Los garbanzos de Navidad

El próximo lunes, los niños de San Ildefonso cantarán El Gordo de Navidad. // Foto: Bernat Armangue / AP Photo -Radial Press.

El próximo lunes, los niños de San Ildefonso cantarán El Gordo de Navidad. // Foto: Bernat Armangue / AP Photo -Radial Press.

Por Rubén Madrid

Un año más, las navidades, tiempos de solidaridad donde los haya, comenzarán y acabarán con nuestros deseos puestos en ampliar nuestro patrimonio material. Por más que a los anuncios de los décimos y del choped les acompañen música con alma, por más que los días pares nos pongamos nostálgicos y los impares estupendos, lo cierto es que, en la mayor parte de los casos, inauguraremos temporada navideña este lunes deseando ser mucho más ricos y acabaremos despertando la mañana del 6 de enero siendo un tanto por ciento más ricos si a los de Oriente no les da por dejarnos carbón, que en Asturias saben desde hace tiempo que es signo de penuria.

No deja de impresionar cada año que en estos tiempos en que somos más solidarios que nunca, en que nuestras conciencias se ablandan y endulzan como el corazón del mazapán, el consumismo imponga sus galones. Cada guadalajareño se gasta de media 49 euros en este sorteo (tocamos a un par de décimos y unas participaciones). Cada español –y aquí lo somos, sin duda– empleará también de media unos doscientos y pocos euros para regalos navideños, en el ejercicio de su propia majestad. Y entre tanto, dicen los expertos, nos pasaremos de los 500 euros entre unos gastos y otros durante estas Navidades. Muy lejos, por cierto, de los más de 900 que se nos calculaba en tiempos de vacas gordas.

Todo esto ocurre en un país en el que la situación ya es calificada de dramática por muchas voces expertas que trabajan en la calle y no en los despachos gubernamentales. Cada poco tiempo se nos atraganta un telediario con algún informe de mal agüero y peor diagnóstico. Se me viene a la cabeza que el guadalajareño Braulio Carlés, responsable de la Red de Lucha contra la Pobreza en Castilla-La Mancha (EAPN C-LM), nos decía hace muy poco -con motivo del Día Mundial de Erradicación de la Pobreza- que el 36,7% de la población de la región está en situación de pobreza o riesgo de exclusión social. Y si los contamos uno por uno nos salen nada menos que 762.197 castellano-manchegos.

La recogida de alimentos en Guadalajara de finales de noviembre se saldó con casi 50.000 kilos en Guadalajara. // Foto: Guadaqué.

La recogida de alimentos en Guadalajara de finales de noviembre se saldó con casi 50.000 kilos en Guadalajara. // Foto: Guadaqué.

La cifra se corresponde con la misma tasa (seguramente porque se basan en datos del INE) que fijaba el informe ‘Pobreza y trabajadores pobres en España’ de la Fundación 1º de Mayo, ese obsceno 36,7%. Dice en sus páginas (lo puede descargar aquí en pdf), también, que los pobres son cada vez más pobres. Hay más desigualdad, más distancia entre quienes estas navidades tendrán la opción de dar un donativo y quienes están casi en la obligación de recibirlo.

Muchos de ustedes habrán visto las colas junto a San Nicolás. Pasen también hacia las nueve de la noche por los contenedores junto al Caprabo de la Avenida del Ejército. A mí me resulta desolador. Cualquiera puede ponerle rostro a estas cifras si pasa por las puertas del supermercado más próximo a la hora en que se deshacen de los productos caducados.

Las navidades, lejos de abstraerse de esas realidades, suelen ser el periodo en que más y mejor nos las enfocan. En las últimas horas se han presentado dos eventos que pretenden recoger alimentos para los pobres: la Copa de España de Voleibol, organizada por el Ayuntamiento de Guadalajara, y el maratón de ocio y juegos de rol de Valdeluz, The Big Game. Pero hay más: el tradicional concierto de Navidad de Manos Unidas, las actuaciones que han tenido lugar días atrás en el centro San José para la campaña de Unicef ‘Ahora no podemos parar’, o en El Cubillo de Uceda de ‘Los 6 tenores en favor de la Asociación contra el Cáncer’, así como las citas más próximas, caso de una carrera popular que recorrerá las calles de Brihuega este domingo. Y son sólo algunos ejemplos que vienen a bote pronto.

Lo de poner un pobre en la mesa ya no se estila, pero lo de calmar la conciencia con un donativo, sí. A quienes todavía tenemos estómagos, nos sientan mal los excesos si no hacemos un descargo previo de conciencia. Y lo saben las organizaciones benéficas o el mendigo de turno a las puertas del súper. Así que estos días muchos de nosotros acudiremos a los actos navideños con envases y paquetes de productos imperecederos para los bancos de alimentos, haremos una visita a la tienda de comercio justo, entregaremos donativos si sucede un tifón en vísperas de Nochevieja y compraremos algún calendario solidario. Y está muy bien. Pero el día 7 de enero, si te he visto no me acuerdo.

Actuación de 'Los 6 tenores' en El Cubillo de Uceda, el pasado fin de semana.

Actuación de ‘Los 6 tenores’ en El Cubillo de Uceda, el pasado fin de semana.

Por eso la pregunta me resulta inevitable: ¿cuántos paquetes de garbanzos –y cajas de galletas, y cartones de leche, y donativos solidarios– nos ahorraríamos si fuésemos tan ‘generosos’ durante el resto del año? Habrá quien crea que se trata de un ejercicio de demagogia, pero en realidad considero que no es más que un capítulo más del eterno debate entre caridad y justicia social que últimamente veo muy desequilibrado en favor de la primera bandeja de la balanza.

Si concediésemos que cada año perderíamos esos mismos 50 euros de gasto medio en lotería de Navidad, pero esta vez no para tirarlos por el desagüe por donde se marchan los anhelos de enriquecimiento exprés, sino para meterlos en una caja común –lo podemos llamar arcas públicas– y disponer de ese gasto en los próximos presupuestos, ¿harían falta tantos donativos por estas fechas? ¿Y si renunciásemos a esa parte desbordada del gasto por regalos, a esa compra prescindible, a ese capricho que está de más?

Lo sé: las arcas públicas recaudan y mucho a partir de la Lotería, e incluso de forma indirecta por las compras navideñas. Pero lo que vengo a plantear es una cuestión casi vital en el comportamiento general de cada uno de nosotros: resulta habitual observar un rechazo reflejo a cualquier subida de impuestos progresivos que nos suponen cantidades discretas y, en cambio, nos lanzamos a derrochar esta solidaridad de temporada por Navidad. Porque de derroches estamos hablando.

Dejo aquí mi reflexión a modo de enmienda a la parcialidad. Allá cada cual con su Mr. Scrooge. Como suelo recomendarles siempre por estas fechas, consuman, pero con moderación. Y hagámoslo, todavía con más motivo, si este año a los niños de San Ildefonso les sale de las bolas darnos una alegría.

PD. – Y hablando de justicia. También desde aquí mi enhorabuena para el colega Óscar Cuevas por el Libertad de Expresión de la Asociación de la Prensa, fallado ayer. Me parece que un artículo con su firma, y publicado precisamente en estos rincones, encarna como pocos aquello mismo que anuncia el premio: la libertad de expresión.

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