El Infantado, patrimonio de Guadalajara ¿Y de la humanidad?

Postal del Palacio del Infantado antes de la Guerra Civil. // Foto: http://perso.wanadoo.es/jarecio/album/Guadalajara/

Postal del Palacio del Infantado antes de la Guerra Civil. // Foto: http://perso.wanadoo.es/jarecio/album/Guadalaj ara/

Imagen del Palacio del Infantado después de la Guerra Civil. // Foto: http://humanidadestoledo.uclm.es/

Imagen del Palacio del Infantado después de la Guerra Civil. // Foto: http://humanidadestoledo.uclm.es/

Por Marta Perruca

Mi padre suele relatar que cuando él hizo la mili, allá por el año 55 del siglo pasado, el cuartel se encontraba frente al Palacio del Infantado y los militares custodiaban la llave de unos sublimes restos abatidos por los bombardeos, durante la Guerra Civil. Cuenta que en su patio interior yacían los leones derrotados en el suelo y que al atravesar el umbral de la puerta se encontraban con un cielo abierto. Sin embargo, la belleza de esos restos seguía atrayendo a un buen número de curiosos y visitantes.

El aspecto actual del edificio más emblemático de Guadalajara se debe a la reconstrucción que se abordó a principios de los años 60, cuando fue cedido a la Diputación Provincial para realizar un gran proyecto museístico, iniciándose así su rehabilitación y reconstrucción, aunque el edificio ya no recuperaría jamás el esplendor que tuvo en el Renacimiento, perdiéndose para siempre sus excepcionales artesonados mudéjares, únicos en el mundo.

No sé a vosotros, pero a mí la imagen de esos leones -que hoy vemos colgados en esos excepcionales arcos mudéjares- arrinconados y sedientos de admiración en un patio cebado de ruina, siempre me ha parecido demoledora. Quizá porque son incontables las horas que he permanecido absorta en cada uno esos complejos trazados, cuando las horas de estudio se me antojaban casi mágicas en aquellas robustas mesas y sillas de porte elegante de la antigua sala de estudio de la Bibliteca Provincial, antes de que se mudara a otro Palacio, el de Dávalos. Allí también me maravillaban sus balconadas, que rematan la fachada más noble del edificio y los paseos por sus modestos jardines, quizá no tan pomposos como lo fueran en su tiempo, pero aún con cierto encanto.

Supongo que algo parecido debieron sentir los vecinos de la postguerra en Guadalajara al contemplar las postrimerías de un majestuoso Real Alcázar, que hoy desluce un aspecto ruinoso, o los que todavía en nuestro tiempo tienen que  lamentarse de los antiguos palacios que han sucumbido a la bola de demolición, como el Palacio del vizconde de Palazuelos , que aliñó tantos momentos en aquella vieja taberna del Boquerón.

Afortunadamente y, una vez superada esa dura posguerra, los años de desarrollismo tuvieron a bien recuperar parte del esplendor del Palacio del Infantado, puede que tarde, aunque como dice el dicho, más vale tarde que nunca. Y digo que es una suerte, porque lo cierto es que esta ciudad no destaca precisamente por un correcto tratamiento y puesta en valor de su patrimonio y a la vista está que la que fuera un verdadero centro cultural impulsado por la Familia Mendoza, esa hermosa ciudad de los campanarios, hoy nos devuelve una imagen fría y gris, que quizá solo se disuelva un poco en sus numerosos parques y zonas verdes.

Ya lo he dicho otras veces: Guadalajara adolece de un verdadero problema de autoestima, que incluso, en cierta medida, se traslada a toda la provincia. Me comentaba un conocido que durante unas jornadas sobre turismo se ofreció una estadística por provincias en la que aparecía Toledo, Cuenca, Ciudad Real y Albacete y se obviaba a Guadalajara, englobada en el apartado “otras provincias” donde solo aparecía reflejado Sigüenza. Es una realidad que nuestra provincia atesora un importante patrimonio histórico, artístico y medioambiental y, sin embargo, es esa gran desconocida, como también lo es el Palacio del Infantado o los tesoros del Museo Provincial, que alberga en su interior, por cierto, el más antiguo de España.

Ayer me alegraba al leer la noticia de que el Palacio del Infantado se contemple como un posible candidato a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es un proceso complejo y este representa un pequeño paso. En el año 2003 el Ayuntamiento de Guadalajara quiso que este emblemático edificio pugnara por la declaración, pero no encontró el apoyo del Gobierno regional. Ahora, después de una década, al menos podemos decir que la Consejería de Educación, Cultura y Deportes tiene la intención de elaborar y presentar la documentación necesaria para que este monumento figure  en la “Lista Indicativa” de Patrimonio Mundial, un requisito previo e indispensable para que el edificio pueda ser contemplado para optar a la declaración. La Dirección General de Cultura, según publica la prensa, ha informado al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte durante el Consejo de Patrimonio Histórico celebrado en Lanzarote, de la próxima presentación de la candidatura de este inmueble a dicho inventario previo. Es un paso simbólico, más que otra cosa, pero ahí está.

Nada más conocer la noticia, mi primera reacción ha sido valorar las posibilidades de nuestro monumento, consultando la lista de aquellos que ya lo son. Sinceramente, lo he hecho con ciertos prejuicios infundados en ese problema de autoestima, que aunque consciente de ello, en el subconsciente, muchas veces se vuelve poderoso. El Palacio del Infantado es muy bonito ¿pero lo suficiente como para que la candidatura salga adelante?

Entre los diversos lugares que podría elegir para preparar mis exámenes de la carrera, la antigua biblioteca, en este Palacio del Infantado, ganó por goleada, quizá porque cuando llegué a esta ciudad que, en superficie, siempre me había parecido fría y gris, el Palacio del Infantado se me mostró sublime, al mismo tiempo que cálido y acogedor. Allí se encontraba y se encuentra aún, la sede del Museo, con sus numerosos e ignotos tesoros y el Archivo Provincial  -hoy recogido en un edificio de nueva construcción- donde se escondían todos nuestros secretos, convenientemente archivados en vetustos legajos y no tan antiguos. Se respiraba un ambiente especial, como decía, casi mágico, que llegaba al cenit en ese fin de semana especial de junio, cuando las palabras se apoderan del Palacio, durante el Maratón de los Cuentos.

Creo que eso es lo que ocurre cuando los grandes monumentos de una ciudad adquieren un uso público y se convierten en parte de nuestra vida cotidiana, que uno aprende a amarlos y a entenderlos como suyos, como parte de su identidad y, entonces, la poderosa imagen del edificio, tal y como lo conocemos, reducida a escombros amontonados en un patio, resulta impactante.

Además de contar con algunos requerimientos, que se tienen en cuenta a la hora de valorar una candidatura, como su belleza formal y el hecho de constituir un referente artístico y cultural, la UNESCO contempla lo siguiente: “Estar directa o tangiblemente asociado con eventos o tradiciones vivas, con ideas o con creencias, con trabajos artísticos y literarios de destacada significación universal”.

Las palabras se apoderan del Palacio del Infantado, durante el Maratón de los Cuentos. // Foto: http://www.afgu.org/

Las palabras se apoderan del Palacio del Infantado, durante el Maratón de los Cuentos. // Foto: http://www.afgu.org/

Y es que parece obvio que no existe mejor manera de perpetuar, poner en valor, dar a conocer y conservar nuestro legado patrimonial, que integrarlo en la vida diaria y cultural de una ciudad. Recuperar el Palacio del Infantado y convertirlo en el principal epicentro de la cultura en Guadalajara siendo la sede del Museo Pronvincial más antiguo de España, para albergar después un evento de alcance internacional, como el Maratón de los Cuentos, fue un gran acierto.

Es por ello que resulta incomprensible que se  trate de hacer política con el patrimonio que los vecinos de una ciudad han hecho suyo y se empiecen a cerrar las puertas a la celebración de eventos culturales que propician el intercambio de ideas al antojo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, responsable de su gestión desde el año 1984, que considera política una conferencia del expresidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, y no una fiesta particular con motivo de la Interparlamentaria del Partido Popular, o que decide, no se sabe muy bien bajo qué criterio, cobrar una entrada de tres euros para acceder a un edificio. Visto desde fuera alguien podría pensar que la entrada al Palacio del Infantado bien merece que se paguen tres euros, como se hace en otros muchos monumentos de nuestra geografía, pero no hay que olvidar que a fuerza de millones de instantes y recuerdos y, por mucho que la Junta ostente su gestión, este edificio pertenece a los guadalajareños y, además, eso es parte de ese valor intangible que incrementa su encanto y riqueza cultural, por lo que resulta incomprensible que se les vete la entrada.

Afortunadamente, y como hemos dicho ya en este foro, la Junta ha dado marcha atrás a la medida y en un mar de políticas desacertadas en cuanto a Cultura ha virado su dirección para apostar por nuestro Palacio para la obtención de un reconocimiento que brilla por su ausencia en la provincia y que, me atrevería a decir, no se debe a la carencia de valores que lo merezcan, sino a un arrastrado problema de autoestima.

¿Quién capitalizará el descontento?

Por este orden, representantes de Podemos, Ganemos, Equo, UPyD, IU y PSOE respaldaron a Manuel Granado, presidente de los guías, en la convocatoria de 'Abraza el Infantado'. // Foto: Cultura EnGuada.

Representantes de Podemos, Ganemos, Equo, UPyD, IU y PSOE respaldando a Manuel Granado, presidente de los guías, en la convocatoria ‘Abraza el Infantado’. // Foto: Cultura EnGuada.

Por Rubén Madrid

No sé ustedes, pero esperaba más asistencia a las últimas manifestaciones vividas en las calles de Guadalajara. Cerca de 400 alcarreños abrazaron el domingo el Infantado en un gesto de cariñosa reivindicación de puertas abiertas en el monumento. Fueron bastantes si se tiene en cuenta que la convocatoria llegó después de que las propias autoridades del “guateque” sofocasen su propio incendio, al dar marcha atrás al pago por acceder al Patio de los Leones. Pero no alcanzaron a sumar el medio millar que esperaba la propia organización: nada menos que catorce colectivos, todos los partidos menos el PP y un buen puñado de asociaciones culturales con muchos socios, mucho tirón en sus eventos y muchos seguidores en sus redes sociales.

Tampoco una semana antes la suma de esfuerzos de cinco plataformas y los sindicatos de la provincia logró un llenazo en las calles de la provincia a la altura de la confluencia de voces y de la intensidad y el volumen de los recortes que denunciaban. Sobraban los motivos, pero faltaron ciudadanos detrás de las pancartas. Estuvieron unos 2.000. Pero es que tampoco la manifestación de abril por el principal caos municipal de la legislatura, el servicio de autobuses, logró rebasar el millar de manifestantes. Aunque la política municipal no es un asunto que generalmente toque la fibra, siguen pareciendo más bien pocos como para dar por ganada la batalla en la calle.

