La Igualdad de Género, en perspectiva

Viñeta de Forges que ilustra las obligaciones que afronta la mujer dentro de la sociedad. // Foto: http://enredando.webcindario.com/

Viñeta de Forges que ilustra las obligaciones que afronta la mujer dentro de la sociedad. // Foto: http://enredando.webcindario.com/

Por Marta Perruca

La semana pasada se celebraba el “Día de la Mujer Rural” y, aunque sé que llego un poco tarde,  la cada vez más frecuente aparición de noticias de actualidad que ponen de manifiesto la vulneración de los derechos básicos de la mujer y la perspectiva errónea a la hora de interpretar nuestro papel dentro de la sociedad, así como la degradación fortuita o intencionada de nuestra imagen, me han animado a dar forma a este artículo, que he decidido abordar como una especie de trabajo de investigación:

Dicho trabajo podría llevar el título: Manifestaciones y declaraciones poco afortunadas relacionadas con la perspectiva de la Igualdad de Género y los derechos fundamentales de la mujer: Los principales síntomas del retroceso en la lucha por la igualdad y el largo y penoso camino que todavía queda por recorrer

Introducción:

El presente estudio sociológico está realizado desde la perspectiva de la escuela “Perruquista” y para su realización se han utilizado unas técnicas de investigación “de andar por casa”, rigurosamente científicas.  El propósito del mismo no es otro que  abordar el análisis de algunos casos concretos de torpeza política que atentan contra la dignidad y los derechos fundamentales de las mujeres, con el propósito de detectar sus posibles causas y, en definitiva, las incoherencias del sistema y los principales errores a la hora de abordar políticas destinadas a alcanzar la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres.

1. El complejo de superioridad de Arias Cañete y la pervivencia de una visión retrógrada en el papel político de la mujer

Probablemente todos recordaréis las declaraciones que hacía Miguel Arias Cañete (PP) en el programa de Antena 3 “Espejo Público” tras el debate televisivo contra su adversaria política socialista, Elena Valenciano, en las elecciones europeas del pasado 25 de mayo. El entonces candidato manifestó que “el debate con una mujer es complicado. Si demuestras superioridad intelectual o la acorralas, es machista” y añadía que: “Si debato con el señor Rubalcaba nos podemos decir todas las barbaridades, pero con una mujer se interpreta de otra manera”. Arias Cañete estaba convencido de haber ganado el debate, pero entendía que el hecho de que ese cara a cara fuera contra una mujer le había perjudicado, en el sentido de que si empleaba todas sus armas de convicción, se pudiera interpretar su “superioridad intelectual” como “machismo”.

A simple vista, los errores políticos de Arias Cañete son obvios: Si tan preocupado estaba de parecer machista y tan convencido de haber ganado el debate y de su “superioridad intelectual” respecto a su adversaria, está claro que no evitó lo primero y, además, puso en evidencia que tampoco es que sea muy superior intelectualmente, que digamos, porque si el debate le pudo haber sido favorable, de un plumazo, echó por tierra toda la ventaja que le podría haber aportado y se lo puso “a huevo” a su contrincante para sacar rédito político de sus declaraciones.

Por otra parte, este caso concreto pone de manifiesto la existencia de una perspectiva retrógrada de la imagen pública de la mujer, a la que parece que hay que tratar con condescendencia, como si no fuera capaz de afrontar las responsabilidades y consecuencias de la actividad política y ésta fuera una parcela exclusiva de hombres, a la que ellas han entrado por deferencia de éstos.

El problema radica en que parece que no se ha asumido todavía algo tan básico como que las sociedades está formadas por personas, sin importar sus diferencias de género, y que ambos deben formar parte de sus órganos de gestión, puesto que de lo contrario, el 50 por ciento de los miembros  de esas sociedades carecerían de representación.

2. Mónica Oriol: Cuando la mujer se convierte en su peor enemiga y la maternidad se entiende como un obstáculo.

Algo más recientes son las declaraciones de la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol que, ni corta ni perezosa y, acostumbrada ella a sembrar polémicas, manifestaba que prefiere contratar “a una mujer de más de 45 o de menos de 25 años porque como se quede embarazada, nos encontramos con el problema”. Desde luego esta representación femenina en un órgano de poder no resulta ser el mejor aliado en la lucha por los derechos de la mujer, pero al mismo tiempo, es ilustradora del principal obstáculo al que nos enfrentamos las mujeres a la hora de incorporarnos al mercado laboral: La posibilidad de quedarnos embarazadas no se percibe como algo absolutamente necesario y condición suprema de posibilidad de la existencia y funcionamiento de las sociedades, sino como “un problema”.

El sistema no ha terminado de asumir la necesidad de mantener unos niveles óptimos de natalidad que aseguren una tasa de reemplazo generacional. Estamos sumidos en una perspectiva individualista y cortoplacista, por lo que traer hijos al mundo no se percibe como una inversión de futuro, sino como eso mismo: Un problema económico y de producción para el empresario y un obstáculo para el desarrollo de la carrera profesional de la mujer y para su incorporación en el mercado laboral.

Esto se debe, principalmente, a que las políticas en materia de igualdad que se han llevado a cabo en nuestro país, no han sido las más acertadas y a la ausencia de medidas correctoras que igualen las condiciones de la mujer en el mercado laboral, algo que pasaremos a analizar más adelante.

