Miedo

Por Ana María Ruiz

Virus del ébola// Foto: CDC.com

Virus del ébola// Foto: CDC.com

El diccionario de la Real Academia Española define la palabra miedo como la “perturbación angustiosa de ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. Y miedo es precisamente la sensación que se ha instalado entre la población a raíz del caso de Teresa Romero, la auxiliar de enfermería contagiada por el virus del ébola ingresada en el Hospital Carlos III de Madrid.

Aunque las autoridades sanitarias lleven semanas tratando de tranquilizar a la opinión pública, es inevitable el temor generado entre los ciudadanos ya que desde el inicio de una de las mayores crisis sanitarias que ha padecido España, la gestión informativa de nuestros dirigentes políticos ha sido caótica. Ellos, que deberían haber sido los encargados de transmitir confianza, se han convertido en los principales causantes de la alarma. Un presidente del Gobierno desaparecido; una ministra de Sanidad que comparece ante los medios de comunicación defendiendo lo indefendible; un impresentable consejero de Sanidad madrileño al que le sobra boca y le falta dignidad; un consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha que dice tenerlo todo controlado pero que no comparecerá ante las Cortes hasta se haya dado respuesta integral al problema; una total falta de previsión en la adopción de medidas preventivas y una improvisación absoluta a la hora de actuar una vez que ha surgido el problema. ¿Así pretenden que los ciudadanos confíen? ¿Así esperan que no cunda el pánico? Eso sí, son raudos y veloces a la hora de culpar a la enfermera por no cumplir el protocolo y a los medios de comunicación por ser alarmistas. Sí señores, así se gestiona una crisis y se tranquiliza a un país. Escondiendo la cabeza debajo del ala y matando al mensajero.

Hospital Universitario. Los primeros en estar asustados son los profesionales sanitarios, precisamente los que deberían estar mejor preparados para hacer frente a un problema de esta magnitud, los primeros en estar expuestos al peligro. Desde el inicio de la crisis sindicatos y demás asociaciones de trabajadores de la salud pública han llamado la atención sobre la falta de formación y de medios en caso de que se produjese un contagio.

En Castilla-La Mancha se ha activado el protocolo del ébola en tres ocasiones: en agosto en Talavera y en septiembre en Villarrobledo y Guadalajara. Afortunadamente, ninguno de los casos sospechosos resultó positivo. El consejero de Sanidad, José Ignacio Echaniz, aseguró entonces y sigue asegurando que “la rapidez y eficacia de la actuación en los tres casos sospechosos producidos en la región hasta el momento demuestran la alta preparación y el eficaz dispositivo de alerta establecido en todos los centros sanitarios” y añade que “el Sescam garantiza que los hospitales de Castilla-La Mancha están preparados para abordar un potencial caso de ébola, tanto con medios humanos como materiales”.

Sin embargo, los trabajadores del sector no son tan optimistas. Sin ir más lejos, la pasada semana comenzaron en el Hospital Universitario de Guadalajara los cursos de formación sobre el manejo del ébola. La sensación de los mismos al salir fue prácticamente generalizada: incertidumbre. Sobre todo en lo relativo a los equipos individuales de protección que se han distribuido en los centros sanitarios. De hecho, los delegados de Prevención de UGT, CC.OO., Sindicato de Celadores y Sindicato Médico han solicitado una reunión urgente con el Comité de Seguridad y Salud del Hospital con el fin de tratar estos asuntos. Así, afirman que el material enviado en agosto consta de un gorro, unas calzas, una mascarilla, unas gafas y dos guantes, material desechable como el que se usa en los quirófanos, por lo que los trabajadores dicen sentirse “engañados”. Las redes sociales están que arden. Numerosos trabajadores de los hospitales de Guadalajara y Villarrobledo han denunciado, tanto de forma anómina como personal, que no están dispuestos a ponerse esos supuestos trajes de protección por mucho que se ajusten a las directrices de la OMS. Se han colgado imágenes del material suministrado junto a comentarios como “que se lo pongan ellos”, “yo con eso no entro, se pongan como se pongan”, “yo me niego, que se expongan ellos”, “”que me echen si quieren pero yo no entro, parecen de coña”,y así un largo etcétera.

Imagen colgada en las redes sociales del material distribuido en los hospitales de Villarrobledo y Guadalajara//Foto: Facebook

Según ha podido saber El Hexágono de Guadalajara de fuentes de toda solvencia, el 8 de octubre, una vez confirmado el caso de la auxiliar del Carlos III, se convocó en el Hospital de Guadalajara un taller sobre el protocolo de actuación y sobre cómo utilizar de forma correcta esta equipación. Dicho taller tuvo una duración de poco más de media hora. Para cualquier aclaración o duda se les remitió a un documento colgado en la intranet del Sescam o a videos de YouTube. Talleres similares se impartieron los días 10 y 13 en los servicios de Urgencias y Medicina Interna. Esta es la formación “especializada” que se ha impartido en Guadalajara. El personal del Hospital Universitario ha pedido a la Dirección que se tomen medidas o, de lo contrario, se negarían a atender un posible caso de ébola en Guadalajara “y nos ampararía la ley porque no tenemos ni los materiales adecuados ni el adiestramiento suficiente para garantizar nuestra seguridad”, señalan las fuentes consultadas  por El Hexágono.