¿Se ha agotado acaso el aliento? ¿Ha ingresado la ciudadanía en la senda del crecimiento y transita por la vía mariana de la buena dirección?

Detalle de la manifestación convocada para el 8 de noviembre por varias plataformas y sindicatos. // Foto: La Otra Guadalajara.

Detalle de la manifestación convocada el 8 de noviembre por varias plataformas y sindicatos. // Foto: La Otra Guadalajara.

Uno, que dedica un buen trozo de su tiempo a observar, tiene la impresión -y sólo es eso, una impresión- de que precisamente el hartazgo es tan desbordante que incluso hay cierta desidia a la hora de salir a la calle: la legislatura ha sido larga y caliente en movilizaciones. La indignación llega muy justa al ‘sprint’ final. Y la gente -esta es la impresión, insistimos- ya no quiere manifestarse, sino votar. Y probablemente este es el gran cambio operado entre los descontentos en apenas una legislatura, porque si en la antesala de las elecciones de mayo de 2011 eran muchos los que salieron día sí y día también a las calles -e incluso hicieron noche en las plazas- pero votaron con desgana o no votaron, sólo cuatro años después se observa que tienen ganas de votar incluso los que nunca solían tener demasiadas ganas de votar.

El malestar ciudadano seguiría ahí, pero la gran pregunta, a estas alturas de la película, sería otra: ¿quién logrará capitalizar este desconento? Y la respuesta nos remite a las caras que aparecen en la foto que encabeza este artículo, la de los representantes políticos que precisamente se sumaron a una de estas últimas manifestaciones.

UPyD. La marca PP es una marca depreciada. Ocurre con todo partido que gobierna en plena crisis y se lo ha ganado a pulso el PP con medidas no sólo impopulares sino ineficaces como solución a los problemas de los ciudadanos. Muchos de quienes creyeron en sus milagros están hoy defraudados, como le ocurrió al PSOE hace cuatro años. Y tampoco cala el mensaje de que la corrupción es cosa de todos: se ha filtrado hasta los cimientos de la sede de la calle Génova, se ha metido en su caja fuerte, ha acaparado casi todo el consejo de ministros de Aznar, ha campado por casi todas las comunidades donde ha gobernado… Todo esto también influye en las municipales, sobre todo en las capitales.

Y, por si fuera poco, el galimatías formado con el paso para delante y el paso para detrás de la Ley del Aborto de Gallardón ha enervado a su ala más radical. Veremos si el experimento surgido a principios de año, Vox, es capaz de pescar en este río revuelto de la derecha. Lo cierto es que su actividad pública en la provincia tras las europeas, en las que tampoco dieron la campanada, ha mantenido una intensidad muy baja. Si acudimos a su web o hacemos un barrido en sus redes sociales no hay aún debate ni propuestas en clave local. La misma incertidumbre trasladan, al menos de momento, proyectos como Ciudadanos -hace un par de días convocaron una reunión con vecinos, pero ningún medio informa de ella- o los independientes de la región que en principio se reunirán en torno a unas mismas siglas, UCIN.

Consejo local de UPyD, con su candidato a la Alcaldía, Dámaso Cabrera, segundo por la derecha. // Foto: Guadaqué.

Consejo local de UPyD, con su candidato a la Alcaldía, Dámaso Cabrera, segundo por la derecha. // Foto: Guadaqué.

Parece más posible que sea UPyD quien más se pueda beneficiar en Guadalajara del descontento entre ciertos sectores del centro y de la derecha. La formación magenta ha pasado casi toda la legislatura en blanco, después de una crisis interna que se solucionó con la renovación del Consejo Local a las puertas de las elecciones europeas. Su reaparición pública en los últimos tiempos da la sensación de un oportunismo forzado por la proximidad de las elecciones. Pero tampoco son los únicos. Y, con independencia de que haya ciudadanos que pongan sobre la balanza lo que unos y otros hacen entre elecciones, habrá muchos otros que vean en ésta opción el camino más corto para emitir un voto de castigo contra el PP. Y, en cualqueir caso, parecen dispuestos a recuperar el tiempo perdido: se han convertido en los primeros en ponerle cara a sus candidaturas, incluyendo a su alcaldable, Dámaso Cabrera. A partir de ahí, todo lo que tienen que hacer es aportar al debate local.

La suma de Ganemos. Tal vez muchos no sepan apenas nada de Ganemos, pero existe. Supone un ambicioso proyecto de articulación de movimientos políticos y sociales de izquierda de la ciudad, de cuyo banderazo de salida ya hablamos en verano con motivo de su primera asamblea; desde entonces siguen construyendo la compleja arquitectura del proyecto, con el reflejo de su confluencia en unas listas, un programa común y una necesaria presencia en la calle como justificación de su esencia ciudadana.

Un viejo dicho asegura que si se juntan dos tipos de izquierdas pueden formar tres partidos. Hace cuatro años el tercero en discordia acampó en la Plaza Mayor. Y el cuarto, la plataforma ‘Más de un ciudadano’, sumó algunos votos pero seguramente restó una voz de izquierdas en la Corporación, aun cuando su propuesta se parece tanto a la que ahora todos ponen en marcha de forma conjunta. El resultado fue que de aquellos que hoy se unen para poner en marcha un proyecto de ‘nueva política’, sólo IU obtuvo un edil y un diputado provincial que son, a día de hoy, el único y verdadero patrimonio del que parte esta iniciativa, porque las expectativas a rebufo de los aires de cambio en todo el país o de los resultados de las europeas son sólo castillos en el aire.

Pancarta de Ganemos Guadalajara en la manifestación 'Defiende tu tierra, defiende tus derechos'. // Foto: Ganemos Guadalajara.

Pancarta de Ganemos Guadalajara en la manifestación ‘Defiende tu tierra, defiende tus derechos’. // Foto: Ganemos Guadalajara.

Hasta donde uno sabe, la construcción de este proyecto camina sin prisas pero sin pausas. La ambición de su configuración se traduce en desgaste de tiempo y aquí radica tal vez uno de sus principales riesgos. Muchos de quienes pueden respaldarles en mayo no dudarán en hacer uso del voto útil para el PSOE de Guadalajara si no ven que Ganemos sea capaz de presentar un proyecto sólido cuando la carrera acelere, sseguramente en cuanto estrenemos el calendario de 2015. Más allá de su capacidad para articular un movimiento de izquierdas y a su vez un laboratorio de democracia ciudadana con presupuestos participativos y una candidatura pegada a un verdadero código ético, para muchos ciudadanos lo que está en juego es un asunto central: desbancar al PP. Dicho sin circunloquios: quieren fuera del Consistorio a Román, a Guarinos de Diputación y a Cospedal de Fuensalida. Y eso, que incluso para el PSOE supone un esfuerzo ímprobo, desde este otro ámbito sólo se hará sumando. Y sumar exige, paradójicamente, ciertas renuncias de lo propio.

Podemos. Las encuestas estatales les sitúan como la tercera formación del país, casi en empate técnico con PP y PSOE. Acaban de culminar su proceso constituyente, cuyas principales consecuencias han sido aupar a la cúpula al grueso de los miembros fundadores y conformar una estructura de partido más clásica de lo que pregonaban, pero menos clásica de lo que les reprochan quienes ventilan el asunto diciendo que los de Iglesias ya son casta. Otra de las consecuencias directas para lo que aquí nos toca, en el análisis local, pasa por la renuncia a ingresar en los ayuntamientos. Es obvio, por más circunloquios que ofrezcan, que no quieren arriesgar su marca en la arena municipal. En esta estrategia sobran los románticos y los valientes. Es un planteamiento tremendamente conservador, pero que deja abierta la puerta de la democracia participativa a los Ganemos.

Integrantes del círculo de Podemos en la manifestación del día 8 // Foto: Facebook Podemos Guadalajara.

Integrantes del círculo de Podemos en la manifestación del día 8 // Foto: Facebook Podemos Guadalajara.

La renuncia de Podemos a la batalla local deja no obstante una batería de dudas. ¿Qué papel está dispuesto a jugar su círculo arriacense en la candidatura de convergencia? ¿Le importan las diputaciones lo suficiente como para respaldar una marca en la que puedan confluir también otros ‘ganemos’ de la provincia? ¿Se presentará Podemos a las elecciones en Castilla-La Mancha? ¿Lo hará también si tira para adelante –ha habido ya una asamblea fundacional– de ‘Ganemos’ regional? ¿Cuál es el discurso de Podemos en una escala provincial y local? ¿Qué propuestas tienen para mejorar la vida de los guadalajareños en materia fiscal, de empleo o de infraestructuras? ¿Defienden, si es que es posible, la remunicipalización de los servicios públicos? ¿Cuál es el modelo de ciudad para Guadalajara capital?

En una entrevista emitida el jueves en Televisión Guadalajara en la que tuve oportunidad de participar, sus dos portavoces insistían en pedir tiempo para elaborar su proyecto para Guadalajara. Embarcados en sus asuntos internos, hasta ahora han aportado muy poco al debate local. Llegan subidos en la cresta de la ola, con un discurso renovador y ganador, con una fantástica imagen comercial, pero a partir de ahora tendrán que empezar a dar respuesta a muchas de estas preguntas. Hay pocas noticias de Podemos en Guadalajara, y se les espera.

José Luis Maximiliano, concejal de IU. // Foto de http://jlmaximiliano.blogspot.com.es/.

Maximiliano, edil de IU. // Foto de su blog personal http://jlmaximiliano.blogspot.com.es/.

IU. Desde un extremo opuesto parte Izquierda Unida. Aporta experiencia en la vida municipal, un muy buen concejal como José Luis Maximiliano y un diagnóstico profundo de la sociedad guadalajareña al que proponen soluciones desde su perspectiva ideológica. Y están renovando su etiqueta. Cayo Lara ha renunciado a concurrir a las primarias, abriendo así el particular proceso de renovación interna que tantos consideraban imprescindible en la coalición. El gesto, si finalmente acaba con la llegada de líderes del perfil de Alberto Garzón, reafirma procesos como el que vive IU en Guadalajara, de mayor apertura a la ciudadanía. IU, al menos en nuestra ciudad, parece consciente de que por sí misma no constituye el retrato completo de la izquierda. Sus dirigentes alcarreños están poniendo mucha carne en el asador, pero también tienen mucho más que perder que nadie. Su fortaleza es también su debilidad. La apuesta por la confluencia tiene sus costes, como la renuncia (mayor o menor, ya veremos) a las siglas, un sacrificio directamente proporcional a su aproximación al 15M. Presupongo muchos desvelos entre sus dirigentes para culminar este encaje.

