Los niños de la recesión

Imagen de la campaña contra la pobreza infantil llevada a cabo por la ONG Educo.//Foto: Educo

Imagen de la campaña contra la pobreza infantil llevada a cabo por la ONG Educo.//Foto: Educo

Por Ana María Ruiz

Cojo prestado como titular para mi artículo el nombre que Unicef ha dado al estudio que hizo pública la pasada semana sobre “El impacto de la crisis económica en el bienestar infantil en los países ricos”, escrito por Gonzalo Fanjul, cuyas conclusiones son realmente descorazonadoras y preocupantes. La ONG llama la atención sobre el hecho de que en los países del llamado “Primer Mundo”, los niños son los que han sufrido y sufren la crisis más que cualquier otro grupo social y quienes padecerán sus consecuencias por más tiempo. Así, en 23 de los 41 países objeto de estudio -entre ellos España- la pobreza infantil ha aumentado de forma alarmante desde 2008: alrededor de 76,5 millones de niños viven en situación de pobreza en los países más ricos. En España se ha pasado de una tasa de pobreza infantil del 28,2% en 2008 al 36,3% en 2012, conviertiéndose en el cuarto país de la UE con la tasa más alta sólo por delante de Grecia (40%) y Letonia (38,2%).

Y si estos datos le dejan a uno verdaderamente helado, los publicados por la ONG Educo ponen los pelos de punta porque no auguran un futuro nada esperanzador: la tasa de riesgo de pobreza en España está creciendo a pasos agigantados llegando al 31,9% y al 36,9% en Castilla-La Mancha, que encabeza la lista nacional. Desde la organización se informa que 2,5 millones de niños españoles viven en contexto de pobreza, medio millón más que en 2007. El 25% de ellos están malnutridos y 200.000 no pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado. Además, un 39% de las familias con hijos no llegan a fin de mes y hay niños en España que no reciben ni una comida saludable al día. Según los datos de la última Encuesta de Condiciones de Vida del INE, en Castilla-La Mancha hay 200.000 niños que no comen adecuadamente, 20.000 de ellos en la provincia de Guadalajara.

No hay que olvidar que detrás de estas cifras hay niños y niñas para los que la vida se ha convertido en pocos años en una verdadera carrera de obstáculos. Niños y niñas que han pasado de tener una vida confortable a cambiar el comedor familiar en el que a diario se compartían risas y conversaciones despreocupadas por la silla de un comedor escolar o social, que se ha convertido en el único lugar en el que recibir una comida medianamente saludable al día. Niños y niñas que han pasado de las meriendas que anunciaban una divertida salida al parque por unas tristes bolsas de plástico en las que un bocadillo y un zumo proporcionados por una ONG o un ayuntamiento pasarán a ser la cena y el desayuno del día siguiente.

Y estos niños y niñas no sólo padecen las consecuencias de una escasa y pobre alimentación que tiene nefastas consecuencias para su salud, sino que además se ven inmersos en una espiral de problemas derivados de su situación de pobreza: tensiones y problemas familiares a causa del paro y de la falta o reducción de ingresos, fracaso escolar, estrés, rechazo, soledad, incomprensión y un largo etcétera que, según alertan las organizaciones que trabajan más de cerca con ellos, tendrán consecuencias irreparables en su desarrollo futuro. En definitiva, un sufrimiento al que no podemos permanecer ajenos. No por ser niños asisten indiferentes y sin preocupaciones a esta situación. Sienten la crisis, la padecen y son sus víctimas más inocentes.

Como madre, no soy siquiera capaz de imaginar qué ocurriría si un día no tuviera qué dar de comer a mi hija, no pudiera pagarle el material escolar y me viera obligada a decirle que no puede realizar actividades extraescolares o ir a una excursión con sus compañeros o que vamos a pasar frío este invierno porque en casa el dinero no llega para la calefacción. Cómo le explico que nos van a echar de nuestro hogar porque nos han deshauciado, que tiene que meter todos sus libros y sus juguetes en una caja de cartón y que no sé dónde vamos a vivir. Me pongo en el lugar de esos padres y se me rompe el corazón.

Y no piensen que es mera sensiblería. Son situaciones que se producen a diario en cientos de hogares de toda España. Seguro que recuerdan el anuncio del “bocadillo mágico” de Educo que se ha emitido por televisión, en el que una madre le dice a su hija que se imagine lo que hay dentro del pedazo de pan que le da para comer. Pues bien, está basado en un caso real ocurrido en un colegio de Gerona, donde una niña de una familia catalana con dificultades económicas sacó en el recreo un trocito de pan y cuando la profesora le preguntó si no llevaba nada dentro ella le contestó que estaba relleno de algo mágico que debía imaginar. Así de simple y así de duro.

