Dueños de nuestro hambre

Por Marta Perruca

Últimamente la televisión me da cierto repelús y el mando se ha convertido en esa máquina del infierno que abre la caja de los truenos cada vez que pulso cualquier botón al azar. De verdad que hay momentos en los que necesito el silencio informativo más que respirar, porque una se harta ya de indignarse frente al televisor, de sentirse impotente ante lo que es injusto, porque es injusto, sin acertar a ver ese rayo de luz que nos indica la salida del túnel, si es que la hay.

Tengo un amigo que siempre me dice que las cosas parecen mucho más complejas cuando se observan en medio de la frondosidad del bosque y que, muchas veces, tenemos que salir en busca de un claro para ver los problemas en perspectiva. Desde dentro, perdida en esa maraña de hojas, ramas y sotobosque, lo único que acierto a ver es que estamos dando vueltas en círculo, y que la maleza ha tapado caminos que costó mucho trazar. Veo que la situación actual nos ha condenado a la inestabilidad, a sueldos precarios y a unas condiciones laborales que nos degradan a poco más que esclavos; que se han puesto las baldosas para que la clase alta sea cada vez más poderosa y la clase media, que constituía la condición de posibilidad de nuestro sistema, tal y como lo conocíamos, descienda varios escalones y, para colmo, hemos visto cómo la crisis pasaba factura a los servicios sociales llegando a herir de gravedad a las “intocables” sanidad y educación. Y todo ello, mientras nos señalaban como culpables, porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, cuando realmente eran ellos, los de arriba, quienes estaban reventando las arcas públicas a base de comisiones bajo manga, tarjetas opacas, ERE´s falsos y demás fraudes y corruptelas.

Por alguna razón, siempre que la indignación supura por todos los poros de mi piel, recuerdo la entrevista que Jordi Évole realizó a José Luis Sampedro en el programa “Salvados”, cuando se comenzaba a fraguar todo esto y en la que se le preguntaba, precisamente, por esta afirmación: “De verdad, no se puede vivir por encima de las posibilidades”, decía Sampedro. “Hombre, a lo mejor a base de créditos, uno sí que puede vivir por encima de sus posibilidades”, respondía Évole. Precisamente, “utilizando las posibilidades, que son el crédito, ya no vivo por encima de las posibilidades, sino que aprovecho las posibilidades”, argumentaba el economista y escritor.

Así que de esta manera llegamos a la conclusión de que no somos culpables y, sin embargo, hemos tenido que pagar los platos rotos y aún seguimos haciéndolo, mientras los que sí que han sido responsables salen reforzados. Y así surgen del suelo otros árboles, con sus frondosas ramas repletas de hojas y crecen las enredaderas y las zarzas y matojos,  por doquier, haciendo el bosque cada vez más profundo e impenetrable, hasta tal punto que a una le entran ganas de gritar como Mafalda: “Paren el Mundo que yo me bajo”.

Cuando eso sucede, no nos queda otra que dejar de caminar en círculos para correr en una única dirección en busca de un claro que nos permita ver todo el problema en su conjunto, desde fuera, porque lo cierto es que, muchas veces, crisis y oportunidad son las dos caras de una misma moneda.

Pues sí, hay nubarrones en el cielo, pero hasta el más espeso manto de nubes deja escapar de vez en cuando un rayo de sol y, por algún motivo, ese instante de calor es infinitamente más placentero y gratificante que los intensos baños de sol estivales en las playas de Levante (o en las que sean).

¡Qué genial era José Luis Sampedro! En esa misma entrevista para Salvados, rescataba un fragmento de un libro de Salvador Madariaga: una especie de fábula en la que un cacique trataba de comprar a un pobre campesino por dos duros y este se los tiraba a la cara manifestando: “En mi hambre mando yo”.

Quizá esta crisis nos haya devuelto un poco de esa dignidad y no haya ya quien gobierne en el hambre de muchos de los que ahora mandan en las iniciativas que han decidido llevar a cabo. Quizá sigan siendo pobres, pero son dueños de su destino.

Un momento de la presentación de la I Guía de Árboles y Arboledas Singulares de la Comarca de Molina de Aragón y Alto Tajo. // Foto: M.P.

Un momento de la presentación de la I Guía de Árboles y Arboledas Singulares de la Comarca de Molina de Aragón y Alto Tajo

La semana pasada estuve en la presentación de la “I Guía de Árboles y Arboledas Singulares de la Comarca de Molina de Aragón y Alto Tajo”,  fruto de un proyecto llevado a cabo la Asociación Nacional Micorriza. Esta asociación está formada por un equipo multidisciplinar de jóvenes, en su inmensa mayoría del Señorío de Molina de Aragón, todos ellos con formación universitaria, que al acabar la carrera y constatar las escasas oportunidades que les ofrecía el mercado laboral no se resignaron a quedarse de brazos cruzados y decidieron tomar las riendas de su destino.

El proyecto es cuanto menos interesante. Os invito a echar un vistazo a su página web www.micorriza.org. Estos chavales no solo se han embarcado en un proyecto propio y muy ambicioso, sino que han apostado por su tierra, esa de la que la gente se ha marchado durante décadas debido a la falta de oportunidades.

Detalle del Roble de las Ermitas en Olmeda de Cobeta. // Foto: M.P.

Detalle del Roble de las Ermitas en Olmeda de Cobeta. // Foto: M.P.

La I Guía de Árboles y Arboledas Singulares ha rescatado del olvido los principales ejemplares de árboles y arboledas singulares de esta comarca, entre los que destacan el chozón sabinero de Escalera, un ejemplar único en Europa, al tratarse de una construcción que se sirve de un árbol vivo como pilar central de la misma; o el Roble de las Ermitas de Olmeda de Cobeta, cuyo tronco se abre por las dos caras en sendas cavidades para albergar dos altares opuestos. El proyecto ha quedado en el primer puesto de las votaciones en Internet para el Premio CONAMA 2014 a la Sostenibilidad de Pequeños y Medianos Municipios, que se entregará en el próximo Congreso Nacional de Medio Ambiente, entre el 24 y el 27 de noviembre, en el Palacio de Ifema (Madrid).

Pero esta iniciativa solo es la punta del iceberg. Esta asociación desarrolla otro tipo de proyectos dirigidos a la recuperación de cultivos autóctonos que se han perdido; la restauración de fuentes y manantiales o la elaboración de un archivo audiovisual etnográfico con los testimonios de nuestros mayores sobre los usos, costumbres y tradiciones de nuestros pueblos.

Además, ofrecen sus servicios para el desarrollo de proyectos de custodia del territorio y responsabilidad corporativa, entre otros y, hoy en día, pueden felicitarse por haber conseguido su primer contrato para la dinamización de la Mancomunidad de la Sierra, con la creación de un sello de calidad para promocionar los productos agroalimentarios de la zona.

Todavía les queda un largo camino por recorrer para que este proyecto se consolide y pueda, quizá, convertirse en una pequeña empresa que constituya una alternativa laboral sólida, pero lo cierto es que, como muchos guadalajareños, estos jóvenes han decidido ser dueños de su hambre y coger las riendas de su destino.

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