En Ganemos está también Equo, que no sólo pinta de verde el programa, sino que tiene su público y aporta talento y una experiencia política a medio camino de IU y Podemos. La formación ecologista entendió también en Guadalaajara que su papel pasaba por sumar, como lo comprendieron sin ponerse estupendos desde ‘Más de un ciudadano’. A pesar de todo, la agrupación ciudadana recién nacida ha venido renunciando desde sus inicios a ser una sopa de letras para colgar de su percha todas las propuestas que converjan, también desde colectivos sociales o con el concurso de ciudadanos no adscritos a organizaciones.

PSOE. La agrupación local socialista intenta sobreponerse al batacazo histórico de hace cuatro años, tiene un electorado que por sí mismo no logra mayorías y se enfrenta a no pocos desafíos externos e internos que puso encima de la mesa mi compañero Óscar Cuevas en su artículo ‘Primarias a tres bandas’, por lo que no volveremos a ahondar mientras nos haya mucho más que decir. Sus tres precandidatos, que han obtenido los avales necesarios, presentan perfiles muy diferenciables que a buen seguro pondrán un acento propio al proyecto que finalmente se impulse. Pero también en la elección de su candidato un paso en falso puede resultar un error sin marcha atrás.

Aun con todas las dudas que puedan generar sus nuevos liderazgos estatal, regional y local, los socialistas presentan de partida un ‘producto’ más previsible, o, dicho en positivo, identificable. Y eso genera confianza. Incluso con la tibieza o la falta de ambición que a menudo hemos juzgado desde aquí mismo al abordar su estrategia en plena crisis, lo cierto es que cualquier elector se hace hoy en día mucho mejor a la idea de qué puede esperar de un socialista en el Consistorio frente al perfil mucho menos nítido de otras iniciativas donde se están operando cambios mucho más profundos. Lo que aquí hay es un partido con una estructura tradicional, con los dos pies en las instituciones y al que se le presupone una hoja de ruta clásica que culmina en una campaña al uso.

Aún así, queda mucho tiempo. Algún maestro me enseñó que seis meses en política son un mundo. Las primarias en el PSOE y la presentación de candidatos de UPyD sólo han inaugurado esta carrera contra un mismo archienemigo que consiste, desde ya, en responder a la pregunta de quién va a ser capaz de capitalizar el malestar ciudadano. Ese descontento que esta vez tiene hambre de urnas.

Asustapadres

El subdelegado de Gobieno, Juan Pablo Sánchez, junto al teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil,  Pascual Luis Segura. // Foto: Lacronica.net

El subdelegado de Gobieno, Juan Pablo Sánchez, junto al teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil, Pascual Luis Segura. // Foto: Lacronica.net

Por Concha Balenzategui

Como soy madre, como padre es Rafael Esteban, puedo entender perfectamente los motivos que llevaron al alcalde de Marchamalo a escribir el comunicado que el pasado miércoles inundó las redes sociales, hablando de un presunto intento de secuestro en el pueblo. Como soy madre, como padre es Juan Pablo Sánchez, entiendo también que el subdelegado de Gobierno quisiera contrarrestar toda sensación de alarma entre los vecinos, al día siguiente del comunicado.

No, no voy a situarme en la equidistancia en esta polémica, seguramente porque ni siquiera voy a entrar en el rifirrafe de las declaraciones. Pero permítanme algunas consideraciones más generales antes de “mojarme”, que es para lo que me “pagan” (dicho sea metafóricamente) con su lectura.

El mundo está lleno de padres y madres, personas que asumimos la importante tarea de sacar a nuestros hijos adelante, satisfacer sus necesidades básicas (alimento, vestido, cuidado), educarlos para convertirlos en buenas personas, y tratar de que sean felices. Ahí es nada. Pero desde el mismo momento en que se corta el cordón umbilical, los niños comienzan el camino irreversible de la autonomía, un camino que está lleno de peligros y amenazas que no podemos controlar. Desde el mismo momento en que actúan las tijeras en el paritorio, se descarga automáticamente en el cerebro de padres y madres una especie de aplicación de alerta para tratar de que a nuestro hijo no le pase nada malo. Por eso, como la mayoría de los animales con los que compartimos el planeta, se activan nuestros instintos de protección al cachorro ante la más leve amenaza.

En este contexto de inseguridad nos debatimos, con la preocupación inserta en nuestro ADN y nuestra sensibilidad a flor de piel, pero intentando mantener la cabeza fría para que la vida siga y nuestras criaturas crezcan sin volverlas ni volvernos locos. Así, nos acostumbramos a no intervenir en las pequeñas disputas del parque, para que también los niños aprendan a resolver sus propios conflictos, o nos permitimos dormir cuando el adolescente no ha regresado a casa de anochecida. Quizá también la pugna entre la preocupación y la cabeza fría hayan estado detrás de la actitud adoptada por Esteban y Sánchez en este episodio.

Una de las alertas que circulan por wasap estos días.

Una de las alertas que circulan por wasap estos días.

Pero prosigamos con el contexto social. El imaginario colectivo está lleno de figuras que tratan de inculcar en los niños el miedo como vieja fórmula para atajar los peligros que les acechan: El hombre de saco, el que regala caramelos en la puerta del colegio o las calcomanías impregnadas de sustancias estupefacientes… ¡Cuánto habremos inventado y nos habremos creído a un tiempo! Ocurre que, según evolucionan las amenazas, van transformándose las figuras del mal, encarnadas ahora por rumanos -casi siempre rumanos, a veces albanokosovares- que venden perfumes en tu propia casa o que te hacen encuestas a la entrada del cine, por citar dos de las alertas que he recibido últimamente en mi teléfono. Y ese es el problema. Que si el mensaje se mantiene muy similar, solo cambiando los personajes, el medio es totalmente nuevo. Porque el miedo viaja ahora en grupos de wasap y en las redes sociales. Y lo hace a velocidad vertiginosa y con un impacto brutal por las constantes réplicas. Viralidad lo llaman.

Como afortunadamente no hay nadie dañado, vamos a recordar que al reciente caso de Marchamalo se une otro más el mes pasado en Alovera, cuando una alarma similar recorrió los grupos de wasap. A mi móvil había llegado otra más, muy parecida, el pasado verano, que hablaba de intento de secuestro de niños, y en este caso citaba la puerta de un supermercado de otra localidad del Corredor, indicando el color del vehículo del supuesto delincuente. Mi reacción fue y es la del susto inicial; supongo que es inevitable. Pero mi respuesta siempre ha sido la de no reproducir ningún mensaje “asustapadres” de este tipo. Cuando tengo tiempo, busco en los medios de comunicación una confirmación de que la denuncia existe y es pública, y si encuentro información, matizo o desmiento en el mismo grupo que la propaga. Con alguna historia rocambolesca de las que circulan, esas de los rumanos de las que hablaba, me ayuda bastante el perfil de Twitter de la Policía Nacional (@policia), que suele atajar los bulos que circulan.

Y este, el del premiadísimo community manager de la Policía, es un buen ejemplo de cómo adaptarse a los medios para transmitir información y cómo difundir alertas sin crear alarmas innecesarias. Y miren que es difícil hacerlo de forma impecable, cuando solo tiene 140 caracteres a su disposición. Estoy convencida de que, lejos de la guerra de declaraciones entre el subdelegado de Gobierno y el alcalde de Marchamalo, lo sucedido en estos meses, con un caso real y espeluznante como el del pederasta de Ciudad Lineal como telón de fondo y caldo de cultivo de nuestras angustias paternales, debería hacernos reflexionar.

Creo seriamente que las autoridades deben replantearse los protocolos de información y de alerta ante las emergencias en los nuevos tiempos. Sabiendo que el miedo es más viejo que nosotros y que el gusto por el chismorreo es inherente a la condición humana, pero también que los medios a nuestro alcance mucho más poderosos. Para bien y para mal.

Rafael Esteban, alcalde de Marchamalo. // Foto: PSOE

Rafael Esteban, alcalde de Marchamalo. // Foto: PSOE

No se han hecho bien las cosas en estas semanas, claro que no. Pienso que el alcalde de Marchamalo se precipitó, porque debía haber coordinado su información con la Subdelegación de Gobierno en lugar de alertar -o alarmar- por su cuenta. Y sobre todo que su mensaje no debía aportar datos que serán esenciales para la investigación (la descripción del vehículo y su conductor), pero pueden convertirse en una caza de brujas entre la población cuando no hay nada demostrado. Pero también prefiero recibir un mensaje firmado por un ayuntamiento, al que doy más credibilidad, como ocurrió en Marchamalo, que el caso de Alovera, donde el comunicado era más confuso, y a mí me llegó cuando ya había leído dos mensajes con versiones contradictorias sobre el supuesto ocurrido.

También pienso que el subdelegado, ese mismo que cuando era alcalde recorrió Pastrana megáfono en mano alertando a sus vecinos de que las monjas se llevaban los cuadros del convento, exacerbando los ánimos en un episodio en el que hubo hasta un obispo zarandeado, tendría que ser más comprensivo. No debería utilizar el tema para la pugna política, porque estoy convencida de que sus palabras hubieran sido otras si el alcalde “asustapadres” fuera del PP. Y sobre todo, debería informar. Pero claro, la Subdelegación el Gobierno casi nunca informa. Su máxima es que aquí no pasa nada, y si se reduce el parte de sucesos, la sociedad dormirá más tranquila. Y no es así. Si comunicara de forma más transparente, si desmintiera en los medios los bulos que circulan o los atajara con los hechos ciertos, estaríamos más informados. Seríamos menos presa del miedo irracional.

Y uso deliberadamente el término Subdelegación. Porque este modo de actuar es habitual en la institución, y no en este subdelegado en concreto. Las quejas por la opacidad son ya viejas en la prensa. Incluso recuerdo a María Dolores de Cospedal, siendo candidata, prometiendo ante los medios una mejor comunicación de los sucesos cuando el PP llegara al Gobierno. Pero de lo dicho nada. Las notas de prensa, redactadas en Toledo y no en Guadalajara, son escuetas y se limitan a contar los sucesos esclarecidos, los delincuentes detenidos, no los hechos denunciados. Las ruedas de prensa solo se dan para hablar de las operaciones exitosas. En lugar de un periodista encargado del asunto en la Subdelegación, en su puesto hay un recomendado militante sin conocimiento ni experiencia en comunicación. Últimamente veo más a Juan Pablo Sánchez ante los micrófonos azotando al PSOE, en su papel de secretario provincial del PP, que atizando a los “malos”, como subdelegado. Y no es de recibo.

Pero vuelvo a lo que nos ocupa esta semana: Es necesario que la Sudelegación de Gobierno convoque una reunión de la Junta Provincial de Seguridad y repase las últimas alarmas suscitadas en el Corredor. Y debe revisar con todos los implicados los protocolos de coordinación de la información y los pasos para comunicar las alertas a la población. Abrir canales directos e inmediatos con los medios de comunicación, y utilizar los nuevos medios que usa la población. De lo contrario, seguiremos asustados como en los tiempos del hombre del saco.

