Los frutos del bosque

En Soria se han puesto en macha iniciativas que regulan la recogida, pero también la venta, como Mercasetas. // Foto: Concha Ortega (www.desdesoria.es).

En Soria se están poniendo en macha iniciativas que regulan la recogida de hongos comestibles, pero también la venta, como Mercasetas. // Foto: Concha Ortega (www.desdesoria.es).

Por Rubén Madrid

Dice la Guardia Civil que está “desbordada” y que este otoño le están saliendo como hongos después de la lluvia los recolectores ilegales de setas. Habrían dado aviso incluso a la Delegación del Gobierno para decir que no pueden evitar el expolio de nuestros bosques, sobre todo los de las provincias más seteras de la región, Guadalajara y Cuenca.  Y añaden los empresarios del sector de todo el país algo que muchos sospechan ya en los pueblos de nuestra provincia, que llegan autobuses enteros de temporeros que invaden nuestras arboledas, rastrillan arrasando el suelo y hacen su agosto en noviembre convirtiendo en suyo lo que no es de nadie, o que, por ello mismo, debería ser de todos.

El crimen que provocan es grave, porque no sólo se llevan las setas (ahí están, para quién aparezca primero) sino que sus prácticas de recogida, con rastrillo, con bolsas de plástico, rompen el equilibrio ecológico que permite que al año siguiente los hongos vuelvan a brotar como desde la noche de los tiempos viene dictando la madre naturaleza.

En Guadalajara siempre ha habido mucha afición a la recogida de setas, de modo que no voy a venir yo aquí a recordarles la enorme riqueza y cantidad de hongos que atesoran nuestros montes. Pero, del mismo modo que también nos gusta mucho jugar al mus pero nadie monta un casino, tampoco le hemos querido ver la oportunidad negocio al sector. Han tenido que venir estos recolectores furtivos con sus furgonetas para que tomemos conciencia de lo valiosos que son los frutos del bosque. Hasta ahora en nuestros pueblos, durante décadas, hemos escogido entre la resignación de unos y, allí donde pudieron, la inclinación del pescuezo para recoger el chorreo de dinero fácil que dejaban las eléctricas con las centrales y los molinos.

La regulación. Este año se ha puesto en marcha un contrato agroalimentario entre el propietario forestal y los recolectores de setas y se han presentado en Hacienda varias propuestas, en un intento de regular la recogida de setas en nuestro país y de poner coto a la llegada de temporeros que sí han advertido la opción de hacer negocio con las setas comestibles. La cuestión no es fácil, sobre todo porque hay que orquestar reglamentos que permitan la recogida aficionada y la profesional, a la vez que impidan por supuesto las prácticas ilegales.

Ante la pasividad casi generalizada que ha habido hasta el momento por parte de la Administración regional, en algunos municipios ya han hecho la guerra por su cuenta, siguiendo ejemplos que nos llevan casi una década en pueblos de Soria, por no ir más lejos: ha sido el caso de Cogolludo, que ha puesto en marcha una licencia de recogida por cinco euros al día, 30 para empresas.

Se habla mucho de la puesta en marcha organizada de cotos micológicos y se buscan los mecanismos para orquestar la recolección aficionada y la profesional. El asunto no es nada nuevo, porque sale a menudo por estas fechas, pero solemos olvidarlo porque en realidad se trata de eso, de un fenómeno de temporada. Dice ahora el Gobierno regional que prepara un decreto para regular la recogida, pero eso mismo dijo el gobierno socialista hace precisamente cuatro años sin que finalmente sacase adelante una normativa para el territorio regional.

Coto de setas que regula la búsqueda en un bosque burgalés. // Foto: Óscar Cuevas.

Coto de setas que regula la búsqueda en un bosque burgalés. // Foto: Óscar Cuevas.

En la provincia de Soria nos llevan casi diez años en esto y hay proyectos que no sólo se preocupan por la recogida, sino también por la comercialización, como demuestra el interesante proyecto de Mercasetas. Aquí en Guadalajara hay voces, alcaldes serranos, delegados de la Junta como lo fue Sergio Cabellos o periodistas como Raúl Conde –no dejen de leer su detallado diagnóstico de cada año, como él mismo dice- que llevan años pidiendo que la práctica quede reglada de manera que la búsqueda de setas, que no son sino un aprovechamiento forestal más, pueda revertir en los municipios y garantice una práctica sostenible, tanto para quienes recolectan como aficionados como para quienes quieran impulsar a partir de ella un negocio. Habrá que debatir qué tipo de reglamento resulta más conveniente, pero a estas alturas de la película la regulación cae ya por su propio peso y se está generalizando en numerosos puntos del país sin que en nuestra Guadalajara, tan aficionada al hongo, le hayamos puesto coto al asunto.

Desarrollo sostenible. Todavía resuenan los ecos de la manifestación del sábado en las calles de Guadalajara. Cinco plataformas y cuatro sindicatos reunieron en torno a 2.000 ciudadanos para exgirir el fin de las políticas de recortes en la provincia. Aunque esta marea fue de las más heterogéneas que hemos podido ver en esta legislatura caliente en  movilizaciones, fueron la Plataforma de la Sierra Norte y La Otra Guadalajara las que impulsaron la protesta. Por fin (y deberían ir de la mano muchas más veces, porque reclaman lo mismo) los serranos de uno y otro lado de la provincia se unían. Y, más allá del clamor contra los recortes educativos, sanitarios y demás, la chispa que encendía su voz era la misma: su reacción compartida contra el despoblamiento de muchos pueblos y aldeas de sus comarcas.