3. El caso del concejal de Hortaleza: Cuando son los propios representantes de los ciudadanos los que no respetan los derechos de las mujeres

La actualidad nos tiene bastante acostumbrados a la aparición de estos supuestos en los que los derechos de la mujer se ven pisoteados. Hace apenas una semana, un concejal de Hortaleza, Ángel Donesteve, despedía a su secretaria porque había cometido la “irresponsabilidad” de tener un hijo y querer conciliar su vida laboral y familiar. El mencionado concejal realizaba las siguientes afirmaciones en el Pleno del Ayuntamiento de Hortaleza: “Los vecinos de Hortaleza se merecen una total dedicación, y doña Delia prefiere conciliar su vida personal y familiar, algo que alabo, pero yo necesito el máximo rendimiento y el máximo número de horas de trabajo”. O sea, que los vecinos de Hortaleza no se merecen una trabajadora municipal que sea madre y que quiera hacer efectivo su derecho a conciliar. Entonces, se supone que tampoco se merecerá una institución que vele y garantice los derechos de las mujeres y, por lo tanto, de la mitad de los vecinos a los que representa.

De nuevo nos encontramos con que la maternidad se percibe como un problema para la persona que contrata, del que se culpabiliza a la mujer. A mí se me ocurre otra perspectiva desde la que enfocar la situación. Mientras que los hombres no puedan parir somos las mujeres las que tenemos la función social, vital y absolutamente necesaria de traer vidas al mundo. Soportamos para ello nueve meses de embarazo y un parto doloroso y el Estado, no conforme con desentenderse por completo del cuidado de la criatura, la única solución que propone es que podamos reducir nuestra jornada laboral, renunciando con ello a una parte considerable de nuestro poder adquisitivo. Por supuesto, la culpa no es del sistema, sino de la mujer que es incapaz de cumplir con sus obligaciones laborales.

4. García Page y los peligros del lenguaje sexista en la política

 Seguro que el coordinador del PSOE en Castilla-La Mancha todavía maldice el día que se le ocurrió utilizar el símil de la chacha y la aspiradora al referirse a María Dolores Cospedal. Por mucho que García Page trate de explicar por activa y por pasiva que sus comentarios se referían a la limpieza política del PP en relación al caso Bárcenas, parece difícil que el socialista pueda quitarse “el muerto” de encima. Y es que, por mucho que el PP haya utilizado estas desafortunadas declaraciones hasta la extenuación, sacándolas incluso de contexto, decir que el caso de los papeles del extesorero del PP, Luis Bárcenas, surge porque los dirigentes del PP “no saben hacer nada sin la chacha” y que  “lo cierto y verdad es que no pienso que Cospedal (secretaria general) sepa pasar la aspiradora”, puede resultar ofensivo al colectivo de las trabajadoras del hogar y vincula a las mujeres con, digamos, una obligación de desempeñar ciertas tareas, como si resultara “intolerable” que una mujer no supiera pasar la aspiradora. Además, a mí me plantea una duda: ¿Habrá pasado García Page alguna vez la aspiradora?

5. Ana Botella: La Superwoman

 Un “hurra” por la alcaldesa de Madrid, que supo pararle los pies al concejal “machista” de Hortaleza y lograr que readmitiese a la secretaria despedida, quisiese ésta o no incorporarse a su puesto de trabajo a las órdenes del susodicho concejal,  después de la que se había armado. Aunque su actitud haya sido la correcta y sus declaraciones no hayan sido objeto de críticas, creo que el punto de vista que esgrimió cuando quiso hacer valer las capacidades de la mujer en el desempeño de su labor profesional pone en evidencia todos los errores básicos en la interpretación del concepto de igualdad e incluso fundamenta el razonamiento de por qué en este país no existe una política de igualdad efectiva.

Después de relatar minuciosamente todas las gestas y hazañas llevadas a cabo como trabajadora, esposa y madre desde el momento en el que se incorporó al mundo laboral cuando tenía 22 años, Ana Botella afirmó que las declaraciones del concejal madrileño “resultan ofensivas, no sólo para mí, sino para todas las mujeres que las hayan escuchado, porque es dudar de la capacidad que tenemos las mujeres para trabajar y a la vez ocuparnos de nuestra casa”.

El error de base de la historia del feminismo en nuestro país es que se ha fundamentado en las capacidades de las mujeres, en lugar de en sus derechos. Ha perfilado una especie de “Superwoman” capaz de incorporarse al mercado laboral, trabajar igual o mejor que los hombres y, al mismo tiempo, hacerse cargo de la casa y del cuidado de los hijos. Es cierto que, en cierta medida, se ha trabajado para desdibujar esos rolles sociales que todavía pesan sobre la mujer, pero la verdad es que todavía queda un largo camino por recorrer.

Desde mi punto de vista, existe un problema muy grave a la hora de interpretar el concepto de igualdad de género. Habrá quien se lleve las manos a la cabeza ante lo que voy a decir, pero por mucho que nos empeñemos, hombres y mujeres nunca seremos iguales. Físicamente, por motivos que saltan a la vista, pero tenemos que reconocer que  tampoco somos iguales en cuanto a nuestras funciones dentro de la sociedad, porque las nuestras, las de las mujeres, son mucho más importantes. La mujer, por tanto, no debe aspirar a una igualdad de derechos, sino de oportunidades, puesto que para que ésta sea efectiva necesitamos unos derechos propios, que se adapten a nuestras funciones y características.

Si está claro que la sociedad no puede prescindir de la mitad de sus ciudadanos, debe contemplar las medidas para que una mujer no sea inferior en la escala social por el simple hecho de ser mujer. Debe asumir y reconocer que la mujer ha estado desempeñando funciones que le competen al Estado y que, en este sentido, éste debe diseñar herramientas para corregir esta cuestión o, en su defecto, compensar a este 50 por ciento de sus miembros. Esas medidas, por lo tanto, no deben ser concebidas como políticas de discriminación positiva, sino como justicia social.

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