El Depor y su sino en Euskadi

El Depor se mantiene entre los cuatro primeros clasificados. Foto: Deportivo Guadalajara

El Depor se mantiene entre los cuatro primeros clasificados. Foto: Deportivo Guadalajara

Por Ana G. Hernández

Tres visitas al País Vasco, tres derrotas, tres expulsados y dos pérdidas del liderato. Ése es el balance de los viajes del Deportivo Guadalajara a Euskal Herria. Un balance negativo para el cuadro alcarreño que comenzó en la jornada 4 ante el Real Unión, continuó en la jornada 6 en Zubieta y se refrendó en Lezama este fin de semana. Un balance negativo al que todavía le queda para estar cerrado, puesto que el Depor deberá regresar por esas tierras en cuatro ocasiones más: Barakaldo, Sestao, Amorebieta y Leioa.

La mala racha en tierras vascas comenzó con un gol de Abel Molinero y con el Depor como líder de la categoría. Era la jornada 4 y los morados comenzaron en Irún una cuesta debajo de la que tardarían en recuperarse. En ese partido, el Real Unión remontó el choque, mientras Pérez Salvachúa daba la alternativa a Nouaman, hermano de Rida, y que vio la roja en las postrimerías del duelo. Era el minuto 92 y la expulsión no afectó al desarrollo del encuentro. Nada que ver con la roja que se ganó Rangel en Zubieta en el mayor correctivo que ha recibido el cuadro guadalajareño en lo que va de temporada. La Real Sociedad B endosó a los morados un doloroso 4-0 que vino a refrendar esos primeros síntomas que se entrevieron en Irún y que conducirían a cinco jornadas sin ganar y la eliminación de la Copa del Rey. Superado el bache con dos victorias consecutivas, el Depor volvió a morder el polvo en las Vascongadas con pérdida del liderato incluido. En esta ocasión, la expulsión de Gonzalo Verdú, por doble amarilla en el minuto 71, obligó a los alcarreños a buscar el empate de forma desesperada y avocó a una derrota merecida ante el filial del Athletic Club.

Se da la circunstancia, al igual que en la jornada 4, que los deportivistas regresarán a Euskadi en apenas dos semanas para enfrentarse al Barakaldo. Quizá un mal presagio o quizá la forma de quitarse de encima la estadística negativa que arrastran los de Pérez Salvachúa por estas tierras. Lo que está claro es que el puzle morado está lejos de verse colgado en las vitrinas del Pedro Escartín. Para el técnico, faltan un centenar de entrenos y más rodaje; para mí, que el entrenador encaje las piezas correctas y les dé confianza. Solo así se conseguirá el gran objetivo de la temporada.

El Rugby Guadalajara cumplió con la iniciativa solidaria. Foto: Nueva Alcarria.

El Rugby Guadalajara cumplió con la iniciativa solidaria. Foto: Nueva Alcarria.

Movember

“Un deporte de villanos jugado por caballeros”. Ese axioma que abraza al rugby tiene más vigencia que nunca durante este mes de noviembre. No en vano, es durante ese mes cuando los rugbiers aceptan dejarse bigote por una buena causa: recaudar fondos para concienciar a los hombres de la importancia del diagnostico precoz de enfermedades como el cáncer de testículos o de próstata. Y como no podía ser menos, el equipo de rugby de nuestra ciudad llevó a cabo la iniciativa que culminó durante este fin de semana con un partido en la Fuente de la Niña, tercer tiempo y concurso de bigotes incluido.

Aunque se trata de una iniciativa internacional y que incluso apadrinan gente del espectáculo, es en el rugby donde llega a su máxima expresión. Un deporte absolutamente minoritario en España, muy poco conocido y/o entendido y con muchos prejuicios de por medio. Claro que el rugby padece todas esas circunstancias en nuestro país, pero es mucho más que eso. Porque cuando te introduces en el mundo del balón ovalado, es imposible olvidarte de él.

El Rugby Guadalajara está en la Tercera Madrileña, ganando, perdiendo o simplemente dejándose la piel sobre la hierba enlodada todos los fines de semana. Y ahí, sobre la hierba enlodada permanecerá, divirtiéndose e intentando hacerse un hueco en la mente de los guadalajareños, incluso enseñando y fortaleciendo unos valores que en otros deportes se perdieron para no volver.

Reflexiones desde el Sur

La misionera y médico guadalajareña Rosa Muñoz, en Costa de Marfil, junto a hermanas de la congregación de Santa Ana.

La misionera y médico guadalajareña Rosa Muñoz, en Costa de Marfil, junto a hermanas de la congregación de Santa Ana.

Por Rosa Muñoz*

Vivimos en una realidad cambiante: Cuando nos levantamos no sabemos qué ocurrirá a lo largo del día. Pero es verdad que en Abidjan (Costa de Marfil) en estos momentos se respira paz, tranquilidad. Se están construyendo puentes, mejorando carreteras. Es verdad que nos gustaría que las gentes, y sobre todo los jóvenes, tuvieran trabajo, que pudieran disfrutar de una vida digna, que las calles estuvieran más limpias, que “l’emergence” de la que tanto se habla, supusiera desarrollo en todos los sectores. Y es verdad también que los musulmanes y los católicos bien en paz: El otro día asistimos a una boda en la que un musulmán convertido al catolicismo se casaba con una católica y recordé a las gentes del EI, tan de moda últimamente.

Es verdad que tenemos el ébola en los países limítrofes -Liberia, Guinea y Sierra Leona-, que el presidente del país vecino, Burkina Faso, ha sido expulsado del Gobierno y se ha venido a refugiar aquí, pero vivimos en paz. Las gentes lo que buscan es poder trabajar, comer, poder curarse y vivir en paz.

La estructura sanitaria en Costa de Marfil está bien organizada y aunque no es perfecta, desde hace muchos meses, casi un año, cuando se empezó a hablar de ébola, se fueron tomando las medidas necesarias: no comer cierto tipo de animales, prohibir su venta, poner cubos con grifos y agua, con jabón y papel para secarse las manos a la entrada de todos los edificios oficiales, oficinas y universidades, no establecer contacto físico, no darse la mano en las grandes asambleas, formación del personal sanitario, formación en los colegios… Ha existido sensibilización pero no miedo, todo se ha vivido con humor e intentando desdramatizar, que es como se viven la mayoría de las cosas. Hasta ahora no se ha publicado la existencia de ningún enfermo infectado por ébola en el país. Se sigue manteniendo el estado de alerta y se conservan las medidas preventivas.

Es una epidemia que ha despertado múltiples preguntas, al mismo tiempo que ha puesto al descubierto lo mejor y lo peor del ser humano, en todos los países y en los distintos lugares por los que ha pasado, ha hecho a cada uno a reflexionar sobre su actitud de cara a todas las situaciones que se han creado.

Desde aquí mi agradecimiento y mi reconocimiento a todas las personas sanitarias y no sanitarias que se han implicado en la ayuda a los enfermos, los que han dejado su vida en el surco y los que siguen con vida afortunadamente. Los que en el país siguen intentado que la vida siga adelante y los que desde fuera siguen ayudando.

La misionera y médico Rosa Muñoz. // Foto: Ecclesia

La misionera y médico Rosa Muñoz. // Foto: Ecclesia

No olvidemos a esos países que siguen luchando contra esta plaga y que una vez que la enfermedad se controle quedaran reducidos a la más absoluta miseria, ¿Cómo quedará la organización del país? ¿Escuelas? ¿Hospitales? ¿Estructura política? ¿Instancias oficiales? ¿Con qué personal se podrá contar para volver a poner en pie todo lo que ha sido destruido? ¿Y cómo quedaran las personas? ¿Cuántas heridas no habrá provocado esta situación? ¿Y los huérfanos? La historia se sigue repitiendo, vivimos un momento apasionante y tenemos la posibilidad de aprender de los errores cometidos. Como decía Gandhi: “¡O vivimos todos como hermanos, o moriremos todos como idiotas!”.

*Rosa Muñoz nació en Guadalajara hace 50 años. Es miembro de la congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, en cuyo colegio, en nuestra capital, estudió la Primaria y el Bachillerato. Después cursó medicina en la Universidad de Alcalá de Henares y Medicina Tropical en Barcelona. En 1994 conoció África y desde entonces ha ejercido allí la Medicina de forma continua. Primero estuvo en Ruanda, después en El Congo, y actualmente en Costa de Marfil. Su misión no ha sido fácil, y entre otras visicitudes, fue secuestrada junto a otras misioneras de su congregación durante la guerra de Ruanda. En estos años ha vuelto periódicamente a Guadalajara, y aunque no es muy amiga de los actos públicos, en 1998 fue la encargada de pronunciar el pregón navideño en Guadalajara. Ese mismo año recibió el premio de Valores Humanos de la Asociación de la Prensa de Guadalajara y en 2012 el premio de la fundación Siglo Futuro por su trabajo con los más necesitados.

Los autobuses, en parada

Un año y medio después de la puesta en marcha del nuevo servicio, todavía hay líneas provisionales// Foto: Ana María Ruiz

Un año y medio después de la puesta en marcha del nuevo servicio, todavía hay líneas provisionales// Foto: Ana María Ruiz

Por Ana María Ruiz

Ha pasado un año y medio desde la puesta en marcha del nuevo servicio de transporte urbano de viajeros de Guadalajara y aunque pudiera dar la sensación de que todo ha vuelto a la normalidad por la escasez de noticias respecto al tema, nada más lejos de la realidad, ya que los usuarios de los autobuses de la capital continúan padeciendo las consecuencias de la desastrosa gestión que se ha realizado respecto a este asunto desde el equipo de Gobierno del Ayuntamiento.

La que se vendió como la adjudicación estrella del año 2012 con la incorporación de un buen puñado de novedades y mejoras que, según afirmó en su día el alcalde, Antonio Román, convertirían a la ciudad en un referente nacional de modernidad en el transporte público de viajeros, sigue siendo una de las gestiones más chapuceras que se han llevado a cabo en Guadalajara a lo largo de esta legislatura por lo que ha supuesto de perjuicios creados a cientos de ciudadanos. Y lo digo con conocimiento de causa porque soy usuaria diaria de este servicio.

