Reflexiones desde el Sur

La misionera y médico guadalajareña Rosa Muñoz, en Costa de Marfil, junto a hermanas de la congregación de Santa Ana.

La misionera y médico guadalajareña Rosa Muñoz, en Costa de Marfil, junto a hermanas de la congregación de Santa Ana.

Por Rosa Muñoz*

Vivimos en una realidad cambiante: Cuando nos levantamos no sabemos qué ocurrirá a lo largo del día. Pero es verdad que en Abidjan (Costa de Marfil) en estos momentos se respira paz, tranquilidad. Se están construyendo puentes, mejorando carreteras. Es verdad que nos gustaría que las gentes, y sobre todo los jóvenes, tuvieran trabajo, que pudieran disfrutar de una vida digna, que las calles estuvieran más limpias, que “l’emergence” de la que tanto se habla, supusiera desarrollo en todos los sectores. Y es verdad también que los musulmanes y los católicos bien en paz: El otro día asistimos a una boda en la que un musulmán convertido al catolicismo se casaba con una católica y recordé a las gentes del EI, tan de moda últimamente.

Es verdad que tenemos el ébola en los países limítrofes -Liberia, Guinea y Sierra Leona-, que el presidente del país vecino, Burkina Faso, ha sido expulsado del Gobierno y se ha venido a refugiar aquí, pero vivimos en paz. Las gentes lo que buscan es poder trabajar, comer, poder curarse y vivir en paz.

La estructura sanitaria en Costa de Marfil está bien organizada y aunque no es perfecta, desde hace muchos meses, casi un año, cuando se empezó a hablar de ébola, se fueron tomando las medidas necesarias: no comer cierto tipo de animales, prohibir su venta, poner cubos con grifos y agua, con jabón y papel para secarse las manos a la entrada de todos los edificios oficiales, oficinas y universidades, no establecer contacto físico, no darse la mano en las grandes asambleas, formación del personal sanitario, formación en los colegios… Ha existido sensibilización pero no miedo, todo se ha vivido con humor e intentando desdramatizar, que es como se viven la mayoría de las cosas. Hasta ahora no se ha publicado la existencia de ningún enfermo infectado por ébola en el país. Se sigue manteniendo el estado de alerta y se conservan las medidas preventivas.

Es una epidemia que ha despertado múltiples preguntas, al mismo tiempo que ha puesto al descubierto lo mejor y lo peor del ser humano, en todos los países y en los distintos lugares por los que ha pasado, ha hecho a cada uno a reflexionar sobre su actitud de cara a todas las situaciones que se han creado.

Desde aquí mi agradecimiento y mi reconocimiento a todas las personas sanitarias y no sanitarias que se han implicado en la ayuda a los enfermos, los que han dejado su vida en el surco y los que siguen con vida afortunadamente. Los que en el país siguen intentado que la vida siga adelante y los que desde fuera siguen ayudando.

La misionera y médico Rosa Muñoz. // Foto: Ecclesia

La misionera y médico Rosa Muñoz. // Foto: Ecclesia

No olvidemos a esos países que siguen luchando contra esta plaga y que una vez que la enfermedad se controle quedaran reducidos a la más absoluta miseria, ¿Cómo quedará la organización del país? ¿Escuelas? ¿Hospitales? ¿Estructura política? ¿Instancias oficiales? ¿Con qué personal se podrá contar para volver a poner en pie todo lo que ha sido destruido? ¿Y cómo quedaran las personas? ¿Cuántas heridas no habrá provocado esta situación? ¿Y los huérfanos? La historia se sigue repitiendo, vivimos un momento apasionante y tenemos la posibilidad de aprender de los errores cometidos. Como decía Gandhi: “¡O vivimos todos como hermanos, o moriremos todos como idiotas!”.

*Rosa Muñoz nació en Guadalajara hace 50 años. Es miembro de la congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, en cuyo colegio, en nuestra capital, estudió la Primaria y el Bachillerato. Después cursó medicina en la Universidad de Alcalá de Henares y Medicina Tropical en Barcelona. En 1994 conoció África y desde entonces ha ejercido allí la Medicina de forma continua. Primero estuvo en Ruanda, después en El Congo, y actualmente en Costa de Marfil. Su misión no ha sido fácil, y entre otras visicitudes, fue secuestrada junto a otras misioneras de su congregación durante la guerra de Ruanda. En estos años ha vuelto periódicamente a Guadalajara, y aunque no es muy amiga de los actos públicos, en 1998 fue la encargada de pronunciar el pregón navideño en Guadalajara. Ese mismo año recibió el premio de Valores Humanos de la Asociación de la Prensa de Guadalajara y en 2012 el premio de la fundación Siglo Futuro por su trabajo con los más necesitados.

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