guadalajara donde ambas premisas son realmente complicadas de encajar ese es el Pleno de la Diputación Provincial.

Y es que, al menos a mí, siempre me ha resultado muy difícil informar de lo que realmente interesa a los ciudadanos cuando se trata de un Pleno en el que los elementos predominantes han sido la confrontación entre grupos políticos y las descalificaciones personales y el quid de la cuestión se ha quedado casi relegado a un segundo plano.

“Bronco Pleno para aprobar el servicio provincial de recogida de residuos”. Ayer leía este titular en el digital “Guadaqué” y no puedo decir que me sorprendiera. Lo raro hubiese sido que, con este punto en el Orden del Día, la sesión se hubiera desarrollado en completa paz y armonía y, todavía más difícil, con el acuerdo de todas las partes.

En todos esos años de Plenos Provinciales, si mal no recuerdo, sólo hubo una cuestión de enjundia que lograra la unanimidad de los grupos políticos: El Plan de Carreteras y, si acaso, las medallas de oro de la Provincia a título póstumo a las víctimas del incendio de 2005. Por el contrario, la polémica siempre ha estado a la orden del día, hasta el punto de que una ya no sabía si era noticia que la bancada al completo de un grupo político abandonara el Pleno, como volvía a ocurrir el pasado martes con el grupo socialista antes de la votación de este punto en concreto, o, por el contrario, otra cuestión de bulto.

Y ni qué decir tiene que, dentro de lo razonable, podría ser considerado como un hecho muy grave que la portavoz socialista, María Antonia Pérez León,  llame “sinvergüenza” y “mafioso” al vicepresidente provincial y diputado del Consorcio de Residuos, Lorenzo Robisco, al cuestionar la premura con la que se quiere sacar a licitación la gestión de mencionado servicio, pero siendo sincera, debo admitir que de estar cubriendo la noticia en el Salón Provincial, no sé si tales descalificaciones lograrían que levantase siquiera la mirada del cuaderno.

Hubo un tiempo en el que la oratoria política era mucho más sutil y audaz y podía presumir de hacer uso de la inmensa riqueza del léxico español para descalificar al contrincante. Se me vienen a la memoria aquellas sesiones de una legislatura lejana en las que el entonces diputado popular, Juan Antonio de las Heras, hacía gala de una amplia antología del insulto trasnochado, de la que los descalificativos menos rimbombantes solían ser “cantamañanas”, “soplagaitas” o “pelagatos”. Entonces los insultos al uso eran palabras desterradas e inauditas dentro de los foros políticos, a excepción, claro está, de aquellos términos del castellano antiguo, que sí parecían estar permitidos.

En los últimos tiempos, sin embargo, se ha vuelto demasiado frecuente eso de insultar abiertamente y a la cara a un oponente político, tanto que ya no sorprende a nadie.

El caso es que, finalmente, después de tanta polémica, insulto, reproche, réplica, contrarréplica y diputado ofendido cuesta recordar qué era exactamente lo que se llevaba Pleno, en qué consistía la medida y qué beneficios se supone que iba a traer a los ciudadanos y, por el contrario, aunque ya no me sorprenda,  no termino de comprender cómo algo que, a priori, parecía útil, práctico y bueno para toda la provincia, un servicio que pretende abaratar costes y racionalizar la recogida de residuos, ha acabado de esta guisa, como siempre, con la aprobación con los únicos votos del equipo de Gobierno y enfangado en la polémica.

Y a mí me da por pensar que el problema reside en que no existe una voluntad por hacer las cosas de la mejor manera posible, que quizá sí que existan ciertos intereses oscuros que hayan motivado tan célere licitación, cuando la adhesión de ayuntamientos, según opina el PSOE, es tan baja, o que, por el contrario, la oposición solo busca excusas para no respaldar una medida impulsada por el PP. O tal vez todas estas cuestiones que se me plantean tan solo formen parte de mi propia apreciación personal, porque ya sabéis, la objetividad no existe.

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2 pensamientos en “Bronco Pleno en la Diputación…

  1. Desde mi punto de vista, (no objetivo) ocurre lo siguiente: Ninguno quiere aceptar que el otro haga algo que no se le ha ocurrido a él, menos aún a unos meses de las elecciones. En este caso en concreto, en la noticia se lee que ambos grupos de la oposición piensan que es un buen plan y una buena idea, pero no les gusta como lo hace el otro, porque es “el otro”. Hacen más política para lograr estar “en el sitio” que para favorecer la vida al ciudadano.

  2. Insultos aparte, hay algo evidente, y es que el servicio de marras nace con muy pocos municipios. No tengo ni idea de si se debe a malas condiciones, poca planificación, o qué. Pero a mí también me parecía una buena idea, y me ha sorprendido que nazca tan coja. El resto de los enfrentamientos y salidas de tono… pues me agotan, la verdad.

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