Román, De las Heras y Carnicero, durante la presentación de la nueva contrata a ALSA//Foto:Ayuntamiento de Guadalajara

Román, De las Heras y Carnicero, durante la presentación de la nueva contrata a ALSA//Foto:Ayuntamiento de Guadalajara

En noviembre de 2012, el primer edil, flanqueado por los concejales de Movilidad y Contratación, Juan Antonio de las Heras y Jaime Carnicero respectivamente, anunciaba la adjudicación del nuevo contrato a la empresa ALSA y aseguraba que supondría “una mejora del servicio, una modernización del mismo y más comodidad para los usuarios”. Añadía que el diseño planteado por el Ayuntamiento sería más moderno y funcional, basado en líneas más rápidas y directas, con una reducción de los tiempos de los trayectos y una mejora de la conexión de los barrios con el centro, el Hospital y la estación de Renfe. Anunciaba otras mejoras como la incorporación de nuevos autobuses que utilizarían el gas como combustible para reducir la contaminación y un sinfín de adelantos tecnológicos (wifi en los vehículos, pantallas TFT en las paradas con información a los usuarios sobre tiempo de espera, una App para los móviles, códigos QR, cámaras de videovigilancia, teléfono de atención 24 horas, etcétera, etcétera). Y además todo ello con un considerable ahorro para el Ayuntamiento con respecto a la anterior contrata. Vamos, que íbamos a contar con un servicio del copón y encima más barato.

Qué bien, pensamos los usuarios: nuevos autobuses, líneas más rápidas, mejor conexión entre los barrios, modernidades varias y precios populares. Vamos, que se nos hacía el culo gaseosa y no veíamos el momento de que llegase el 1 de abril de 2013, fecha escogida para la puesta en marcha del nuevo servicio. Durante 15 días funcionó de forma gratuita para que nos fuésemos familiarizando con las rutas. Ahí fue cuando comenzó nuestro calvario y se nos cayó la venda de los ojos. Menos frecuencia, supresión de paradas, falta de marquesinas, más tiempo de espera, una “tecnología” que falla más que una escopeta de feria, pantallas TFT vandalizadas o inexistentes y puestas al servicio de la propaganda del PP, continuos retrasos, barrios prácticamente incomunicados, planos ilegibles, horarios poco adaptados a las líneas para las que fueron diseñados (léase Hospital y Renfe), trasbordos y más trasbordos para acceder a determinadas zonas de la ciudad, autobuses vacíos circulando por calles semiurbanizadas en las que no vive nadie (ampliación de Aguas Vivas), otros llenos hasta los topes en los recorridos más demandados con viajeros obligados a subirse por las puertas traseras o a quedarse en la calle a la espera del próximo vehículo, colas infinitas en las dependencias del CMI para sacarse las famosas Tarjetas X Guada, fraude en la utilización de las mismas por las prisas para expedirlas, cabreo generalizado de los conductores al convertirse en la ira de las quejas de los viajeros y por los iniciales problemas con la aplicación del convenio por parte de la empresa (afortunadamente ya casi resueltos) Y así un largo etcétera de despropósitos que encendieron los ánimos de los sufridos usuarios quienes presentaron cientos de quejas en el Ayuntamiento y provocaron incluso la convocatoria de una manifestación. Lo peor de todo es que, a día de hoy, la mayoría de estos problemas continúan siendo una realidad. Por poner un ejemplo, incluso existen recorridos que aún son provisionales, como es el caso de la línea 5 que da servicio a los barrios de Los Valles, El Balconcillo, Escritores y Manantiales.

En abril se celebró una manifestación contra el nuevo servicio que concentró a mil personas en la plaza Mayor//Foto: Guadaqué

En abril se celebró una manifestación contra el nuevo servicio que concentró a mil personas en la plaza Mayor//Foto: Guadaqué

Desde el Consistorio se pidió a los ciudadanos que tuvieran paciencia. El concejal responsable de este desaguisado, Juan Antonio de las Heras, calentó más el ambiente reprochando a los usuarios su actitud afirmando incluso que “es un cambio que exigirá que tengan que modificar sus hábitos, lo fundamental es interiorizar que lo lógico es tener que ir a coger el autobús y no que el autobús tenga que recogerme en casa, como ocurre en muchos casos ahora”. Hombre, pues sí señor De las Heras, eso es lógico y es verdad que había algunas paradas que debían eliminarse. Pero lo que no es normal es tener que desplazarse en algunos casos hasta 15 minutos para llegar a la parada más cercana, ni tener que esperar 20 minutos para realizar trasbordos entre dos líneas, ni padecer las consecuencias de la mala planificación de los horarios con los de otros servicios públicos como es el caso de la conexión con Renfe, que obliga a muchos vecinos a desplazarse andando o en coche particular para poder coger el primer tren hacia Madrid o para regresar a su casa cuando llega el último convoy. No señor De las Heras. Así no se fomenta el uso del transporte público, ni se mejora el servicio, ni se moderniza. Así se cabrea al personal.

Servicio deficitario. Bien es cierto que a lo largo de estos18 meses se han incorporado algunas mejoras, pero todas ellas menores. A pesar de las quejas presentadas en el Ayuntamiento, de las mociones de la oposición, del clamor ciudadano y de que el propio alcalde y el concejal responsable del área han afirmado por activa y pasiva que se están estudiando algunas modificaciones “para dar una mejor respuesta a las necesidades de los vecinos, el equipo de Gobierno todavía no ha abordado una reforma de las líneas, básicamente porque le costaría más dinero. Menos líneas, menos frecuencia y menos conductores se han traducido por pura lógica matemática en una reducción considerable del presupuesto que destina el Ayuntamiento al transporte público. Según el contrato firmado con ALSA se debería pagar un millón de euros menos respecto a la anterior contrata (Aulusa), pero también se ha pasado del cubrir 2.135.659 kilómetros a 1.560.960.

Este recorte, sin embargo, no se ha traducido en un ahorro para las arcas municipales, sino todo lo contrario. Ante tamaño desastre de planificación, el número de viajeros ha disminuido considerablemente desde la puesta en marcha del servicio. Según ha denunciado el Grupo Municipal del PSOE, apoyándose en las cifras aportadas por el equipo de Gobierno, en el primer año de funcionamiento de los nuevos autobuses se perdieron 1.200.000 viajeros respecto al mismo periodo del año anterior y en el primer semestre de 2014 un total de 920.000. El déficit de la tarifa (la cantidad adicional que el Consistorio tiene que aportar a la empresa concesionaria) ronda los 900.000 euros, a los que hay que sumar otros 600.000 que reclama la empresa por otras cuestiones derivadas de los problemas generados con la expedición de las tarjetas de transporte y la falta de control sobre las mismas. Es decir, que el servicio nos sale mucho más caro (en total 4,8 millones de euros frente a los 4,4 de 2012) y encima no nos gusta. Los portavoces de los grupos municipales del PSOE e IU, Magdalena Valerio y José Luis Maximiliano respectivamente, pedían hace un año la rescisión del contrato con ALSA y la elaboración del un nuevo servicio de transporte urbano “porque los ciudadanos de Guadalajara no pueden seguir esperando una solución los 11 años que quedan de contrato”. Han obtenido la callada por respuesta.

Ante estas críticas, el pasado mes de julio Juan Antonio de las Heras, feliz como una perdiz con la nueva contrata, señaló que el coste del servicio ha disminuido en aproximadamente un millón de euros desde 2012 y que el número de viajeros, aumentó en un 8,28% y un 5,28% en mayo y junio en relación a 2013. Si tan beneficioso es para el bolsillo de los ciudadanos, ¿por qué entonces en el último pleno se aprobó una cantidad suplementaria de 260.000 euros para pagar las pérdidas de los últimos meses del año? Me lo expliquen, por favor.

Al margen de la guerra de cifras, lo que está claro es que un año y medio después, el asunto sigue sin resolverse y mucho me temo que continuará así durante bastante tiempo. Tengo la ligera sospecha de que la política del PP en este caso va a ser la de “dejarlo pasar”, que los usuarios del transporte público terminen por resignarse y que, encima, no se quejen porque el precio del viaje en autobús en Guadalajara es uno de los más bajos de toda España. Vamos, al más puro estilo del “que se jodan” que popularizó la diputada del PP, Andrea Fabra, en el Congreso.

Mea culpa. Una de las cuestiones que debería abordarse de forma valiente e inmediata sería la subida del precio del viaje. Algo sin duda muy impopular, sobre todo en época preelectoral, pero que redundaría en beneficio de una mejora del servicio. Los precios por viajar en autobús en la ciudad, tanto del billete ordinario como de las tarjetas XGuada, son realmente bajos. Incluso algunos colectivos como el de los parados viajamos en la actualidad totalmente gratis. Y es que la política de la gratuidad a determinados sectores de la población aplicada durante el mandato del socialista Jesús Alique , adoptada y ampliada también después por Antonio Román, ha sido un cáncer para el Ayuntamiento. No se puede sostener un servicio público en el que la mayoría de los usuarios pagan poco, muy poco o nada.

Y sé que me van a llover las críticas pero si queremos unos autobuses de calidad, con líneas más completas, más frecuencias, más paradas, modernos y cómodos no nos queda más remedio que rascarnos el bolsillo y aquí los usuarios debemos entonar el mea culpa. Porque nos gusta quejarnos pero también debemos poner de nuestra parte.

Quizá así, entre unos y otros, podamos hacer que sea cierto el lema que el PP abandera desde su llegada al Ayuntamiento y que a mí particularmente me gusta bastante: “Todos hacemos ciudad”. Todos.

Un bar de Antonio en Guadalajara

Fotograma del último anuncio de la Lotería de Navidad

Fotograma del último anuncio de la Lotería de Navidad

Por Óscar Cuevas Moral

Si el bar de Antonio estuviera en Guadalajara a lo mejor también nevaba un 22 de diciembre. Pero seguramente no. Lo que sí que es bastante probable es que si eso fuera así, el Manolo alcarreño estaría también en paro, como el Manolo del anuncio de la Lotería de Navidad de este año. No es difícil que ocurriera en una provincia donde entre un 20 y un 25 por ciento de quienes deberíamos estar trabajando no lo estamos porque no podemos. Uno de cada cinco, casi uno de cada cuatro. Un drama para caldear la Navidad y ponernos blanditos con un “spot”. Qué les voy a decir, si ustedes ya lo han visto porque no se habla de otra cosa.

Claro que si el bar de Antonio estuviera en Guadalajara es muy probable que nuestro Manolo, como el del anuncio, tampoco le hubiera comprado Lotería a su amigo. Y no sólo por el dichoso desempleo, sino porque la nuestra es una de las provincias españoles donde menos jugamos en el Sorteo de Navidad, según dice la estadística oficial. Un dato: apenas 42 euros por habitante en la última ocasión, cuando el 62.246 no nos tocó ni con un palo largo.

Tanto es así, que si el bar del anuncio estuviera en nuestra provincia, la ilusión que defiende el hostelero televisivo ante la desesperación laboral de su amigo tendría muy poco fundamento. No sólo porque las malditas leyes de la probabilidad dicen que, como cantara Pepín Tre, “lo más importante es tener salud”; sino porque, por estos lares -por aquello de que somos pocos y jugamos menos- los premios golosos no se asoman ni por invocación divina. Hay que remontarse a 1970, 44 años, para encontrar la última vez que el Gordo se vendió en nuestra tierra. Dicen que hubo otra ocasión, a mediados del siglo XIX, cuando cayó en Molina en un frío día de 1852. Pero de eso no se acuerdan ni los muertos del cementerio, claro.