Cabecera de la manifestación del sábado 'Defiende tu tierra, defiende tus derechos'. // Foto: Guadaqué.

Cabecera de la manifestación del sábado en Guadalajara, ‘Defiende tu tierra, defiende tus derechos’. // Foto: Guadaqué.

No hace mucho el diario El País nos lanzó a la cara en pleno domingo un reportaje en el que nos decía lo que tantas vecemos hemos dicho en la prensa provincial, que todos los indicadores -densidad de población por habitante, municipios de menos de cien habitantes- nos dejan en situación de alarma por despoblación, aunque la cifra global de crecimiento en la provincia siga enmascarando este fenómeno a causa de los números de los municipios del Corredor.Y leíamos en estas páginas lo que otros acuñamos en los denostados papeles de nuestra prensa local: que Molina es la Siberia de Iberia. Pero es que lo que se dice de Molina se puede decir, con igual o más motivo, en El Cardoso de la Sierra, en la otra punta (y nunca mejor dicho) de la provincia.

Esta doble realidad, la que se llamó la Guadalajara de las dos velocidades, los polos positivo y negativo del crecimiento conforme nos aproximamos a Madrid o a Teruel, no son así porque sí. Y aunque no vamos a resolver aquí en “dos patás”, como decían los cómicos de Gomaespuma, todo el complejo y largo diagnóstico sobre la despoblación en nuestro universo rural, sí queremos destacar la importancia que tiene el modelo económico que adoptemos para que el medio rural sea un lugar con oportunidades laborales e inversiones en infraestructuras: son estas, y no otras, las verdaderas recetas mágicas contra la despoblación.

Inversiones y oportunidades. Las inversiones siempre quedan relegadas en nuestros pueblos. En tiempos de escasez, como los actuales, porque no hay partidas para obra real. Pero en tiempos de vacas gordas, también. Porque un modelo de desarrollísmo desaforado basado en el ladrillo, como el que hemos tenido, con crecimientos exponenciales en los municipios del Corredor, derivan el despliegue de infraestructuras precisamente allí donde se multiplica la población. Y también entonces, con presupuestos opulentos, el medio rural queda relegado a un segundo plano.

Entre los crecimientos desproporcionados de los pueblos del área metropolitana de Madrid y la escasez de nuestras siberías provinciales cabe un modelo de desarrollo sostenible que marque unos tiempos adecuados de llegada de nuevos pobladores, que posibilite la respuesta adecuada de las administraciones con las inversiones que se hagan necesarias y que pueda ser sostenido en el tiempo. Y la puesta en marcha de una ‘economía verde’ sigue siendo, mientras nadie diga lo contrario, la solución más adecuada para combatir lo que el diario nacional llamaba “la España terminal”.

Es aquí donde los aprovechamientos de los recursos propios y su conservación para hacerlos duraderos resulta imprescindible. Todavía estamos esperando que las administraciones apoyen decididamente las oportunidades de negocio basadas en los recursos locales, que respalden e impulsen sellos de calidad, que tejan redes para mancomunar servicios, que pongan en marcha, en definitiva, verdaderos planes de desarrollo rural que vayan más allá de las ayudas preelectorales para empresas como la que acaba de anunciar Cospedal. Me dirán quienes se manifestaron el sábado, y con mucha razón, que no cabe esperar esta voluntad de despegue para el medio rural de quienes incluso han cerrado escuelas rurales o pretendían acabar con las urgencias en muchos centros de salud.

En Guadalajara hay setas y no debemos esperar a que venga una banda de foráneos en furgoneta para llevárselas para darnos cuenta que ahí hay negocio. Mucho o poco, pero hay. Como lo hay en la trufa. Y en la biomasa, que es rentable en tantos puntos de esa Europa que para tantas cosas tomamos como modelo. La limpieza de los montes es según los sindicatos y plataformas como La Otra Guadalajara uno de los principales nichos de empleo de esta provincia. Tenemos -y si no, hay que buscarla- una artesanía propia, una ganadería que nos distingue y unos productos que conforman una gastronomía propia. Y hay manos y talentos dispuestos a radicarse en el campo para trabajar sin afán de enriquecerse pero sí de asentar en los pueblos un proyecto rural. No esperemos a que venga El País a hacernos otra vez el diagnóstico, ni tampoco nos echemos las manos a la cabeza si pasado mañana vienen cuatro rumanos a llevarse la leña del bosque.

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Un pensamiento en “Los frutos del bosque

  1. Estuve este fin de semana en la Selva de Irati y vi una idea que me gustó y creo que sería bien útil aquí. el aparcamiento donde uno deja al parque para pasar al Parque cuesta 5 euros, pero si has gastado más de 15 euros en los comercios u hostelería de la zona, sólo pagas 2. Esto lo gestiona directamente la Junta de Municiipios del Valle (no la comunidad autónoma ni similares), y el dinero va basicamente para pagar mapas, y al personal que atiende en la zona. Así favorecen la entrada de recursos y la creación de empleo entre gente de la zona, y el consumo en esa zona. Y digo yo, ¿no se podría hacer lo mismo en torno a las setas en nuestros municipios tan despoblados y necesitados de ingresos? Pero eso sí, siempre que revierta directamente en ellos, porque el tasazo que hoy te cobran en el Hayedo por aparcar no me vale como ejemplo que las prioridades de la Junta ya las conocemos: pagar asesores y a empresas que se lucran con lo que es de todos.

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