Es verdad que, al día siguiente de esa reunión, se recibió en el servicio de Urgencias un mono completo de nivel 4 pero, según denuncian los trabajadores, no se explicó en por qué del cambio ni se dieron pautas para su correcto uso por lo que no sirve de nada tener un traje especial si no se sabe cómo utilizarlo.

En Atención Primaria los ánimos también andan caldeados. Hubo que esperar hasta el 13 de octubre -cinco días después de que se confirmara el contagio de Teresa Romero- para llevar a cabo las charlas informativas a los supervisores, jefes de guardia y servicios de Prevención de los centros de salud, en los que además se recibieron los llamados “kits ébola” en cajas similares a las que se utilizan para empaquetar folios, e incluso en bolsas de supermercado. Todo un ejemplo de la seriedad con la que ha de tomarse este asunto.

¿Se imaginan ustedes si en estas condiciones el caso sospechoso de ébola registrado en Guadalajara hubiese resultado positivo? ¿Quién hubiera respondido de tanta improvisación? ¿También se habría culpado a los profesionales?

Fotografía tomada en uno de los talleres formativos del Hospital Universitario//Foto: Facebook

Por todo ello, la Plataforma en Defensa de la Sanidad Pública de Guadalajara ha exigido plenas garantías a los responsables sanitarios, así como que se forme adecuadamente a los profesionales expuestos a tratar con casos sospechosos y confirmados por ébola (médicos, enfermeros, auxiliares, celadores y personal de las ambulancias) y que se ponga a sus disposición el material que les proteja debidamente, “por garantías de los mismos, los profesionales y de los usuarios de la sanidad”.

Más información. Y si los profesionales sanitarios están asustados, ya pueden imaginarse las dudas que se han generado entre el resto de la población, que suple la escasez de información oficial con búsquedas en internet -donde han circulado noticias falsas sobre supuestos nuevos contagios-, las noticias de los medios de comunicación -que no siempre son todo lo serias que sería exigible- y las conversaciones de calle, algo sumamente peligroso cuando se habla de una crisis sanitaria de esta magnitud.

No basta con distribuir notas de prensa y colgar casi a escondidas un insulso enlace sobre el virus en la página web de la administración correspondiente, tal y como ha hecho la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. No estamos pidiendo el baño de Fraga en Palomares a raíz de la crisis de las bombas termonucleares; ni Cañetes comiendo chuletones de vaca loca o yogures caducados; ni Echánices bebiendo agua del grifo en Hiendelaencina tras la contaminación de la red de abastecimiento por un vertido de gasoil. Estamos reclamando comparecencias serias, rigurosas y periódicas para informar sobre el ébola que tranquilicen de verdad a los ciudadanos o al menos creen la sensación de que sus responsables sanitarios se preocupan por ellos. Es necesaria una comunicación pública eficaz porque la propaganda a la que nos tienen acostumbrados no vale en casos que afectan directamente a la salud. La ocultación genera miedo y desconfianza.

No puedo acabar mi artículo sin dar un buen collejón a la televisión regional por la payasada que se marcó la pasada semana su subdirectora de informativos, Yolanda Guirado, quien presentó el programa de debate político No Nos Moverán provista de unos guantes, tocándose la cara y espetando: “¿Un simple gesto o un error? Hasta los más grandes, hasta los más valientes, cometen fallos”. Ojiplática me quedé.¿ Es que no hay nadie que ponga un poco de cordura en la TV pública de Castilla-La Mancha? Vergonzoso

 

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Un pensamiento en “Miedo

  1. Cuando un periodista deja de ser objetivo se convierte en un negro, entendiendo el vocablo no como persona de otra raza, si no como el que vende a otro que ha alcanzado la fama su habilidad e ingenio para escribir.
    En El Debate de la 1 de TVE, se ha explicado esta semana la realidad del caso Ébola. El desmantelamiento del Carlos III, por ejemplo, llevado a cabo tiempo atrás, fue un traslado de aparatos, pero la sala en sí estaba tal cual. Su nueva puesta en funcionamiento no fue una improvisación, si no un volver al estado anterior.
    La repatriación, puesta en duda por el periódico El País, es un derecho no solo moral, también jurídico que tienen los ciudadanos en estos casos. Los dos afectados transportados que fallecieron aquí tenían mas que ganado ese derecho. Ese medio, esto es sabido, tiene como negro al PSOE.
    A estas alturas, la enfermera afectada se encuentra con una notable mejoría y eso es, en definitiva, lo importante y lo que nos debe hacer estar alegres.
    Hay, no obstante, una pequeña tristeza de como se ha tratado el caso tanto por la oposición como por cierta prensa. El oficio de aquella es buscar fallos al Gobierno, pero sin dar golpes bajos. El de un periodista, situarse en la objetividad tanto en la opinión como en la noticia. No ha sido el caso de este artículo.

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