Quizá lo más cruel de nuestra historia transportada es que si Antonio viviera en Guadalajara muy probablemente hace meses, años, que habría bajado las persianas del bar. Como tantos hosteleros lo han hecho en nuestra ciudad desde que la crisis asomó sus garras por la puerta que abrió “Lehman Brothers”. No lo digo por decir. He leído en estos días una información sacada del último Anuario Económico de España que edita La Caixa,  donde se dice que Guadalajara es, fíjate, la provincia de España que tiene menos bares. Y no en términos absolutos, sino relativos. No llegan ni al millar las instalaciones hosteleras que se reparten por nuestra provincia. En concreto son 985, lo que hace que tengamos 1 bar por cada 260 habitantes. Que viene a ser la mitad de negocios hosteleros que la media española (uno por cada 132 personas).

Dice este mismo estudio que son más de 50.000 los bares españoles cerrados entre 2008 y 2012, periodo en el que se registró una caída de ventas del 22% a nivel nacional. Y estoy seguro que los datos de Guadalajara son incluso peores. Y lo son, porque aquí nada ayuda. Porque esta es, lo saben, una de las provincias donde con más virulencia se ha cebado la recesión económica, multiplicando por 7 y por momentos hasta por 8 esa tasa del 3’7% de paro que llegamos a tener en los días de vino y rosas, allá por el tercer trimestre de 2007.

Reciente derribo de una casona típica en plena cuesta del Reloj // Foto: CulturaEnGuada

Reciente derribo de una casona típica en plena cuesta del Reloj // Foto: CulturaEnGuada

Pero, si a pesar de todo, el bar de Antonio estuviera en Guadalajara capital y hubiera logrado seguir abierto, es probable que estuviera en un casco histórico asolado por la tristeza, vacío de vida, plagado de solares, dejado de la mano de Dios, en el que las autoridades miran para otro lado, cuando no facilitan, cuando no directamente fomentan la desaparición de nuestros mejores edificios. No podría ser “El Boquerón” el bar de Antonio, por ejemplo.

Obras en la calle Miguel Fluiters // Foto: Guadaqué

Obras en la calle Miguel Fluiters // Foto: Guadaqué

Y digo que en el hipotético caso de que el bar de Antonio estuviera en Guadalajara, siguiera abierto, y se ubicara en el centro de la capital, probablemente llevaría meses padeciendo zanjas, maquinaria pesada, cascotes, polvo y pasarelas de fortuna, para culminar unas obras que están mejorando ciertamente el aspecto de las calles, pero que a nuestro casco le llegan con décadas de retraso. Porque es tarde. Porque al muerto no lo revive un masaje cardíaco en corazón necrosado. Y poco importa que ahora corran un poco más para salvar “la campaña de Navidad”. Lo perdido no tiene remedio.

Cartel de la enésima Ruta de la Tapa, que empieza este fin de semana // Imagen: CEOE

Cartel de la enésima Ruta de la Tapa, que empieza este fin de semana // Imagen: CEOE

Si el bar de Antonio estuviera en Guadalajara, en fin, a lo mejor se había apuntado a la enésima edición de una Ruta de la Tapa impulsada por la patronal y las administraciones. Una ruta que ya se antoja cansina y repetitiva, y que ha perdido cualquier impacto de novedad, por cuanto lleva años siendo lo mismo. Como si la gente quisiera tapas en los bares un par de fines de semana al año. Y es que, lamentablemente, si el bar de Antonio estuviera en Guadalajara posiblemente no habría querido apostar por la combinación gastronómica de calidad. Y siempre, de continuo, no a empujones ruteros. Pero no seamos derrotistas, porque a lo mejor nuestro Antonio alcarreño es alguna de esas honrosas excepciones que sí están ofreciendo en nuestra provincia pinchos creativos a diario, de gratis o de pago, pero con oferta apetecible. Ejemplos hay varios, pero como no quiero dejarme a nadie fuera, me van a disculpar que no cite a mis favoritos. Ellos saben quiénes son.

Afirmo, y concluyo, que si el bar de Antonio estuviera en Guadalajara las cosas serían diferentes a las del anuncio, pero hay algo que sería igual; calcado a esas historias paralelas que han surgido alrededor del spot navideño. Porque en el hipotético caso de que cayera el Gordo en nuestro bar alcarreño imaginario, en esta tierra nuestra no iba a faltar el especulador fastidiado por no haber logrado echar a Antonio del local, ni el banquero avariento que buscara ávido los clientes recién premiados para venderles un plazo fijo, dos preferentes, un producto financiero buenísimo o a su madre si hiciera falta. Que es que esa gente sí que está muy repartida, coño.

25 de mayo: ¿El final del bipartidismo?

El círculo vicioso del bipartidismo en una viñeta. // Foto: cuadernoderetales.blogspot.com

El círculo vicioso del bipartidismo en una viñeta. // Foto: cuadernoderetales.blogspot.com

Por Marta Perruca

La verdad es que nunca me he considerado una buena analista y tampoco la persona más indicada para hacer predicciones de tipo político, porque el funcionamiento de la política es algo que se escapa a mi entendimiento y a lo que yo considero razonable y reconozco que no me suelo manejar bien en ese “todo vale” para mantenerse en el poder. Sí, es cierto que existen algunos instrumentos –como el barómetro del CIS, que salía publicado la semana pasada- que pulsan a la opinión pública, pero estos métodos sólo sirven para medir, de alguna manera, la intención de voto en un momento determinado o hacernos una idea de hacia donde pueden inclinarse los resultados electorales,  pero todos sabemos que es extremadamente complicado, por no decir imposible, preguntar, uno a uno, a todos los votantes, por lo que nos tenemos que fiar de la muestra.

Y es que, aunque  consigamos reunir la información suficiente como para hilar bastante fino en cuanto a, por ejemplo, quién podría ganar en Guadalajara, o quiénes serán los candidatos de uno u otro partido en tal o cual ayuntamiento, lo que los votantes no podrán siquiera imaginar es cómo será su gestión. Alguien podría decirme que lo que acabo de decir es una perogrullada como un templo y el caso es que sí lo es, pero no debería ser así. En teoría, los partidos concurren a las elecciones con un programa electoral, que debería representar un compromiso firme con los votantes y los ciudadanos a los que se pretende gobernar, una partitura con la que deberíamos ser capaces de intuir la melodía que van a tocar durante los siguientes cuatro años y decidir cuál es la que más nos gusta,  pero a estas alturas de la política todos sabemos que estos programas vienen a ser meros panfletos propagandísticos que, una vez han llegado al sillón, se convierten en papel mojado, por lo que el derecho al sufragio no es más que en un auténtico ejercicio de fe.

Así que ruego a los lectores que me disculpen, pero llevo varios días dándole vueltas a este artículo y, por algún motivo, cuando me planteo sobre qué escribir esta semana, esta cabeza loca siempre termina llevándome a la misma idea. Desde el sábado me encuentro disfrutando de unas breves vacaciones en Dublín y sé que es osado, porque os aseguro que me he perdido los últimos capítulos, pero es ese gen molinés cabezón que no he conseguido aplacar, el que se ha empeñado en aferrarse a ello.

Lo que propongo esta semana es intentar trasladarnos  en el tiempo con el propósito de responder a una pregunta casi de pitonisa: ¿Cómo será Guadalajara después del 25 de mayo?

Sí, soy consciente de que me estoy metiendo en un buen berenjenal ¿Quién podría predecirlo a ciencia cierta con todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor?

Recuerdo que cuando salieron a la luz los papeles de Bárcenas mi padre me llamó por teléfono muy preocupado: Marta, ¿Y ahora en quién confiamos? Hasta ahora había acudido a las urnas con total confianza en lo que votaba. Desde el PP vendían honradez y él los creía a pies juntillas.

Ahora que todos los partidos tradicionales se encuentran atrapados por el fango, parece que la cosa está en demostrar cuál de los dos grandes partidos es menos corrupto, aunque la verdad es que el escenario es más complicado ahora, porque las opciones se han multiplicado, de tal manera, que hay quien ya asegura el final del bipartidismo. Yo, sin embargo, no estoy tan segura.

Creo que el surgimiento de nuevas alternativas políticas no solo es bueno para el ejercicio de la Democracia, sino que me atrevería a decir que incluso, en estos momentos,  es necesario. Pero, quizá desde mi atalaya contemplo a esta provincia y a esta región todavía como demasiado conservadoras como para protagonizar un giro de este calibre, que termine por romper la baraja. Mi bola de cristal no es demasiado efectiva, pero cuando miro en su interior, parece que el escenario político no va a cambiar tanto como podría parecer.

El otro día escuchaba en una tertulia decir a uno de los contertulios que mucha de la gente que tiene intención de votar a Podemos no lo haría porque esté convencido de su ideario político, sino con la intención de castigar la corrupción de los partidos tradicionales. Yo me pregunto qué será lo que pese más a la hora de que los vecinos de esta provincia elijan la papeleta que introducirán en la urna: Si el voto de castigo o el más vale malo conocido y “los experimentos con gaseosa”.

Parece ser que los partidos de izquierdas, hasta ahora minoritarios, van a optar por presentarse a las elecciones municipales unidos lo que, posiblemente, incremente sus posibilidades de hacerse con algún ayuntamiento o, en su defecto, aumenten su representación en la bancada de la oposición.

Con todo ello, a pesar de la expectación que ha levantado “Podemos” en el escenario de las elecciones generales, no creo que su peso, aún unido al de otros partidos, sea demasiado significativo en nuestra provincia, al menos, no tanto como para desbancar a los viejos partidos de los gobiernos del Ayuntamiento de Guadalajara o de la Diputación y no sé por qué, no me imagino a esta fuerza en el Palacio de Fuensalida, a pesar de lo que puedan decir otros sondeos.

En la capital, y teniendo en cuenta los tres nombres que concurrirán a las Primarias en el Partido Socialista, el PP, probablemente, seguirá siendo la fuerza más votada, aunque quizá esas izquierdas que han manifestado ya su intención de presentarse unidas puedan quitarle un trozo importante del pastel.

La Diputación es lo que puede quedar un poco más en el aire, al elegirse de manera indirecta, teniendo en cuenta los resultados alcanzados en los municipios pero, casi con toda seguridad (o sin el casi), será Popular o Socialista. Ya sabemos que la realidad política en los pueblos de la provincia dista mucho de lo que ocurre en las grandes ciudades y en los partidos a nivel nacional y, en nuestros pueblos, más cuanto menor es su número de habitantes, se vota a la persona.