 

Plan Integral. Tanto desde Unicef como desde otras organizaciones como Cáritas, Educo, Intermón-Oxfam o Save The Children se está llamando la atención ante las graves consecuencias del crecimiento de la pobreza infantil. Se insiste en que las administraciones han de redoblar esfuerzos porque España está a la cola de Europa en la adopción de políticas sociales dirigidas a paliar este problema. Aseguran que los recortes en este área por parte del Gobierno español han incrementado la desigualdad y el riesgo de exclusión social. El porcentaje del presupuesto destinado a la protección de las familias y la infancia se redujo del 5% al 3,5% entre 2008 y 2011. Durante los tres últimos años, en Castilla-La Mancha la tijera se ha llevado por delante 300 millones de euros anuales en políticas sociales destinadas a ayudar a las familias más necesitadas.

Todas las ONGs claman por la urgencia de alcanzar un pacto nacional contra la pobreza infantil con un planteamiento integral, en el que se destinen recursos no sólo a programas de alimentación, sino educativos, socio-sanitarios, de integración, de inserción laboral, etc. En la actualidad estas organizaciones se encuentran desbordadas por las solicitudes de ayuda y no olvidemos que es al Gobierno a quien compete poner freno a esta situación vía presupuestos.

Por poner un ejemplo, a nivel local, Cáritas de Guadalajara atendió en 2012 a cerca de 7.500 personas. De ellas, 3.000 a través de su restaurante solidario y 1.000 en el supermercado solidario. Su perfil: desempleados, inmigrantes y, casi la mitad, familias con hijos: “Hace cinco años, Cáritas atendía a transeúntes e inmigrantes principalmente, ahora cada vez más a padres de entre 35 y 50 años, sin trabajo desde hace más de dos años, que no pueden pagar la hipoteca y están a punto de quedarse en la calle con sus hijos. Hoy, cualquiera puede acabar en esta situación”, afirma el vicario de Pastoral Social de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara y presidente territorial de Accem, Braulio Carlés.

En cuanto a las administraciones, el Ayuntamiento de Guadalajara, a través de las concejalías de Familia y Bienestar Social, desarrolla también varios programas de ayuda familiar. Así, de las 4.000 citas atendidas a través de sus Servicios Sociales, 335 fueron de familias con hijos menores de 16 años, beneficiarios del programa de los desayunos solidarios saludables que se lleva a cabo en colaboración con los centros escolares de la ciudad. Estas ayudas se complementan con 304 tarjetas monedero para la adquisición de productos frescos, perecederos y de higiene en Mercadona, Eroski y El Corte Inglés. Y como el de Guadalajara, la práctica totalidad de los ayuntamientos de la provincia dispone de programas de apoyo a las familias. Sin embargo, se ha demostrado que esto no es suficiente. Las instituciones públicas deben tomar conciencia de que la pobreza infantil es una realidad creciente. La solución no puede reducirse a la política de la caridad ni a la vuelta a la “cartilla de racionamiento”. Nuestros gobernantes tienen que bajar de su pedestal y comprobar a pie de calle el drama que se vive a diario en cientos de hogares de España, de Castilla-La Mancha, de Guadalajara.

Precisamente este fin de semana se celebra en la capital el III Consejo Estatal de la Infancia y la Adolescencia en España, organizado por la Plataforma de la Infancia, Unicef, el Ayuntamiento y la Diputación. Participan más de 3.000 niños llegados de todo el país. Señores políticos, no vayan sólo a hacerse la foto. Escúchenles. Seguro que a ellos se les ocurren muchas formas para empezar a diseñar un futuro mejor para los niños y niñas de este país.

Y estos “señores”, ¿de qué se ríen?. En el año en que se cumple el 25 aniversario de la Declaración de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia, el horizonte podría ser esperanzador. Sin embargo, algunos políticos se empeñan día tras día en demostrarnos su total falta de sensibilidad. Durante el turno de intervención del líder del PSOE en el debate de los Presupuestos Generales del Estado para 2015, Pedro Sánchez llamó la atención sobre el problema de la creciente pobreza infantil en nuestro país. En la bancada del PP, del partido en el Gobierno, muchos de sus diputados comenzaron a reírse y a mofarse con un “Oooooh” ante estas afirmaciones, una actitud que, personalmente, me provocó naúseas. Estos “señores” y “señoras”, muchos de ellos padres de familia, se burlaron sin ningún pudor de una realidad que a ellos les queda muy lejos y que no ven desde sus fiestas llenas de confeti, sus lujosas viviendas y sus potentes vehículos con chófer. ¿Qué podemos esperar de estos personajes? Lamentablemente, nada.

 

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Un pensamiento en “Los niños de la recesión

  1. Escalofriante por lo real de la situación. Te felicito por el artículo Ana y espero que desde corresponda se tomen las medidas necesarias para acabar con estos dramas. Están nuestros políticos muy “atareados” llevándoselo crudo, de viajecito en viajecito a Suiza, no les queda tiempo para ocuparse de estas “nimiedades”. Que la vida les devuelva lo que dan.

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