A mí, lo que realmente me preocupa es lo que pueda llegar a suceder en las elecciones autonómicas. El PP de Castilla-La Mancha asegura que maneja encuestas por las que Cospedal alcanzaría la mayoría absoluta y no es la primera vez que los sondeos le dan mayoría a la presidenta regional. Lo cierto es que María Dolores Cospedal ha comprado suficientes boletos como para no ser reelegida y hay que tener en cuenta que éste ha sido un feudo tradicionalmente socialista, pero también debemos recordar que, como otros lo hicieron antes, la presidenta ha hecho las reformas en el Ley Electoral, que ha considerado oportunas para salir beneficiada. Tampoco me atrevería a afirmar que, el que hasta ahora parece que será el candidato socialista para medirse con Cospedal, Emiliano García Page, sea un candidato sólido y un firme oponente. Estoy casi convencida de que el Gobierno de la región se debatirá entre PP y PSOE, pero ¿y si se confirmaran esas otras encuestas y las elecciones del 25M dieran lugar a unas Cortes regionales con multitud de tendencias (PP, PSOE,Podemos, IU, Ciudadanos y UPyD) ?

Habrá que esperar a ver qué sucede el 25 de mayo, si gana esa corriente que afirma que Cospedal ha cavado su propia tumba durante esta legislatura o se materializan esos sondeos que maneja el PP.

De cualquier manera, como ya ocurriera en 2011, parece obvio que se va a consolidar la tendencia de ayuntamientos multicolor, que acogen en sus bancadas la aparición de nuevos partidos políticos, pero ¿realmente en Guadalajara y en Castilla-La Mancha estamos asistiendo al final del bipartidismo?

Los frutos del bosque

En Soria se han puesto en macha iniciativas que regulan la recogida, pero también la venta, como Mercasetas. // Foto: Concha Ortega (www.desdesoria.es).

En Soria se están poniendo en macha iniciativas que regulan la recogida de hongos comestibles, pero también la venta, como Mercasetas. // Foto: Concha Ortega (www.desdesoria.es).

Por Rubén Madrid

Dice la Guardia Civil que está “desbordada” y que este otoño le están saliendo como hongos después de la lluvia los recolectores ilegales de setas. Habrían dado aviso incluso a la Delegación del Gobierno para decir que no pueden evitar el expolio de nuestros bosques, sobre todo los de las provincias más seteras de la región, Guadalajara y Cuenca.  Y añaden los empresarios del sector de todo el país algo que muchos sospechan ya en los pueblos de nuestra provincia, que llegan autobuses enteros de temporeros que invaden nuestras arboledas, rastrillan arrasando el suelo y hacen su agosto en noviembre convirtiendo en suyo lo que no es de nadie, o que, por ello mismo, debería ser de todos.

El crimen que provocan es grave, porque no sólo se llevan las setas (ahí están, para quién aparezca primero) sino que sus prácticas de recogida, con rastrillo, con bolsas de plástico, rompen el equilibrio ecológico que permite que al año siguiente los hongos vuelvan a brotar como desde la noche de los tiempos viene dictando la madre naturaleza.

En Guadalajara siempre ha habido mucha afición a la recogida de setas, de modo que no voy a venir yo aquí a recordarles la enorme riqueza y cantidad de hongos que atesoran nuestros montes. Pero, del mismo modo que también nos gusta mucho jugar al mus pero nadie monta un casino, tampoco le hemos querido ver la oportunidad negocio al sector. Han tenido que venir estos recolectores furtivos con sus furgonetas para que tomemos conciencia de lo valiosos que son los frutos del bosque. Hasta ahora en nuestros pueblos, durante décadas, hemos escogido entre la resignación de unos y, allí donde pudieron, la inclinación del pescuezo para recoger el chorreo de dinero fácil que dejaban las eléctricas con las centrales y los molinos.

La regulación. Este año se ha puesto en marcha un contrato agroalimentario entre el propietario forestal y los recolectores de setas y se han presentado en Hacienda varias propuestas, en un intento de regular la recogida de setas en nuestro país y de poner coto a la llegada de temporeros que sí han advertido la opción de hacer negocio con las setas comestibles. La cuestión no es fácil, sobre todo porque hay que orquestar reglamentos que permitan la recogida aficionada y la profesional, a la vez que impidan por supuesto las prácticas ilegales.

Ante la pasividad casi generalizada que ha habido hasta el momento por parte de la Administración regional, en algunos municipios ya han hecho la guerra por su cuenta, siguiendo ejemplos que nos llevan casi una década en pueblos de Soria, por no ir más lejos: ha sido el caso de Cogolludo, que ha puesto en marcha una licencia de recogida por cinco euros al día, 30 para empresas.

Se habla mucho de la puesta en marcha organizada de cotos micológicos y se buscan los mecanismos para orquestar la recolección aficionada y la profesional. El asunto no es nada nuevo, porque sale a menudo por estas fechas, pero solemos olvidarlo porque en realidad se trata de eso, de un fenómeno de temporada. Dice ahora el Gobierno regional que prepara un decreto para regular la recogida, pero eso mismo dijo el gobierno socialista hace precisamente cuatro años sin que finalmente sacase adelante una normativa para el territorio regional.

Coto de setas que regula la búsqueda en un bosque burgalés. // Foto: Óscar Cuevas.

Coto de setas que regula la búsqueda en un bosque burgalés. // Foto: Óscar Cuevas.

En la provincia de Soria nos llevan casi diez años en esto y hay proyectos que no sólo se preocupan por la recogida, sino también por la comercialización, como demuestra el interesante proyecto de Mercasetas. Aquí en Guadalajara hay voces, alcaldes serranos, delegados de la Junta como lo fue Sergio Cabellos o periodistas como Raúl Conde –no dejen de leer su detallado diagnóstico de cada año, como él mismo dice- que llevan años pidiendo que la práctica quede reglada de manera que la búsqueda de setas, que no son sino un aprovechamiento forestal más, pueda revertir en los municipios y garantice una práctica sostenible, tanto para quienes recolectan como aficionados como para quienes quieran impulsar a partir de ella un negocio. Habrá que debatir qué tipo de reglamento resulta más conveniente, pero a estas alturas de la película la regulación cae ya por su propio peso y se está generalizando en numerosos puntos del país sin que en nuestra Guadalajara, tan aficionada al hongo, le hayamos puesto coto al asunto.

Desarrollo sostenible. Todavía resuenan los ecos de la manifestación del sábado en las calles de Guadalajara. Cinco plataformas y cuatro sindicatos reunieron en torno a 2.000 ciudadanos para exgirir el fin de las políticas de recortes en la provincia. Aunque esta marea fue de las más heterogéneas que hemos podido ver en esta legislatura caliente en  movilizaciones, fueron la Plataforma de la Sierra Norte y La Otra Guadalajara las que impulsaron la protesta. Por fin (y deberían ir de la mano muchas más veces, porque reclaman lo mismo) los serranos de uno y otro lado de la provincia se unían. Y, más allá del clamor contra los recortes educativos, sanitarios y demás, la chispa que encendía su voz era la misma: su reacción compartida contra el despoblamiento de muchos pueblos y aldeas de sus comarcas.

Cabecera de la manifestación del sábado 'Defiende tu tierra, defiende tus derechos'. // Foto: Guadaqué.

Cabecera de la manifestación del sábado en Guadalajara, ‘Defiende tu tierra, defiende tus derechos’. // Foto: Guadaqué.

No hace mucho el diario El País nos lanzó a la cara en pleno domingo un reportaje en el que nos decía lo que tantas vecemos hemos dicho en la prensa provincial, que todos los indicadores -densidad de población por habitante, municipios de menos de cien habitantes- nos dejan en situación de alarma por despoblación, aunque la cifra global de crecimiento en la provincia siga enmascarando este fenómeno a causa de los números de los municipios del Corredor.Y leíamos en estas páginas lo que otros acuñamos en los denostados papeles de nuestra prensa local: que Molina es la Siberia de Iberia. Pero es que lo que se dice de Molina se puede decir, con igual o más motivo, en El Cardoso de la Sierra, en la otra punta (y nunca mejor dicho) de la provincia.

Esta doble realidad, la que se llamó la Guadalajara de las dos velocidades, los polos positivo y negativo del crecimiento conforme nos aproximamos a Madrid o a Teruel, no son así porque sí. Y aunque no vamos a resolver aquí en “dos patás”, como decían los cómicos de Gomaespuma, todo el complejo y largo diagnóstico sobre la despoblación en nuestro universo rural, sí queremos destacar la importancia que tiene el modelo económico que adoptemos para que el medio rural sea un lugar con oportunidades laborales e inversiones en infraestructuras: son estas, y no otras, las verdaderas recetas mágicas contra la despoblación.

Inversiones y oportunidades. Las inversiones siempre quedan relegadas en nuestros pueblos. En tiempos de escasez, como los actuales, porque no hay partidas para obra real. Pero en tiempos de vacas gordas, también. Porque un modelo de desarrollísmo desaforado basado en el ladrillo, como el que hemos tenido, con crecimientos exponenciales en los municipios del Corredor, derivan el despliegue de infraestructuras precisamente allí donde se multiplica la población. Y también entonces, con presupuestos opulentos, el medio rural queda relegado a un segundo plano.

Entre los crecimientos desproporcionados de los pueblos del área metropolitana de Madrid y la escasez de nuestras siberías provinciales cabe un modelo de desarrollo sostenible que marque unos tiempos adecuados de llegada de nuevos pobladores, que posibilite la respuesta adecuada de las administraciones con las inversiones que se hagan necesarias y que pueda ser sostenido en el tiempo. Y la puesta en marcha de una ‘economía verde’ sigue siendo, mientras nadie diga lo contrario, la solución más adecuada para combatir lo que el diario nacional llamaba “la España terminal”.

Es aquí donde los aprovechamientos de los recursos propios y su conservación para hacerlos duraderos resulta imprescindible. Todavía estamos esperando que las administraciones apoyen decididamente las oportunidades de negocio basadas en los recursos locales, que respalden e impulsen sellos de calidad, que tejan redes para mancomunar servicios, que pongan en marcha, en definitiva, verdaderos planes de desarrollo rural que vayan más allá de las ayudas preelectorales para empresas como la que acaba de anunciar Cospedal. Me dirán quienes se manifestaron el sábado, y con mucha razón, que no cabe esperar esta voluntad de despegue para el medio rural de quienes incluso han cerrado escuelas rurales o pretendían acabar con las urgencias en muchos centros de salud.

En Guadalajara hay setas y no debemos esperar a que venga una banda de foráneos en furgoneta para llevárselas para darnos cuenta que ahí hay negocio. Mucho o poco, pero hay. Como lo hay en la trufa. Y en la biomasa, que es rentable en tantos puntos de esa Europa que para tantas cosas tomamos como modelo. La limpieza de los montes es según los sindicatos y plataformas como La Otra Guadalajara uno de los principales nichos de empleo de esta provincia. Tenemos -y si no, hay que buscarla- una artesanía propia, una ganadería que nos distingue y unos productos que conforman una gastronomía propia. Y hay manos y talentos dispuestos a radicarse en el campo para trabajar sin afán de enriquecerse pero sí de asentar en los pueblos un proyecto rural. No esperemos a que venga El País a hacernos otra vez el diagnóstico, ni tampoco nos echemos las manos a la cabeza si pasado mañana vienen cuatro rumanos a llevarse la leña del bosque.

Chinchetas de colores

Edificio del Laboratorio de los ingleses u oficina de tintes, en la carretera de Fontanar. // Foto: Google Street View

Edificio del Laboratorio de los ingleses u oficina de tintes, en la carretera de Fontanar. // Foto: Google Street View

*Por Concha Balenzategui

Imaginemos por un momento que ponemos en marcha un “Observatorio del Patrimonio histórico y cultural” de nuestra provincia. Despleguemos un mapa y vayamos poniendo mentalmente chinchetas de colores en los puntos que son noticia. Una negra para las pérdidas irremediables; una roja para las alarmas. Amarilla, para las acciones a favor. Y chincheta verde para los logros consolidados. Después de repasar la prensa de las últimas semanas, el trabajo se acumula en nuestro plano, porque los fines de legislatura son tiempos propicios para la acción y para los avances en cuestiones antes adormecidas.

Hoy quitaríamos algunas chinchetas rojas del plano, para cambiarlas por otras de color amarillo. Veamos, una para la valla del complejo de Adoratrices, que se está restaurando en la capital. Otra para el monasterio de Bonaval, que ha comenzado a apuntalarse después de años en los que solo caían las piedras. Una más (quizá naranja) en el castillo de Galve de Sorbe, a cuyo propietario ha abierto expediente la Junta de Comunidades, esperando que cambie su inacción y desidia. Colocamos dos chinchetas amarillas más, una en el teatro Moderno, donde han comenzado las obras de reforma, y otra en el antiguo Matadero de la capital, donde al fin se han reanudado los trabajos del futuro Museo Francisco Sobrino, paralizados durante años. No podemos olvidarnos de una chincheta, esta verde, sobre el Palacio del Infantado, que ha vuelto a abrir sus puertas y ha retomado la gratuidad de la visita.

Algo se mueve en el mapa, cuestiones que se van apuntando en el haber, pero que no terminan de tranquilizarnos. Porque una está convencida de que son parches en actuaciones que tenían que ser más ambiciosas en unos casos, que llegan con retraso (demasiado retraso) en otros… o que solo son rectificaciones en problemas creados por los mismos que ahora les dan una solución. Y sobre todo, este supuesto “observatorio de la cultura y del patrimonio” no terminaría de hacer balance positivo al comprobar que, por cada fuego que se apaga o que al menos se controla, se prenden nuevos conatos en otros puntos, cuando no arrasan sin remedio entre la indiferencia.

Hay que sacar dos chinchetas más estos días para colocarlas en la capital. Una negra, en el edificio de la cuesta del Reloj recién derribado frente al Mercado de Abastos, después de años de actuación corrosiva, lenta pero eficaz, de las palomas y la lluvia entrando por las ventanas abiertas de par en par. Otra, roja, la puso el Ayuntamiento hace un mes, con el decreto que ordena demoler el llamado “Laboratorio de los Ingleses”.

José Luis Maximiliano, portavoz de IU.

José Luis Maximiliano, portavoz de IU.

Lo denunciaba el pasado viernes el Grupo Municipal de IU, el mismo que luchó en los tribunales para evitar el derribo del Palacio de los Vizcondes de Palazuelos, sin éxito, y que logró hace poco salvar de la demolición in extremis el edificio de la plaza Lope de Haro, más conocidos ambos por los bares que albergaban (El Boquerón y el Pi, respectivamente). Fue IU también quien pidió en el año 2011 la declaración de Bien de Interés Cultural para el inmueble situado a orillas del Henares, para el que enciende ahora estas alarmas.

El Laboratorio de los Ingleses es un edificio situado junto a la carretera de Fontanar, el único que queda en pie de lo que fueron los Reales Batanes a orillas del río Henares. Estos eran parte de un importante complejo, la Real Fábrica de Paños, en una época en que Guadalajara era una de las ciudades más industriosas del país, destacando en la Europa de la Ilustración. La Real Fábrica ocupaba edificios del casco urbano, como el Palacio de Mostesclaros (luego Academia de Ingenieros y también Archivo militar), o el Alcázar Real, ambos en el entorno del Palacio del Infantado; además de otros de nueva construcción, como los Batanes. El laboratorio, dedicado a la elaboración de los tintes de los paños, y que recibe su nombre por la nacionalidad de los maestros operarios que en él trabajaron, fue levantado bajo la dirección de Miguel Vallejo por el arquitecto Diego García. Tras una época de esplendor, las reales fábricas se cierran en 1822 y los edificios se ponen a la venta. Fue así como los batanes pasan a manos privadas, y con el tiempo solo permanece en pie el edificio de los tintes.

Lo leo en un reportaje publicado en la revista El Decano en septiembre de 2009, en el que el historiador Pedro J. Pradillo aseguraba que el edificio estaba prácticamente intacto, y proponía adquirirlo a su propietario y acometer una intervención para ponerlo en valor, por ejemplo, con un centro de interpretación de la industria textil española de la época. Pradillo explicaba que se habían localizado los planos y documentos sobre su construcción, que se sabía quién hizo las puertas, quién talló los sillares, o quién instaló las vidrieras, como se puede leer en el estudio que presentó en el año 2010 en el Encuentro de Historiadores del Valle del Henares.

El documento describe al detalle el contexto histórico y la factura de este edificio neoclásico y funcional, y su conclusión es determinante: “Queda claro que el edificio del Laboratorio de los Ingleses, u Oficina de Tintes de los Reales Batanes de Guadalajara, es un ejemplo de la arquitectura más culta y de mejor calidad planteada y construida en la España de la Ilustración; que, por ello mismo, sería merecedor de la mayor atención por parte de los órganos de la Administración implicados en la conservación del patrimonio cultural”, advertía el técnico municipal de Patrimonio. La idea de Pradillo ya entonces era que la Junta de Comunidades incoara un expediente administrativo para catalogarlo como Bien de Interés Cultural en su máxima categoría. Además, pedía que esta declaración se ampliara a los restos visibles y a toda la superficie que ocupó el edificio de los Batanes diseñado en 1727, y se delimitara el área necesaria para definir y crear un Parque Arqueológico Industrial.

Laboratorio de los Ingleses, en el estudio del historiador Pedro J. Pradillo.

Laboratorio de los Ingleses, en el estudio del historiador Pedro J. Pradillo.

Con estos datos, no podemos dejar de preguntarnos cuál es el camino efectivo para proteger un edificio de valor. En definitiva, ¿qué herramientas se deben utilizar para evitar su deterioro, y a la postre, su derrumbe? Tenemos, para empezar, el Catálogo Municipal, que en este caso no ha incluido a este inmueble, pero que además muchas veces no es suficiente para evitar la ruina y derribo de edificios. También tenemos la figura del técnico municipal de Patrimonio, que emite informes sobre el estado de los edificios que considera de valor, pero sus opiniones no son vinculantes. Y conocemos dolorosos ejemplos de que estas vías no suponen una protección suficiente. Podemos confiar en la Ley 4/2013, de 16 de mayo, del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha, que regula todo lo referente a los bienes de interés cultural, incluidos los inmateriales, y que debería ser la salvaguarda definitiva. Pero no es tal, si se insta esta declaración (en principio con amparo a la Ley anterior, de 1990) y pasan tres años sin respuesta al respecto, ni afirmativa ni negativa, como ocurre en este edificio con la petición de IU.

Román acelera el derrumbe

Dejo esta preguntas en el aire, porque hay otra que aún me escuece más. Está visto que las instituciones, ni la Junta de Comunidades ni el Ayuntamiento, son capaces de proteger un inmueble como este con las citadas herramientas, cuando son propiedad privada. Pero en este caso, además de la inacción, parece existir un claro interés del Equipo de Gobierno, no en proteger, sino bien al contrario, en acelerar la destrucción. Así se deduce del Decreto del Ayuntamiento, que da un plazo a la propiedad de un mes para desalojar, y de de dos meses más para derribarlo. De lo contrario, prosigue el Decreto, el Ayuntamiento podrá multar al propietario y ejecutar el derribo de forma subsidiaria.

¿A qué viene tanta prisa? Si fuera un terreno urbano, podría sospecharse el interés de los propietarios en una actuación inmobiliaria y lucrativa. Pero no, se trata de un terreno rústico, y es más, un área de protección, por la proximidad del río. Es cierto que el borrador del último plan de urbanismo, el que nunca se aprobó porque se dio de bruces con la crisis, llegó a plantear la calificación urbana de toda esta zona, con una urbanización de alto standing entre el río, la carretera y la Ronda Norte (el polémico “ecobarrio”, que tantos ríos de tinta provocó). Pero al final aquel fue un plan nonato.

Ahora, el alcalde -porque esto es un decreto de Alcaldía, no nos olvidemos- argumenta que las edificaciones están fuera del ordenamiento vigente. Claro, se construyeron hace casi tres siglos. Y los planes de urbanismo, en lugar de reconocer su existencia y atender a su valor, los condena a la desaparición. Para el Ayuntamiento, no cabe una rehabilitación, ni una mejora ni una consolidación. No cabe otra que la piqueta.

Pero sigo sin explicarme por qué es el propio Consistorio el que la pone en marcha. ¿Por qué ordena de facto este derribo? Si el inmueble estuviera en una zona habitada, quizá podría entenderse el riesgo que comporta la caída de un cascote o una teja para un peatón. Pero tampoco es el caso. ¿Hay tal vez un interés en derribar el edificio antes de que la Administración autonómica se pronuncie a favor o en contra? ¿Por qué se demora tanto la Junta de Comunidades en decir que carece de valor o en protegerlo? ¿Y por qué no esperan sus propietarios, como en otras ocasiones, a que el deterioro avance, y tener más argumentos para el derribo?

Quizás estemos ante una acción de esas de fin de legislatura a las que me refería al principio del artículo. Lo único que me cuadra es que los propietarios quieran dejar este tema zanjado antes de que acabe el mandato de Antonio Román. Despejar cualquier escollo en el horizonte ante una posible declaración de BIC que impida su derribo, ante la posible llegada de un Equipo de Gobierno menos afín, o ante una posible recuperación económica que pudiera albergar proyectos lucrativos en estos terrenos y un futuro plan de urbanismo que los permitiera.

Reconozco que tengo demasiadas preguntas sin respuesta. Que me faltan algunas claves para resignarme a este derribo sin argumentos que me convenzan de su necesidad. Pero ni como vecina ni como bloguera quiero limitarme al papel del mero observatorio, al de cambiar las chinchetas de color en el mapa.